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CRUZANDO EL PUENTE

LA SEMANA SANTA EN TRIANA




     Si
la inauguración del Puente de Triana el 23 de Febrero de 1852, significó un hito histórico para el barrio, un lazo de unión entre las dos orillas, las Hermandades de Penitencias fueron un núcleo integrador de Triana, por tanto no podemos dejar pasar por alto el papel que ellas jugaron en todo el proceso histórico para el Viejo Arrabal, por el papel de importancia que han jugado y lo que estas han significado, dándose el caso, en comparación con otras de la ciudad, en función de sus habitantes, el poseer cinco hermandades, sin contar aquellas que tuvieron su fundación en Triana, teniendo que abandonarla por una serie de circunstancias en las cuales no entraremos, ya que serie interminable nuestro trabajo, ateniéndonos exclusivamente a dos de ellas que residieron en el Convento de San Jacinto por haber jugado este una gran importancia en el desarrollo de la Semana Santa Trianera.
Éste dato nos viene a confirmar, que el río una vez más era el que forzaba a un aislamiento, fundándose hermandades no sometidas al comportamiento a intramuros, creando una idiosincrasia muy particular en todos los aspectos, no sólo en el desfilar procesionalmente - en un principio lo hicieron a la Iglesia de Santa Ana - sino hasta en la forma de exornar a sus imágenes, e incluso con el aire garboso de portarlas, diferenciándose al resto de la ciudad, dotándolas de un aire característico donde se pone de manifiesto el carácter del trianero.
Nos asimos a estos datos, por la sencilla razón, que mientras tanto a intramuros se conservaba una austeridad auspiciada por la cercanía de las autoridades eclesiásticas, que velaban por las tradiciones y usos religiosos, Triana se encontraba en la lejanía debido a su aislamiento. La abundancia de ermitas y conventos y la gran profusión de oficios existentes en el Arrabal, trajo como consecuencia que los gremios se agruparan bajo la protección de alguna advocación, naciendo varias hermandades que fueron fusionándose hasta llegar a nuestros días. De las cinco existentes: El Cachorro, La O, La Esperanza, La Estrella y San Gonzalo, las cuatro primeras son centenarias, la de San Gonzalo fue fundada a principios de los años cuarenta del pasado siglo XX, recién finalizado.
En la segunda mitad del siglo XVI, es la época de la fundación de las cuatro centenarias existentes, poniendo de manifiesto el papel jugado por Triana en un periodo 225 años, comprendido desde el descubrimiento de América (1.492) hasta el traslado de la Casa de la Contratación a Cádiz (1.717) totalmente influenciada por el comercio marítimo del puerto.
En el Convento de San Jacinto las dos últimas Hermandades de Penitencia en salir fueron la Estrella y la Esperanza de Triana al ubicarse las mismas en capillas de su propiedad.
A continuación daremos detalles de Convento de San Jacinto y de las dos Hermandades de Penitencia, ya que con esta triangular exposición tendremos referencia del significado de la Semana Santa Trianera.

EL CONVENTO DE SAN JACINTO

La edificación del Convento de San Jacinto se llevó a cabo gracias a un acaudalado y piadoso varón residente en Sevilla a primeros del siglo XVII, este no era otro que Baltasar Brun de Cervera, el cual tenía la intención de fundar un Colegio de Matemáticas, Retórica y otras ciencias. No nos debe de extrañar esta actitud de mecenazgo, ya que el poder y la riqueza atraían a todos aquellos que querían quedar inmortalizados a través del transcurso de la historia. Sevilla en esta época era un poder influyente debido a la riqueza agrícola y ganadera del valle del
Guadalquivir, como así estar ubicada en una privilegiada situación geográfica, siendo un cruce de caminos al que se le unía ser un puerto fluvial de vital importancia. Su predominio económico la convirtió en una ciudad residencial para todos aquellos que querían resaltar una situación de poder tanto en el mando político, militar o eclesiástico.
Para tal fin, el mecenas, obtuvo licencia de don Pedro Niño de Guevara, a la sazón Arzobispo, cediendo unos terrenos de su propiedad cerca del Hospital de San Lázaro para la construcción de un convento para la Orden de Predicadores, pero los frailes dominicos, viendo la lejanía de la capital y lo insano del terreno, decidieron convencer al mecenas buscando otro lugar más cercano a la ciudad.
En dirección del antiguo Camino de San Juan, posterior calle Ancha, actual calle de San Jacinto. Existía una ermita denominada de la Candelaria, en la confluencia con una de las alcantarillas del foso denominada, una vez construido el Convento "De la Cruz de San Jacinto". Ésta pertenecía a una hermandad con tal nombre que convivía con otras dos: la de los Morenos de Triana y la de Nuestro Padre Jesús de las Penas. La Orden de Predicadores de los dominicos interesados en la edificación de este convento se pusieron en contacto con los hermanos de la Hermandad de la Candelaria, propietarios de la ermita, llegándose al acuerdo para su edificación, tomado en cabildo el día 2 de junio de 1.651, con la condición de que el nuevo templo ostentara el nombre de Nuestra Señora de la Candelaria y su imagen debería ocupar lugar preferente en el altar mayor, respetándose los cultos a su advocación, no así con las dos más existentes, que fueron ignoradas en tal trato, desapareciendo la primera y trasladándose la de las Penas a la capilla de la Virgen de la Estrella en el Convento de la Victoria, foso arriba, frente al Puerto Camaronero, con la cual se llegó a fusionar el 15 de junio de 1.675.
Las obras quedaron finalizadas a finales de 1.675, celebrándose la primera función el 29 de enero de 1.676, asistiendo todo el Cabildo Eclesiástico y predicando el Ilustrísimo don Ignacio Valencia, canónigo con dignidad de medio racionero. Esta fue la primera de las cinco funciones dadas, correspondiendo la segunda al Clero de la Real Parroquia de Santa Ana, la tercera fue costeada por la Hermandad de la O, la cuarta a la Hermandad del Rosario, y la última correspondió a la Hermandad de la Candelaria, siendo en esta función, cuando al consagrar el templo se puso bajo la advocación de nuestra Señora de la Candelaria, pero a pesar de éste rito eclesiástico, que venia a refrendar el acuerdo tomado, el Convento tomó el nombre de San Jacinto, tal como era el deseo de Baltasar Brun de Cervera, incumpliendo el acuerdo de pleno derecho.
Este convento con el nombre de San Jacinto fue el primer incumplimiento del acuerdo tomado con la Hermandad de la Candelaria por parte de la Orden de los Predicadores, aunque convivieran conjuntamente los dominicos con la Hermandad, no ya con buenas relaciones, si bien se le seguían dando cultos a la titular de la hermandad cedente de los terrenos. El día doce de febrero de 1.810, las tropas de Napoleón cruzan el puente y toman Triana, dedicando los franceses el convento a cuartel y almacén de vituallas. Una vez desaparecida la invasión napoleónica, vuelven los dominicos al convento y lo ocupan nuevamente pero no en su totalidad, ya que las milicias del pueblo de Triana que habían luchado en contra de la invasión, siguieron estando presente hasta el año de 1.820, insistiendo el prior la devolución total del convento, no recibiendo contestación por parte de las autoridades competentes, hasta tal punto que fue nombrado cuartelero de San Jacinto un tal José Caballero.
En primer lugar, la idea originaria del mecenas no llegó a cumplirse, como fue la creación de un Colegio de Matemáticas, Retórica y otras ciencias, si bien una Cátedra de Gramática Latina, posiblemente siendo estos los motivos para que el Ayuntamiento de Sevilla, en unos terrenos colindantes propiedad de los religiosos, bastantes años más tarde edificara una escuela gratuita, que comunicó al pueblo para su conocimiento mediante un edicto el Alcalde Constitucional don Félix María Hidalgo (Trienio Constitucional) el mismo que mediante otro en 1.822, autorizó el Mercado de Abastos en el Castillo de San Jorge.
Setenta y cuatro años más tarde desde que se abriera al culto el Convento, en 1.750, acontece la fundación de la Hermandad del Santísimo Cristo de las Aguas y Nuestra Señora del Mayor Dolor, que años más tarde se fusionaría con la Hermandad de la Candelaria -desconocemos la fecha exacta de esta fusión - por lo cual esta hermandad pasa a ser la copropietaria del templo, como así de los terrenos donde más tarde se edificó el colegio.
En 1.821, se produce un conato de epidemia en el barrio, decidiendo las autoridades reparar el convento y que en él se recibiesen todos los enfermos, instando a los religiosos que lo abandonasen. Desaparecido el conato de epidemia. los religiosos reclaman a las autoridades su vuelta, pero esto no se produce al llegar en 1.835 la Desamortización de Mendizábal, quedando suprimida la orden. y el convento exclaustrado y en total abandono. Nuevamente se abre al culto pero ya dependiendo de la Real Parroquia de Santa Ana y motivado por las hermandades que en él encuentran cobijo debido a la enajenación de sus bienes eclesiásticos, como fueron la de la Esperanza procedente de la Capilla de los Marineros en la calle Larga de Santa Ana, al ser desposeída ésta en 1.868, por la Junta Revolucionaria y la de la Estrella del Convento de la Victoria, más las dos allí ya existentes establecidas con anterioridad: la Hermandad del Rocío establecida desde 1.815, y la del Cristo de las Aguas fundada en 1.750 y copropietaria del Convento debido a su fusión con la Hermandad de la Candelaria.
La Orden de los Predicadores, fundada por santo Domingo de Guzmán en 1.215, empieza a reorganizarse en 1.860, insistiendo nuevamente en la reclamación del convento, pero la vuelta no se produce hasta el año de 1.907. La relación con las Hermandades ya venía deteriorada desde un principio por los motivos de la cesión de los terrenos al no haber puesto el convento bajo la advocación de la Candelaria, se vio agravada al encontrarse los dominicos con nuevas hermandades. La Hermandad del Cristo de las Aguas al tener noticias de su vuelta se apresuraron a construir una capilla con el fin de reclamar parte de su propiedad, al ser ésta la heredera de parte del convento debido a su fusión con la Candelaria.
A partir de esta fecha y ante la insistencia de los dominicos en su reclamación, las hermandades allí existentes se plantean la necesidad de buscar una nueva ubicación, siendo la Hermandad del Cristo de las Aguas la primera en salir en Diciembre del año de 1.942, al sufrir el 29 de octubre de este mismo año un incendio, perdiéndose todas sus imágenes, empezando un doloroso itinerario, hasta encontrar su sede definitiva en la Capilla de la calle Dos de Mayo. En el año de 1.962, una vez recuperada la Capilla de los Marineros se traslada a su antigua residencia la Esperanza de Triana. En 1.976, se bendice la Casa Hermandad de la Estrella, siendo su actual residencia a muy pocos metros del convento, en plena calle de San Jacinto, y la Hermandad del Rocío se marcha a la calle Evangelista, antes de San Juan, en donde en un solar de esta calle, última residencia de los gitanos de Triana, erigen la Casa Hermandad con una preciosa capilla, trasladando su Simpecado el día 25 de septiembre de 1.982.

LA ESTRELLA

Esta hermandad trianera con el título de: Pontificia, Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de las Penas, María Santísima de la Estrella, Triunfo del Lignum Crucis, San Francisco de Paula y Santas Justa y Rufina, desde su fundación ha tenido su residencia muy cercana a la actual.
Frente a lo que fue el Puerto Camaronero, a la otra orilla del foso del Castillo de San Jorge, existía una ermita dedicada a San Sebastián, siendo conocida esta parte de Triana por el barrio de éste Santo mártir. En el año de 1.512, llegan a Sevilla un grupo de religiosos de la Orden Mínima de San Francisco de Paula. Ante las dificultades encontradas a intramuros para su fundación, solicitaron de las autoridades eclesiásticas la debida autorización para que le fuese autorizada esta ermita. Previo acuerdo con la hermandad allí existente -San Sebastián- y con permiso de los cofrades, la ermita fue derribada, edificando en su lugar una iglesia con casa conventual, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Victoria, ante la cual oró Magallanes antes de su partida para dar la vuelta al mundo. La Hermandad de San Sebastián convivía, no fusionada, en el convento, con otra de Luz denominada Virgen de la Estrella, que tuvo sus principios en
1.560, perteneciendo a ella cargadores de Indias y carenadores de buques y si fusionada con la del Santo Patrón de los mínimos San Francisco de Paula, al tener unos estrechos vínculos de amistad.
Foso abajo, en dirección del Camino de San Juan, actual calle de San Jacinto, existía una ermita denominada de la Candelaria, perteneciente a una hermandad con tal nombre que convivía con otra dos Hermandades: la de los Morenos de Triana y la de Nuestro Padre Jesús de las Penas. La Orden de Predicadores de los Dominicos interesados en la edificación de un convento pusieron sé en contacto con los hermanos de la Hermandad de la Candelaria, propietarios de la ermita, llegando al acuerdo para la edificación del Convento de San Jacinto, respetándole los cultos a su advocación, no así a las dos más existentes, desapareciendo la primera y trasladándose la de las Penas a la capilla de la Virgen de la Estrella en el Convento de la Victoria, llegando a fusionarse el 15 de Junio de 1.675.
En fecha no determinada se le unió la Hermandad de Santa Justa y Rufina del gremio de los alfareros que tenían ubicados sus talleres en las antiguas calles: Palomar, desde San Jacinto hasta Antillano Campos; Barrionuevo, desde Antillano Campos hasta Magallanes y Vinagre, desde Magallanes al foso. En la actualidad en toda su totalidad se le denomina Alfarería.
El titulo de Lignún Crucis viene determinado una vez fusionadas las dos hermandades, la de las Penas y la Virgen de la Estrella, determinando hacer estación penitencial a la catedral con tres pasos, con el hoy ya desaparecido Triunfo de la Santa Cruz.
Por una Real Orden de la Reina Gobernadora en Maria Cristina de Borbón, cuarta esposa de Fernando VII, y con estallido de la guerra carlista, en 1.835, (Desamortización de Mendizábal) se decretó el cierre de muchos conventos. El Convento de la Victoria fue uno de ellos. Las Hermandades allí establecidas como eran la de San Sebastián, fusionada con la Entrada Triunfante en Jerusalén y Maria Santísima del Desamparo, desaparecieron pasado unos años. La Hermandad de las Penas y Virgen de la Estrella quedó ubicada en el Convento de San Jacinto, lugar originario de la fundación de la primera antes de su fusión, si bien no en el mismo convento si en el mismo solar, donde estaba la Ermita de la Encarnación.
Esta hermandad se llevó en el Convento de San Jacinto, ciento cuarenta y un años, hasta que el año de 1.976, se traslada a la Capilla de su propiedad en la calle de San Jacinto.

LA ESPERANZA DE TRIANA

La Hermandad de la Esperanza de Triana: Pontificia, Real e Ilustre Hermandad y Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Sacramento y de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, Nuestra Señora de la Esperanza y San Juan Evangelista, tiene sus orígenes en las agrupaciones gremiales como los ceramistas, gremio que fundó en 1418 en la Real Parroquia de Señora Santa Ana, la Hermandad de Luz de Nuestra Señora de la Esperanza, fusionándose en 1542 con la de San Juan Evangelista, del gremio de los pescadores, aprobándose la fusión de ambas el 24 de noviembre de 1595.

En el siglo XVII se inicia una época de gran esplendor, aunque con un constante cambio de residencia por diversas vicisitudes. La Hermandad se va a residir en el Convento del Espíritu Santo, situada en la calle Orilla del Río, actual Betis y en donde se fundó también la Hermandad de los Gitanos, poseyendo capilla propia llamada de San Cayetano desde donde se realizaba su estación penitencial a la Real Parroquia de Santa Ana, ya que aún no cruzaban el río las Hermandades para hacer Estación de Penitencia a la Santa Iglesia Catedral; desde el Convento del Espíritu Santo se traslada a la Parroquia de Santa Ana, de la que se marcharía ante su cierre por los daños causados en el “Terremoto de Lisboa”, acaecido en 1755; a la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios; y a la Iglesia del Hospital de la Encarnación – posteriormente un corral y actualmente en reforma de habilitación y donde han aparecido recientemente los restos del antiguo cementerio de la Ermita, y donde residió hasta que en 1815, se traslada a una capilla que construyó por mediación de sus cofrades marineros en la antigua calle Larga de Santa Ana, actual Pureza, efectuando desde aquí, al año siguiente, su primera salida procesional, que aún se efectuaba a Santa Ana, ya que no sería hasta 1845 cuando se cruzaría por vez primera el Puente de Barcas.
En 1608, Francisco de Lara, Clérigo de Evangelio, fundó en el Convento de las Mínimas de Triana, situado en la antigua Cava de los Gitanos actual Pagés del Corro, la Hermandad de las Tres Caídas de Cristo y Nuestra Señora de la Salud.
Años más tarde, en 1616, se fusionarían la Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza y San Juan Evangelista con la de las Tres Caídas, formada esta última por gentes de la mar. La imagen de la Virgen de la Salud, al producirse estas uniones corporativas, se pierde como Titular.
En 1868 la Junta Revolucionaria enajena y cierra el templo propiedad de la Hermandad, sacándolo a pública subasta, y adjudicándoselo a dos súbditos ingleses que la dedicaron al culto de la religión anglicana y posteriormente a otros menesteres, tales como almacén de corcho, de carbones, etc... Así, hasta que la finca pasa a poder de Carlos Jorge Welton Niño, que la cede a la Hermandad en 1939, gracias a la mediación del que fuera su Director Espiritual José Sebastián y Bandarán, en escritura notarial y por la cantidad simbólica de 19.300 pesetas.
Durante el período de enajenación de la Capilla de los Marineros, la Hermandad se trasladó con sus Sagradas Imágenes a la Iglesia Conventual de San Jacinto, donde permaneció cerca de un siglo, pues llegado el Viernes Santo de 1962, la salida se efectuaría desde el citado convento, pero concluiría entrando en la capilla de la calle Pureza.
Finalmente, la Hermandad se fusionó en 1971 con la Hermandad Sacramental de la Parroquia de Santa Ana, siendo aprobada esta fusión el 7 de febrero de 1972 por el Cardenal José María Bueno Monreal, obteniendo el titulo de Sacramental.

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