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CRUZANDO EL PUENTE

PUERTA DEL PRINCIPE

PUERTA DEL PRINCIPE

Ha terminado la Feria de Abril, se nos fue la Semana grande de Sevilla, una semana efímera llena de ilusiones, Se nos fue y para aquellos enamorados de ella empezaran a contar los días que faltan para la que viene.
Pero hablemos, mejor dicho, escribamos de toros, ya que a mí al menos es lo que más me interesa, al ser un feriante más taurino que del jaleo y el bullicio sano que durante una semana, acompañado del duende del ruido se pasea por el Real.
A fuerza de ser sinceros tendremos que decir que este año la Feria taurina ha terminado decorosamente. Son pocas veces la que se abre la Puerta del Príncipe.
Y es aquí donde quiero hacer una serie de consideraciones acerca de la afición taurina y muy en particular la de Sevilla.
Se la podrá criticar que sea poco exigente, pero en honor a la verdad, en los tiempos que corren, no se tiene más remedio, por el bien de la fiesta, actuar de estos modos y formas, aunque esto viene de antiguo, ya que la forma de entender el toreo de las gentes del sur es muy distinta a otros pagos o lugares del territorio taurino.
Cierto que somos más toreristas, que toristas, me incluyo, es decir que estamos más en la ejecución del torero artista, que en la solicitud de toros grandes - siempre estos ajustados con lo que marca la normativa Reglamento taurino - Pero ¡OJO! Con esto no quiere decir que no se exija, y tal vez, en más de una ocasión más de la cuenta, y por otra parte en contadas ocasiones exigimos poco entregando nuestras almas encendidas a una faena de arte, aunque sea poco lo toreado, simplemente cuando han aparecido unos pocos destellos de la luz del preciosismo y del bien hacer torero, quedamos convencidos, olvidando que hay que lidiar al toro en su totalidad, razón de gran importancia para llevar a cabo una gran faena.
Esta reflexión viene muy acorde con lo sucedido en la Feria Taurina de este año. Han triunfado dos toreros totalmente distintos en sus formas de hacer el toreo, si bien uno de ellos que no es otro que Julián López “El Juli” me ha sorprendido gratamente al estar ya lejos de aquel niño prodigio que lo catapultó a la fama de inmediato. Su toreo, el de ahora, es más despacioso, más acompasado, tal vez como se suele decir la veterania es un grado, aunque joven ya lleva años de matador de Toros, en definitiva su toreo ha evolucionado, para entrar dentro de un clasicismo destinado a los toreros de arte. Su cerca ya de doce años de alternativa le han hecho ir alejándose de la fogosidad torera de sus principios infantiles y juveniles, era un niño cuando ya destacaba del resto de sus compañeros, siendo la actualidad en torero hecho como lo ha demostrado este año en la Real Maestranza al salir por la Puerta del Príncipe.
El otro triunfador ha sido José Maria Manzanares, que a pesar de tener que entrar en el quirófano una vez finalizada su actuación en la Feria, afortunadamente no por cogida sino para la operación de una hernia discal, de la cual las ultimas y recientes noticias ha salido perfectamente, no se quiso perder estar en los carteles de Sevilla teniendo que actuar infiltrado, lo que viene a engrandecer su profesionalidad.
A los pocos días de su actuación le comentaba a Curro Puya, sobrino de aquel torero legendario que fue Francisco Vega de Los Reyes “Gitanillo de Triana” que pudiese ser mejor que su padre, a lo que me comento, con rotundidad torera, “mejor no, diferente” y cierta era su afirmación, ya que José Maria Manzanares es un joven torero que trae en sus genes la interpretación de toreo, teniendo una personalidad propia y muy bien definida.
No voy a entrar en detalles de cómo se desarrollaron sus triunfos, ya que no estoy con lo que escribo en la critica taurina y que por todos los medios de comunicación taurinos han dado la debida cuenta.
He tratado de hacer unos apuntes muy objetivos de cómo he visto la Feria de Abril, sin dejar de reconocer que habido otros detalles de gran interés, pero en definitiva estos dos toreros han sido los triunfadores de la Feria de Abril de Sevilla y hasta uno de ellos saliendo por la Puerta del Príncipe algo que sucede pocas veces.
Para mejor comparación de su toreo, vean unos videos de estos dos grandes toreros en la Feria recién terminada.




PREGÓN CORRALERO

Este Pregón fue dado hace años, no recuerdo la fecha, en el  Hotel Triana para los vecinos de los Corrales Trianeros

EN TRIANA QUIERO ESTAR

Señoras, Señores, buenas noches:

Sonios negros, corren y vuelan por los patios de Triana, huyen los nostálgicos recuerdos acurrucados entre lastimeros “ayes” de sus gentes, un barrio marchito que floreció regado por la corriente de su río, aquel que forjó un carácter y hasta la niña soleá esta callada, falta de los aires y los sentimientos amorosos del cante.

¿Dónde está mi Cava?
¿Dónde están mis gitanos?
Llorando a lágrimas vivas,
Por caminos perdidos
De negra oscuridad.
¡Ya están aquí los géres!
Con largos cuchillos,
Matando a sus corrales.
¡Justicia señor queremos!
Para que no nos vayamos.

¿Dónde está mi Triana?
Presa, en la oscuridad.
Con guardianes y carceleros
Privándola de libertad.

¿Dónde están sus patios?
Y las gentes de sus corrales.
¡Marchitos ya están!
Hartos, “hartitos” de luchar.

¿Dónde está mi Triana?
¿Dónde está el barrio mío?
Me lo quieren quitar,
poquito a poco,
Me lo quieren robar.

Patios de mi Triana,
patio de mi corral,
carceleros en guardia
Vigilan mi libertad.

Me fui al Altozano
A ver las gentes pasar,
gentes allí no había
Y no pude naquerar.

El Altozano yerto
Solo, solito, muerto,
Gentes allí no había,
Solo cuchillos negros
Apuñalando a la mare mía.

Ya no está la Taberna,
Ni los Dos Hermanos,
Ni casa Cuesta,
Que ya cerraron.
El Altozano yerto
Solo, solito, muerto.

No está el Puesto del Maño
Ni el Puesto de la Flores
Llegaron los geres
Y a los dos lo mataron.

¿Dónde está el Altozano?
Con cuchillos negros
Negros, lo apuñalaron.
El Altozano yerto,
Solo, solito, muerto.

¿Dónde están mis toreros?
¿Las gentes del barro?
¿Mis ladrilleros?
¿Todos, toitos se fueron?

Un museo le quieren hacer.
A las gentes del cante,
A los ceramistas,
Y a los toreros.
Eso es lo que dicen,
nos han dicho que sí,
es lo que pedimos
lo vamos a creer,
pero el tiempo ha pasado
Y seguimos estando sin él.

Que bonita está Triana
Cuando le ponen al puente
Banderitas republicanas.

Esta es la letra original
La que cantaba Pastora
Antes de la gran tragedia
Que mató a media Triana
¡Aquí empezó su final!

Que bonito está el puente
Cuando llega la Velá.
Pero no escucharemos
El cante, el cante
El cante por soleá.
Escucharemos música
Que con Triana
No tiene que ver ná.

Triana cuna del flamenco
Madre de todos los cantes
De las soleares, de los tangos
De la carcelera, y de la toná
Y no tiene su gran festival.

Que adornadita estaría la Velá
La Veláita de Sant´ana
Con un festival de flamenco
En el patio del Hotel Triana.

Que letras más bonitas
A su barrio de Triana
Gracia cantó con salero.
calle dicen que tiene
Sin números, sin azulejo.

Debían en el Patrocinio
Ponerle un monumento
Por que con sus letras
Defendió a su barrio
En trágicos momentos.

Triana, Triana, Triana
Como reluce Triana.
En aquellos días de fiesta
Que el barrio se divertía
Estaba yo y era cierto
Lo que allí en Triana había.

Y de lienzos de azulejos
Que vamos a decir.
Serian tantos los trianeros
Que no cabrían aquí.

Mira que si echaran cuenta
A los trianeros de verdad.
Triana seria Triana
Y la Velá su Velá.

Ya estamos en la antesala de la Velá, fiesta grande en Triana, la Triana antigua y popular, pero a la misma vez joven, hermosa y bella que se acicala cada año para encontrar un mocito que la enamore y la piropee.

Mi Velá de Sant´ana, esa que me recuerda mis correrías de niño, escapadas a la calle Betis. Cucaña, de sueños de juventud, amores y piropos a las niñas corraleras, risas y alegrías. Tablao en el Altozano, avellanas verdes y sandias con zumo rojo, como las lágrimas que echaron aquellos que se fueron. Gracia y salero de una Triana arrabalera que se nos fue, siendo algunos los culpables, que desenfundando los negros cuchillos de la incomprensión la dejaron a su suerte, suerte negra de lamentos y lloros.
Aquello no volverá, es imposible que retornemos a un pasado lleno de tristezas y lloros acicalados y empolvados con la alegría de la solidaridad sencilla y llena de humanidad de las gentes del corral.

¡No! No queremos mirar hacia atrás, pero para caminar hacia delante los recuerdos son la base y el sustento, el alimento que nos ayuda el ser y estar en trianeros, que Triana que no pierda sus esencias sublimes, hondas y profundas y que no confundan que aquello fue un espejismo. Estamos en la realidad constante del sentir de un barrio que lo han hecho universal sus gentes y esto no lo quieren reconocer. Por sus calles aún caminan sus sentimientos, espejo de un comportamiento que ha sido y es un legado irrenunciable. Hay que conocer a sus gentes, a su talante y velar por todo aquello que está perfumado con esta herencia histórica, esto no es estar en contra del progreso, es estar a favor, que enriquece el presente y lo dota de unas características esenciales de belleza y armonía.

Triana se engalana, se acicala en los días de la Velá. Fiesta grande en
Triana, pero esta galanura debe ser permanente, para que resuma por sus
cuatro costados su belleza incomparable.

Que bonita esta Triana
Con su bata de cola,
Calle Betis engalanada
en su Velá de Sant´ana

Por peineta el Puente
Por vestio, lunares:
Farolillos de colores
Y por pendientes
La gracia de sus gentes.

Y un piropo de la giralda,
Y de la Torre del Oro
¡Un requiebro!
¡Un te quiero!
Un engarce de esmeraldas,
De las dos torres señeras,
Más bonitas de España,
Que piropean a Triana
En las noches trianeras
De su Velá de Sant´Ana.

Y el río pasea su corriente,
Para quedarse con sus gentes
con sus gentes de Triana
En la Vela de Sant´Ana.

Un día me dijeron
Que Triana se iría
Navegando por el río
En un barquito velero.

Se fue hacia la mar
Entre las rías y los esteros
Harta, hartita de llorar.
No hay quien la quiera
Y no puede navegar.

Un mocito llegará
Queriéndola enamorar
Y Piropos le echará.
Pero para querer a Triana
Ha de ser de verdad.

Y casarse en Sant¨Ana
En los días de su Velá
para que no digan las gentes:
Que sus promesas no cumple
Y ¡Por Triana no hace ná!

Que pena de Triana mía
Todo el mundo la quiere,
Con ella quieren pasear
Se enamoran de su nombre
Cogerla por el brazo
Y hasta la quieren besar
¡Pero de casarse ni hablar!
Tendrá que ser un trianero
El que con ella se case
y la quiera de verdad.

El día que esto ocurra
Tocaran las campanas
De la O y de Santa Ana
Triana será una fiesta
Una venturosa mañana.

Que sueño será aquello
El día que Triana se case
Con un mocito Trianero
Que la quiera, que la mime,
Y le diga: ¡Te quiero!

Y vendrá todo el mundo
De países lejanos,
Allá lejos, del extranjero
Y hasta los que un día
Echaron los carceleros.

Y Santa Ana engalanada está,
Repican sus campanas
Y allí la niña se va a casar
Que por algo es catedral
Y hasta parroquia Real

Todos cruzaran el puente
Porque se han enterado
Las gentes sevillanas
Que la niña se ha casado
Y hay una fiesta Triana.

Con un trianero se ha casado
En Sant´ Ana y en su Velá
Que de ella está enamorado
¡Viva la gracia y la sal!
La sal y gracia de Triana
Que ya tiene marido
Y de Triana no se va
Por otros lejanos caminos
Camino de la capital.

Se ha quedado en Triana
Para poder enamorar
A todo el que venga
Ofreciendo su amistad.
Que con Triana se ha casado
Y de Triana nunca se irá.

Vaya la que se ha formado
Porque con Triana
Un trianero se ha casado.

Ya ha levantado el museo
De las gentes del cante,
De los ceramistas
Y de los toreros.

Y en los días de Velá
Ya se oye otra música,
Hasta el cante por soleá.

Y el patio de hotel Triana
Que engalanado está
Los vecinos contentos
Escuchando su festival.

Vaya un salero original
A la Ronda de Triana
Le han puesto por nombre
El de una cantaora genial.

Gracia de Triana era
El nombre de esta cantaora.
Que poquito ha costado
Ponerle Gracia por nombre
y para siempre se ha quedado.

Que pasa en Triana
¡Que barbaridad!
Que Triana está en fiesta
Y no termina de acabar.

Vaya la que ha formado
El mocito trianero
Que con Triana
En Sant´Ana se ha casado.

Que siga en Triana.
Que no le dé por irse
Siga por mucho tiempo
Y no nos quedemos tristes.

Los lienzos de azulejos
Todos están colocados
Ya saben los extranjeros
El arte que Triana ha dado.

Escritores y poetas
Cantaores y toreros
Ceramistas y alfareros
Que pintaron en lienzos
De azulejos trianeros.

¡Que barbaridad!
Triana está en fiesta
Y no termina de acabar.

Vaya la que está liando
En el barrio de Triana
Este mocito pinturero
Que se acaba de casar.

¿Que pasa en Triana?
Que los corrales
Están adornados,
Las calles iluminadas
Y la Velá reluce más.

¡Y el puente como está!
Con su aniversario
de ciento cincuenta años
y lo vamos a celebrar,
Adornándolo con banderas
Exposiciones de su historia
Y no sé cuantas cosas más.

Cuantas cosas han pasado.
Pues ningunas son ciertas
Que todo ha sido un sueño
Y la niña no se ha casado.

Muchos bordillos y aceras
Muchas calles levantadas
Pero la cultura arrebatada
Por los que no tienen idea,
Que Triana está cansada
De que no conozcan
A sus gentes enamoradas
De sus costumbres, y sepan
Que Triana es un museo
De sal, gracia y salero
Cuando se va por la calle
Te conoce el mundo entero.
Se dan los buenos días
Con gracia y simpatía
Y hasta agradable cortesía.

¡Marmolillos en las aceras!
¡Las calles levantadas!
Pero Triana es otra cosa
Tiene gentes enamoradas
De sus calles y plazas,
Almas esperanzadas
De todas sus gentes
Esperanza ilusionada
En sus patios y corrales
En los que vivieron
Crecieron, hasta nacieron.
¡Maldito sea el parné!
¡Maldito sea el dinero!
tiene la culpa de todo
Hasta de echar a los trianeros.

Y si paseo por sus calles,
Me entran ganas de llorar,
Todo el mundo se ha ido
Aquí no hay nadie ya
Ni un solo un corral.
Y los poquitos que quedan
Los quieren derribar.

Paseo por la calle Castilla
Los comercios ya no están,
Los pocos que quedan
Poco tiempo estarán
Todo el mundo en el coche
Y no se quieren parar
Porque hay un aparcamiento
Que no sirve para ná.
¡Maldito aparcamiento!
¡Vaya el lío que ha formado!
Nos han quitado el Altozano
Y hasta el Puesto de las Flores
Muy lejos se lo han llevado.

¡Maldito aparcamiento!
¡Vaya el lío que ha formado!
Que hasta Belmonte
Lo tienen mareado
De ver pasar los coches
Que a comprar van al mercado.

¿Del Mercado que vamos a decir?
Menos mal que se ha salvado
después de tantos años de sufrir
y tantos muertos levantados.

Pero tuvo que suceder
Que llegara un trianero
De la placita Anita
Dicen que nació y es
Le echó bemoles al asunto
Y lo podamos tener.

Pero tuvo que suceder
Que fuera de Triana,
Un mocito trianero
El que de lejos ha llegado
De los muchos que se fueron.

¡Tiene gracia la cosa
Que para terminar el Mercado
Tenia que ser un trianero
De Triana enamorado
De los muchos que se fueron.


¡Maldito sea el parné!
¡Maldito sea el dinero!
tiene la culpa de todo
Hasta de echar a los trianeros.

Así están las cosas
En el barrio de Triana.
Muchos marmolillos
Muchas calles levantadas
Y los que están en San Jacinto
Que no se entera de nada.

¡Que Triana es universal!
¡Que necesita más cosas!
Además de las calles arregladas
Por ejemplo su cultura
Que es una necesidad.

Y no se me vayan a enfadar
Que la critica es necesaria
Y la tienen que aceptar
Porque esto es un derecho
Y algo muy natural.

Triana Preñada de historia,
flamenquería en sus calles,
esencia en la memoria,
Frescura en su talle.

Triana es eterna,
siempre la gloria presente,
es parto doliente
De flamenquería naciente.
Cava Alta, Cava Baja,
San Jacinto y Altozano,
Castilla, Betis y Puente
Río Grande y corriente.

Pólvora y alfares
en un pasado glorioso
Barro puro en sus tejares.

Triana, madre del cante,
cuna de cantaores
De artistas con desplante.

El amor es permanente
como barro en el alfar
es Triana latente,
Triana, ¡ Eterna será!

Memoria del cante ida
los sentimientos preñados
en oscuros túneles
De un tiempo sentenciado.

La pena del sentimiento,
la pena del sufrimiento,
lágrimas, llantos, añoranzas,
En ausencia de su falta.

Que pena de mí Triana
Se nos va de las manos
Como agua limpia y clara
Que corre y no la paramos.

Triana se nos va, poco a poco, nada de esto es nuevo, fue en un comienzo interesado, la Triana popular, la solidaria, la de sus corrales, unas clases populares que cuando empezaron a despertar, cuando las esperanzas y sus sueños empezaron a ser realidad, fueron desplazados de su hábitat primigenio, tronco común de su comportamiento. Atravesaron el puente y aquí se quedaron unos nuevos trianeros que recogieron esta herencia ancestral. Tal vez algún día cuando el tiempo pase reclamaremos un monumento a todos aquellos que con sus inconscientes esfuerzos hicieron posible el nombre de una Triana Universal. El fruto de todas las conjunciones de penas y sonios negros, la semilla depositada, aquella que germinó una cosecha abundante de renombre no la han podido recoger aquellos que la sembraron. Sembradores de ilusiones que se vieron marginados y apartados de sus fértiles y feraces campos de solidaridad y tolerancia, que abrieron y tendieron sus manos a todos los nuevos llegados a una Triana diferenciada con el ayer de los corrales.
La ilusión es permanente, las raíces muy profundas, fueron depositadas en un torno alfarero, aquel que el trianero, hacia girar moldeando la gracia el salero de la solidaridad, tolerancia hacia los demás. Nobleza y genio en el bien hacer de gentes sencillas, hospitalarias y acogedoras, todo demostrado en la tarea diaria, abriendo sus manos a todos aquellos que llegan.. Aquí estamos. Seguiremos estando para defender nuestras creencias. Agradecidos como el que más. Abriremos nuestro corazón al que nos quiera y coincida con nuestros pensamientos humanos y solidarios. Porque así es Triana, herencia ancestral depositada en limo fértil del padre Guadalquivir.

¡Humanidad!
Cargada de historia.
Muchas gentes se fueron,
No fueron otros:
¡Que los trianeros!

Todo esto es mi pregón
Yo no sé si habrá gustado
Pero si dejo muy claro
Que es mi corazón
El que ha hablado.

No quiero decir más nada,
muchas cosas por decir
si algunos nos escucharan
No estaríamos ni aquí.

Estaríamos en la fiesta,
En la fiesta de un casorio
De un mocito trianero
casado en la Iglesia de Sant´ana
Con una bonita y hermosa niña
Que por nombre la llaman Triana.

Me despido en esta noche trianera, antesala de una noche de Velá, de mi Velá de Sant´ana, esperando seguir teniendo las ilusiones y esperanzas necesarias para defenderla, amarla y quererla, porque en ella nací y de la que sigo estando profundamente enamorado.
Dejad que me despida sólo con un sentimiento, un sentimiento de enamorado y una confesión de amor a mi barrio, a mi Triana:

Aquí nací y me bautizaron.
Aquí me dieron teta, yo mamé
De aquí nunca, nunca me iré
Por aquí nací y me criaron.

¡Muchas gracias!

LA SEMANA SANTA EN TRIANA




     Si
la inauguración del Puente de Triana el 23 de Febrero de 1852, significó un hito histórico para el barrio, un lazo de unión entre las dos orillas, las Hermandades de Penitencias fueron un núcleo integrador de Triana, por tanto no podemos dejar pasar por alto el papel que ellas jugaron en todo el proceso histórico para el Viejo Arrabal, por el papel de importancia que han jugado y lo que estas han significado, dándose el caso, en comparación con otras de la ciudad, en función de sus habitantes, el poseer cinco hermandades, sin contar aquellas que tuvieron su fundación en Triana, teniendo que abandonarla por una serie de circunstancias en las cuales no entraremos, ya que serie interminable nuestro trabajo, ateniéndonos exclusivamente a dos de ellas que residieron en el Convento de San Jacinto por haber jugado este una gran importancia en el desarrollo de la Semana Santa Trianera.
Éste dato nos viene a confirmar, que el río una vez más era el que forzaba a un aislamiento, fundándose hermandades no sometidas al comportamiento a intramuros, creando una idiosincrasia muy particular en todos los aspectos, no sólo en el desfilar procesionalmente - en un principio lo hicieron a la Iglesia de Santa Ana - sino hasta en la forma de exornar a sus imágenes, e incluso con el aire garboso de portarlas, diferenciándose al resto de la ciudad, dotándolas de un aire característico donde se pone de manifiesto el carácter del trianero.
Nos asimos a estos datos, por la sencilla razón, que mientras tanto a intramuros se conservaba una austeridad auspiciada por la cercanía de las autoridades eclesiásticas, que velaban por las tradiciones y usos religiosos, Triana se encontraba en la lejanía debido a su aislamiento. La abundancia de ermitas y conventos y la gran profusión de oficios existentes en el Arrabal, trajo como consecuencia que los gremios se agruparan bajo la protección de alguna advocación, naciendo varias hermandades que fueron fusionándose hasta llegar a nuestros días. De las cinco existentes: El Cachorro, La O, La Esperanza, La Estrella y San Gonzalo, las cuatro primeras son centenarias, la de San Gonzalo fue fundada a principios de los años cuarenta del pasado siglo XX, recién finalizado.
En la segunda mitad del siglo XVI, es la época de la fundación de las cuatro centenarias existentes, poniendo de manifiesto el papel jugado por Triana en un periodo 225 años, comprendido desde el descubrimiento de América (1.492) hasta el traslado de la Casa de la Contratación a Cádiz (1.717) totalmente influenciada por el comercio marítimo del puerto.
En el Convento de San Jacinto las dos últimas Hermandades de Penitencia en salir fueron la Estrella y la Esperanza de Triana al ubicarse las mismas en capillas de su propiedad.
A continuación daremos detalles de Convento de San Jacinto y de las dos Hermandades de Penitencia, ya que con esta triangular exposición tendremos referencia del significado de la Semana Santa Trianera.

EL CONVENTO DE SAN JACINTO

La edificación del Convento de San Jacinto se llevó a cabo gracias a un acaudalado y piadoso varón residente en Sevilla a primeros del siglo XVII, este no era otro que Baltasar Brun de Cervera, el cual tenía la intención de fundar un Colegio de Matemáticas, Retórica y otras ciencias. No nos debe de extrañar esta actitud de mecenazgo, ya que el poder y la riqueza atraían a todos aquellos que querían quedar inmortalizados a través del transcurso de la historia. Sevilla en esta época era un poder influyente debido a la riqueza agrícola y ganadera del valle del
Guadalquivir, como así estar ubicada en una privilegiada situación geográfica, siendo un cruce de caminos al que se le unía ser un puerto fluvial de vital importancia. Su predominio económico la convirtió en una ciudad residencial para todos aquellos que querían resaltar una situación de poder tanto en el mando político, militar o eclesiástico.
Para tal fin, el mecenas, obtuvo licencia de don Pedro Niño de Guevara, a la sazón Arzobispo, cediendo unos terrenos de su propiedad cerca del Hospital de San Lázaro para la construcción de un convento para la Orden de Predicadores, pero los frailes dominicos, viendo la lejanía de la capital y lo insano del terreno, decidieron convencer al mecenas buscando otro lugar más cercano a la ciudad.
En dirección del antiguo Camino de San Juan, posterior calle Ancha, actual calle de San Jacinto. Existía una ermita denominada de la Candelaria, en la confluencia con una de las alcantarillas del foso denominada, una vez construido el Convento "De la Cruz de San Jacinto". Ésta pertenecía a una hermandad con tal nombre que convivía con otras dos: la de los Morenos de Triana y la de Nuestro Padre Jesús de las Penas. La Orden de Predicadores de los dominicos interesados en la edificación de este convento se pusieron en contacto con los hermanos de la Hermandad de la Candelaria, propietarios de la ermita, llegándose al acuerdo para su edificación, tomado en cabildo el día 2 de junio de 1.651, con la condición de que el nuevo templo ostentara el nombre de Nuestra Señora de la Candelaria y su imagen debería ocupar lugar preferente en el altar mayor, respetándose los cultos a su advocación, no así con las dos más existentes, que fueron ignoradas en tal trato, desapareciendo la primera y trasladándose la de las Penas a la capilla de la Virgen de la Estrella en el Convento de la Victoria, foso arriba, frente al Puerto Camaronero, con la cual se llegó a fusionar el 15 de junio de 1.675.
Las obras quedaron finalizadas a finales de 1.675, celebrándose la primera función el 29 de enero de 1.676, asistiendo todo el Cabildo Eclesiástico y predicando el Ilustrísimo don Ignacio Valencia, canónigo con dignidad de medio racionero. Esta fue la primera de las cinco funciones dadas, correspondiendo la segunda al Clero de la Real Parroquia de Santa Ana, la tercera fue costeada por la Hermandad de la O, la cuarta a la Hermandad del Rosario, y la última correspondió a la Hermandad de la Candelaria, siendo en esta función, cuando al consagrar el templo se puso bajo la advocación de nuestra Señora de la Candelaria, pero a pesar de éste rito eclesiástico, que venia a refrendar el acuerdo tomado, el Convento tomó el nombre de San Jacinto, tal como era el deseo de Baltasar Brun de Cervera, incumpliendo el acuerdo de pleno derecho.
Este convento con el nombre de San Jacinto fue el primer incumplimiento del acuerdo tomado con la Hermandad de la Candelaria por parte de la Orden de los Predicadores, aunque convivieran conjuntamente los dominicos con la Hermandad, no ya con buenas relaciones, si bien se le seguían dando cultos a la titular de la hermandad cedente de los terrenos. El día doce de febrero de 1.810, las tropas de Napoleón cruzan el puente y toman Triana, dedicando los franceses el convento a cuartel y almacén de vituallas. Una vez desaparecida la invasión napoleónica, vuelven los dominicos al convento y lo ocupan nuevamente pero no en su totalidad, ya que las milicias del pueblo de Triana que habían luchado en contra de la invasión, siguieron estando presente hasta el año de 1.820, insistiendo el prior la devolución total del convento, no recibiendo contestación por parte de las autoridades competentes, hasta tal punto que fue nombrado cuartelero de San Jacinto un tal José Caballero.
En primer lugar, la idea originaria del mecenas no llegó a cumplirse, como fue la creación de un Colegio de Matemáticas, Retórica y otras ciencias, si bien una Cátedra de Gramática Latina, posiblemente siendo estos los motivos para que el Ayuntamiento de Sevilla, en unos terrenos colindantes propiedad de los religiosos, bastantes años más tarde edificara una escuela gratuita, que comunicó al pueblo para su conocimiento mediante un edicto el Alcalde Constitucional don Félix María Hidalgo (Trienio Constitucional) el mismo que mediante otro en 1.822, autorizó el Mercado de Abastos en el Castillo de San Jorge.
Setenta y cuatro años más tarde desde que se abriera al culto el Convento, en 1.750, acontece la fundación de la Hermandad del Santísimo Cristo de las Aguas y Nuestra Señora del Mayor Dolor, que años más tarde se fusionaría con la Hermandad de la Candelaria -desconocemos la fecha exacta de esta fusión - por lo cual esta hermandad pasa a ser la copropietaria del templo, como así de los terrenos donde más tarde se edificó el colegio.
En 1.821, se produce un conato de epidemia en el barrio, decidiendo las autoridades reparar el convento y que en él se recibiesen todos los enfermos, instando a los religiosos que lo abandonasen. Desaparecido el conato de epidemia. los religiosos reclaman a las autoridades su vuelta, pero esto no se produce al llegar en 1.835 la Desamortización de Mendizábal, quedando suprimida la orden. y el convento exclaustrado y en total abandono. Nuevamente se abre al culto pero ya dependiendo de la Real Parroquia de Santa Ana y motivado por las hermandades que en él encuentran cobijo debido a la enajenación de sus bienes eclesiásticos, como fueron la de la Esperanza procedente de la Capilla de los Marineros en la calle Larga de Santa Ana, al ser desposeída ésta en 1.868, por la Junta Revolucionaria y la de la Estrella del Convento de la Victoria, más las dos allí ya existentes establecidas con anterioridad: la Hermandad del Rocío establecida desde 1.815, y la del Cristo de las Aguas fundada en 1.750 y copropietaria del Convento debido a su fusión con la Hermandad de la Candelaria.
La Orden de los Predicadores, fundada por santo Domingo de Guzmán en 1.215, empieza a reorganizarse en 1.860, insistiendo nuevamente en la reclamación del convento, pero la vuelta no se produce hasta el año de 1.907. La relación con las Hermandades ya venía deteriorada desde un principio por los motivos de la cesión de los terrenos al no haber puesto el convento bajo la advocación de la Candelaria, se vio agravada al encontrarse los dominicos con nuevas hermandades. La Hermandad del Cristo de las Aguas al tener noticias de su vuelta se apresuraron a construir una capilla con el fin de reclamar parte de su propiedad, al ser ésta la heredera de parte del convento debido a su fusión con la Candelaria.
A partir de esta fecha y ante la insistencia de los dominicos en su reclamación, las hermandades allí existentes se plantean la necesidad de buscar una nueva ubicación, siendo la Hermandad del Cristo de las Aguas la primera en salir en Diciembre del año de 1.942, al sufrir el 29 de octubre de este mismo año un incendio, perdiéndose todas sus imágenes, empezando un doloroso itinerario, hasta encontrar su sede definitiva en la Capilla de la calle Dos de Mayo. En el año de 1.962, una vez recuperada la Capilla de los Marineros se traslada a su antigua residencia la Esperanza de Triana. En 1.976, se bendice la Casa Hermandad de la Estrella, siendo su actual residencia a muy pocos metros del convento, en plena calle de San Jacinto, y la Hermandad del Rocío se marcha a la calle Evangelista, antes de San Juan, en donde en un solar de esta calle, última residencia de los gitanos de Triana, erigen la Casa Hermandad con una preciosa capilla, trasladando su Simpecado el día 25 de septiembre de 1.982.

LA ESTRELLA

Esta hermandad trianera con el título de: Pontificia, Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de las Penas, María Santísima de la Estrella, Triunfo del Lignum Crucis, San Francisco de Paula y Santas Justa y Rufina, desde su fundación ha tenido su residencia muy cercana a la actual.
Frente a lo que fue el Puerto Camaronero, a la otra orilla del foso del Castillo de San Jorge, existía una ermita dedicada a San Sebastián, siendo conocida esta parte de Triana por el barrio de éste Santo mártir. En el año de 1.512, llegan a Sevilla un grupo de religiosos de la Orden Mínima de San Francisco de Paula. Ante las dificultades encontradas a intramuros para su fundación, solicitaron de las autoridades eclesiásticas la debida autorización para que le fuese autorizada esta ermita. Previo acuerdo con la hermandad allí existente -San Sebastián- y con permiso de los cofrades, la ermita fue derribada, edificando en su lugar una iglesia con casa conventual, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Victoria, ante la cual oró Magallanes antes de su partida para dar la vuelta al mundo. La Hermandad de San Sebastián convivía, no fusionada, en el convento, con otra de Luz denominada Virgen de la Estrella, que tuvo sus principios en
1.560, perteneciendo a ella cargadores de Indias y carenadores de buques y si fusionada con la del Santo Patrón de los mínimos San Francisco de Paula, al tener unos estrechos vínculos de amistad.
Foso abajo, en dirección del Camino de San Juan, actual calle de San Jacinto, existía una ermita denominada de la Candelaria, perteneciente a una hermandad con tal nombre que convivía con otra dos Hermandades: la de los Morenos de Triana y la de Nuestro Padre Jesús de las Penas. La Orden de Predicadores de los Dominicos interesados en la edificación de un convento pusieron sé en contacto con los hermanos de la Hermandad de la Candelaria, propietarios de la ermita, llegando al acuerdo para la edificación del Convento de San Jacinto, respetándole los cultos a su advocación, no así a las dos más existentes, desapareciendo la primera y trasladándose la de las Penas a la capilla de la Virgen de la Estrella en el Convento de la Victoria, llegando a fusionarse el 15 de Junio de 1.675.
En fecha no determinada se le unió la Hermandad de Santa Justa y Rufina del gremio de los alfareros que tenían ubicados sus talleres en las antiguas calles: Palomar, desde San Jacinto hasta Antillano Campos; Barrionuevo, desde Antillano Campos hasta Magallanes y Vinagre, desde Magallanes al foso. En la actualidad en toda su totalidad se le denomina Alfarería.
El titulo de Lignún Crucis viene determinado una vez fusionadas las dos hermandades, la de las Penas y la Virgen de la Estrella, determinando hacer estación penitencial a la catedral con tres pasos, con el hoy ya desaparecido Triunfo de la Santa Cruz.
Por una Real Orden de la Reina Gobernadora en Maria Cristina de Borbón, cuarta esposa de Fernando VII, y con estallido de la guerra carlista, en 1.835, (Desamortización de Mendizábal) se decretó el cierre de muchos conventos. El Convento de la Victoria fue uno de ellos. Las Hermandades allí establecidas como eran la de San Sebastián, fusionada con la Entrada Triunfante en Jerusalén y Maria Santísima del Desamparo, desaparecieron pasado unos años. La Hermandad de las Penas y Virgen de la Estrella quedó ubicada en el Convento de San Jacinto, lugar originario de la fundación de la primera antes de su fusión, si bien no en el mismo convento si en el mismo solar, donde estaba la Ermita de la Encarnación.
Esta hermandad se llevó en el Convento de San Jacinto, ciento cuarenta y un años, hasta que el año de 1.976, se traslada a la Capilla de su propiedad en la calle de San Jacinto.

LA ESPERANZA DE TRIANA

La Hermandad de la Esperanza de Triana: Pontificia, Real e Ilustre Hermandad y Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Sacramento y de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, Nuestra Señora de la Esperanza y San Juan Evangelista, tiene sus orígenes en las agrupaciones gremiales como los ceramistas, gremio que fundó en 1418 en la Real Parroquia de Señora Santa Ana, la Hermandad de Luz de Nuestra Señora de la Esperanza, fusionándose en 1542 con la de San Juan Evangelista, del gremio de los pescadores, aprobándose la fusión de ambas el 24 de noviembre de 1595.

En el siglo XVII se inicia una época de gran esplendor, aunque con un constante cambio de residencia por diversas vicisitudes. La Hermandad se va a residir en el Convento del Espíritu Santo, situada en la calle Orilla del Río, actual Betis y en donde se fundó también la Hermandad de los Gitanos, poseyendo capilla propia llamada de San Cayetano desde donde se realizaba su estación penitencial a la Real Parroquia de Santa Ana, ya que aún no cruzaban el río las Hermandades para hacer Estación de Penitencia a la Santa Iglesia Catedral; desde el Convento del Espíritu Santo se traslada a la Parroquia de Santa Ana, de la que se marcharía ante su cierre por los daños causados en el “Terremoto de Lisboa”, acaecido en 1755; a la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios; y a la Iglesia del Hospital de la Encarnación – posteriormente un corral y actualmente en reforma de habilitación y donde han aparecido recientemente los restos del antiguo cementerio de la Ermita, y donde residió hasta que en 1815, se traslada a una capilla que construyó por mediación de sus cofrades marineros en la antigua calle Larga de Santa Ana, actual Pureza, efectuando desde aquí, al año siguiente, su primera salida procesional, que aún se efectuaba a Santa Ana, ya que no sería hasta 1845 cuando se cruzaría por vez primera el Puente de Barcas.
En 1608, Francisco de Lara, Clérigo de Evangelio, fundó en el Convento de las Mínimas de Triana, situado en la antigua Cava de los Gitanos actual Pagés del Corro, la Hermandad de las Tres Caídas de Cristo y Nuestra Señora de la Salud.
Años más tarde, en 1616, se fusionarían la Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza y San Juan Evangelista con la de las Tres Caídas, formada esta última por gentes de la mar. La imagen de la Virgen de la Salud, al producirse estas uniones corporativas, se pierde como Titular.
En 1868 la Junta Revolucionaria enajena y cierra el templo propiedad de la Hermandad, sacándolo a pública subasta, y adjudicándoselo a dos súbditos ingleses que la dedicaron al culto de la religión anglicana y posteriormente a otros menesteres, tales como almacén de corcho, de carbones, etc... Así, hasta que la finca pasa a poder de Carlos Jorge Welton Niño, que la cede a la Hermandad en 1939, gracias a la mediación del que fuera su Director Espiritual José Sebastián y Bandarán, en escritura notarial y por la cantidad simbólica de 19.300 pesetas.
Durante el período de enajenación de la Capilla de los Marineros, la Hermandad se trasladó con sus Sagradas Imágenes a la Iglesia Conventual de San Jacinto, donde permaneció cerca de un siglo, pues llegado el Viernes Santo de 1962, la salida se efectuaría desde el citado convento, pero concluiría entrando en la capilla de la calle Pureza.
Finalmente, la Hermandad se fusionó en 1971 con la Hermandad Sacramental de la Parroquia de Santa Ana, siendo aprobada esta fusión el 7 de febrero de 1972 por el Cardenal José María Bueno Monreal, obteniendo el titulo de Sacramental.

PREGÓN HERMANDAD DEL ROCIO DE AZNÁLCAZAR


DEDICATORIA

Venir a exaltar a la Blanca Paloma
con brisas de marisma en mi cara,
es para mi una satisfacción plena
de cariño y esperanza ilusionada.

Gracias, Real e Ilustrísima Hermandad,
que me dais esta bella oportunidad
de expresar el gran amor que siento
a la Gran Señora que en Almonte está.

Gracias, Muy Noble Hermandad,
Por acordarse de este humilde romero
que con sencillez quiere exaltar
A la Blanca Paloma: Divina Majestad

Gracias romeros de Aználcazar
por ayudarme a pregonar
toda vuestra gloria celestial
que llevareis por los caminos
Hasta poderse ante ella postrar.

Bailar, rezar, cantar la Salve
ante su celestial y glorioso altar
pedirle por todos nosotros
En Pentecostés, un año más.

Tres gracias doy a los romeros
y sea mi pregón Salve rociera
y me ilumine la Gran Señora
con su dulzura divina y morena
¡ Rocío Redentora, guíame!
¡ Ave Maria Gracia plena!

Señoras, señores, autoridades, buenas noches:

Cuando fui solicitado para dar el pregón de la Real, ilustrísima y muy Noble Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de este sencillo pueblo de Aználcazar, enclavado en las estribaciones de nuestro Aljarafe, fronterizo con las tierras marismeñas cerca del resplandor de la Blanca Paloma, que con su manto henchido de esperanza plena, es protector de las ilusiones de los romeros que en un luminoso día del mes de Junio partirán para recorrer carriles y veredas, con sinceridad tendré que decir que sentí en mi interior algo que no podía explicarme, algo que me haría estar más cerca de los amores que profeso hacia una mujer bella, hermosa de cara angelical Madre de Cristo Redentor.

Tal vez mis palabras llenas de gozo no puedan salir de mi boca y queden compartidas entre mi corazón y mi alma. Tengo que hacer un gran esfuerzo para expresar lo que siento; con una mirada al Simpecado que representa toda la ilusión de este pueblo me ayudará a que mis palabras exalte a la Blanca Paloma, Madre de Cristo y Reina de las marismas. Ella hará que mi voz salga de la cárcel de mi corazón y como un piropo transformado en un gran ramo de rosas de fe sea capaz de depositarlo a sus pies.

Salve Reina y Madre,
¡Celestial Señora!
Reina de las marismas
¡ Blanca Paloma!
Dueña de mis lagrimas
¡ Blanca Azucena!
Protectora de gracia llena.


Madre de los rocieros.
¡ Celestial Señora!
Cobijo de este pueblo
¡ Blanca Paloma!
Manto marismeño
¡ Ave Maria Gracia plena!

Gran responsabilidad la de esta noche, cuando ya embriagado por el olor de pinos y jaras, respirando muy hondo en mis adentros el perfume de olor a Rocío que todo lo embarga abre los corazones generosos que guiados por la fe, son rosas y claveles reventones que con sus pétalos contagian con su aroma todo el aire que se respira transformándolo en poesía de amor y cariño fraterno que es el significado y la personalidad propia del buen rociero de Aználcazar.
Porque el ser rociero es algo distinto, algunos no lo entienden o no lo quieren entender, pero de seguro que si buscan en lo más recóndito de su alma, encontrará la fe, luminaria alimentada por el resplandor de esperanza que irradia un Simpecado peregrino: bello portador de las ilusiones de un pueblo.

En un horizonte finito,
en una noche morena,
Pequeño pueblo: bonito,
¡ Aparecen luces!
¡ Despiertan sueños!
Casas de Aználcazar
De gracia divina llenas.

Carril que discurre entre mares de olivares verdes de esperanza y vides que dan un mosto dulce como el largo peregrinar que nos trae en busca de una ilusión de hermanamiento hacia los últimos contornos aljarafeños para encontrarnos en la antesala de la marisma, en un altozano desde donde se divisa el discurrir de un río premonición del Jordán Rociero, casas encaladas con el blanco de la pureza, es Aználcazar, puerta de príncipes y banderías soñadoras que nos hace estar mas cerca de tener el consuelo y la dicha de estar pronto a su lado; Hermandad de Rocío bandera de colores rojos y blancos la que recoge el sentir de peregrinos ilusionados que han de partir para postrarse un año más con sus almas pletóricas de creencias bellas y hermosas.
Real e ilustre Hermandad del Rocío de Aználcazar, aquella que ya en el horizonte triste de la lejanía de los años un hombre sencillo, humilde y creyente que recorriendo las azules veredas de los cielos se postró por última vez a los pies del Pastorcito Divino que en brazos de su celestial Madre y Señora se lo llevó, estando siempre a su lado.

Ignacio Mora Colchero,
peregrino celestial
míranos desde los cielos
y guía a tu Hermandad,
por veredas y caminos
en busca de la verdad,
¡ La verdad!
De una Gran Señora,
Señora y Blanca Paloma
que bajó de los cielos,
y en la marisma está,
esperando que llegue
Aználcazar, tu Hermandad,
la que tu creaste para adorar
la belleza de su alma pura
Blanca limpia y celestial.
Triana fue su madrina
para que, queremos más
entramos en la gloria,
en su ermita, ante su altar
Donde nos vamos a postrar.

¡Vente!
¡ Vente con nosotros!
Desde las alturas un año más.
Ignacio Mora Colchero,
palmas, guitarras y cantes
¡ Con mimo!
Es nuestro rezo.
Es oración del camino
¡ Bendita!
Es rezo divino
¡ Pena!
Es emoción contenida
¡ Alegría!
Es la misa
¡ Amanecida!
Es el Rosario
¡ Fervor!
Es el rociero cantor
que pregona al viento
que está en el camino
En busca del divino amor.
Ignacio Mora Colchero
acompáñanos un año más
Para alcanzar tu gloria celestial.

Es fiesta grande en Aználcazar, faralaes, botos, carretas ornadas con exquisito esmero, chirriar de carriolas, estampidas de cohetes, ajetreos, repiques de campanas, sonidos de cascos sobre la piedra. Todo el conjunto es de tal belleza, que hasta el embargado, por las dudas de la fe, no puede sujetar las riendas de los sentimientos y queda inmerso en todo el entorno, acogido por la tormenta de amor, cariño y solidaridad que desprenden las almas generosas y rocieras de los aznalcaceños.
Aznalcaceños, generosidad, amor y lealtad que todos pregonan al unísono, como un coro de voces timbradas fuera; para que todo el mundo se entere del amor profesado a la Madre de Dios, Reina de las marismas, Celestial Señora, Blanca Paloma que un día voló sobre los cielos azules de vuestro pueblo extendiendo su manto, un manto cobijador de fe y esperanza para colmar las ilusiones de unos hombres, que no queriendo ser menos que otros, han aglutinado todos los sentires, sentimientos y amores hacia la Señora.

Los extraños, atónitos contemplan el espectáculo majestuoso y preguntan: ¿Que es esto? Es Aználcazar, un pueblo noble, sencillo, humilde, honrado y trabajador ¡ Hacia el Rocío parte! ¡ El que quiera venir que venga que encontrará el calor de nuestras gentes!

Silencio que todo calle,
hasta los pájaros posados
en los pinos, olorosos árboles,
que aroman hermosos talles
de peregrinas enamoradas,
de donceles que son Ángeles,
guardianes del Simpecado
Y el vado del Quema se pase.
Jordán rociero, agua bendita,
día glorioso, el paso del vado
Aználcazar hacia la ermita.

Silencio que todo calle,
ni los ruidos hablen,
que aquí está el Quema
y el Simpecado pase
rodeado de romeros
y centuria de Ángeles.

Ha caído la noche sobre Aználcazar, silencio oscuro, sombras, calles solitarias, los pinos, en el pinar, mudos testigos del acontecimiento, lloran con lagrimas perfumadas con sabor a piñón; los pocos que quedan, entristecidos, hacen un hueco con la constancia de la firmeza en las horas del tiempo para poder escapar y unirse en las paradas del camino, donde se encuentra toda la alegría, el amor y la fe aznalcaceña, que corre por las venas de los carriles y caminos polvorientos, para regar con sus lagrimas una Azucena blanca con estambres luminosos que germina cada primavera la fe y el amor entre los hombres.

Ires y venires por el camino de arena y polvo que lleva a los hombres de fe hacia el Rocío. La organización de la acampada tratada con mimo por el Alcalde de carreta, en el centro de la acampada un Simpecado Rojo como los corazones plenos de amor de los romeros, estrella luminosa que hace resplandecer las caras sudorosas y polvorientas de hombres y mujeres de tez morena. El sosiego de la fresca noche reconforta el espíritu y el cansancio del peregrino. El cobijo del Simpecado da fuego al alma del rociero para seguir. Un circulo concéntrico de respeto, en él nace la plegaria y la oración transformada en cante por sevillanas, compases de palmas y rasgueo de guitarras.

Camino sudor y jaleo,
horizonte cielo y marisma,
pinos, jara y romero,
fe la que me ilumina,
¡ Celestial Señora!
¡ Reina del Cielo!
¡ Enciende mi alma de rociero!

Guíame Señora hacer el camino,
¡ Dame tu fe cegadora!
¡ Dame tu fe que ilumina!
Para verte, que eres mi cielo.

Esperanza, alegría y cante,
Emoción contenida, lágrimas.
rezo, lloro y desplante,
caminar pesaroso de almas
De llegar cuanto antes.

¡ Celestial Señora!
¡ Reina del Cielo!
Quiero tu manto cobijador
extendido sobre mi pueblo
y dame toda la fuerza y valor
¡ Para seguir queriéndote!
¡ Cómo te quiero!

La mañana se acerca con paso presuroso, el tamboril como trino de pájaro cantor hace despertar. El cansancio del primer día de camino se ha mitigado, se está más cerca. En un horizonte de tarde primaveral serpentean carretas y carriolas ¡ Jinetes con compostura! ¡ Jacas y corceles con alegres cabriolas despiertan su noble instinto! Son guiados con manos diestras como sabedores de hacer el camino. El sesteo
es corto pero necesario para el avituallamiento, comunión diaria del mediodía que alimenta el espíritu para seguir.
Ya no se divisa Aználcazar, nos adentramos en los carriles bañados por la luminosidad del amarillo fuerte de los girasoles, que atónitos y dejando por un momento su giro natural quedan confundidos ¿ Donde miran? Hacia el Sol bello del Simpecado que anda por el camino polvoriento, nace la duda, lo divino puede más que lo natural, ¡ Quedan estáticos, sus giros son hacia el resplandor que nace y destella de la nube de polvo, incienso imaginario que deja el cajón del Simpecado en su lento caminar.
Ya se presienten los verdes pinos de la marisma. El bautismo con el agua del Quema ha reconfortado las almas, los arroyuelos cortan el curso el signo de respeto para que pasen los peregrinos.

El silencio es roto por el chirriar y los gritos del guiar del boyero, la caravana se corta en los caminos, se paran, se agrupan y siguen, se abren puertas y cancelines; los brocales de los pozos encalados son como luminarias que compiten con el sol brillante de una agonizante primavera.
Las arenas se acercan, el vientesillo de la ya cercana marisma se hace denotar, el aroma de los pinos envuelve al peregrino, todo huele a resina y piñón, el paladar y las gargantas se secan, el pulso se agita a medida que nos acercamos al momento crucial de poner a prueba la fe rociera.
El silencio sepulcral es roto por el mugido de las vacas que pastorean y arrullo de los pájaros, cae hecho pedazos por el ruido sonoro de la caravana, que como saeta que corta el viento ha rasgado la vida rutinaria de los quehaceres cotidianos del campo.
Los pinos majestuosos, altos, esbeltos, desparraman su aroma, perfume de piña dulce ayudados por el viento acariciador marismeño, compiten entre si para asomarse, ríen, lloran con el susurro del aire. La arena caliente por el sol del mediodía ha hecho presencia va a ser la inseparable compañera del peregrino hasta el llegar.
En el horizonte se divisa Mures, pueblo manriqueño de estirpe hidalga, fronterizo marismeño, cuna de boyeros, protocolario, velador infatigable del Rocío esencial.


Cortesía de hermandad
hermanos son los romeros
ante eclesial escalinata
sudor, esfuerzo del boyero
que postra su carreta
Ante el pueblo manriqueño.

Los surcos dejados en los carriles es la huella latente de fe e ilusión de postrarse ante la Celestial Señora. Se abren y cierran cancelines y ante si una inmensidad de pinos que temerosos quedan quietos. Camino de arena, infinita, larga, ancha, pero a la vez, finita, corta y angosta; Las almas salen y brotan de los pechos rocieros, porque la Raya es el Getsemaní, sudor de Calvario, es la fe de Cristo presente, es la fe en su Divina Madre lo que hace caminar. Los pinos enmudecen, ni el viento fresco de la marisma los hacen hablar; mugidos relinchos, chirriar de carretas y carriolas y gritos alterados por la preocupación han roto los silencios permanentes de la Raya.

Raya Real infinita y larga,
Raya Real, pena y gloria,
Camino sudoroso de arena.
Peregrino es el camino
que con tu lento caminar
es todo tu afán y destino,
de poder cuanto antes llegar
para verla y poderte postrar
Ante su cara bella y angelical.

Plegarias rezos y oraciones, unas palmas, un tamboril y una caña, misa mañanera, rosario matutino, camino del polvo y arena de Raya Real, corazones abiertos y desgarrados por la emoción hacen aparecer como gotas de rocío tempranero lagrimas en las mejillas. La orilla del mar de pinos contemplan con quietud el paso de la caravana, orquesta natural dirigida por la sabia batuta de un viento suave, música de tristeza de no poder caminar y acudir a postrarse ante una mujer bella que reina en las marismas.
La arena de la Raya es la prueba de fe, las almas salen aprovechando los pechos abiertos, rajados por la humanidad que brota de ellos como un torrente, salen bellas y limpias como la luz cegadora de la ilusión.
Lo adornos y arambeles de carretas y carriolas se han marchitado dando paso a la belleza de las almas; la nube de polvo donde residen, polvo envolvente que da aliento para poder seguir caminando. Serpiente luminosa de blanca tela que surca los caminos, estela de luz y esperanza que va dejando el Simpecado.
Se llega a Palacio, toda la ilusión se transforma en jolgorio, acompañado de cantares nacidos en las entrañas de nuestra tierra. Las almas descansan al calor de can- delas impenitentes viajeras de las noches del camino.

Palacio de la Condesa
vetusto, viejo, señorial
anochecida venturosa
Aználcazar su Hermandad
la que para en los caminos
hacia el Rocío camina y va,
en busca de una paloma
blanca y pura como la nieve
guapa, bonita y bella
de una carita angelical,
que enamora a los romeros
Con su divina majestad.
En la Raya Real estamos
en nuestro peregrinar
en Palacio descansamos
para poder rezar y adorar
a nuestra gran Señora
que en la ermita está
custodiada por Ángeles
gran corte angelical
los que cantan la salve
con su música celestial

Caminar pausado y lento por senderos y veredas, el aroma a pino verde todo lo envuelve, polvo del camino enjugado por el sudor del peregrino ansioso en llegar, se está cerca de la frontera gloriosa del Aljolí,

Aljolí frontera gloriosa,
paso de sufrida caravana
Aljolí frontera dichosa.

Cuchillos del amanecer
han rota la noche negra,
luz mañanera marismeña
que se apaguen candilejas
que Aználcazar se va a postrar
a la que en la ermita está.

La ermita blanca, blanco resplandor que contrasta con un fondo azul y limpio de una llanura interminable. Dentro, majestuosa, resplandeciente, fulgurante su belleza. Se enmudece, se calla y en el interior un escalofrío que nos llena de emoción. Varales, peana y palio de plata, no oscurecen la luz cegadora de su bella mirada, perfumando el aire de ilusión y de fe.
Aparece un llanto contenido, el tamboril música celestial que hace que palpiten los corazones enamorados. Nace la oración y el rezo hecho cante.

Almas henchidas,
corazones sangrantes,
manos vacías
Para poder tocarte.

Dejadme tocar un varal
Dejadme tocar su manto
Dejadme a sus pies
por quererla tanto
no quiero más llorar
es tanto lo que la quiero
No puedo detener mi llanto.

El Rocío no tiene fronteras
Es todo cielo.
No existen horizontes
es la Gloria del rociero,

Ante tus pies vengo a postrarme
Madre de Cristo Redentor.
Ante tus pies vengo a postrarme
Madre de Cristo él del amor
él que un día crucificaron
Por ser el Hijo de Dios.

Señora no llores más
que aquí está Aználcazar
Que contigo quiere estar.

Ilumina mi camino
Madre venturosa de Dios,
que este es mi destino,
el estar siempre a tu lado
Con tu pastorcito Divino.

Rocío de la mañana
Arena del camino.
Rocío de la mañana
Sustento del peregrino.
Rocío de la mañana
Amor gozoso de llegada.
Rocío de la mañana
Plegaria emocionada.
Reina y Señora del cielo
Rociero de alma agitada.
Quiero estar contigo
de lo tanto que te quiero
Con mi alma desbocada.
Deja que mi alma vuele
Junto a la tuya, iluminada.

Dejadme que cante.
Dejadme que baile.
De mi voz brota una Salve,
de mi pecho un grito hiriente,
un torrente de sangre
y que todo el Rocío calle.

Almas henchidas,
corazones sangrantes,
manos vacías
Para poder tocarte.

Silencio en la marisma,
Que todo calle.
Silencio en la marisma,
Hasta los pájaros.
Silencio en la marisma
Que ya sale.

¡ Ya sale!
La ermita queda sola,
Ya en la calle.
Las campanas tocan a gloria,
Los curas cantan la Salve.

¡ Hermandades filiales!
¡ Gritar a voces!
Que la Señora está delante.
¡ No ves que se bambolea!
¡ No ves que se cae!
¡ No preocuparos hijos!
Que es el sudor hecho sangre,
del almonteño que la lleva
En sus propias carnes.

Sudor del almonteño,
Que no la toque nadie.
Egoísmo contenido,
Amor desprendido.
¡ Rota la cintura!
¡ Por el talle!
Almonteño déjame que la lleve
¡ Negación constante!
Al compás de una Salve.

El Rocío termina, la pena hace presencia, esperar un año más, contar los días.
Vuelta triste y pesarosa, almas gloriosas llenas de amor alimentadas por la fe de cada primavera.

El calor del mediodía está presente,
El Rocío acaba, la pena contenida.
Almas dichosas por una fuerza espiritual
Que lo embarga todo.

Las sevillanas no suenan.
Las palmas están quietas.
El tamboril apagado.
Los Ángeles callan.

Rocío, Rocío, fe permanente.
Rocío, Rocío, eterno, latente,
la Señora queda en la ermita,
Sola, majestuosa y presente.
Pasará un año más y siempre
Seguiré viniendo a verte.

Rocío, amor y cariño,
Madre de los romeros
de esperanza llena,
¡ Ave Maria Gracia plena!
¡ Dejadme que grite al viento!
¡ Viva la Blanca Paloma!
¡ Viva la Reina de las marismas!
¡ Viva la Celestial Señora!
Protectora de Aználcazar.

¡Muchas gracias!


SUEÑO FLAMENCO




Sentí un murmullo, corrí,
Por callejuelas y plazas
Y en unos de los recodos sentí
La luz de la esperanza.

¿Quizás poeta? ¡No lo sé!
¿Quizás un trotamundos?
Que suele abrir el corazón
A sus amigos más queridos,
Qué me dijeron ¡Ven aquí!
A éste rincón sagrado
Para decir la copla
Con versos rimados,
Entre azulejos de ensueños
Jamás nunca soñados.

En una noche otoñal
Por amigos fui llamado
Para poder pregonar
De Andalucía su cantar.

Ese cantar de Triana.
Ese que no se ha ido.
Ese que dicen perdido.
Ese que siempre estará.

Busco por calles y plazas
En puertas y corrales,
No lo veo, ¿Donde está?
Lo busco y no lo encuentro
En el alma debe de estar.

Sentí un murmullo, corrí,
Por callejuelas y plazas
Y en mi Triana sentí
La luz de mi esperanza.

Y como un trotamundos busqué por todos los rincones, queriendo encontrar el cante, si, rincones de mi tierra, donde su principio es un horizonte de historia y leyenda de una Triana bendita que fue el inicio aglutinador de una música esparcida, sembrada al voleo por las tierras feraces de la cultura ancestral y milenaria del saber estar, entre esteros y rías, entre cumbres de cimas nevadas, en las catedrales mineras de oscuros túneles, veneros de cantares reivindicativos de la pena angustiosa del ser humano que se agarra a la necesidad de la supervivencia expresando su cantar; en las sierras agrestes surcadas por caminos y veredas tortuosas adornadas con la flor de la jara y el romero donde nace el fandango de una Huelva serrana, sentencia del cantar de la pena y la alegría; entre las salinas que se besan con los horizontes azules en un océano que es acariciado por las cantiñas y las alegrías de un pueblo sabedor y conocedor de su historia a través del cante, hecho musical no escrito pero transmitido por el sentimiento apareado de sus mujeres y hombres, que sembraron la semilla de la procreación cultural para que gocemos hasta la eternidad de un saber que no desaparecerá a pesar de unas corrientes atlánticas venidas de un norte frío y helado que llevan en su alma la conquista inquisidora de los ruidos estridentes, principios y orígenes de un barbarismo ancestral, fiel comportamiento de unas actitudes que nunca, con firmeza, nos deben de influenciar, porque poseemos nuestra forma de ser, que si se quiere particularisima, pero así somos y siempre hemos sido, en la que Triana es un punto de referencia magistral, el papel pautado, por la simple circunstancia de haberse hecho asimisma. Dejadme que cante a mi tierra, la tartésica, la fenicia, la romana, la árabe, mezcla y mestizaje, punto de unión de riquezas de una cultura sembrada en un territorio fértil como el limo arcilloso que configuró el triángulo mágico de cante, del cual somos sus herederos.

A TRIANA,

Y sentí el tañido de una guitarra, y escuché un cantar, ese que se lleva en el alma, el que recorre sus calles y plazas.
El que surca los vientos y acaricia el sentir de las entrañas adormecidas en el tálamo de un tiempo pasado.
Y brota la copla de la fuente creativa de sus gentes, gentes que como los pájaros cantores se aparean con el trino timbrado de su música para la conquista ensoñadora de una mocita de nombre Triana.
La que se engalana, se acicala, para que su belleza natural, sea exultante.
¿Será esta desposada, hermosa y joven criatura la madre del cante?
¿Será la que ha sabido recoger esa música ancestral que nos enduenda, habiéndola moldeado en sus fraguas, refrescada con la brisa marinera de su río y nos hace decir quien somos?

Muy cerca, muy cerquita del río, de su río, en sus orillas bañadas por una corriente serena, se escucharon los cantares del barrio mío y con el lamento del dolor de un parto fecundo nació el cante:

Soleá del barrio mío,
La que nos hace llorar
Escuchando este cantar.

Y está la siguriya
La gracia de los tangos
Y la grandeza de la toná.

Tangos de mi Triana
Nacen en la Cava
Perfumados de compás.
Martines y carceleras
Quejio roto, desgarrados
Golpes en el yunque dan.

Flamenquería en sus calles,
Esencia en la memoria,
Frescura en su talle.

Triana es eterna,
Siempre la gloria presente,
Es parto doliente
De flamenquería naciente.

Cava Alta, Cava Baja,
San Jacinto y Altozano,
Castilla, Betis y Puente
Río Grande y corriente.

Pólvora y alfares
En un pasado glorioso
Barro puro en sus tejares.

Triana, madre del cante,
Cuna de cantaores
De artistas con desplante.

El amor es permanente
Como barro en el alfar
Es Triana latente,
Triana, ¡Eterna será!

Memoria del cante ida,
Los sentimientos preñados
En oscuros túneles
De un tiempo sentenciado.

La pena del sentimiento,
La pena del sufrimiento,
Lágrimas, llantos, añoranzas
En ausencia de la falta.
De cantaores que no están,
Tantos que en la memoria
Siempre, siempre estarán.

De Triana el cante se ha ido
A un cielo azul impenitente
Por caminos de verde olivo
Aún ausente está presente.

Gitanos que se fueron
Sin quererse ir.
Gitanos que nos dejaron
Con la pena y el sentir.

El Fillo, la Andonda, la Bilbá,
Siguriyas, martinetes y tonás.
La Gómez, la Josefa
Mujeres de tez morena
Que cantaron por soleá.

¿Dónde está Frasco el Colorao?
Maolillo el Maestro, Manuel Maera,
Curro Pabla y Juan Pelao.
En la Triana de altos cielos
Con Juana la Rinca y Juan Encuero.
¡Cánteme señó Manuel Cagancho!
En la Cava del alto cielo
La siguiriya del Reniego
Que es cabal sentir trianero.

¡Cánteme señó Manuel Cagancho!
Tu cante que es alma presente
En la Triana de altos cielos
En el día a día, aún ausente
De tu cante enamorarme quiero.

El Mogigongo, El Mojoso,
Baile y cante sin fin,
Sudores de fragua, afanosos
Noriega y el Tío Martín.

Triana con su sombra
Da frescura al cante
No parte el alma, la comba
Nace la luz y parte
Un sol radiante que discurre
Como llama luminosa del arte
De Mazaco y Manuel Torre.

Sabor de Triana antigua,
Ya en el tiempo lejana
En el alto cielo, el eco del cante
Siguiriyas y tonás-livianas.

¡Triana !

Jardín de perfumes y aromas.
Cava semilla de la soleá.
En otro jardín de flores
Rosas y claveles están.
El Garfia, Vigil y el Pinea
Cortando tallos de la soleá apolá
Joaquín Costillares, Manolo el de los burros
El Pili, El Pintirropo y Wenceslao,
Jardineros del cante que se nos fueron.
Emilio Abadía, El Sordillo,
Joaquín y Antonio Ballesteros,
Perfil de rosas, barros por tejares cocido
Tallos de cante de Domingo el Alfarero
Resuenan los ecos en el alto cielo.

¡Aún suena en el Zurraque!
Oliver ausente
la Soleá de los alfareros,
Germinó la semilla presente:
El Teta, Antonio el Arenero,
Paco Taranto y Marquez el Zapatero.
¡Que no se vaya el cante!
¡Nunca!
De una Triana ya lejana
Que siga estando presente
En las calles de Triana.

Todo es silencio, sólo roto por algo que no sabemos que es, es un ruido ni sonoro ni armonioso, es un cante moldeado en otras fraguas distintas a la de Triana, es un ruido estridente, que no tiene la frescura de la talla elaborada con la arcilla trianera.

¡No es soleá!
¡Ni siguiriya!
¡Ni toná!
¿Que cante es?
¡No lo sé!
¡Ni ellos lo pueden saber!

Me callo y en la soledad de mi sala y alcoba, solo en compañía de mi triste y apenada conciencia, inseparable compañera, miro en los lejanos y dulces horizontes del cante. Ese cante que algunos, diríamos hasta muchos, dicen que en Triana es un mito.

Luto negro, enlutada
El cante de la siguiriya.
La alegría de los tangos
Es la alegría nunca soñada.

Triana está triste,
De luto negro va vestida,
Porque algunos dicen
Que no tiene ya ni río
Ni puente, ni cante,
Porque el cante se ha ido.

¡Pero es que dicen más!
¿Que dicen?
¡Que nunca lo ha tenido!

¡Eso no puede ser!
¡El que dice eso
Es que no quiere saber!
¡Donde está Triana,
Y el cante hecho bien

¿Mira que si es verdad?
¿Le preguntaremos a los cantaores?
¡Sí, a los cantaores del lugar!
¡Esos que todavía están en el cantar !

¿Dime Paco Taranto?
¿Es que no sabes cantar?
¡No será, que no te dejan
Hacer el cante por soleá!
¡Claro si en Triana has nacido
No nos debe de extrañar!

 Es que de Triana no quieren saber, ¿por qué? ¿No será por no tiene la arena blanca y fina de playas y murmullos de olas? ¿No será porque está ausente la brisa marinera de un mar acariciador de luces y claridades salineras? ¿No será porque no tiene montañas agrestes con nieves en sus cumbres? ¿No será porque su río no tiene corriente y no lleva sus suspiros a la mar? ¿No será que su duende se ha ido, ante tanta espera, siendo ignorado, vejado por tanta incomprensión?

Que le pregunten
a Don José Sánchez Bernal
Naranjo florido para nosotros
Naranjito para los demás
Que en el cielo está.
El cante no se ha ido,
ni se irá nunca jamás,
¿Es mentira lo que digo?
¿O es nuestra gran verdad?
Don José Sánchez Bernal,
Naranjo para nosotros,
Naranjito para los demás.

Si algo quieren saber
Se lo pregunten al río
Que hacia Sanlúcar
Corre llevándose los suspiros.
Suspiros de llanto
Corren hacia la mar
Por la corriente del río
Dejándonos sin el cantar.

El cantar de Triana,
El que era mi cantar
El que nunca volverá,
Porque se fue por el río,
Por el río, hacia la mar.

Navego hacia la mar
En un barquito de vela
Haber si puedo encontrar
El cante, que en la mar está.

Entre olas y olas,
Brisas y espumas blancas
Busco mi cantar, el de Triana
Haber si lo puedo encontrar.

Me han dicho que aquí está,
De la mano de los suspiros
Por la corriente del río
Navegando hacia la mar.

¿Dónde están los corrales?
¿La bigornia de las fraguas?
¿Los jazmines, el azahar?
¿El olor de la albahaca?
Corren y van por el río,
Envueltos en mis suspiros,
Corriendo van hacia la mar,
¡A la mar océana! Allí van.
Navego en mi velero
y los quiero encontrar.

Pescador de cantes,
De coplas olvidadas
Para traerlas a Triana
Y ser de nuevo cantadas

Cantadas por seguiriyas
Deblas y tonás,
Carceleras y martinetes
Y nuestra simpar soleá

Ya está dicho, y lo dicho, dicho está, me echo mi jaba al hombro y me voy a caminar por los rincones de mi tierra en busca del cantar, ese cantar que me endulza el espíritu, me refresca el alma y me fortalece para seguir queriendo lo que más quiero, como es el cante:

Y A CADIZ
(Le digo)

Entre murmullos de olas,
Pescando estoy en la bahía,
En el horizonte, en la lejanía
Reluce la Tacita de Plata,
Con sus cantes por alegrías.

Entre brisas salineras,
Me viene al recuerdo
Los ecos y voces sonoras
De cantaores que se fueron.

La Perla, Manolo Vargas,
Aurelio Sellés, Pericón
El Flecha, Las Mirris,
Que me hielan el corazón

Y se oye el mirabrás,
Guajiras y milongas,
Cantes de ida y vuelta,
Que irán y no vendrán más.

Y paseo por la muralla y por la Caleta,
Escucho el murmullo de las olas al compás
De los tangos y tientos que en Cádiz se dan,
Con la gracia y el salero de sus gentes,
Gentes de una verdad sin igual.
Y el que no sé ría en Cádiz,
Es que no sabe escuchar
El aire de nuestra tierra
Que vestido de gracia está,
¡Y escuchamos algunos decir
Que aquí no hay gracia ni sal!
Pues quien diga eso:
Es una mentira como una catedral
Porque la gracia y el salero de Cádiz,
Es un templo muy grande,
Donde se dice toda la verdad,
Que las gentes de Cádiz están
Llenas de gracia y de sal.

A SANLÚCAR DE BARRAMEDA

Muy cerca está Sanlúcar,
Cantiñas de mar y río,
Con su cante de la rosa
Un cantar de señorío.
Están diciendo las gentes:
Van a poner un velero
Desde Cádiz a Sanlúcar
Para los cantes ir y venir
Llenos de gracia y salero
Y el cante se quede allí.

No sé dónde ir para escuchar el cantar.
¿Hacia los horizontes de una Huelva marinera?
¿Hacia Málaga, la que dicen Cantaora?
¿Hacia Córdoba la Llana, con su cante por serranas?

¡Ya que estoy en Sanlúcar!
En Jerez me he de quedar,
Estoy muy cerca, muy cerquita
Y podré escuchar todo su cantar.

A JEREZ

Barrio de Jerez: Santiago
Donde se escuchan los cantes
En una noche oscura y larga
Rompiendo el silencio el gallo.

Son las claras del amanecer,
Rompiendo el cante amado;
Con espuelas de plata cabalgan
Jinetes con grito desgarrado,
Apagan las voces y callan.

El cantar es un Terremoto,
La pena y el sentir un lamento,
Cuando el cante esta roto,
Por un Agujeta de sentimiento.

Y suena la guitarra de un Morao
Adornada con arpegios dorados
Con su toque de perfume a gloria
De sus manos un toque enamorado.

Y en la fiesta nacen las bulerias,
Las palmas como una orquesta son
Y a las claritas viene y llega el día
Se ha ido la noche, viene el sol.

Las palmas siguen tocando,
En la fiesta reina la alegría
Están de fiesta, siguen cantando,
El cante, el cante por bulerias.

Soñoliento no me deja ir
El duende del querer,
Para de Santiago partir
Dejando el cante de Jerez.

A MÁLAGA LA CANTAORA

Más al sur quiero ahora
Me dé la brisa marinera,
De la gracia de Algeciras
Y de la Málaga cantaora.

Las olas de su bahía
Son cantes marineros,
Como trémolos de guitarra
De Paco de Lucia.

Puente de playa serena
Que une nuestro cantar
Una costa de sol y arena.

Con mi jaba al hombro
Después de un largo caminar
A Málaga he llegado
Para escuchar otro cantar
Esos que llaman malagueñas
y los quiero escuchar.
Cantes abandolaos
Verdiales y jaberas,
granainas y rondeñas
Son los cantes dorados
Cantes de Juan Breva.
Y están LaTrini y El Canario
Y tantos otros que se fueron:
La Peñaranda y El Perote
Y don Antonio Chacón
Y Rojo El Alpargatero
Que llevaron a Levante
La semilla sembradora,
Sembradores del cante
Naciendo la cartagenera
La grandeza de la taranta
Y la pena de la minera.

A GRANADA

En Granada he de pasear
Para escuchar la granaina
Que es un dulce cantar.

Calles de mi Granada
Sacromonte y Albaicin
Es la memoria añorada
De todo nuestro sentir.

Donde el cante asoma
En una ventana sin pretil
Y una voz de albahaca
Fresca como el jazmín
De un gran Mórente
Es la que está aquí.

Sembrador de coplas,
Sembraste una Estrella
Con tu cante viejo y nuevo
Que el sentimiento llena.

A FEDERÍCO GARCIA LORCA

Donde ha nacido ese cante dulce y armonioso de las malagueñas, tarantas, tarantos, granainas, mineras y cartageneras; su origen fecundo fueron los aires de los primigenios fandangos abandolados malagueños: verdiales y bandolás, siendo su precursor un Antonio Ortega Escalona de sobrenombre artístico Juan Breva del que nuestro inmortal Federico le dedicó su poesía engalanada de suspiros y sentimientos del que dijo:

Juan Breva tenía
Cuerpo de gigante
Y voz de niña.
Nada como su trino.
Era la misma
Pena cantando
Detrás de una sonrisa.
Evoca los limonares
De Málaga dormida,
Y hay en su llanto dejo
De sal marina.
Como Homero, cantó
Ciego. Su voz tenía
Algo de mar sin luz
Y naranja exprimida.

El cantar de Federico es su poesía armoniosa y bella, honda que nos llega, que nos llega a lo más profundo de nuestro ser, y hay quien dice que no era flamenco, aquellos que esto dicen no entienden ni saben que el flamenco es nuestro comportamiento de saber estar y el sentir de un pueblo que lleva en lo más hondo de sus entrañas la cultura de sus ancestros milenarios, sedimento poso enriquecedor que ha embellecido nuestra herencia musical.

Federico, querido y amado
Poeta de amor fecundo,
En tu alma generosa llevabas
El cante del pueblo enamorado.

De un cantar que pregonado
A la rosa de los vientos,
Son los llantos, penas y alegrías
De los sufrimientos tolerados.

Tu cante en versos soñados
Con dulzura de tristeza llena,
Cantes de la pena y la alegría
Cantes que fueron moldeados
En la fragua de una larga vida
Al viento un presente soñado
De ilusiones nunca logradas,
Y pensamientos marchitados.

Federico García Lorca,
Poeta de amores queridos,
El cantar está en tu alma,
En un alto cielo amanecido.

Y me voy de Granada por carriles y veredas, con la pena en el alma sentida, al haberte encontrado por sus calles y plazas y haber respirado el perfume de tu poesía reflejada en el espejo del cante de un Sacromonte y un Albaicin, con una Alhambra preñada de duende y el encanto del murmullo del agua clara de sus acariciadoras fuentes como el tañer de guitarras que me han embargado los sentimientos eternos del duende y tu poesía me ha llegado a lo más hondo del ser, tus versos son mis compañeros inseparables, los que me dan aliento para seguir caminando por los senderos y vericuetos del cante.

A MORON Y LA PUEBLA DE CAZALLA

En el horizonte: Sierra Nevada, que acicalada con su manto de armiño blanco se pierde en la lejanía de los caminos de la vega; atravieso la campiña y navego por los mares de verdes olivares salpicados de vides preñadas de uvas dulces que me trasladan en la nube blanca de la ilusión para llegar a tierras moriscas, tierra de cantaores y poetas. Ya diviso la antigua Cazalla de la Frontera de casas encaladas, ya respiro el aire de su cante. A lo lejos el Cerro de las Encarnaciones herido por el blanco de sus caleras del Mauror árabe, hermanamiento de pueblo que han hecho del cante algo sublime donde la luz de la campiña ha parido cantaores y tocaores de hidalga estirpe que se nos fueron:

Miguel Vargas,
Diego del Gastor,
La Niña de la Puebla,
El Niño de Morón,
Y en el cielo esperaba
Joselero gran cantaor.

En el alto cielo están
En compañía de la pintura
De Moreno Galván.

Y aún suena el cante
De nobles moriscos:
Dieguito Clavel
Manuel Gerena
Y Meneses, José.

A MAIRENA Y ALCALÁ

Hacia Mairena y Alcalá camino para escuchar otros cantares, los cantares de mi tierra, que son los míos, porque nadie nos puede arrebatar los sentimientos del cante, del toque y el baile, Santísima Trinidad del flamenco,

Triste y profunda
La soleá de Alcalá
Que nos hace recordar
La verdad del cante,
Del cante de verdad
De Joaquín el de la Paula
El Niño de los Lobitos,
Talega y Antonio Mairena.

Suena el desgarro del cante,
Del cante grande por soleá,
Que corre entre molinos,
Movidos por aguas claras
Del cante grande de Alcalá.

De Triana llegó el cante
Por los caminos de Alcalá
Allí encontró la triste pena
Triana, en su cante por soleá.

Niño de Rafael,
Cantaor en el cielo soñado
Niño de Mairena
Cantaor en el cielo amado
Antonio Mairena
Tu cante consagrado
En nuestra memoria
Estará siempre grabado.

Tu cante fue grande,
Sangraste el cante
Por tus cuatro costados.
Toda tu voz fue cante,
Venero de nuestro cantar
Cante de una gran verdad
Que no podremos olvidar.

A LA ALAMEDA

Desde el Castillo de Alcalá, diviso en la lejanía la Giralda Mora, vigía, celosa guardiana de los encantos de los barrios de una ciudad eterna, esbelta con su silueta de mujer bella, la que resalta su hermosura en el horizonte, abrigada con el manto de un cielo azul celeste y perfumada con el aroma de sus jardines. Hacia Sevilla voy, quiero pasear respirando los aires del cante entre los álamos y las acacias de la Alameda y embriagarme con el recuerdo en compañía de los duendes de insignes cantaores que aún los tenemos presente en nuestra memoria.
A PASTORA

Está el cante vivo
De una gran cantaora,
La oigo desde el cielo,
Escucho la petenera
La petenera del reniego,
Que cantó Pastora.

Tu cante no se ha ido
En otras voces quedan
Cantan tu cante grande
Que no está en el olvido.
Un recuerdo no ido
En el presente guardado
En sabanas de Holanda
Con esmerado mimo.

Tangos, tientos,
Soleares y alegrías
Se oyen en la Alameda
Y su cante por bulerias
Y la grandiosa petenera.

Fue tu cante tan grande
Que las campanas de la Giralda
Callaron para escucharte.

Pastora Pavón Cruz
"Niña de los Peines"
Miel dulce fue tu cante.
Un día Sevilla entera lloró
Cuando un ángel custodio
Tu alma al cielo llevó.

A CARACOL

Tu cante un desgarro.
Tu voz: acero templado.
En campos de nardos,
de cantes sembrados.

Alhelíes y clavellinas,
Rosa y clavel perfumado,
En alamedas mantenidas
Con tu cantar amado.

Suena el eco de tu voz,
Como murmullo de un río
De agua clara: Que son,
Tus cantes siempre míos.

En un día de Febrero,
A los cielos subiste;
Como ángel custodio,
Un mes siempre triste.

Una pena contenida:
Melancólica agonía
De una pena sentida.
Caracol es su nombre
En los altos cielos está
Su embrujo, un siempre
En nosotros se quedará.
Siempre, siempre, hasta
El fin de los tiempos:
¡La Eternidad!

A MANUEL VALLEJO

Quien me iba a decir a mí
Que un día triste de agosto
Un cante precioso iba a subir
Por los senderos al cielo
Y jamás dejar tu cante oír.

Quien me iba a decir a mí
Que gentes interesadas
Quisieron apagar la llama
De tu cante y no poderlo oír.

Así, jamás y nunca fue,
Por que tu cante es eterno
Y siempre estará aquí.

Manuel Vallejo se llama
El que con su cantar
Encendió un cielo grana
Que no pudieron apagar.

En noches y amanecidas
Aún se oyen su granaina
Cante grande su cantar
Con su voz laina y fina.

Un rinconcito quiero
Para ver a su persona
Tallada en bronce negro.

Que lo vea toda Sevilla,
Todo el mundo entero,
Y nunca más lloremos
El cante de sus seguiriyas.

Cuanto será lo que quiero
El ver su persona tallada,
Tallada en bronce negro.

En una mañana muy de temprano, paso el puente viniendo de la Alameda y vuelvo a mi Triana, no camino más, mis fuerzas esta agotadas.

Temprano muy de mañana
Se ha acabado mi caminar
Por toda esta tierra mía
Habiendo escuchado el cantar
De toda mi Andalucía.

En Huelva la Serrana
Córdoba la llana,
Lebrija y Utrera
Por sus caminos no he andado
Pero que importa sí en mi memoria
Sus cantes los tengo grabados.

De Córdoba sus alegrías,
Los fandangos de Lucena,
De su serranía la serrana,
Y un Cayetano Muriel
Con su gracia soberana.

Y un maestro de maestros
Al que le llaman "Fosforito"
Nacido a orillas del Genil
Que tiene nombre de Puente
Y tiene en su alma el sentir
del cantar en el arte nuestro.

Y a Huelva no he de ir,
Son tantos sus fandangos
Que no cabrían aquí
En unos versos rimados
Imposible de decir.

Están los de Almonaster
Los de Paymogo y el Cerro,
Los de Santa Bárbara
Los de Valverde del Camino
Los de Encinasola y Alosno.

En los estilos personales
Imposibles todos de nombrar.
Los del Tío Pedro Maria,
Los de Pérez de Guzmán
Los grandes: Rengel y Rebollo
Paco Isidro y Juan Maria
Y el genial Paco Toronjo.

A Lebrija no quiere ir
Son mis recuerdos sentidos
De amores queridos
Que no quieren estar allí.

Se nos fue Pedro Bacan
A los altos cielos
Que un día lejano ya
Me tocó la Guitarra
Para poder recitar.

Que noche aquella,
Noche estrellada,
Noche de San Pedro,
Su última mirada.

Y de Utrera que voy a decir,
Si están Fernanda y Bernarda
Que están el cielo
Con el cante en su sentir.

Llego a mi Triana
La Triana del alma mía,
Suelto mi jaba
Hasta un nuevo día.

Cuando despierto
Muy de temprano,
En un nuevo amanecer,
No he andado,
No he caminado,
No estoy cansado
Estoy en mi triana
Donde sólo he soñado.


PIROPOS soleares

PIROPOS soleares



PIROPOS
(Soleares)



Entre soles y estrellas
encontré dos luceros,
fueron tus lindos ojos
que por ellos yo muero.

Tus ojos dos luceros,
tu boca un rojo clavel,
tu cuerpo un venero
el que me quita la sed.

Eres un barquito de vela,
que navegas con el aire
y yo moverte quisiera.

Quisiera yo andar
por las aguas del mar
¡Quiéreme mozuela mía,
que voy a naufragar!

¡Una, dos, tres!
Tan bonita eres,
¡Eres tan bonita!
Que quiero tu querer.

Por la corriente del río
navega toito mi querer.
Navegan mis suspiros.
¡Cuánto te quiero! ¡Mujer!

Cuanto quisiera yo
tocar el sol y la luna.
Si tocara tu cuerpo,
tocaría la luna y el sol.


GITANITA

GITANITA

Relato breve 

Han pasado años, muchos años, en mi memoria está aún presente aquel imborrable recuerdo del color de tu cuerpo, de tus pechos de pezones hirientes, de tu contoneo en el andar, de tu pelo negro como el azabache. Siento en mis manos el calor del contacto con tu piel morena, en mi retina aún está tu serena mirada que me encandilaba y encendía mi alma alimentando el fuego de un enamoramiento que desde niño prendió y alimentó la llama que ha sido el sustento de toda la ilusión de una agitada vida, encontrando en ti el consuelo fértil de la felicidad soñada.
Un día el graznido de un negro cuervo espantó a los pájaros cantores que con sus trinos lanzaban al aire los pregones de la libertad añorada, sembrada en la besana con el sacrificio de la sangre derramada que regó y alimentó los veneros de las creencias imperecederas que son el alimento, el pan, comunión diaria de la vida.
Está ausente el perfume de tu amable compañía, no puedo mirarme en el espejo de tus ojos negros de una viveza encantadora, no oigo tu palabra evocadora de sueños, pero en lo más hondo de mi alma siento el encanto de tu carácter envuelto en los ademanes de tus gestos, transformados en la compostura de tu baile.
Miro el horizonte de un oscuro pasado y veo como la alegría embarga toda mi alma al comprobar que el tiempo no ha mermado en absoluto la grandeza de tus comportamientos engendrados por la luminosidad del sol caliente y la salinera claridad de las tierras del sur, de ese sur que acaricia con el murmullo de olas, las arenas finas de playas majestuosas de paz y tranquilidad que paren el carácter hondo y sentencioso de un saber milenario.
Parto venturoso el de tu baile que enamora y cicatriza las heridas de los desconsuelos con tu creatividad plena de belleza pura y natural, tu fuerza expresiva rompe fronteras abriendo caminos de esperanzas e ilusiones que me da la fuerza necesaria para defender las creencias sencillas y nobles de nuestra verdad, esa verdad en la que cree todo el generoso ser humano que lo aparta de vanidades y de egoísmos para alcanzar metas venturosas llenas de tolerancia y comprensiones benefactoras. Baila, baila gitanita de pechos de piel morena, negros como la pena, calientes co
mo el fuego abrasador que me anima a seguir caminando por la vereda tortuosa y angosta de la vida, plena de matojos espinosos que hieren los sentimientos profundos de mi ser.
Aún pulula por mi mente aquella noche abrileña de embrujo, contagiado por el aroma del azahar de un limonero que majestuoso y señorial nacía en el trono de su arríate que daba bienvenidas inquebrantables de olores a los llegados; que sarao aquel en la oscuridad de un atardecer, donde el patio era un palacio musical y escuché por primera vez el murmullo de la guitarra que como agua clara de los arroyuelos hizo volar a musas inspiradoras con el tañer de sus cuerdas embrujadas con las manos hábiles y enduendadas de un sentir. Eco sonoro y hermoso que mi hizo correr por las mejillas el agua salada de una emoción no contenida, dándole sueltas a las riendas de la pena y de la alegría, madre paridora del cante y el baile.
Cante, toque y baile, Santísima Trinidad del flamenco, los tres una misma persona, como el Dios de Judea, él que será eterno, crucificado en la cruz de las incomprensiones de una música a la que muchos hieren con su lanzada certera y otros venden su túnica de color púrpura en el mercado, mercachifles de lo superfluo, lo vano e intrascendente.
Negros, profundos ojos negros, como el pozo de las penas; negro, pelo negro del color del azabache, melena suelta al aire como bandera que ondea al viento; pechos cimbreantes como las espigas en los trigales; cintura como el atado de un ramo de rojos claveles; tez morena como la sombra de un mágico hechizo; blancos dientes de marfil y voz cantarina. Que recuerdo el de aquel agonizante día y mágica noche que enloqueció mi alma reafirmándola en mi enamoramiento, pasión encendida que iluminó la oscuridad de mis caminos llenos de desasosiegos y desesperanzas.
Correrías y vuelos por los callejones, con tu jaba al hombro, donde guardaba los cantes, las penas y las alegrías; bailes y cantes, unas veces la risa y otras el lloro y entre tus manos un pañuelo blanco y limpio como tu pureza y sentí el aire en mi cara que traía la gracia y el salero de las bahías y los esteros y en mi soledad humana sentí los fandangos de Huelva la serrana y te quedaste tan sola que te escuché por soleá, ¡ Si! por soleá de Triana y de Alcalá, y te vi bailar y te oí cantar hasta las altas horas de la madrugada.
Cuando el otro día te vi de cerca, en un atardecer oscuro y lluvioso, mis ojos se encendieron y no pude evitar que mis lagrimas se deslizaran por mis mejillas rugosas, pasaste por delante de mi despacito, como una suave brisa que acarició mis recuerdos.¡ Sólo! ¡ Otra vez sólo me quedé ! en la soledad despiadada mi vida, llena de desencantos e ilusiones desvanecidas. Embargado por la emoción tuve que buscar el cobijo de un banco solitario, rodeado de hojas caídas como los años de mi vida, en compañía de inseparable cayado, ese que calla y me ayuda en silencio para seguir mi lento andar por calles y plazas.
¡ No me has mirado! ¡ No me has dicho nada! ¡ No me has reconocido! ¡ No se ha dado cuenta! Iría ensimismada con sus pensamientos de amores, de nuevos amores.
Se ha echado la noche, la bruma con su manto húmedo cubre la plaza, los árboles tristes lloran, mi chaqueta raída se encuentra húmeda, mis manos temblorosas y frías, aquellas que un día tuvieron el calor de un cuerpo esbelto están dormidas, sólo despiertan con el recuerdo del tacto de una piel morena.
Fiesta y alegría, cante y baile oigo en la lejanía, suena una guitarra, oscuridad en los callejones, sombras que quieren que el cante calle, afilados cuchillos lo acechan , presos están los sentimientos en la cárcel del temor y el miedo, ángeles guardianes de voces están en vela, celosos custodios que otean los horizontes infinitos de las penas y las alegrías, fuentes y venero del cante que una vez acrecentada la torrentera no hay diques de intolerancias e incomprensiones que lo pueda detener y nacen coplas y cantares nuevos como los amaneceres frescos de las creaciones plenas y constantes de sentirse en flamenco, de expresar lo más hondo de un alma indómita y rebelde que se cobija en la sala sacramental de lo más profundo de nuestro sentir.
Con mi lento caminar recorro las calles, con mi paso cansino llego al que ha de ser mi refugio, al entrar en el portal una luz mortecina es lo único que alumbra, en el centro del patio veo un limonero añoso, todas las puertas del corral están cerradas, la mayoría de ellas cerradas para siempre, aún queda en el empedrado suelo las negras huellas de las encendidas candelas, aquellas que alumbraron anocheceres plenos de cantares y coplas. Despaciosamente subo las escaleras, peldaños gastados, hollados por tantas pisadas de años; mi sala está solitaria, falta el calor de la compañía, siento frío, un frío interior incontrolable, me reconforto en el pequeño brasero, quedo pensativo y escucho el ruido ensordecedor del agua que cae de las canales sobre el patio y me distrae saliendo de mi ensimismamiento.
El frío pasa, pero los recuerdos siguen machacando en mi cabeza, como el martillo en la bigornia, moldeando los hierros de las alegrías vividas, nostalgias imperecederas que me dan ánimo para seguir viviendo, me abrazo al cante, esa música que es lamento, pena y alegría, ese fuego imposible de apagar por las grandes olas de los océanos y mares de las incomprensiones. El cante es la luz que me guía por los caminos, faro que ilumina los senderos, hijo de desheredados y gente plebeya pero a la misma vez patricia solemne y bella música imposible de imitar, porque es la palabra de corazón pleno de sabiduría musical.
El cante es la conciencia de un pueblo, el que llevo dentro de mi, sin el que no puedo vivir. El cante es marea, viento y brisa, es desconsuelo, es desamor, es llanto compartido, es el alimento de mi espíritu.
Ha dejado de llover, todo está en silencio, por mi ventana asoma un tímido rayo de luna que ilumina la negra oscuridad de mi habitación, las estrellas descorren las cortinas nubosas y aparecen con su tintineo acompañadas de una imaginaria música de cascabeles.
En el oscuro silencio de la noche quedo sorprendido, oigo en el patio el tañer de una guitarra, no me lo creo, desconfío, puede ser un sueño, ¡ No es verdad ! escucho una guitarra y un cantar, es ella, está en el patio, abro la puerta y me asomo al corredor, mis manos se aferran al barandal frío y mojado y veo con mis propios ojos que cantan y bailan ¿ Quien son ? ¡ Son ellos! ¡ Los duendes de mi juventud! no los conozco, están encapuchados, ¡ Vienen vestidos de negro ! ¿Que traen en las manos? ¡No son crótalos y panderos! ¡Ya se van! ¡Se marchan!
¿A donde irán? Creo recordar esas figuras vestidas de negro, hace tiempo, cuando recorrí unos negros túneles de tinieblas donde los hermanos discutían y derramaban su sangre, ¡Qué barbarie aquella! Me tuve que ir a tierras lejanas ¡Qué de incomprensiones! Perdí todos los amores de mi vida, sentí un vacío en mi alma que no he podido llenar.
Ha dejado de llover, la noche fresca y húmeda está iluminada por las estrellas en el cielo y una luna llena que bosteza de cansancio al haber querido estar siempre presente para darme alguna compañía, me retiro a descansar en mi cama maltrecha y descuidada, no encuentro el sueño, sólo los recuerdos que me atenazan.
El día amaneció luminoso, estaba limpio, vestido de azul añil, inmaculado, sin mancha alguna, estaba acicalado para la espera de su amante Primavera. Las pocas macetas del patio, cuidadas con delicadas manos, estaban frescas y olorosas, aún conservaba su suelo mojado, herencia dejada de la noche pasada y se desperezaba secando su rostro con una suave brisa de rizos. Algunas puertas estaban entreabiertas dejando entrever sus cortinillas modestas. Empecé mi peregrinar diario por calles y plazas, un gentío bullicioso corría agitado, lleno de prisas, siempre las prisas, no se conoce nadie, ni unos amables buenos días siquiera ¡Cuantas costumbres y modales perdidos! nadie se detiene, te empujan y ni un perdón agradecido.
¿En donde están las tertulias vespertinas y matutinas? ¿En donde está esa charla íntima y agradable que te reconfortaba? Aquellas que eran signos de convivencia y fraternidad que propiciaba esa ayuda mutua y necesaria que es la solidaridad entre todos los hombres concepto esencial de la libertad.
Estamos llevado de la mano por un mundo de prisas y conciencias materiales, donde florecen, en este jardín de la vida, egoísmos y envidias como la mala hierba que hacen marchitar la flor olorosa del amor puro y digno, síntoma inequívoco del respeto.
El sol del mediodía empieza a calentar y con mi paso cansino tomo la vereda más corta para poder llegar cuanto antes para poseer el descanso reconfortante del que es ya compañero inseparable por tantos años vividos.
El día se ha marchado acompañado de la luz del atardecer, las calles vuelven a estar solitarias, el gentío ha desaparecido como por ensalmo, se ha recluido en los panales de hormigón que aíslan y desorientan la convivencia humana propiciando y ahuyentando la comunicación necesaria, esa que debe estar presente para que seamos capaces de conocernos entre si, para que nos alejemos de una violencia engendrada en el nido oculto por la ausencia de la palabra. El patio vuelve a estar sólo, esta noche reina más oscuridad que nunca, al entrar en él oigo el ladrido de un perro que ha cortado en dos en negro silencio de la noche, subo las escaleras en silencio, es negro el silencio que me acompaña, el pasamanos esta frió, mas frió aún que mis manos faltas del calor de la juventud, con dificultad abro la vieja puerta, compañera inseparable de mi vida, esta pesada pero no se resiste dejándome paso al poco calor existente, no llego a cerrarla cuando vuelvo a oír el tañer de una guitarra, suena lejos, en la calle, me vuelvo y me asomo pero no veo nada, se alejan. Aún queda unas incipientes ascuas de carbón en el pequeño hueco de la cocina, las atizo ruborizándose ante mi presencia y es ese rubor el que acompaña a un pequeño puchero dándole el calor suficiente a un poco de caldo que me reconforta antes del descanso nocturno. Presiento algo, noto en mi interior, como si fuera a emprender un camino largo, muy largo, un camino de maravillosas luces que alumbran unas hermosas flores que crecen majestuosas en las lindes del sendero. ¡Otra vez han vuelto! ¡Entran! ¡Están en el patio! ¡Suben todos las escaleras! ¡Vienen por el corredor! ¡Es ella! La gitanita de piel morena y pelo negro como el azabache, como baila y canta, la hago pasar para que me acompañe, todos entran, la guitarra suena y las palmas al compás de bulerias y tangos, cantes de alegría y jolgorio. El cansancio me agota y quedo rendido.
Una luz radiante me ciega, me encuentro en compañía de una felicidad que me embarga todo el cuerpo, la flores de las lindes del sendero me embriagan con su perfume y la gitanita me coge de las manos, sintiendo unos escalofríos en mi interior, pero noto que mis manos no están frías, están ardientes como todo mi cuerpo, parece que mi andar flota entre nubes blancas como sabanas de Holanda, me siento dichoso, estoy feliz, han desaparecidos todos mis presagios de mi azarada vida, me he vuelto a reencontrar con los años mozos de mi juventud teniendo de cerca mi primer enamoramiento, mi amor soñado de toda la vida, aquel que no nunca encontré, ¡ Lo tendré para siempre ! ¡Será eterno!
Amaneció el día y el patio se encontraba callado, triste, las rosas y claveles de las macetas fueron acariciadas por el rocío de la mañana, corriendo por sus pétalos unas frescas lágrimas, notando la ausencia de un compañero que cada día se acercaba y con sus manos tocaba suavemente sus tallos. Corría un rumor en todo el barrio, aquel día el gentío no corría, se formaban corros y comentaban recelosos lo ocurrido. Aquel atardecer fue distinto a otros, en la torre las campanas tocaban con su sonido lúgubre a duelo.
Un coche tirado por dos caballos blancos, enjaezados con florones y negros mantones desfilaba por las calles solitarias, en las esquinas una joven mujer de ojos negros y pelo del color azabache, miraba atentamente la comitiva, por sus mejillas corrieron dos gotas de agua, lágrimas que humedecieron su alma sentida, ya no vería más su despacioso andar por las calles, aquel elegante hombre, señorial y humano como el que más, aquel de los consejos bienhechores, aquel que fue capaz de darlo todo a cambio de un beso y una caricia, aquel que un día incierto fue perseguido por las incomprensiones y las intolerancias, va sólo, sólo acompañado de la estela de lo sembrado en la besana de su vida, el amor a la libertad, el amor hacia los demás.
La gitanita sollozaba, enjugaba sus lagrimas con su pañuelo blanco, blanco como su pureza, salió corriendo por los callejones en la oscuridad del atardecer, cuando aparecía en el firmamento la luz tímida de la luna y las estrellas, que echaran de menos la compañía de la diaria mirada de unos ojos que transmitían la bondad hecha carne.
Transcurrirán los días y la semilla depositada en los surcos florecerán y darán tallos hermosos de entendimientos y se oirán nuevos cantes siempre cogidos de la mano de los orígenes donde nacieron: en el vientre fecundo de un pueblo sabio y milenario que es capaz de expresar sus sentimientos con una música que desgarra el alma y los corazones enamorados.

Desperté, todo había sido un sueño, un sueño que es la realidad cruel de la vida, la que nos da sinsabores y alegrías. Tenemos que seguir caminando aunque los senderos estén cubiertos de espinas que nos hieren los sentimientos profundos y hondos de nuestros comportamientos.

RECUERDOS

RECUERDOS

Suele decir el dicho que el Tiempo es un juez inapelable e implacable, en el subconsciente del humano, de toda persona, quedan permanentes guardados los recuerdos, también se suele decir que la dicha de la vida son las añoranzas de los tiempos pasados y no el momento y en la realidad en la cual se vive, no sintiendo el gozo en el instante de la acción fuere cual fuere.

El escritor y moralista francés François de la Rochefoucauld decía; “Que el que vive sin alguna locura no esta sabio como se imagina”

He encontrado en este rincón el refugio de mis confesiones y expresión de mis sentimientos, del sentir de mis alegrías y de mis lamentos, para poder comunicarme con lo demás, necesidad imperiosa de toda persona para no entrar en un pozo de profundidades oscuras de que la mayorías de las veces el difícil aislarse.

Hace poco tiempo, muy poco, han desaparecido dos personas que en cierto modo marcaran una pauta en el comportamiento de nuestra cultura flamenca, y haciendo uso del desahogo que me autorizan el paso de los días, me encontrado en la necesidad de transmitir los sentimientos que en vida sentí hacia ellos.

Dos personas muy distintas, no solo en la edad, aunque los dos jóvenes, sino en el cometido que llevado a cabo ambos.

Dos Hermanas esta callada, en silencio, la Peña Flamenca Juan Talega será siempre un testimonio imperdurable, la que guardará siempre el recuerdo, siendo testigo mudo, de todo aquello que un gran aficionado y gran persona aportó en silencio para engrandecer el sentir, los comportamientos de una forma de expresarse musicalmente, porque Antonio Estévez, fue el hilo musical de la ayuda de todos aquellos que querían expresar toda su sensibilidad con el Cante, el Toque o el Baile.
El Pueblo Nazareno seguirá callado, el paso de los días, los meses y los años no podrán nunca desvirtuar ni permutar los hechos acontecidos, la historia del flamenco en Dos Hermanas ya esta escrita, el tiempo es un juez inapelable e implacable, en los más profundo de todos aquellos que lo conocieron y lo trataron existirá su recuerdo, sin algarabías, sin voces estentóreas, en la sencillez de la emocionada añoranza de su persona.
Su recorrer como un trotamundo por todas las callejuelas, plazas y rincones del mundo flamenco han creado un cúmulo de grandes recuerdos, la semilla depositada en la besana de la gratitud, pasado el tiempo seguirá floreciendo y muchos recogerán los frutos de lo que él con cariño y esmerado celo sembró.

En otras latitudes de los cielos artísticos aparece un lugar lleno de inquietudes y sentimientos flamencos, hasta tal punto que a Jerez la declaran la Ciudad del Flamenco, y cierto es, ya que posee en lo mas profundo de sus entrañas los comportamientos que ha sabido conservar, no con cierta dificultades, todo su sentir durante un largo proceso histórico. Y es aquí donde hace cuarenta años nació un niño de nombre Fernando Fernández Pantoja que heredó el nombre autístico de su genial padre “Terremoto”.

Fue ya en una agonizante primavera de hace ya diez años y en un lugar lleno de encuentros flamencos donde coincidíamos diariamente, este lugar no era y fue otro que la Taberna de un gran flamenco como es Joselito Lérida situada a la cercana Plaza del Altozano. Y fue aquí donde conocí a Fernandito, si Fernandito para los amigos, lo conocí en profundidad y donde surgió la idea de hacerle una entrevista para un periódico local y que pudo ser el inicio de un libro titulado como la conversación mantenida “Entre Triana y Jerez” donde él seria el protagonista, todo quedó en una ilusión.
Mi enamoramiento por el cante de su padre y mis ancestrales genes jerezanos, fue el lazo de conexión para conocerlo y saber de su sencillez profunda y humilde.
En tiempo pasaba y debido a mi interés, me iba enterando de toda su trayectoria profesional, desde el mismo momento que me encontré ante su persona nunca dudé que llegaría ser un gran cantaor.
Fernandito se nos ha ido en plena y gozosa juventud, cuando el tiempo pase siempre estará en mi memoria aquellas conversaciones amenas, y que una de ellas, con el eco sonoro de su voz, quedó plasmada en los medios técnicos de aquel entonces y que guardaré con gran cariño, el que le tenia y le seguiré teniendo.

Se nos han ido dos grandes personas, pero con su trato en momentos oportunos tuve la gran suerte de tener su amistad, ya que como decía Voltaire “Un instante de felicidad vale que mil años de felicidad” ellos me la dieron.