Pregón es abrir tu henchido corazón
</span>perfumándolo con olores de primavera.
Es el canto poético más sentido.
Pregón es un nido de palabras
hermosas y bellas que el poeta
canta con su verbo enternecido.
¡Cantar, cantar, el verso y la poesía,
por las vereas y caminos del mundo!
Y se abran cancelines y fronteras
ante el sentir de un amor profundo!
Pregón es el aire fresco del sentir
al abrazar sentimientos queridos,
amores y cariños que son los míos.
¡Un pregón es un amor compartid
¿ Que es el flamenco ?
¿ Música ?
¡Cante, toque y baile!
Sentir unos sentimientos ancestrales que como brisas y mareas llegan a las playas solitarias de los desconsuelos. Playas de arenas blancas y oscuras de alegrías y penas ¡ Soledad incomprendida !
¿Que es el cante?
La conciencia de un pueblo:
¡Nunca entendido!
Arrollado con murmullos de olas
queriéndolo hacer siempre callar
en el horizonte del olvido perdido.
¡El cante es un no sé qué!
¡Que llevo dentro de mí!
¡En mis adentros, en mi ser!
Sin él que no puedo vivir.
El cante es marea, viento y brisa
mezcla de amor, penas y alegrías
en noches oscuras: incomprendidas.
¡Es dulzura, es amor, es nana,
es el grito en las besanas!
Armonia en las eras y en la trilla.
Es desconsuelo, es desamor,
es llanto compartido, es pena,
pleno gozo que es: alegría.
En amaneceres sin sol,
en días de tristezas llenos,
oiré en la falta de sombra
romances de los que son:
Llantos de un sólo día.
¡Y llegará la noche!
¡ Y el nuevo día !
estará el cante en el alma mía.
Porque el cante es brisa y viento,
mezcla de amor, penas y alegrías.
Enamorarme quiero del cielo,
de las estrellas, de los ríos,
de las fuentes y de los veneros.
¡ Pero del cante no puedo!
Enamorarme quiero de las montañas,
de sus cumbres, de su cielo.
De los vivos colores de sus tierras.
Pero del cante no puedo!
Enamorarme de los mares
quiero,de sus azules, de su horizonte,
de su sal, de sus veleros.
Pero del cante no puedo!
No será que estoy enamorado
del cante ? ¡ Sin saber que quiero !
y al querer.......
Del cante enamorarme no puedo !
El cante es la yesería policromada. Es el silencio del patio, murmullo adormecedor.
Es la flor olorosa del jardín, que embruja y embriaga.
El cante es el éxtasis subliminal que flota y nada apareado con el embeleso de la poesía.
Es el pájaro cantor que vuela extendiendo sus trinos en un horizonte de nostalgias.
Es el sentimiento preñado de reivindicaciones inconstantes; pleno de verdades azules en un firmamento de noches oscuras,
apagadas por el pesado manto de la incomprensión.
El cante es la nube tormentosa que invade el espíritu electrizando la razón de los sentimientos; nublando la visión del ser y estar.
Es la ceguera: desbordada riada de agua clara y bendita que preña la creación.
¿ Que es el cante?
Reminiscencias otoñales de ríos, mares y océanos desbordados.
El amor varón fecundo.
La pena y la alegría hembras que con su preñez dan partos dolorosos de coplas llevadas de la mano de los sentimientos, moldeados en los yunques de nostalgias imperecederas.
Es un mar inmenso donde desembocan ríos. torrentes y arroyos que lo alimentan engrandeciéndolo infinitamente.
Es agua de lluvia benefactora que con mimo riega la arcilla de la que nacerán tallos musicales moldeados delicadamente en el alfar de la voz; fuente de agua clara reivindicadora del sentimiento.
Es pena, tristeza y alegría.
Caminar lento, pesado, por los senderos de la angustia.
Es el paseo sereno al amparo de la sombra de las alamedas;
cobijadora, que eleva el espíritu transportado por el alma de la creación.
¿ Creación?
Es el sentimiento desgarrado que abre la puerta de un pecho con pezones hirientes, que cortan e hielan los amores de la pena y la alegría.
Es el parto fecundo en las entrañas y parido por el esfuerzo de la voz; qué como fuente musical mana de la garganta.
Es la inconsciencia no tamizada con el cedazo del pensamiento.
¿ Es un no sé qué?
¿ Es un alma voladora?
Es el latido del corazón hecho compás.
La creación es la inconsciencia pura y limpia perdida en el umbroso bosque del razonamiento.
Es parto fecundo: es luz, claridad del amanecer, es arte germinado por el polen de la inquietud portadora del sentir.
¡ La creación no es el apareamiento de la razón con su sentimiento enamorado !
No es el sentir dirigido a un final embarcado en la nao de la perfección !
La creación es un venero de agua clara que brota del alma del sentimiento pletórico de vivencias que moldean el Cante:
arte sublime engendrado por el semen fecundo del largo caminar por senderos ancestrales e infinitos.
! La creación es la madre paridora del cante!
¿ Que es el baile?
Gestos, mímica y arte,
zapateados y desplantes,
armonía de gozo plena,
piruetas al limpio aire.
Manos que son palomas,
palomar en ajustado talle.
Bata de cola de ensueños
vuela por los altos aires;
en tarimas limpias de espejos,
siendo el repique de palmas
campanas de azules cielos.
Mirada en un lejano y perdido horizonte,
de oros olorosos y perfumados inciensos,
rompiendo un largo, triste y negro silencio,
en extensos, áridos y secos desiertos,
como luto adornado con crespones negros.
Figura esbelta, talle ceñido,
hiere el cuchillo: El silencio;
compases, palmas y cantes,
hermosos y sonoros gestos.
Termina y acaba el baile,
todo es ruido, todo viento,
se fue por perdidos caminos.
¡ El baile es armonía, es arte!
¿ Que es el toque?
El murmullo del agua clara de los arroyuelos, cascada de música que te eleva el espíritu engrandeciéndolo y haciendo flotar a musas inspiradas con el tañer de cuerdas embrujadas con las manos enduendadas de un sentir. Ecos sonoros y hermosos que nos hace correr por las mejillas el agua salada de una emoción no contenida, dándole sueltas a las riendas de la pena y de la alegría, madre inspiradora del cante y del baile.
El toque de la guitarra
es un llanto, una pena,
un quebranto, una alegría
la que llevo en el alma mía.
Sones de guitarras de Triana
la que me desgarra el alma
en mis noches de guardia.
Toca, toca guitarra mía
y calle el gri, gri de los grillos
hasta el amanecer del día.
Toca, toca, guitarra mía
rompe en mil pedazos
el silencio de madrugada.
y las claridades del día.
Cante, toque y baile, Santísima Trinidad del flamenco, los tres una misma persona, como el Dios de Judea, el que será eterno, crucificado en la cruz de las incomprensiones de una música a la que muchos hieren con su lanzada certera y otros venden su túnica de color púrpura en el mercado, mercachifles de lo superfluo, lo vano e intranscendente.
Negros ojos, profundos como el pozo de las penas, pelo negro del color del azabache, melena suelta aire como bandera que ondea al viento, pechos cimbreantes, como las espigas en los trigales, cintura como el atado de un ramo de rojos claveles, tez morena como la sombra de un mágico hechizo, blancos dientes de marfil y voz cantarina y jacarandosa.
Corre, vuela por los callejones, con su jaba al hombro donde encierra los cantes: alegrías y penas, baila y canta, una veces llora y otras ríe, entre sus manos un pañuelo limpio y blanco como su pureza. Un castellano de largas patillas la pretende, la sigue y la inquieta. Ella con el gracejo de los vientos del sur le contesta: Déjame, déjame, déjame.........
Déjame que corra y vuele
por todos los caminos.
Déjame que sienta el aire,
que trae la gracia y el salero
de luminosas claridades
de las bahías y los esteros.
Déjame que corra y vuele
por sierras altas y lejanas.
Déjame que sienta el aire
que traen coplas serranas
en jabas de aire y vientos
como la toná y la liviana.
Déjame sentir el fandango
en mi soledad humana,
que es la sentencia hecha:
Cante de la Huelva serrana.
Déjame sola, ¡ Por favor !
quiero cantar en mi soledad
¡ Mi cante que es la soleá !
¡ Sí, la soleá ! La de Triana,
la alfarera y la de Alcalá
hasta los puertos he de llegar,
cantando, cantando por soleá.
Se ha echado la noche, la bruma como su manto húmedo cubre calles y plazas la niña que corre y vuela, se acerca al fuego que alumbra rostros de bronces encendidos,sus pechos arden como el fuego, en la lejanía se escuchan ladridos que rompen el silencio de la anochecida. Una voz ronca y lastimera murmulla: ¡ Alguien viene ¡ ¡ Páre no se preocupe, que sé quién es ! ¡ Uno que me pretende y me quiere hacer callar ! No es de los nuestros ni es payo ni es gitano, ¡ Es de por ahí ! ¡ De no sé dónde ! Habla muy raro algunas veces le veo hasta cuernos y tenedor ¡ Parece un demonio ! ¡ Po eso tiene arreglo ! Vamos a cantar, a ver si se asusta y se va ¡ Qué no, páre ! Que lo que quiere es hacernos callar, el no sabe lo que esto y en vez de escuchá no nos deja cantar.
El padre sale cantando por tanguillos:
Que no se va. que no se va,
habé si ya no viene más,
si viene se va enterá:
la paliza que se va a llevá.
Será malage el tío,
que no nos deja cantá
se ha creio el saborio
que nos vamos a callá.
Que no se vá........
Fiesta y alegría, cante y baile, sentir de nuestra música, después de los tangos nacen los tientos, cantes despaciosos, meciendo el alma y rompiendo los malos presagios de las amenazas agoreras de sonidos estridentes alejados de sentires hondos y profundos de los que algunos quieren alejarnos. Los ladridos callan y se hace un silencio sepulcral en la noche oscura, las estrellas tintinean siendo mudos testigos, musas brillantes e inspiradoras del cante, de nuestro cante, el que dice ser quienes somos. La niña de ojos grandes y pelo negro del color del azabache abrazada por el fresco relente de la noche engrandece su fino cuerpo con el resplandor del fuego y baila al compás de una música imaginaria.Baila, baila, baila........
Gitanita: Estrella del cielo,
pechos de piel morena.
Pelo negro como la pena,
ojos negros como luceros.
Tu talle al aire cimbrea,
tus manos al aire vuelan,
tus pies no tocan el suelo,
tienes alas, vuelas y vuelas.
Gitanita: Verte bailar quiero
como las estrellas del cielo,
en el escenario de mi pecho,
rincón de verdad pleno y lleno.
Salta, baila, baila y canta,
cimbrea tus pechos morenos,
al son de guitarra y palmas,
aviva con tu viento sereno,
mi cuerpo: encendido fuego.
Baila, baila, gitanita mía
cimbrea tu cuerpo moreno
hasta las claras del día.
Tu cante en mi alma.
Tu baile en mi corazón.
Tu cuerpo es mi pasión,
gitanita de mis entrañas.
Gitanita: Estrella del cielo.
Pechos de piel morena,
pelo negro como la pena
ojos negros como luceros.
Se acaba el baile, se hace el silencio y la noche avanza con pasos despaciosos, el murmullo corre de boca en boca, como el agua clara del arroyuelo, el tintineo de vasos son cascabeles que alegran las almas y las bocas secas del cantar. En un rincón está un muchacho alto, enjuto como un mimbre, serio, sereno, se acerca al fuego y con voz desgarrada, rota por la pena, surca el aire húmedo de la noche, el fuego no chisporrotea, queda callado, no queriendo perderse el espectáculo majestuoso de su cante por seguiriyas:
En Triana tesperao
y viendo que no venias
al darme cuenta que no me querías
a las claras del día he llorao.
Corriendo por los caminos
habé si te encontraba
y a las claritas del día lloraba
cuando ciego yo y’astaba
De Triana a la Alamea
han hecho un carril
lo han hecho los trianeros
de tanto ir y venir.
Trianera de Triana,
no te vayas de mi lao
por el puente camino la alamea
que me quedo desolao.
Lagrimas corren por mejillas morenas, manos temblorosas, suspiros y pensamientos al aire, oscuridad en los callejones, sombras que quieren que el cante calle, afilados cuchillos lo acechan, presos están los sentimientos en la cárcel del temor y el miedo, angeles guardianes de voces están en vela, celosos custodios que otean los horizontes infinito de las penas y las alegrías, fuentes y veneros del cante que una vez acrecentada la torrentera no hay diques de intolerancias e incomprensiones que lo pueda detener, y nacen coplas y cantares nuevos como los amaneceres frescos de las
creaciones plenas y constante del sentirse en flamenco, de expresar lo más hondo de nuestra alma indómita y rebelde que se cobija en la sala sacramental de lo más hondo de nuestro sentir.
Llorar, llorar, con el cante,
sentirlo, acariciarlo, mecerlo,
en lo más hondo del sentir
de tu alma, de tu corazón
y no lo encuentren aquellos
que no lo quieren, ni son:
Sensibles a una emoción
llevada en los adentros
en nuestro íntimo interior.
Reír, y no llorar,
con nuestro cante,
que es otra verdad
de la que sentimos,
olvidando las penas
de nuestro pesar.
Cantar, bailar, reír y llorar,
por toná, tangos, bulerías,
tientos, seguiriyas y soleá.
Que las penas cantando
se olvidan, se van, huyen
y no vendrán, nunca más. Quién dice que el cante no está?
¡Yo le digo que eso no es verdad!
Mientras haya un toque de guitarra
un cantaor que diga lo que sienta
otro que baile, palmas y compás.
Aquí está el flamenco:
En el toque, en el baile y en el cantar.
Quién me dice que el cante no está?
Yo, yo lo digo que eso no es verdad!
El que quiera que venga a escuchar,
nuestra música, nuestro saber estar.
Algunas veces, nuestro cantar
sale del alma, no hay guitarras
ni voces, ni palmas al compás
sale de lo más hondo del poeta,
en sus letras el cante está.
Este cantar de la tierra mía
unas veces me hace llorar,
y otras se va la maldita pena
y aparece el garbo y la alegría
de voces que es todo un cantar
alegrías y penas de la tierra mía.
La fiesta sigue, la noche avanza lentamente, el fuego palidece, las gargantas rotas, las palmas enmudecen. El amanecer acompañado de las claras del día se ha hecho dueño del tiempo; el patio queda solitario, las sillas como tronos vacíos dan paso a un sol radiante que lo inunda todo. La claridad se hizo dueña de la noche y el cante, el toque y el baile caminan
solitarios por las veredas y carriles de las incomprensiones, hasta que nuevamente sean llamados y aparecerán en anochecidas cuando sean despertados por los sentimientos de las almas puras de sentirse en flamenco.
Y vendrán días y noches donde el fuego vivo de la candela dejará el rescoldo caliente de coplas, unas veces olvidadas y otras talladas en la piedra de la memoria que serán las hojas perennes de nuestra historia para que nunca olvidemos unos comportamientos que día a día, años tras años, han sido los veneros de nuestro saber, de nuestro cantar, el decir que el flamenco no se ha ido, ni se irá nunca ¡Jamás ! estará siempre presente en lo más hondo de nuestro sentir de pueblo, mestizaje: embrión de cultura imperecedera.
El castellano de patillas largas se fue por los callejones de noches oscuras, la gitanita de pelo negro del color del azabache y tez morena quedó tranquila, en una silenciosa noche se escuchó el cante, brotaron voces, volaron manos como palomas, cintura quebrada por los revoloteos de un cuerpo cimbreante, en el interior de su alma se oía el eco de una voz lejana que doblaba como campanas amenazadoras de presagios para hacer callar algo sublime imposible de enmudecer por los enredos de una trepadora mala hierba.
El cante, es música, es lamento, es pena y alegría es nuestro intimo sentir, es un fuego imposible de apagar por las grandes olas de los océanos y mares de las incomprensiones que batirán con sus turbulencias las playas doradas de blanca y fina arena.
En los horizontes azules del tiempo un dique resistente, que es la mágica ilusión, luz que guía los caminos, faro que ilumina los senderos por donde anda con paso lento una música ancestral hija de desheredados y gente plebeya pero a la misma vez patricias de un arte imposible de imitar porque es la palabra del corazón encendido de un sentimiento hondo y profundo donde han desembocado ríos y arroyos plenos de una innata sabiduría musical.
El flamenco no se ha ido,
jamás en los tiempos se irá,
andará por veredas y caminos
con voces laínas o afillá.
Algunos no lo entienden
y nunca lo entenderán
que es nuestra música,
que entre nosotros estará
hasta el final de los siglos,
siempre hasta la eternidad.
El sentirse en flamenco
puede ser algo especial;
dejarse llevar por algo
que está en los adentros
es seguro que sentirá
el palpitar de su alma
que en flamenco está.
Es el aire que se respira
con perfume de rosas,
aroma que contagia
las almas generosas
de gentes de un pueblo
que canta sus alegrías
sus penas y su dolor
en noches y amanecidas.
El flamenco es el sentir
de un pueblo sencillo,
en su corazón está el latir
de un arte concebido,
pregonando al mundo,
a los cuatro vientos
su dolor más sentido.
Que nos dejen cantar
en los esteros y en las rías
en la campiña y en el olivar
en las salinas y la serranía
en el campo y en la ciudad
en cualquier rincón del mundo
la pena, la gracia y la alegría
que es todo nuestro cantar
el cantar que llevamos dentro,
en nuestra alma, la más sentida.
Se acaba un pregón
por primera vez dado,
el pregonero ha hecho
un cante con su poesía,
va por caminos de coplas
entre cantares y alegrías
Espero queridos cabales
flamencos y aficionados
que las sencillas palabras
de este humilde tribuno
no os hayan defraudado.
Seguir, seguir en el flamenco
que es nuestra genuina música,
la cultura que siempre estará
en nuestras aficionadas almas
para siempre, hasta la eternidad.
¡ Muchas gracias!