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CRUZANDO EL PUENTE

ANA MOCHON

ANA MOCHON

El pasado día, Viernes 29 de Octubre, con motivo del Circuito 8 Provincias, organizado por la Confederación de Peñas Flamencas de Andalucía, dedicado en esta ocasión al Centenario del nacimiento de Rafael Romero "El Gallina" actuó en la preciosa Peña Flamenca de Sanlucar la Mayor, una mujer muy joven, solo 15 años granaina por más señas, que el pasado año ganó en Concurso por Granainas en la Unión.

La verdad sea dicha que quedé sorprendido por su actuación , no me esperaba que con ta poca edad pudiera hacer los cantes tan bien hechos, cierto que si tenemos que buscar algo en contra de su cante, trendriamos que decir que parar el cante no es dejarlo quieto, y en este aspecto los hace muy despaciosamente, excesivamente despacio, pienso que este es un defecto que con el paso del tiempo lo irá corrigiendo en función de la experiencia que vaya adquiriendo y tomando más seguridad a la hora de ejecutar los cantes.

Voz preciosa, armoniosa y laina plena de una musicalidad flamenca que pasado el tiempo le hará triunfar.

El acompañamiento con la guitarra del joven tocaor Antonio la Luz también me sorprendió, técnica y flamencura ajustándose siempre al cante de Ana.

Una gran sorpresa la de esta cantaora a la cual le deseamos muchos éxitos en su nueva andadura flamenca.

LA PINTURA TAURINA EN LA COLECCIÓN COLOMBÍ

En la Casa de la Provincia de la Excelentísima Diputación Provincial de Sevilla, ha sido expuesta la Colección La Pintura Taurina del Conde Colombí. Gran Iniciativa la de esta Institución sevillana, que viene a reforzar la trayectoria del proceso histórico de la Fiesta de los Toros, dejando claro que es una cultura de siglos en nuestros pueblos.

Esta exposición viene a reforzar la necesidad de que la Fiesta se encuadre institucionalmente en Cultura con el objeto de que algunos no consigan lograr los fines de su supresión que seria ir en contra de nuestros antecedentes históricos, menospreciando la riqueza cultural que encierra.

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El Conde de Colombí y Luis Prieto (1945)

Para poseer a las Pléyades, Orión debía cazar a todas las bestias de la isla, entre ellas un mágico y poderoso Tauro. Y así, en plena pelea, aparece en el cielo tal lance que, desde hace miles de años, forma parte de la poderosa atracción que conecta a los humanos con los astros.

Una relación siempre enigmática y profunda, la del Hombre con el Universo, que se transmuta y baja a la arena en la civilización mediterránea y más concretamente en nuestro país, donde el mito del Minotauro posee raíces y pasiones en el mundo de la Tauromaquia.

Porque es el toreo y lo que lo envuelve de mágico, todo un mundo de sensaciones, de sugestiones y de grandes vuelcos del alma, que siempre ha atraído a propios y extraños.

San Fermín, un sinfín de fiestas locales y las propias corridas de toros así lo atestiguan, dejando tras de sí, en el último ejemplo, toda una industria nacional que, además, contribuye a la conservación de un ecosistema vital para la sostenibilidad ambiental, como es la dehesa.

Y en esa fuerza de lo taurino, en ese universo de sensaciones, fue donde quedó atrapado un buen día el conde consorte de Colombí, José María Gutiérrez, alcalareño de pro y afanado coleccionista.

Ahora, con la universalización de la cultura que la democracia ha traído a todos los niveles, la valiosa colección del conde de Colombí se exhibe desde 2005 en el Museo de Alcalá de Guadaira, con todo su esplendor de compendio tauromáquico.

Una serie de obras que, ahora, la Casa de la Provincia trae hasta la capital para que todos, propios y extraños, puedan admirar la extraordinaria labor de mecenazgo que ejerció José María Gutiérrez. Y ahora, en ese futuro, el de ahora mismo, las generaciones venideras se ven también atrapadas por el mito de Minotauro en sus propias vidas.

Porque todos somos Orión, todos enfrentamos en ocasiones al Minotauro, y por eso la colección Colombí ejerce una misteriosa fascinación, a través de sus figuras, a todo aquel que la contempla.

                                                   FERNANDO RODRÍGUEZ VILLALOBOS

                                                   Presidente de la Diputación de Sevilla


En 2010 el Museo de Alcalá de Guadaira celebra el quinto aniversario de su inauguración. En estos años ha ido ocupando un lugar en el panorama cul­tural local y provincial, en base a una propuesta que rescata las esencias artís­ticas e históricas de la ciudad para ponerlas al día mediante un discurso actual.

 Para celebrar esta fecha no cabía pensar en nada mejor que en redoblar el trabajo, ofreciendo un ciclo de actividades del mayor interés y calidad. En esta programación ocupa un lugar preferente la recuperación de la Colección Colombí.

En 1972 llegó a Alcalá de Guadaira una importante parte del legado bibliográfico, documental y artístico de don José María Gutiérrez Ballesteros, conde de Colom­bí. Una parte de esta colección, dedicada a la presencia de la temática taurina en las artes, compuesta por cuadros, cerámicas, carteles, muebles decorados a mano y exlibris, está depositada en nuestro Museo donde se viene trabajando en su recupe­ración, catalogación y difusión. Frutos de esta labor son esta misma publicación -la primera que se dedica explícitamente a esta colección-, la exposición que se realiza en el otoño de 2010 en la Casa de la Provincia de Sevilla -primera vez que se presenta fuera de Alcalá este legado- y la que posteriormente, a lo largo de 2011, se celebrará en el propio Museo de nuestra ciudad, para así desembocar en e140 aniversario de la donación.

Considero que es toda una ocasión que los alcalareños debemos celebrar como una fiesta cultural, participando de estas propuestas y disfrutando de un conjunto de obras que, a lo largo de décadas, habían despertado la curiosidad e interés de todos, a la vez que compartir esta celebración artística con toda la provincia y con cuantos quieran conocerla.

                                                                   ANTONIO GUTIERREZ LIMONES

                                                                   Alcalde de Alcalá de Guadaira

Índice

 

Introducción

         Francisco Mantecón Campos

EL Conde de Colombi o la pasión por los toros

         Rafael La Casa  

La pintura taurina en la Colección Colombí

(Museo de Alcalá de Guadaira)

         Obras seleccionadas

         Catálogo

         Obras en proceso de restauración

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Ex-libris para el conde de Colombí

Introducción

Francisco Mantecón Campos

Una colección de tema taurino en Alcalá de Guadaira

En 1972 llegó a Alcalá de Guadaira una importante parte del legado bibliográ­fico, documental y artístico de don José María Gutiérrez Ballesteros, conde de Colombí.

Personaje singular, siempre cercano al mundo de la cultura y polifacético coleccionista, aunque desde temprana edad residió y desarrolló su vida profe­sional en Madrid nunca perdió el vínculo con su ciudad natal, la propia Alcalá de Guadaira, donde se le requería frecuentemente, con afecto y admiración, para conferencias, presidencias honoríficas u otros actos de diversa índole.

Eran los años de transición política y aquel legado quedó durante una temporada en un cierto olvido, hasta que en la década de los 90 la Delegación Municipal de Cultura, con el impulso de su responsable doña Guillermina Na­varro Peco, pone en marcha el proceso de catalogación y restauración de las piezas. En 2005 se inaugura el Museo de la Ciudad, donde actualmente se en­cuentra la colección, y se da un impulso definitivo a su recuperación, estudio y divulgación.

Apuntes biográficos sobre don José María Gutiérrez Ballesteros conde de Colombí

Un 28 de marzo de 1893, nace en Alcalá de Guadaira don José María Gutiérrez Ballesteros. Menor de tres hermanos y perteneciente a una familia mediana­mente acomodada, cursa sus estudios de Derecho en la Universidad de Sevi­lla con muy buenos resultados, empezando en la misma ciudad su andadura como abogado. Su profesión le hace coincidir con Esperanza Contreras y Zea Bermúdez, joven viuda con la que contrae matrimonio por el que pasa a con­vertirse en conde consorte de Colombí.

El matrimonio instala su residencia en Madrid. Allí, José María Gutiérrez Ballesteros continúa su ejercicio en el mundo de la abogacía hasta los setenta años de edad alcanzando una muy brillante trayectoria profesional.

Un lugar muy importante en su vida lo ocuparon sus múltiples inquie­tudes culturales, que conforman en él una personalidad de «coleccionista» entendido a la manera decimonónica. Fue gran apasionado y conocedor de temas taurinos, bibliófilo, escritor y poeta, destacado conferenciante... Su afán coleccionista y su pasión por el arte, la literatura y el mundo del toro, le llevan a ocupar puestos como Miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas letras, presidente de la Asociación de Exlibristas Ibéricos y presidente de la Unión de Bibliófilos Taurinos.

De su matrimonio nace en 1940 su único hijo, José María Gutiérrez y Contreras, quien tras la pronta muerte de su madre, la condesa de Colombí, ostentó el título, quedando José María Gutiérrez Ballesteros como conde viudo.

Aún siendo Madrid su lugar de residencia durante la mayor parte de su vida, jamás perdió el vínculo con su localidad natal, participando como dina­mizador y protagonista en múltiples iniciativas culturales. A su vez la ciudad de Alcalá de Guadaira, agradecida, le nombra hijo predilecto en 1954.

En 1972, procedente de Madrid, llega a Alcalá parte de la colección que el conde de Colombí donó generosamente a su ciudad natal. Su legado queda almacenado en dependencias municipales, expuesto al público durante algún periodo, hasta que en 1990 comenzaron las labores de ordenación, clasifica­ción y catalogación de la donación. Otra parte de su colección fue entregada a la localidad alicantina de Alfaz del Pi, donde se inauguró un museo con esta parte del legado que, al parecer, a los pocos años cerró sus puertas.

La colección que se encuentra en el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira destaca por una muy importante sección de prensa y libros, una importan­tísima serie de Ex Libris compuesta por más de cinco mil ejemplares y un apartado de pintura, cerámica y otros objetos artísticos que tienen en común la particularidad de su temática taurina.

El conde de Colombí muere en 1989 en Madrid.

Actualmente, el legado de D. José María Gutiérrez Ballesteros, conde de Colombí, se encuentra catalogado en su totalidad y en fase avanzada su proce­so de restauración.

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Ex-libris para Jesús Cardeñosa

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Ex-libris  de F. Teijeiro para Antoni Martinez

La pintura taurina en la colección Colombí

Como ha quedado dicho, junto con la sobresaliente sección de Ex Libris y la muy notable de libros y prensa periódica, destaca el apartado de artes plásticas de la colección, formado por pinturas, cartelería, cerámica, fotografía, escultu­ras de pequeño formato y mobiliario decorado a mano.

Con excepción de algunas piezas más singulares, el mayor valor de la colección no se encuentra en la calidad artística individual de las mismas, sino en el hecho de que todas ellas tienen en común estar dedicadas a la temática taurina, lo que le confiere un valor singular como colección y un importante atractivo etnográfico, pues se convierte en un compendio privilegiado para abordar el conocimiento de la fiesta del toro.

Abundan los carteles u otros impresos de «corridas» destacadas, los re­tratos de toreros o personajes característicos, las escenas campestres y «go­yescas», que aportan una imagen de las indumentarias utilizadas en la fiesta, o las composiciones descriptivas de las principales «suertes» taurinas. Son especialmente llamativos unos pequeños formatos, generalmente en lienzo o cartón, que denominaríamos «retratos» de toros, pues en ellos se representan ejemplares concretos que destacaron por lo extraordinario de sus cualidades desde el punto de vista de la lidia, estando acompañados en muchos casos de una «ficha» adherida al dorso del cuadro donde se mencionan el nombre, peso y otros datos del animal, la plaza en que fue lidiado, el nombre del matador, y alguna descripción del comportamiento que mereció tal distinción.

Como es normal en una colección cuya única directriz previa ha sido la temática, se da una notable variedad de estilos y conceptos artísticos. La crono­logía de las obras va de los siglos XVIII al XX. Siempre dentro de un lenguaje figurativo, algunas se resuelven en un estilo romántico propio del siglo XIX y adecuado para temas como las escenas goyescas, o impresionista, como se da en algunas piezas que muestran suertes o momentos de la lidia, o del más claro realismo utilizado en los principales retratos. Destacaríamos por su singulari­dad unas piezas cerámicas en azulejos, fechados en el siglo XVIII, en las que la ingenuidad de las escenas junto con la soltura y economía de la pincelada dan el resultado de unos modos casi expresionistas; así como los exlibris, seleccio­nados de entre los varios miles que conforman la colección, por ser estos los de temática taurina.

Aunque ya ha sido dicho que no es el artístico el principal valor de la colección en su conjunto, sí merecen ser señaladas algunas piezas, que más adelante comentaremos de modo pormenorizado.

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Cayovi - Bailaora en la venta (1870)

La colección en Alcalá de Guadaíra

El conjunto de la donación Colombí al Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra en lo referido a artes plásticas está formado por unas 200 piezas, entre pintura, escultura de pequeño formato, cerámica y mobiliario decorado a mano.

Tras el inventario realizado en sus primeros años de estancia en Alcálá, parte de la colección quedó expuesta de forma permanente en los salones del Hotel Oromana, mientras que el resto quedaba almacenado en dependencias municipales.

A finales de los años 80 del siglo XX la Delegación Municipal de Cultu­ra se plantea la restauración de algunas de las pinturas, y en el año 1991 esta intención se refuerza mediante la firma de un convenio con la Cátedra de Res­tauración de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. Con ello, por parte de los alumnos de los últimos cursos y dirigidos por los profesores don Francisco y don Joaquín Arquillo Torres, se completa el inventario añadiéndole una ficha fotográfica a cada obra y se interviene sobre varios cuadros más.

A partir de 1999, con la creación de la Delegación de Patrimonio Históri­co por parte del Ayuntamiento alcalareño, el proceso de restauración, aunque pausado por la propia naturaleza de los trabajos y la disponibilidad presu­puestaria, se acelera en la medida de lo posible. Licenciados alcalareños en Be­llas Artes, con la especialidad de restauración y conservación de obras de arte, como Paloma Monedero Trujillo, Alejandro Redondo Torres y Claudio Hoyo han dejado la huella de su buen hacer profesional aportando cada uno un paso más en la recuperación del total de obras de la colección.

Estos trabajos de restauración, además de permitirnos go­zar de cuadros de mejor factura de lo que en un principio pudiera parecer, o de descubrirnos datos de autoría y fechas de realización que habían quedado ocultos por la suciedad y ennegrecimiento de los barnices, ha dejado a la luz algunas curiosidades en forma de «repintes». En algunos casos supo­nemos que podría ser el propio conde quien, en su afán de acrecentar la colección, encargaría la transformación de un «retratado» de cualquier profesión o personalidad en impro­visado personaje taurino. Así, ha podido verse en algunos re­tratos cómo el protagonista ha perdido la «montera» después de una limpieza, o alguno al que se le apreciaba un alzacuellos sacerdotal deba­jo del traje de luces. Tal vez en otros casos algún artista modesto, necesitado de vender, se anticipaba al encargo y presentaba ya al conde las propias creaciones «revestidas» para la ocasión de toreros, banderilleros o picadores.

La exposición

Han sido varias las ocasiones en que esta colección se ha expuesto de manera parcial, pero siempre en Alcalá de Guadaira, ya fuera en la Biblioteca Pública Municipal, en la Casa de la Cultura o en el propio Museo de la Ciudad.

Es esta la primera oportunidad en que la colección, notablemente am­pliada en cuanto al número de piezas que se han recuperado para su exposi­ción, se muestra en Sevilla, en un espacio tan significativo, por la calidad del mismo y por su carácter simbólico, como es la Casa de la Provincia. Con tal motivo se edita esta publicación, la primera también de estas características que se dedica a la pintura taurina del conde de Colombí. Sin lugar a dudas que esto supone un paso adelante, y muy valioso, en lo referente al conocimien­to, valorización, divulgación y disfrute de la colección, cuando se aproxima el cuarenta aniversario de su llegada a Alcalá.

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Autor desconocido - Escena costumbrista (1890)

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Banderillas en el campo (s.XVIII) - azulejo pintado a mano

El conde de Colombí o la pasión por los toros

Rafael La Casa

José María Gutiérrez Ballesteros nació en Alcalá de Guadaíra en las postrime­rías del siglo XIX, el 28 de marzo de 1893, en el seno de una familia de pro­pietarios agrícolas. Fue el menor de tres hermanos y estaba emparentado con el escritor José María Gutiérrez de Alba, del que acaso heredara la entusiasta inclinación hacia la literatura y,el arte que tan profundamente caracterizó la vida del conde de Colombí.

En aquellos tiempos, la que en la actualidad es una populosa ciudad del anillo metropolitano de la capital provincial no era sino un municipio de poco más de ocho mil habitantes, muchos de los cuales vivían diseminados en el campo, que estaba integrado en el partido judicial de Utrera, la localidad más importante de la comarca. Por lo demás, la población activa se dedicaba esencialmente entonces a la agricultura, con una preeminencia casi absoluta del cereal y del olivar, y a la industria panadera, a la que posteriormente se añadiría la del aderezo de aceituna. En lo político, habían quedado definiti­vamente superados los exaltados ánimos revolucionarios, primero, y el des­tacado protagonismo de las diversas tendencias del republicanismo en la vida local, después, para dar paso a un prolongado dominio conservador, acorde con el aparentemente plácido régimen de la restauración instalado en el país por obra de Cánovas del Castillo.

La mediana posición económica familiar permitió que José María Gu­tiérrez Ballesteros cursara estudios superiores, lo que hizo con notable aprovechamiento hasta alcanzar la Licenciatura en Derecho en la Universidad de Sevilla, para posteriormente iniciarse en el ejercicio de la abogacía en la pro­pia capital hispalense. Tales circunstancias tuvieron una influencia decisiva en su vida, pues las ocupaciones profesionales le llevaron a conocer a Esperanza Contreras y de Zea Bermúdez, que llegaría a ser en 1930 la cuarta condesa de Colombí, con la que finalmente contrajo matrimonio el 26 de marzo de 1926. Dicha unión tuvo un único descendiente: un varón llamado como su padre.

Así pues, merced a su matrimonio el joven letrado alcalareño ingresó en el exclusivo círculo de la aristocracia y pasó a ser generalmente conoci­do poco más tarde como conde de Colombí, aunque en realidad era sólo el consorte de la poseedora del titulo. Incluso tras el fallecimiento de su esposa siguió haciendo uso de la mencionada dignidad nobiliaria, que heredó su hijo en 1949, como conde viudo de Colombí. De cualquier modo y por encima de las precisiones realizadas, José María Gutiérrez Ballesteros fue, desde poco después de su matrimonio hasta su propia muerte, el conde de Colombí para todos quienes le conocieron y trataron, especialmente para sus paisanos, que le dispensaron una constante admiración y respeto.

El matrimonio trajo consigo asimismo un cambio de aires para el con­de de Colombí, que estableció su residencia en Madrid, donde desarrolló una brillante ejecutoria profesional como abogado hasta los setenta años de edad. Tras los convulsos tiempos de la II República y la Guerra Civil, la posición del conde se asentó definitivamente en la capital del reino. Allí tuvo oportunidad de cultivar con denuedo sus múltiples aficiones, entre las que descollaron so­bremanera la literatura, el arte, el coleccionismo y el toreo. Destacó además como orador y conferenciante, con una asidua presencia en múltiples y di­versos foros. Esta rica y polifacética personalidad le llevó a ser, por ejemplo, miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y presidente de la Asociación de Exlibristas Ibéricos y de la Unión de Bibliófilos Taurinos, así como a recibir numerosos reconocimientos.

Hombre de intensa vida social y acusada vertiente pública, tan pronto le vemos como primer Hermano Mayor de la madrileña Hermandad del Gran Poder y de la Esperanza Macarena, de la que fue igualmente fundador en 1940, como nos lo encontramos ejerciendo como presidente de la Federación Na­cional de Asociaciones Taurinas. Empero, esta frenética actividad no le desligó de sus orígenes; antes al contrario, el conde de Colombí mantuvo de continuo una estrecha vinculación con su localidad natal, hasta el punto de ser nombra­do su Hijo Predilecto en 1954, como agradecimiento a su siempre generosa cooperación en las iniciativas culturales habidas en Alcalá de Guadaíra, a las que distinguió con su solícito apoyo.

El conde de Colombí falleció en Madrid en 1989. Unos años antes, como muestra del singular afecto que dispensó siempre al pueblo donde vio la luz, donó en 1972 al Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra una importante parte de la valiosa colección bibliográfica, documental y artística que logró atesorar a lo largo de su dilatada vida.

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  Reunión en la Peña Taurina Los de José y Juan, con el conde Colombí en el centro

El aficionado y la fiesta nacional

Como se ha dicho, entre las aficiones del conde de Colombí ocupaba un lugar principal, seguramente desde primera hora, la fiesta nacional.

De la Alcalá de Guadaira de su infancia se nos cuenta que lucía una pla­za de toros que, según una estadística mandada formar, era la cuarta por su capacidad de las siete que existían en la provincia de Sevilla. Y de la arraigada tradición taurina de la localidad en aquel entonces son elocuente muestra la fundación en 1903 de una escuela taurina en la Posada del Pelao y, de modo particular, la celebración de numerosos espectáculos taurinos de muy diversa condición, a saber: corridas de toros y novilladas, festejos para aficionados, becerradas -que llegaron a contar en alguna ocasión con la participación de niños toreros- e incluso el llamado toro del aguardiente. En ese ambiente, en el que la fiesta brava se encontraba indisolublemente ligada a los grandes aconte­cimientos del pueblo, por lo común de carácter religioso, creció el que habría de llegar a ser conde de Colombí. Al igual que muchos de sus paisanos debió sentir una profunda admiración por los diestros locales de la época, como el siempre arrojado Antonio Moreno, Moreno de Alcalá, y el eficaz estoqueador Francisco Martín Gómez, Vázquez.

Asimismo, de unos años más tarde se nos dice que los habitantes de Alca­lá de Guadaira seguían manteniendo su predilección por la fiesta nacional. No faltaron tampoco entonces los festejos, ni nuevas escuelas en las que adoctri­nar a los legos en los arcanos de la tauromaquia: en 1917 se inauguró la Escuela Taurina de la Venta de Espinar y en 1925 se fundó la Escuela Taurina Cercadilla de Santa Lucía. También el pueblo siguió siendo cantera de toreros, como José García, Alcalareño, y Epifanio Bulnes, aunque ninguno de ellos llegara a estar a la altura de los éxitos de sus inmediatos predecesores locales en el ejercicio del arte de Cúchares.

Más allá de los confines alcalareños hay que reseñar que en aquel mismo tiempo se estaba gestando una auténtica revolución en el toreo, de la que fue testigo privilegiado, ya en plena juventud, el conde de Colombí. En efecto, la irrupción, prácticamente simultánea, en el planeta de los toros de José Gómez Ortega, Gallito -o simplemente Joselito el Gallo-, y de Juan Belmonte, el Pasmo de Triana, produjo una profunda conmoción. El primero, encarnación máxi­ma del toreo poderoso y dominador, con un entendimiento de la lidia como sometimiento del astado; el segundo, portador de una nueva concepción del toreo, presidida por la quietud y el temple; el uno, fiel continuador hasta la su­blimación de la tauromaquia tradicional, como sucesor indiscutido de Rafael Guerra, Guerrita; el otro, atrevido innovador que puso en valor la plasticidad y la estética en el toreo, hasta entonces preteridas casi por completo.

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 Cartel taurino -Plaza de Toros de Constantina (1910)

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José Gómez Ortega, «Gallito» (1912)

Joselito y Belmonte, o Belmonte y Joselito, que tanto monta, sostuvie­ron una enconada, mas siempre respetuosa, competencia en el ruedo, que en ningún momento estuvo reñida con la recíproca admiración y estima que sin­tieron el uno por el otro. Ambos diestros estuvieron de continuo arropados por legiones de acérrimos incondicionales, encendidos por la pasión que estos colosos del toreo despertaban, en ocasiones hasta un fanatismo extremo. Tal era la expectación que Joselito y Belmonte originaban por doquier que sus ac­tuaciones acostumbraban a adquirir categoría de magno acontecimiento allí donde tenían lugar. Nunca hasta entonces la fiesta había llegado a tal nivel de popularidad, ni nunca después se ha vuelto a alcanzar dicha cima.

Empero, esta rivalidad acabó de manera trágica el 16 de mayo de 1920 en la toledana plaza de Talavera de la Reina, donde el toro Bailador corneó mortalmente a Joselito el Gallo. A partir de entonces, aunque Belmonte siguió en activo derrochando su magisterio, ya nada volvió a ser lo mismo, pues había desaparecido el rival con quien mantuvo un permanente forcejeo por el cetro del toreo. Imposible decir quien era el mejor. Sólo puede sostenerse un he­cho incontestable: el vacío provocado por el fallecimiento de Joselito causó no sólo un inconsolable pesar, sino también una honda perplejidad en la afición («~Qué es torear? Yo no lo sé. Creí que lo sabía Joselito y vi cómo lo mató un toro», llegó a aseverar su amigo y afamado crítico Gregorio Corrochano), y apagó en gran medida la pasión que tan necesaria resulta para la vitalidad de la fiesta, pues dejó a Belmonte sin oponente digno de tal condición.

No es extraño que aquella época, llamada con toda justicia la Edad del Oro del Toreo, quedara grabada a fuego en la memoria de los aficionados que tuvieron la dicha de vivirla de primera mano como el paradigma por anto­nomasia de la tauromaquia, como el canon de la perfección en la lidia, en fin, como el cabal compendio del toreo. Aparecerían posteriormente nuevas suer­tes, se sucederían unas tras otras las figuras de indiscutible mérito (Marcial Lalanda, Domingo Ortega, Manolete, Pepe Luis Vázquez, Antonio Bienvenida, Luis Miguel Domínguín, Antonio Ordóñez...), continuaría evolucionando el propio toreo (incorporación del peto al caballo de picar; concepción del toreo de muleta como suma de pases ligados en tandas, que se convierte en la parte fundamental de la lidia; enaltecimiento de la quietud del torero, hasta el pun­to de terminar erigiéndose en figura cuasi inmóvil alrededor de la cual gira el toro...), pero los viejos aficionados seguían guardando estricta fidelidad a Belmonte y a Gallito: en efecto, los unos continuaban afirmando con orgullo que eran de Juan; los otros, con no menos arrogancia, proclamaban que eran de José. Así, sin más, porque sobraban por completo el apellido y el apodo y porque ya nada volvería a ser lo mismo en el mundo del toro.

El tiempo siguió su inexorable curso, mas para muchos, entre los que se contaba el conde de Colombí, la memoria se encontraba definitivamente anclada en el pasado esplendoroso de la Edad de Oro del Toreo. En el Madrid de principios de los cincuenta del siglo pasado, un selecto y escogido grupo de aficionados, ante la crisis que a su entender padecía la fiesta, reflejada sobre todo en la extensión de la corruptela del afeitado por aquel entonces, conside­ró oportuno tomar postura a favor de la plenitud del espectáculo taurino. Para ello, entendieron que lo mejor era reivindicar la pureza que ellos conocieron en sus años juveniles, en los que tuvieron la suerte de presenciar la competen­cia entre Joselito y Belmonte, en la que coincidieron ciencia, arte y toro. Así se explica en la propia historia de la peña taurina Los de José y Juan, creada en la capital del reino en 1951, cuyos socios debía cumplir inexorablemente el requisito de haber visto torear a Gallito y a Belmonte. No podía ser de otro modo, pues el objetivo primordial de la Peña era -y continúa siendo- el de rendir homenaje perpetuo a la memoria de aquellos dos diestros, por reputar­los, con toda propiedad, las máximas figuras de la historia del toreo.

Pronto se produjo un aluvión de solicitudes de ingreso, entre las que se contó la del mismo conde de Colombí, que fue nombrado vicepresidente de la peña en 1954, cargo en el que cesó en 1972 por causa del traslado de su residencia a Sevilla. También por aquellas fechas alcanzó la presidencia de la Federación Nacional de Asociaciones Taurinas. Así pues, el conde de Colombí fue durante largo tiempo una de las almas de aquella egregia reunión de viejos aficionados, que desde 1958 ha venido celebrando unos interesantísimos ciclos de conferencias, sucedidos anualmente de manera ininterrumpida, en los que prestigiosos oradores han disertado sobre las diversas vertientes de la fiesta (entre ellos, José María de Cossío, Gregorio Corrochano, Domingo Ortega, Antonio Díaz-Cañabate, Gerardo Diego, José Bergamín, Luis María Anson, Daniel Vázquez Díaz y el propio conde de Colombí). Los de José y Juan se convirtió pronto en santo y seña del taurinismo nacional, por más que despec­tivamente se tachara a la peña de bastión irreducible de que cualquier tiempo pasado fue mejor. En efecto, la originaria tertulia taurina, que no por ello dejó de reunirse periódicamente, alcanzó al poco tiempo de su constitución como peña el liderato de la afición nacional.

Todavía hoy día continúa su brillante andadura Los de José y Juan, aunque para lograr su supervivencia hubiera de adoptar en 1969 el acuerdo -traumático para algunos de los viejos peñistas- de suprimir el requisito de haber visto to­rear a Gallito y a Belmonte para el ingreso como socio. La perspectiva histórica revela el acierto de la decisión, pues de otra manera el inexorable transcurso del tiempo habría terminado por acabar con este valioso referente para la afición.

No es aventurado afirmar que el conde de Colombí fue un enamorado de la fiesta, un aficionado constante que no cesó durante su larga vida en la tarea de profundizar en el conocimiento de la tauromaquia, en suma, un apa­sionado amante del toreo. Por ende, no extraña que esa entusiasta afición lle­gara a contar, entre sus muchas vertientes, la del coleccionismo. Gracias a ello puede disfrutarse en Alcalá de Guadaíra de un magnífico elenco de pinturas, cerámicas, carteles y otros objetos de diversa condición relacionados con el to­reo. En ellos el visitante debe ver y apreciar ante todo, por encima de la calidad artística de las obras, el esforzado y paciente fruto de la pasión por la fiesta de un aficionado ejemplar.

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Ex-libris para Franco de Fonzo

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Ex-libris para Jesús Cardeñosa

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Ignacio Sánchez Mejías - Fotografía de Marin

 El intelectual y el toreo

En verdad la afición a los toros del conde de Colombí no puede desligarse de su época. Es un hecho incontestable que de dicho tiempo puede decirse con ab­soluta propiedad, con Ortega y Gasset, que por cierto era también aficionado, que «opínese lo que se quiera sobre aquel espectáculo, es un hecho de eviden­cia arrolladora que durante generaciones y generaciones fue, tal vez, esa fiesta la cosa que ha hecho más felices a mayor número de españoles». En efecto, la fiesta era en aquel entonces el espectáculo de masas por antonomasia de una sociedad eminentemente agraria, que asociaba indisolublemente los toros con los acontecimientos festivos más relevantes del calendario. No debe sorpren­der, por consiguiente, su profundo arraigo en el pueblo, como es elocuente muestra la secular tradición taurina de Alcalá de Guadaira puesta de relieve con anterioridad, ni considerarse exagerada la observación, del mismo Ortega y Gasset, de que no puede entenderse sin los toros la historia de España desde 1650, por más que hoy día, desde hace varias décadas, el fútbol haya reempla­zado a los toros en las preferencias lúdicas de los españoles.

A la vista de lo anterior no puede asombrar la inclinación hacia la fiesta nacional del conde de Colombí, sin perjuicio de ser digna de encomio la exce­lencia de su afición, pues nació, creció y maduró en un ambiente que la tenía -pudiera decirse- inoculada, como parte consustancial de la propia identidad popular. Quizá por ello llegara a afirmar categóricamente Pérez de Ayala que los toros no podían morir, porque entonces moriría España. En la misma línea, el propio lema de la peña Los de José y Juan reza todavía así: «Que no se pierda el toro, que toreros los habrá mientras exista un español».

En cambio, merece subrayarse de manera particular el espíritu curioso con que el conde de Colombí se acercó a la fiesta nacional, ansioso siempre de penetrar al máximo en la totalidad de sus ricas y variadas facetas. En efecto, el conde de Colombí, hombre al cabo de vasta cultura y fina sensibilidad artísti­ca, supo trascender del ruedo, sin desconocer nunca la importancia de lo que allí sucede, a otras muchas vertientes de la fiesta. Si en alguna ocasión dictó una conferencia con el expresivo título de «¿Hoy se torea mejor que nunca? ¿Y de la lidia qué?», que evoca su condición de viejo aficionado eternamente año­rante de la Edad de Oro del Toreo, también fue capaz de disertar en otro mo­mento sobre «La fiesta de los toros y el número cabalístico», que se antoja un arduo y complejo ejercicio literario. Igualmente hay que destacar de manera especial el hecho de que en 1954 fundara la Unión de Bibliófilos Taurinos, de la que fue verdadera alma mater, con la finalidad de rescatar ediciones agotadas de libros raros y antiguos sobre la fiesta, que por su interés merecían ser re­impresas, así como publicar trabajos de investigación realizados por expertos documentalistas sobre la génesis de la tauromaquia y su verdadera historia. En el amplio listado de títulos editados por esta asociación se encuentran algunos con notas introductorias realizadas por el conde de Colombí, quien además colaboró con asiduidad en la Gacetilla publicada por la propia Unión de Bibliófilos Taurinos, con interesantes trabajos preñados de erudición (por ejemplo, El Cardenal Cisneros y los toros o Notas de mi archivo: ¿Alanceó toros el Cid Campeador?). En fin, no puede obviarse que el conde de Colombí desarrolló también una ingente labor de recopilación de obras artísticas relacionadas con la tauromaquia.

La Edad del Oro del Toreo, así como el período inmediatamente posterior hasta la Guerra Civil (incluido, por tanto, el conocido como la Edad de Plata del Toreo, de 1920 a 1930, como lo bautizó Corrochano), significaron los mo­mentos de mayor aproximación de la intelectualidad española a la fiesta de los toros. De la estrecha vinculación entre la elite de las letras, el pensamiento y el arte, de un lado, y el mundo del toro, de otro, dan fe de manera particular infi­nidad de sucedidos. Valga como botón de muestra la frase que repetidamente dedicaba, como rendido admirador, Vallé-Inclán a Belmonte: «No te falta más que morir en la plaza, Juan», a lo que el Pasmo de Triana respondía respetuo­samente: «Se hará lo que se pueda, don Ramón».

Por encima de la nota anecdótica, cabe constatar que la nómina de litera­tos, artistas y pensadores de aquel tiempo que cantaron, escribieron, glosaron, discurrieron, pintaron, esculpieron o reflejaron de cualquier otro modo en sus obras la fiesta nacional es realmente abrumadora: García Lorca, Gerardo Diego, Alberti, Bergamín, Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Américo Castro, Pi­casso, Zuloaga y tantos otros. No hay duda, por ejemplo, de que una de elegías más bellas de la lengua castellana es precisamente el Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, de García Lorca. Los toros como expresión artística y al propio tiempo como parte consustancial del ser español: he ahí la dualidad que reflejaron estos hombres en sus obras, hasta el punto de llegar a sostener, en feliz expresión de García Lorca, que el toreo es probablemente la riqueza poética y vital mayor de España.

También el conde de Colombí fue, en su medida, un hombre de letras que se acercó a la fiesta para indagar más allá de lo acontecido en la plaza du­rante la lidia. En efecto, si se despoja de toda pretensión altisonante al término intelectual y se identifica sencillamente con la persona que usa la potencia de la inteligencia para adentrarse decididamente en el mundo del arte, en sus diversas manifestaciones, y del pensamiento, no puede sino convenirse que el conde de Colombí lo fue cabalmente. En particular, empleó todo el bagaje adquirido en su afanosa búsqueda de saberes en la comprensión y el entendi­miento del fenómeno de la tauromaquia como expresión artística y vital. En suma, el conde de Colombí mantuvo con el toreo una relación que no se limitó a la pasión del simple aficionado, sin desconocer que lo fue asimismo en grado superlativo. Al cabo, la fascinación por la fiesta nacional sentida a lo largo del tiempo por hombres y mujeres de honda formación humanística, que for­man verdadera legión, no puede causar sorpresa si se tiene en cuenta que, para quien quizá sea el más granado de ellos, Federico García Lorca, los toros son la fiesta más culta que hay en el mundo.

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Manolo y Pepe Mejías - "Bienvenida" (1925)

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Autor desconocido - Mazzantini. Brindis en la plaza, 1887 - Oleo sobre tabla. 30 x 25 cm

La obra representa el momento de lanzar la montera tras el brindis, previo a co­menzar la faena de muleta. El torero se encuentra cerca de las tablas y mira hacia los medios. Tanto el colorido como la factura del cuadro son de gran sobriedad, lo que aporta serenidad a la composición, en la que el matador es el protagonista absoluto, con notable atención al retrato.

 Las facciones del personaje y la cronología de la obra nos hacen pensar en que pu­diera tratarse de Luis Mazzantini, hijo de padre italiano y madre vasca, que nació en 1856. Tomó la alternativa en Sevilla el 13 de abril de 1884, con Frascuelo como padrino, lidiando al toro Costurero, de la ganadería de Adalid, y la confirmó en Madrid e129 de mayo del mismo año en presencia de Lagartijo. Fue considerado un torero «poco garboso» con el capote y la muleta, pero gran estoqueador y sobre todo sobrio y autoritario director de lidia; pero lo más llamativo de Mazzantini fue su personalidad: culto y de gran formación intelectual, con preocupaciones polí­ticas que le llevaron a ser concejal del Ayuntamiento de Madrid después de su ca­rrera taurina, hizo a la tauromaquia aportaciones tan importantes como el sorteo de las reses antes de la lidia, cuyo orden hasta entonces imponían los empresarios o los propios ganaderos.

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Autor desconocido - Alguacilillo, 1891 - Óleo sobre tela. 49 x 34 cm

El alguacilillo es uno de los personajes más pintorescos de cuantos participan en el desarrollo de la corrida de toros. Una pareja de ellos montada a caballo encabeza el «paseíllo» que da entrada a la plaza a los protagonistas de la lidia, representando lo que en siglos anteriores se denominaría «despeje de la plaza» y que tenía todo su sentido por desarrollarse el evento en un espacio público. Son representantes de la autoridad, personalizada durante la corrida en el presidente, en cuyo nombre entregan las llaves al encargado de abrir los toriles, transmiten las indicaciones necesarias a los participantes o entregan los trofeos a los matadores cuando se han hecho merecedores de ello. La vestimenta es propia de la época de Felipe IV.

Tal personaje es el protagonista absoluto de esta composición, resuelta en elegantes tonos plata, que junto a los notables contrastes confieren al cuadro una atractiva y serena luminosidad. No diremos que se trate de un retrato, pues la atención mayor del autor parece puesta en describir de manera preciosista la indumentaria, más que las propias facciones del individuo, que sin embargo sí que denotan claramen­te el carácter psicológico del momento. El alguacilillo está junto a la barrera en actitud de espera tras haber cumplido parte de sus funciones en el inicio del festejo, pero se trata de una espera tensa, con la preocupación reflejada en la atenta mirada hacia el lugar donde se está desarrollando la lidia, presto a intervenir en el instante en que fuese preciso.

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José Denis Belgrano Tienes que salir a la plaza, 1890 - Óleo sobre tabla. 32 x 51.5 cm

José Denis Belgrano (Málaga, 1844-1917) se entregó desde temprana edad a su vocación artística. Ya en 1862 marcha a estudiar a Roma, gracias a la ayuda de don Carlos Larios, marqués de Guadiaro. Fue profesor de la Escuela de Bellas Artes de Málaga, ciudad en cuyo museo se encuentra un buen número de sus obras. De estilo impresionista, sus cuadros presentan influencias de Fortuny, autor al que no conoció pero que siempre le interesó.

En estos parámetros estilísticos se desarrolla el cuadro que nos ocupa. Un picador ha sido probablemente derribado de su montura; en un patio anejo a la plaza, re­costado en un banco y a la sombra de una parra, le atiende una mujer que le ofrece algo de beber. Un alguacilillo le exhorta de forma expresiva a que vuelva a su tarea, mientras que en segundo plano un monosabio sujeta al caballo, que parece mante­ner la calma mejor que su jinete.

Todo ello está narrado con una pincelada suelta, que por momentos sólo esboza las formas, con predominio de las tonalidades doradas sobre las que destaca con fuerza la negra indumentaria del alguacil.

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Autor desconocido - Retrato de Francisco Montes « Paquiro», 1839 - Óleo sobre tela. 64 x 50 cm

La colección cuenta con un importante apartado de retratos de notable interés. Si entre ellos destacamos algunos como éste es, además de por su propia calidad, porque presenta una característica que se da con alguna frecuencia en este legado, la factura de la obra debida a dos manos distintas y por razones que no siempre son coincidentes. En este caso, resulta evidente que la cabeza del personaje está tratada con una pincelada suave y fundida, en una gama cromática breve y matizada, de manera que lo material no resta atención a los rasgos. Mientras que la indumenta­ria está resuelta de manera radicalmente distinta, con pincelada larga y empastada, escasa valoración cromática e intención de que en algunos sitios sea el propio relie­ve de la pintura depositada el que dibuje los adornos del traje. Aunque la intención del autor, desconocido en este caso, hubiese sido emplear este recurso para centrar toda la atención en el rostro, entendemos que la diferencia de estilos es excesiva y sin transición alguna como para tratarse de una misma mano.

Aunque no aparece en el cuadro ningún título o mención a la identidad del perso­naje, el parecido nos induce a pensar que pudiera tratarse de un retrato de Fran­cisco Montes «Paquiro», torero nacido en Chiclana de la Frontera (Cádiz) en 1804, discípulo favorito de Pedro Romero, fallecido en abril de 1851 por unas fiebres consecuencia de una cornada. Fue uno de los grandes lidiadores de la historia del toreo, dominador de todas las suertes y situaciones dentro y fuera de la plaza, que a decir de los entendidos podía ser «por momentos autoritario y sobrio como los rondeños o barroco y luminoso como los sevillanos».

Esta personalidad puede quedar perfectamente reflejada en la pintura, en la que la luminosidad del rostro centra toda nuestra atención para encontrarnos con la mirada, firme y decidida, fija en la nuestra, del retratado, cuya sobriedad queda remarcada por el fuerte contraste con la oscuridad del fondo.

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García Ramos (atribuido) Mujer torera, 1880-1890 - óleo sobre lienzo. 52 x 37 cm

Estamos ante una de las pinturas más interesantes de la colección, tanto por su evidente calidad como por su posible autoría, puesto que al ser restaurada apareció de manera bastante legible la firma de García Ramos.Tanto la belleza en el colori­do como la excelente resolución de algunas partes nos inclinan a pensar en que la obra está realizada por un artista de primera fila, como pudiera ser el propio pintor sevillano, si bien cierta ligereza en la manera de solucionar otras zonas nos hace dudar o pensar en una etapa inicial, en absoluto de madurez, del propio autor. No obstante la aclaración de esta atribución debe ser resuelta por especialistas en esta figura, mientras nosotros nos limitaremos a tratar el cuadro como parte, en todo caso destacada, de este legado de Colombí.

Se trata de una obra costumbrista, lenguaje en el que lucieron de manera extraor­dinaria autores sevillanos como el propio José García Ramos o Jiménez Aranda. Se representa a una mujer ataviada de torera, con chaquetilla corta, amplia faja a la cintura de color rojo al igual que el corbatín, sombrero al estilo bandolero y capote recogido sobre el brazo. Coincide que la figura femenina es con frecuencia prota­gonista de las composiciones de García Ramos, ya sea en escenas de fiestas de cante y baile, en ambientes taurinos o en asuntos más cotidianos.

La retratada bien pudiera ser la torera Marta Martina, conocida como «La Marti­ta», cuya alternativa como espada se produce en 1845, vestida a la manera francesa, según la describe Cossío. El escritor Antonio García Ramos, hermano del pintor, recoge en su libro «20 temas taurinos» palabras elogiosas que le dedicara Curro Cúchares al decirle «Martina, si lo que te sobra de valentía lo tuvieras de conocimiento de las reses serías tanto como yo».

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Salvador Viniegra - Mujer torera, 1885 - Óleo sobre lienzo. 51 x 33 cm

Salvador Viniegra y Lasso de la Vega nació en Cádiz e123 de noviembre de 1862. Inició estudios en Derecho, pero pronto se dedicó a su verdadera vocación, ingre­sando en la Escuela de Bellas Artes de Cádiz. En 1890 marchó a Roma con una beca para completar sus estudios. Algunas de sus obras fueron muy reproducidas, por lo que se convirtió en un artista muy popular y conocido en diversos países europeos.

Pero no sólo su trayectoria creativa es destacable, también su diversidad de facetas como persona especialmente culta y de gran formación en las artes en general. Fue director y conservador del Museo del Prado durante casi una década y en la última etapa de su vida realizó una importante labor como mecenas, especialmente de músicos, siendo él mismo un gran violonchelista, en la que colaboró con autores como Manuel de Falla. Murió en Madrid en 1915, dejando cuadros en colecciones como la del propio Museo del Prado, el Bellas Artes de Málaga o el de su Cádiz natal.

Centrándonos en su pintura debemos decir que utilizó con éxito diversas técnicas además del óleo, como la acuarela o el grabado. Destacó especialmente por sus obras de temática histórica y sus retratos; ambos caminos conducen a una manera de hacer muy descriptiva y preciosista, con gusto por el detalle, con un cuidado dibujo y una gran riqueza cromática. Todo ello se plasma de modo evidente en este cuadro, que representa a una mujer ataviada con indumentaria taurina y con un capote descansando sobre el brazo.

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Martinez de León - Alegoria taurina, c. 1918 - Pluma y tinta china sobre papel - Triptico de 58 x 99 cm en total 

Extraordinario dibujante, periodista gráfico y cronista de toda una época, Andrés Martínez de León nació en Coria del Río (Sevilla) e15 de abril de 1895. Realizó es­tudios en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, en la que desde muy temprana edad destacó por su capacidad para un dibujo nervioso y ágil, de gran expresividad, caracterizado por la economía de trazos. Comenzó su andadura en el mundo de la prensa escrita colaborando con El Noticiero Sevillano, invitado por su primer descubridor, don Juan Carretero Luca de Tena, entonces director de este diario. En pocos años trabajaba también para los periódicos madrileños El sol y La voz, así como para las revistas La esfera y Blanco y Negro.

Hacia 1920 creó el que fue su personaje más emblemático, « Oselito»,fina y genial encarnación del carácter y el pensamiento andaluz, a través de cuya mirada y sen­tencias realizó una aguda y divertida crónica de la España de la época. En la década de los treinta del siglo pasado se constituyó en dibujante fundamental del mundo del toro, publicando varios libros sobre este tema. Falleció en 1978.

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Autor desconocido Retrato de torero, c. 1840 - Óleo sobre lienzo. 62 x 47 cm

El retratado es un personaje, en principio sin identificar, vestido de torero. Si bien es éste uno de los casos de «repintes» que con alguna frecuencia se dan en la colec­ción, de tal manera que, al realizar la limpieza del cuadro, se apreciaba claramente que parte del pelo y las patillas eran producto de una pintura posterior, así como el cuello de la camisa, la corbata y la parte superior del traje de luces dejaban a la vista lo que parecía un alzacuello y un traje eclesiástico, por lo que podemos suponer que inicialmente se trataba del retrato de un sacerdote «reconvertido» a torero.

En cualquier caso, el análisis plástico de la obra nos indica un gran interés del autor por situarnos ante la psicología del retratado. El fondo oscuro envuelve el traje, mientras que la luz, que entra desde la izquierda del cuadro, ilumina de forma destacada el rostro, de piel muy blanca y rasgos finos. La mirada, severa y serena, se enfrentó un día a la del pintor y lo hace hoy a la del espectador, quien a través de ella podrá tratar de averiguar la vida que subyace tras esa expresión.

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Autor desconocido Cantando en la venta, 1850 - Óleo sobre lienzo. 82 x 61’5 cm

Obra de marcado carácter costumbrista, algo ingenua en la resolución pero primorosa en el cuido de detalles y en la elegancia del colorido.

La composición está probablemente basada en una litografía de Manuel Cabral Bejarano, de la colección «Costumbres andaluzas». Se representa una escena en el interior de una taberna en la que el único personaje femenino parece estar cantan­do, acompañada a la guitarra por un personaje vestido de picador, mientras otro ataviado de torero escucha embelesado y un tabernero, que está sirviendo unas copas de vino, parece haberse detenido para atender al cante; a excepción de este último, todos están sentados en torno a una mesa. La estancia está en penumbra; la única luz entra por un gran ventanal que da a un patio o plaza porticada.

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El quite, 1880 - Óleo sobre lienzo. 24 x 35 cm

Con un lenguaje claramente impresionista, el autor ha logrado captar un momen­to de dramatismo y gran revuelo en el transcurso de la lidia. El picador y su caballo, en plena suerte de varas, han sido derribados por el toro y al instante tres toreros ya se encuentran intentando el «quite», moviendo en círculo los capotes e incluso tirando del rabo del astado, para evitar que pueda cornear y hacer más daño a las víctimas. No se detiene la pincelada en ningún detalle ni en perfilar ningún rasgo; todo el interés del artista se centra en el conjunto, en el ambiente de la plaza y en transmitirnos el dinamismo, la urgencia y la respiración contenida que el momen­to significa.

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Francisco Navas Linares En peligro, 1880 - Óleo sobre cartón. 33 x 50 cm

La escena representa el momento en que el picador, en el suelo, se encuentra cara a cara con el toro tras haber sido derribado de su montura por la fuerza del astado. La pronta intervención de los subalternos que salen al quite parece a punto de atajar el momento de peligro.

El autor ha situado al grupo de personajes en la zona de sombra de la plaza, des­tacándolos en suave contraluz sobre la parte de sol; uno de los toreros, situado justo en el centro, es el único que recibe la luz directa y su traje refulge, por lo que se convierte en eje de una composición horizontal, de notable simetría, en la que el movimiento del toro al embestir y del caballo que huye parece reforzar la línea curva que separa la zona iluminada de la sombra. El colorido, basado en una sobria paleta de tierras y carmines, es de gran elegancia.

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Autor desconocido - Retrato del torero Rafael Pérez de Guzmán «el Bueno», 1830-1835 - Óleo sobre lienzo. 73 x 55 cm

Cierto es que este cuadro posiblemente no destaca por sus virtudes artísticas, pero sí es de interés por los sabrosos apuntes biográficos del personaje retratado. Rafael Pérez de Guzmán, apodado «el Bueno», vivió en el primer tercio del siglo XIX. En la obra aparece representado de perfil, con el rostro sereno y cierta melancolía en la mirada. La escasa materia pictórica con que el cuadro está realizado deja entrever el soporte en algunas zonas. El colorido está casi ausente, resolviéndose entre ma­rrones y negros, lo que no deja de dar un cierto halo de misterio al resultado.

El personaje nació en Córdoba en 1802 en el seno de una familia burguesa, los condes de Villamanrique del Tajo. Inició la carrera militar, con destino en el Regi­miento de Caballería de sede en Sevilla. Desde temprana edad se sintió inclinado por todo lo relacionado con el mundo del folclore en general y del toro en parti­cular; participaba en tientas y decidió ingresar en la Escuela Taurina que dirigía Pedro Romero, abandonando definitivamente el ejército. El 29 de mayo de 1831, encontrándose en la plaza de Aranjuez, «Paquiro» solicitó permiso para cederle a Rafael la muerte de uno de sus toros, llamado «Gascón», cosa que realizó de una celebrada estocada en la suerte de «recibir». Pocos días después hizo lo mismo con otro astado, «Serrano» se llamaba este; en el momento de armar la espada se le cayó la muleta, no queriendo agacharse a cogerla sacó un pequeño pañuelo que llevaba y ayudándose de él entró a matar. Tomó la alternativa en Madrid en ese mismo año de 1831.

El 23 de abril de 1838 se dirigía a la capital para una corrida en la que compartía cartel con «Paquiro» y «Rigores». A la altura de Guadalajara fue asaltado por un grupo de bandoleros y de resultas de la refriega que se originó perdió la vida. Sus compañeros de aquella tarde entregaron a la viuda los mil reales que le hubieran correspondido por su parte de la lidia. Sus restos yacen en el Monasterio de San Isidoro del Campo, de la localidad sevillana de Santiponce.

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Autor desconocido - Pelando la pava, 1850 - Óleo sobre tabla. 23 x 18 cm

 Esta obra pertenece a una sección dentro de la Colección Colombí que podríamos denominar «escenas goyescas o de fiesta». Tienen en común estos cuadros su ca­rácter claramente costumbrista, junto a cierta ligereza en la realización pero una gracia notable en las composiciones, en las escenas que describe, en la luminosidad de los colores o en la atención a los detalles.

En este caso se trata de una escena que llamaríamos «de galanteo». Un mozo ata­viado con traje corto campero está rondando a una joven que le escucha sentada en silla sevillana, con un jardín como fondo, tocada con un mantón y adornándose el pelo con flores. El caballo del pretendiente es el único testigo de la conversación.

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Toro con banderillas, 1923 - Óleo sobre cartón. 26 x 41 cm

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Toro con estocada, 1923 - Óleo sobre cartón. 26 x 41,2 cm

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Toro con estocada II, 1923 - Óleo sobre cartón entelado. 26,3 x 40,8 cm

Julián Alcaraz

Este pintor nació en Murcia en julio de 1876 y vivió hasta 1952. Se especializó abso­lutamente en la temática taurina, en coherencia con su gran afición por las corridas de toros. Con diecisiete años pintó su primer cartel dedicado a esta fiesta, con el que se anunció la temporada de Sevilla de 1893. Posteriormente realizó otros para las ferias de San Sebastián, Pamplona, Bilbao y Murcia.

Su pintura alcanzó un gran dominio técnico y dibujístico, admirado por otros ar­tistas coetáneos como el escultor Benlliure, a quien resultaba especialmente llama­tivo que Alcaraz acostumbraba a modelar en arcilla la figura del toro para mejor estudiarlo antes de pintarlo.

Este conjunto de cuadros, de los que la colección incluye algunos más, presenta al toro como único protagonista, en el campo o en distintos momentos de la lidia. El estudio anatómico del animal es en todos los casos excelente, con observación de las características que pueden diferenciar a un ejemplar de otro e incluso a una ganadería de las demás.

Para Julián Alcaraz el toro es el dominador absoluto del ruedo, difícil de doblegar aún cuando ya ha sido estoqueado. Refleja su poderío, fuerza y bravura mediante el dinamismo de la pincelada, el encuadre o la utilización del color.

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Autor desconocido - Reses cruzando el río, 1850 - Óleo sobre lienzo. 58 x 103 cm

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J.J.M - Reses a las puertas del Castillo, 1853 - Óleo sobre lienzo. 76 x 100 cm

Si en algo ha destacado Alcalá de Guadaíra en el mundo de la pintura ha sido en la representación plástica de los paisajes. Por ello no podemos dejar de traer a esta selección alguna muestra de un grupo de obras de la colección que denominaría­mos «Paisajes con toros».

Hemos elegido para ello estas dos hermosas panorámicas de carácter bucólico, evo­cadoras de una imagen romántica, más ideal que real, de la vida cotidiana. Entre luces anaranjadas, indicadoras de las primeras o postreras horas de sol, un grupo de personajes lleva a cabo su labor con el ganado, en una sensación de absoluta paz y armonía, en el marco de entornos bellísimos. La presencia de esos personajes nos ofrece la escala espacial, al tiempo que nos transmite la idea de paisajes vivos, en los que casi podemos oír los sonidos emitidos por los animales, el chapoteo en el agua o las voces de los pastores.

Ambas pinturas están resueltas en un lenguaje naturalista, con una escala cromáti­ca sobria y que ayuda a crear la sensación de armonía que el conjunto nos ofrece.

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Retrato con traje de luces, 1890 - Óleo sobre lienzo. 61,2 x 50 cm

Probablemente estemos ante uno de los mejores retratos que ofrece la colección; no en vano está realizado por un notable especialista en esta materia, el italiano Edgar Saporetti. Nació en 1865 y falleció en 1909. Realizó estudios en Roma, tras­ladándose posteriormente a Florencia donde obtuvo cátedra en la Academia de Bellas Artes. Cultivó principalmente el género del retrato, en el que alcanzó gran prestigio, de lo que dan fe las numerosas obras suyas que se conservan en museos italianos así como en colecciones privadas.

No hemos podido identificar al torero retratado en este caso, siendo significativos sus rasgos juveniles, que podríamos considerar cercanos a los de la etnia gitana o tal vez hispanoamericana. Tanto la pincelada, suelta y matérica, cuanto el dibujo, están manejados con gran maestría y dominio. El personaje está situado de «tres cuartos», aunque gira la cabeza y la mirada hacia el espectador. La elección del co­lor de fondo hace que predomine la entonación dorada en todo el cuadro, sólo rota por el negro de la montera, de la corbata y de los ojos del torero, que conforman el eje central de la composición. Si bien el retrato está trabajado de manera natu­ralista, la indumentaria tiene cierta concepción impresionista. La suavidad de los rasgos y la profundidad de la mirada tiñen la obra de un sereno misterio.


                                Catálogo

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La difusión de este catálogo la he llevado a cabo en aras de la defensa de la Fiesta de los Toros, al mismo tiempo quiero expresar mi mas sincera felicitación y agradecimiento al Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra del cual el máximo representante es su Alcalde Antonio Gutierrez Limones y la actual Diputada de Cultura de la Excelentisima Diputación de Sevilla doña Guillermina Navarro Peco, que cuando tuvo la reponsabilidad de la Delegación de Cultura en el citado Municipio consiguio rescatar todo el Patrimonio y riqueza que contiene la Colección del Conde Colombí.

Esta Exposición ha sido un acto importante por lo que significa nuestra Cultura Taurina, y mas aún en los momentos en que se encuentra nuestra Fiesta de los Toros.   

FRANCISCO VEGA DE LOS REYES “CURRO PUYA”

FRANCISCO VEGA DE LOS REYES “CURRO PUYA”

Este libro de Francisco Vega de Los Reyes "Curro Puya" para los trianeros fue presentado en el Salón de Carteles de la Real Maestranza de Caballería con gran asistencia de público y Medios de Comunicación.

Al mismo le acompañé un DVD inédito con imágenes del torero en la Real Maestranza en el año de 1929

IMÁGENES 

 Las imágenes corresponden a los rollos de películas familiares de los conocidos como Pathé Baby de 9.5 mm. Películas que dejaron de fabricarse hacia 1950 por lo que cualquier rollo de este tipo posee un mínimo de 55 años. Las imágenes taurinas proceden de esta colección (rollo nº 11)

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INDICE                                        

PROLOGO

SILENCIO

INTRODUCCIÓN

TRIANA Y SEVILLA

INICIO DE SU CARRERA

LA ALTERNATIVA

CONFIRMACIÓN DE LA ALTERNATIVA

ANÉCDOTAS     

EL FATAL DESENLACE

DETALLE DE LA CORRIDA

LA COGIDA

MOMENTOS DE LA COGIDA

EL TORO FANDANGUERO

 EN LA ENFERMERÍA

EN EL SANATORIO DEL DOCTOR CRESPO

POBRE GITANILLO

A LA MUERTE DE GITANILLO                      

EL TESTAMENTO

EL FUNERAL

HABLANDO CON HEREDIA, EL AYUDANTE

CUSTODIA ROMERO

HERMANDAD DE LOS GITANOS

LA ESTRELLA DE LUTO

EL CACHORRO

CURRO MELOJA

EN MÉXICO

CORRIDAS TOREADAS EN SEVILLA

LA DINASTÍA

RAFAEL VEGA DE LOS REYES.

JOSÉ VEGA DE LOS REYES

 FRANCISCO MORENO VEGA

COINCIDENCIAS HISTÓRICAS

EPILOGO

AGRADECIMIENTOS

 

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La Fiesta de la Tauromaquia y nuestra ciudad han caminado cogidas de la mano a lo largo de nuestra historia, siendo Sevilla el germen y origen de un toreo diferenciado, hasta el punto de crear una escuela dotada de una estética especial, caracterizando al toreo sevillano.

 Rescatar todo lo concerniente a la vida de nuestra ciudad, que en definitiva es rescatar nuestra memoria histórica, es un hecho de vital importancia para dar a conocer parte de nuestra historia, en este caso, la de un torero trianero, que alcanzó la fama, elevando el nombre de la ciudad que lo vio nacer, universalizándola.

El Gobierno de Sevilla trabaja en apoyo de la investigación y divulgación de todo el legado histórico que nuestra ciudad posee, en todas sus facetas. Por eso nos satisface poder contribuir a destacar el papel fundamental que ha jugado Sevilla en la historia de la tauromaquia, en este caso con la enorme figura de Francisco Vega de los Reyes, “Gitanillo de Triana”, para los trianeros siempre llamado “Curro Puya”.

Para finalizar quiero dar la enhorabuena al autor y amigo José Manuel  López Mohiño por el esfuerzo realizado, cuyo excelente resultado recoge de forma ordenada y amena una pequeña parte importante de la historia de Sevilla en los años veinte, y que sirve para que ampliemos nuestros conocimientos del ser y estar sevillanos.

Un cordial saludo a todos y a todas.

                                             Alfredo Sánchez Monteseirín

                                             Alcalde de Sevilla.


PRÓLOGO 

El toreo trianero, al igual que en el cante, se ha distinguido siempre por tener un sello único y especial; de aquellos corrales y patios, de aquella Triana del barro de los alfares y cantes junto a la fragua, entre el Puerto Camaronero y la dehesa de Tablada, salieron toreros que han escrito su nombre con letras de oro en el libro de la tauromaquia.

Ya en el siglo XIX, el diestro Antonio Montes, sacristán de la Iglesia de Santa Ana, fijó los primeros cánones de la tauromaquia característica de esta orilla. Este torero trianero, que según cuentan toreaba con una quietud asombrosa para aquella época, influiría de manera decisiva sobre Juan Belmonte “El Pasmo de Triana” que dijo en cierta ocasión que para torear bien no hacían falta los pies porque "se torea con el alma", introduciría tres componentes que cambiarían la concepción estética del torero: Adelanta la pierna, hunde el mentón y saca el pecho.  A partir de entonces, el toreo artista siempre irá acompañado de estas características; por tanto, lo revolucionario de su toreo acabaría convirtiéndose en clásico.

Francisco Vega de los Reyes, Curro Puya, popularizaría también el apodo de Gitanillo de Triana después de que en un tentadero dejara fascinado al rejoneador Antonio Cañero e inspira a Juan Belmonte a que dijera aquella frase sentenciosa: "He visto torear a un gitanillo de Triana..."

 Pero tanto Curro Puya como Cagancho, fueron más que dos continuadores de la Escuela Belmontina. Con ellos nacerá ese toreo puro, que pellizca el corazón, que hace llorar y parte camisas... Los dos serán la fuente donde después beberían, entre otros, dos genios, dos intérpretes inigualables del toreo: Curro Romero y Rafael de Paula.

Si Cagancho estiliza el toreo heredado de Belmonte, Curro Puya ahonda en él, llegando a torear con el capote con mayor lentitud y con las manos aún más bajas. Ahí radica la enorme importancia de Curro Puya, ya que marca un antes y un después en el toreo a la verónica.

Su verónica era lenta, suave y de una indescriptible belleza. Mecía el capote en lances inacabables, como si se estuviera mirando en el reflejo de un Guadalquivir encantado. Toreaba con una desmayada cadencia, con el capote lánguido, embrujado por duendes caprichosos.

La foto que se conserva toreando al toro "Como Tú" de la ganadería de San Mateo, es un auténtico monumento al toreo de capa. Sólo los escogidos por el ángel de la gracia han podido torear con la profundidad y la hondura de Curro Puya.

El autor de este libro, José Manuel López Mohíño es un hombre de una admirable sencillez y profunda humanidad. Además de articulista y conferenciante, es un apasionado y estudioso del flamenco y gran amante de la orilla que le vio nacer y crecer; es un hombre que se entrega desmedidamente a los demás, y ésta actitud se ve reflejada en estas páginas. Al igual que ya hiciera en su anterior libro, titulado Toda la verdad sobre Anita Sevilla, el autor rescata a un nuevo personaje para que su vida y sus fotografías no se queden en las páginas sepias del olvido. De esta manera, va haciendo un recorrido por la vida de este torero trianero: desde los inicios de su carrera y la alternativa -de manos de otro genio, Rafael El Gallo- hasta la trágica tarde en Madrid y el multitudinario entierro.

El libro termina con unas curiosas coincidencias históricas y con los toreros que entroncan con esta rama pura y juncal, con todos los que forman parte de la dinastía que empezara este sumo pontífice del toreo a la verónica.

Se trata, pues, de un libro muy documentado y enriquecido con numerosas fotografías y crónicas de la época. Hay que resaltar la magnífica portada del pintor Antonio Badía y el DVD que se incluye, con momentos de una memorable actuación en Sevilla. Todavía, antiguos aficionados, recuerdan el toreo eterno de algunas de sus inolvidables tardes en las que fue traído, cruzando el Puente de Triana y la Plaza del Altozano, hasta su misma casa, junto al corral de Villatroya. Se cumple en centenario de un excepcional torero, Curro I de Triana, el que toreaba como otros soñaban torear, príncipe y alfarero del toreo majestuoso en tardes de gloria en el Arenal... 

Los lances de tu capote

han dormido a la Giralda

y han hecho llorar al río

por seguiriyas gitanas.

 

Curro Puya, Gitanillo,

con su traje de oro y grana

hoy se anuncia en los carteles

de la Real Maestranza.


Ya se inició el paseíllo

y hay un silencio en la Plaza...

Los chiqueros se han abierto,

 el toro al albero salta,

y Curro -cristal y bronce-

con sus muñecas quebradas,

va dando ritmo y cadencia

 a verónicas templadas,

igual que se templa el hierro

con el compás de la fragua.


Revuelan las golondrinas,

las seis el reloj marcaba...

 ¡pero el reloj se ha parado

y las manillas no avanzan!

 

Tu primo, Joaquín "Cagancho",

con un pellizco en el alma,

se emociona en la barrera

 mientras Manuel Torre canta...

Y tú, Vega de los Reyes,

Gitanillo de Triana,

 Curro Puya, ángel torero,

con el bronce de tus palmas

le das caricias al viento

 con el duende de tu raza,

el toro va hipnotizado

en los vuelos de tu capa.

 

Por los corrales y patios

ya repican las campanas

con ecos de cante gran

 ¡Que está de fiesta Santa Ana!

 

Del Puente hasta Villatroya,

y en las calles de la Cava,

van bailando los gitanos

con sus camisas rasgadas...

 

¿Qué tienes tú, Curro Puya,

que hasta el corazón se para,

y haces detener al tiempo,

y pones de pie a la Plaza?

¿Qué tienes? Dime ¿Qué tienes?

Dime el secreto que guardas,

que has hecho llorar al río

por seguiriyas gitanas

y soñando con tus lances

se ha dormido la Giralda...

 

                      Rafael Peralta Revuelta

 

                                  SILENCIO

                                  Que triste tarde aquella

                                  que te cogió Fandanguero

                                  está de luto Triana

                                  se quedó sin el requiebro

                                  de la gracia del toreo.

                                  Triana lloró de pena

                                  la Cava quedó callada

                                  Triana  en silencio

                                  llorando la muerte

                                  de un gitano torero.

 

                                  Doblan, tañen las campanas

                                  Sant´Ana toca a duelo

                                  la Plazuela está callada

                                  por la muerte de un torero.

                                 Te fuiste al alto cielo

                                 por culpa, por la culpita

                                 de un torito negro

                                 negrito como la pena

                                 que triste tarde aquella

                                 que te cogió Fandanguero

 

                                 La Estrella  enlutada

                                 llorando está de pena

                                 al no hacer el paseíllo

                                 un torero de la Cava

                                 de nombre Gitanillo.

                             ¡Si! Gitanillo de Triana

                                 que un día le pusieron

                                 ya no esta con nosotros

                                 está toreándole a Dios

                                 en los altísimos cielos.


                                             José Manuel López Mohiño

 

INTRODUCCIÓN

El día 23 de Septiembre del año de 2003, se cumplieron cien años del nacimiento de  “Curro Puya”, si bien algunos cronistas de la época dan como fecha de su nacimiento el 23 de Diciembre del año 1904, no obstante damos como valida la que aparece en el epitafio de su panteón. “Curro Puya” fue el apodo  con  el  que  se  conoció a Francisco Vega de los Reyes, en su barrio de Triana  para  después  romper  artísticamente  con  el  seudónimo  de “Gitanillo de Triana”. Pienso que es de justicia un reconocimiento público, por muchas razones, una de ellas, la más importante, al menos para mí, que no quede en el  olvido  un torero trianero que fue el precursor de una dinastía, y algo fundamental, que al morir muy joven no quede perdida su memoria en los caminos del tiempo todo el arte que atesoraba, y lo que representó en nuestra reciente historia del toreo.

Su personal estilo de torear fue algo inimitable, gran personalidad y enjundia la de su toreo. Torero carismático, hondo y profundo, cautivó a la afición durante su corta carrera artística. Castigado por los toros, no fue un torero de suerte, se ensimismaba con el toreo; estaba más en su genial creación que en la lidia, es aquí donde estriba la diferencia, sin lugar a dudas fue un torero de arte, no un lidiador, esto ocasionó que en la desgraciada tarde madrileña del 31 de Mayo de 1931, el toro de nombre Fandanguero, de la ganadería de don Graciliano Pérez –Tabernero acabara con su vida en plena juventud.       

Para honrar su memoria, trataré de narrar todo lo que ha caído en mis manos acerca de su persona, al mismo tiempo que podremos contemplar, gracia a los medios técnicos de nuestros días, unas imágenes rescatadas de los años veinte, con las cuales  comprobaremos su toreo y el ambiente que reinaba en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla en aquella época.    

Detalles históricos ya en el recuerdo, pero de una gran importancia por lo que significó este gitanito de Triana en el mundo del toreo; momentos fatales y espeluznantes de los momentos de la cogida y el sufrimiento padecido posteriormente a ella. Su funeral significó una noticia de gran relevancia que conmovió a toda la sociedad de su tiempo, en una época de grandes convulsiones sociales por los que pasó nuestro país con el advenimiento de la segunda República.

Anécdotas que caracterizaron siempre al mundo del toro y muy en especial a un torero genial como fue Rafael el Gallo en los instantes de su alternativa.

Detalle de la critica de las corridas que toreo en su Sevilla natal demostrando la importancia que jugó su persona en el mundo del toro de aquellos tiempos, poniendo de manifiesto que llegó a ser una gran figura del toreo.

Tengo que agradecer a todos aquellos que han acogido esta idea con gran ilusión, en especial a toda su familia, y en particular a su sobrino Francisco Moreno Vega “Curro Puya” en la actualidad profesor de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla y a la Peña Trianera rincón emblemático de una Triana legendaria ya ida, cumplirá esta institución sus setenta y cinco años el próximo año dos mil siete, representada por su presidente Manuel Pérez Luque, siendo el paradero de los toreros trianeros, donde se han llevado a cabo dos jornadas participando la critica taurina, escritores y un  poeta joven de la más honda estirpe torera como es Rafael Peralta Revuelta  autor del prologo de este libro.

                                                                                El autor   

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                            Detalle de la tumba de Curro Puya donde aparece su fecha de

                                          nacimiento  Sevilla, 23 de septiembre de 1903

 TRIANA Y SEVILLA

 

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                                           Entrando en Triana

Triana, el barrio que vio nacer a Curro Puya y Sevilla a principios de un siglo que se iba a caracterizar en su discurrir por los grandes cambios experimentados, era una ciudad en la decadencia de pasados esplendores, contando en 1900 con un padrón municipal de 148.000 habitantes que experimentó un crecimiento notable  a medida que iban avanzando sus primeras décadas llegando a alcanzar los 200.000. Calles y plazas solitarias donde los niños jugaban sin temor alguno a un transito rodado inexistente, se jugaba al toro, se trataba a imitar a sus grandes figuras todas oriundas de un estrato social  generalizado como era la pobreza reinante. Opulencia y miseria sin la existencia de una clase social media que pudiera amortiguar el contraste existente dando lugar a un enfrentamiento social inevitable. Decía nuestro prestigioso Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales y Medalla de Oro de Sevilla, don Antonio Domínguez Ortiz que –Sevilla era una Casa de Tócame Roque en la que, como decía un castizo, “no comemos pero no reímos la mar” y era verdad: reinaba el buen humor-. Tabernas y barberías eran lugar de reuniones, como así las puertas de los corrales y casas de vecindad donde se formaban animadas tertulias que ocultaban dolores hondos, penurias y quejas, reivindicaciones necesarias para salir de una miseria galopante.

La Sevilla provinciana y Triana el viejo arrabal, donde en especial el habita eran los corrales y casas de vecindad, luchaba denodadamente para encontrar soluciones que le dieran una respuesta al hambre, determinó un comportamiento especifico ya que  Triana  desde  su configuración como núcleo poblacional fue un caso atípico en relación  con  el comportamiento del resto de la ciudad;  hasta  tal punto, que desde la otra orilla del río el venir a Triana se consideraba una odisea, debido  a  su  mala  fama, donde  se creía que las reyertas  eran  continuas  y  los  navajazos  estaban  a la  orden  del  día.

¡Cierto que se dieron en ocasiones! pero de esto  a  que sus gentes, fueran  gentes  del mal vivir, va   un  abismo. No dudamos que estas  manifestaciones se dieran más  que en otro lugar, pero generalizar y decir que todos lo vecinos fueran unos díscolos y bravucones es una exageración,  ¡Tal vez haya obedecido a unos intereses  muy concretos  de la  clase  dominante de la época!  Éste sambenito lo  ha llevado  a cuestas  el barrio durante  muchos años.

Para analizar las circunstancias que motivaron estas expresiones diferenciadas, no tendremos más remedio que entrar en la observación del porqué de un carácter y muy en particular en mundo artístico y en especial en el toreo, donde Curro Puya aportó un estilo muy personal estableciendo unas formas y modos distintos, siendo el resultado de los comportamientos ancestrales de los trianeros.

Aunque sea brevemente,  para tal fin  tendremos que remitirnos a los antecedentes históricos, que sirvieron de base y en donde las circunstancias  socioeconómicas y políticas jugaron  un  papel determinante a la hora de forjar un pensamiento y una forma de ser.

Triana estuvo sometida a un natural aislamiento geográfico, donde el río fue el principal protagonista. Este aislamiento forzoso se vio amortiguado al ser una zona de gran riqueza agrícola y el lugar de paso de toda la zona del Aljarafe, comarca de feraces tierras que  jugaron un papel de importancia a  la hora de abastecer a la ciudad.

La llegada de los gitanos ubicándose definitivamente en el barrio, aportaron  una nueva mezcla  al mestizaje nacido en esta margen derecha del río y a extramuros de la ciudad, dotando a Triana de un orientalismo del que Curro Puya fue un heredero al ser descendiente de aquellos clanes, dotando a su toreo de una sensualidad proporcionando el deleite de los sentidos, creando la estética y la belleza por él trasmitida naciendo en consecuencia un toreo distinto y diferente: el toreo de los gitanos trianeros.

El carácter  del  trianero es fruto del mestizaje que surgió de las culturas llegadas, un barrio  en  el que  nadie se sentía  forastero, Triana fue, ha sido y es un barrio de alubión siendo Francisco Vega de los Reyes un fiel exponente, en este caso en el toreo, del resultado de todos estos avatares históricos que se dieron en el barrio que lo vio nacer.

La configuración  del estrato social de Triana siempre fue bajo, donde sus corrales habitados por gentes de la más humilde condición forjaron un pensamiento bien diferenciado.

Triana al estar sometida al aislamiento natural, no se contaminó de las expresiones y  comportamientos de  la  ciudad, crea su propio léxico y su propia fonética, aparte de que el río vuelve a  ser el protagonista, no  sólo ya  por  ser  una barrera separadora, sino por las anegadas que traía puntualmente  todos los años, estando este núcleo poblacional  supeditado al azote que estas ocasionaban, naciendo de todo este cúmulo de circunstancias  una filosofía  en la manera de pensar,  esto  unido  a la configuración de su caserío: casas bajas a lo más de dos plantas y  en su mayoría corrales y patios  de  vecindad, toda  la  vida se realizaba en la calle, al aire libre, con la cual las relaciones humanas  y la solidaridad era una constante  auspiciada por las carencias existentes, de aquí que Curro Puya fuera un torero solidario con las gentes de su barrio a las cuales a muchas de ellas ayudó a parte de su familia.

INICIO DE SU CARRERA                                              

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Curro  Puya, nació  en  la  trianera  calle de  la  Verbena, en la actualidad Rodrigo de Triana, el  día  23  de  Septiembre  de  1.903,  teniendo sus  padres: Manuel Vega Romero y  Carmen de  los  Reyes García, una herrería en la Cava de  los  Gitanos, en  el número 120, que es como se conocía a esta parte la calle Pagés del  Corro, dedicándose a la fabricación de unos ganchos llamados grapas gitanas o puyas, utilizadas en los postes de las alambradas que protegían  los cerrados de los toros, de aquí el origen del apodo de “Curro Puya”.

La vida de “Curro Puya” aquel gitanito de  Triana, el tercero de siete hermanos, ( Manuel “Pacorro”, Pastora, Curro, Antonio, José, Manuela y Rafael) iba cambiar con   sólo  la edad  de  quince años, cuando en compañía de unos  mozalbetes de la Cava, entre  los  cuales  se encontraba  el que más tarde sería un gran matador de toros, no era otro este que Cagancho, se fueron a la dehesa de “Los Gordales” a las afueras de Triana, a torear un novillo que se había desmandado la noche anterior, toreándolo de capa, dejando asombrado a los que le acompañaban. Desde este  mismo momento nació un mito, todo el  barrio  quedó impregnado de su esencia, el rumor de  que  había  nacido un torero, corrió por  sus calles  y  plazas.  En el invierno de 1923-1924 asistió  a  un  tentadero de la ganadería   de don Narciso Darnaude  toreando una vaca  brava  con  tanto lucimiento, que todos  los  presentes  auguraron un gran porvenir como matador de toros. Días después visitó  el  tentadero de  los  señores  Moreno Santa María, en la Marmoleja, toreando colosalmente, hasta tal punto que  el  matador  de  toros Angelillo de Triana y  el banderillero el “Sargento” hablaron con Domingo Ruiz, que quedó en avisarle para  ver  torear al torerillo. Así ocurrió, efectivamente, el 22 de abril de 1924 el señor Ruiz  llevó  a  Curro Puya a la ganadería de don Antonio Flores, en Aznalcollar y ante Belmonte, Cañero, Angelillo  de  Triana, Sargento, Guerrilla y Mérida  y los aficionados señores Matos y Gillis, volvió a repetir su toreo asombroso. Juan  Belmonte  quedó  impresionado: ¡ Cómo  torea  ese gitanillo de Triana! desde  ese  mismo  momento quedó bautizado con el nombre artístico de “Gitanillo de Triana".

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                    La Cava de los Gitanos donde sus padres tenían la herrería

 Francisco Vega de los Reyes,”Curro Puya” torea su primera novillada el 18 de Mayo de  1924, en  la plaza de toros de San  Fernando, al mismo tiempo que recibe el  bautizo  de  sangre  al ser cogido por un toro de la ganadería de Félix Gómez. A Curro Puya le persiguió el infortunio toda su vida, no fue un torero de suerte, no lo respetaron los toros, en el se cebó la desgracia, desde el primer momento de su debut como novillero hasta pagar con su muerte el 14 de Agosto de 1931, debido  a la cogida sufrida en la antigua Plaza de Toros de Madrid aquel fatídico día, triste y desgraciado del 31 de Mayo.

 Se presentó en Sevilla como novillero el día de la Virgen de los Reyes – 15 de Agosto de 1925 - con novillos  de Molina alternando con Cagancho y Andrés Mérida. Su  presentación  en  Madrid la realizó 30 de Julio de 1926, logrando un triunfo apoteósico.

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 Puente de Triana en 1925 por el que llevaron a hombros a Curro Puya el  día  de             su presentación  en la plaza de toros de la Real Maestranza, costumbre tradicional de los         toreros de Triana cuando  triunfan

Su toreo estaba lleno de enjundia y duende, toreo despacioso y acompasado, muy  especial  con  la capa, con  las  manos  bajas, hasta  el propio Gregorio Corrochano, crítico taurino de su época le llegó a peguntar: “Gitanillo, ¿Se te para el corazón cuando toreas? dejando  escrito  en un articulo del diario ABC, en el que afirmaba que “toreaba tan lentamente, de modo tan pausado que, a veces, parecía que detenía el tiempo”.

 Curro  Puya, fue  un  torero de sentimiento  hondo  y  profundo, a  la misma vez que  una  persona  afectuosa, buena  y  sencilla  que  ayudó  a  muchas gentes de su barrio  de  Triana, siendo  un  gran  admirador de Juan  Belmonte, del que se confesaba ferviente admirador.

 “Gitanillo de Triana”, para  las  gentes  de  su  barrio Curro Puya, fue un torero de  embeleso, de  arte, tal  vez  es  aquí donde  radicaría, a  parte de su mala suerte, tantas cogidas, no  lidiaba, se  ensimismaba, se  metía dentro de sí, creando  una  catarsis de  belleza, de  estética  y  de  conjunción  plástica  imposible  de imitar, pensamos que  se  olvidaba  del  peligro  que  encierran  los  toros, porque  estaba  más  en la creatividad y en la esencia grande su toreo. 

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Francisco Vega de los Reyes con traje campero 

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    Viendo torear a Curro,

       Preguntaba una gitana:

                 ¿Dónde está el toro, mi niño?

    Y Puya vuelve la cara

          Mira muy serio a la moza

          Y responde con desgana:

               A mis pies lo tiene hermana.

Un editor acaba de lanzar al mercado un álbum de postales bajo el titulo de “Siluetas populares”,  que consta de veinte retratos-caricaturas  de  las  veinte  figuras más salientes de la torería moderna y contemporánea. De entre ellas sacamos la número 17, que es la correspondiente a Francisco Vega de los Reyes, Gitanillo de Triana.

                                                   (Dibujo Gutiérrez-Navas)

       Reproducción del retrato-caricatura que le dedicaron en su  época de matador de toros

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En el Mundo Gráfico de fecha 11 de Mayo de 1927,  antes de tomar la alternativa  aparece la siguiente crónica que transcribimos:


No como una esperanza prometedora, sino como una magnifica realidad, ha surgido en Madrid una primera figura del toreo. Nos referimos a Gitanillo de Triana, que obtuvo en la novillada del 2 de Mayo un éxito enorme, rotundo, definitivo, en la plaza de Toros de Madrid.

 La afición  lo  ha  consagrado ya como á uno de su más admirado artista, y Gitanillo de Triana será un nombre que desde ahora figurará en todos los carteles de atracción.

 Los lances de capa suaves, majestuosos y torerisimos de Gitanillo de Triana, repetidos en uno y  otro toro, tuvieron la virtud de hacer estallar las más cálidas ovaciones del público, entregado ante el prodigio de un arte excepcional.

 Para  buscar  un punto de comparación al toreo de capa y muleta de Gitanillo de Triana, habría que llegar a Juan Belmonte, el famoso lidiador que no en vano apadrinó a este novillero desde que le vio actuar en un tentadero.

 Sin  precipitaciones, sin  pretender  ser  excepcional y explorar torpemente la expectación de  un  día, que  él  no necesita de estos trucos, Gitanillo de Triana seguirá actuando  de  novillero  hasta que una tarde, memorable para la afición, vaya a  la  alternativa, hecho  y  cuajado, y reciba la  suprema investidura de manos  de  Belmonte,  que si fue el primero en señalar sus aptitudes en el tentadero sevillano, debe  ser, por  derecho  propio, el  que consagre matador á este nuevo diestro  trianero  y  deje en sus manos morenas la inapreciable herencia de un arte que ha de tener en Gitanillo de Triana el más firme y notable continuador.

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Crónica del Mundo Gráfico del 11 de Mayo 1927

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 Juan Belmonte García

 “El Pasmo de Triana” fue su mentor del que Curro Puya fue un ferviente admirador.

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He aquí un lance de capa en el que el torero, recto, suave, sin retorcimientos, deja pasar el toro a un milímetro de la faja                                             

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Y otro lance igualmente perfecto, y en el que el torero aparece con la majestad de             un artista hecho y consumado

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El pase natural de Gitanillo de Triana, que rubricaría sin duda Juan Belmonte, el supremo artífice de la escuela rondeña.

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Y este otro pase de pecho, en el que el toro pasa entero bajo los pliegues  de  la  roja muleta, mientras  los pies del torero están sentados, inmóviles en la arena                                                      

 LA ALTERNATIVA

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Rafael  “Gallo”  dando  la  alternativa  á  “Gitanillo de Triana”  en  la  plaza  del  Puerto  de  Santa  Maria        

llegó el día esperado por toda la afición, este no fue otro que el 28 de Agosto de 1927, en  la  Plaza  de  Toros  del Puerto  de Santa Maria, con toros de la ganadería  de Concha y Sierra. Padrino: Rafael  Gómez  El Gallo, testigo: Juan Belmonte.

 La  corrida  fue  extraordinaria, a su toro  de  la alternativa, llamado de nombre Vigilante, berrendo en negro y brindado  al  ganadero  don  Antonio Flores le  cortó  las  dos orejas. Juan Belmonte estuvo colosal  cortando cuatro orejas y dos rabos. El Gallo cortó las dos orejas y el rabo del cuarto.

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                               Plaza de Toros del Puerto de Santa María

 

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                             Crónica de la corrida de la alternativa 7 Septiembre de 1917                              

Gitanillo de Triana es  el  torero  de la sinceridad. Nadie como él llegó a ostentar la  borla  de  doctor en tauromaquia más pausadamente, más a conciencia. Diríamos que  por  propia  legitimidad. En estos tiempos de oportunismo, de  exaltación  taurina al uso, el caso de Gitanillo es un caso de honradez profesional. Así  lo  delata  su  historial  taurino. Sin  ventaja, sin fácil escala, sin ayuda  fervorosa  é  incondicional, sin la colaboración de una leyenda de fácil arraigo  en  lo  que  hemos  dado  en  llamarle “afición”, el torero sevillano ha ido  consolidando  su  prestigio  cara al toro, y teniendo sólido por baluarte su arte sólido, su arte sobrio, su arte taurinamente trascendente.

 En  su  memorable  corrida del Puerto de Santa Maria, donde Curro Puya se vio  investido  de  matador  de  toros  por Rafael el Gallo, presentó sus credenciales, sus  cartas  reales, ante  Juan Belmonte. Fue  el momento, feliz e inolvidable  para  el  bravo  lidiador, un  verdadero  balance  de sus prestigios artísticos. Y  ante  miles  y  miles  de  espectadores  meridionales  que tan propicios son  á  dejarse  dominar  por  su  cálida  fantasía – fue donde el capote del torero  sevillano, el  mago  capote  de  Gitanillo  de Triana, heredero universal del coloso, consiguió  el  pasmo, la  maravilla  de  emocionar, de caldear, de hacer realidad  lo  que  durante  mucho  tiempo  no  fue  más  que el guía y la ilusión del  torero. Torear, mandando  y  templando, como  manda  y templa Juan Belmonte.

 Muletero  artístico  y  eficaz, estoqueador  de  rancio  abolengo –véase  su estadística  torera- Gitanillo  de  Triana, sinceramente, ha  cuidado  de  depurar su  estilo  maravilloso  con  el  capote, dando  a  éste  su  expresión de lo bello, la  tradición  más  literal, la  que  llega  a  todos los corazones y reúne todas las opiniones, confundiéndolas   en   un   monumental   plácet,  en  un  gigantesco  aplauso, que  es  la  base  y  es  la  fama, enamorada  de  los  bravos  lidiadores. 

Por  su  valor  sereno, por  su  maestría, por su dominio en todos los aspectos técnicos  del  toreo, por  su  estilización  en  ese  su famoso toreo de capa, Gitanillo de Triana  ha  llegado  á  la  línea  avanzada de las primeras figuras del toreo. Vulgar  es  la  frase  que  corre  entre  sus  partidarios: <Gitanillo  todo  cuanto  por  ella se pida. >> Andaluzada  taurina  á  un  lado, demos  plaza  a  éste  nuevo  matador de toros, que como  decimos  al  iniciar  estos  renglones, á  sus  múltiples  méritos, une el mayor de todos, el más legítimo, el más perdurable. Que es el torero de la sinceridad.

              Image Hosted by ImageShack.us                                               Comienzo de la faena al  toro de su alternativa

                       

Image Hosted by ImageShack.us Una verónica de “Gitanillo de Triana” en que se pone de manifiesto su valor y su arte                               

Image Hosted by ImageShack.usUn pase por alto, ayudado, de “Gitanillo de Triana” en el toro de su alternativa (Fotos. Serrano y Baldomero)

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 Arte, majestad, temple y mando imprime a  su  toreo  excelso  el   gran  lidiador  de Triana   que   en   sus  grandes  tardes  de Triunfo  se  remonta  como  ave fénix por las  cumbres  de  arte sólo asequible a los genios  de la tauromaquia.

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La famosa y suave verónica de Curro Puya, con la que engrandeció su toreo  

En el libro " Los toros de barro " editado en 1985 por Preysón, de V.Mª Sánchez Miranda aparece un capitulo titulado “Los tres duendes” que por su importancia y cita de Francisco Vega de los Reyes transcribimos:

 LOS TRES DUENDES

Al hablar de toros siempre hay un sitio para Rafael. Si no se habla de pintura, Rafael es el Gallo, que no obstante ser el hermano mayor de José es el hermano que da los disgustos, aunque lo corriente sea lo contrario.

El público, que no sabe muchas cosas, nunca supo que sus iras y denuestos dirigidos a Rafael los recibía José que era a quien le afectaban. A Rafael Gómez, el divino calvo, no le afectan esas nimiedades. Él está por encima de triunfos y fracasos y casi estoy por decir que del bien y del mal, pues al estar siempre por las nubes las cosas de aquí abajo no le afectan.

Rafael Gómez, Gallito primero, El Gallo después, fue el primer duende torero; no es que poseyera duende, es que él era duende, después aparecería el segundo duende, o sea, Joaquín Rodríguez (Cagancho), que sólo podría haber sido torero; ni bailaor siquiera y finalmente Francisco Vega de los Reyes, Curro Puya, el tercer duende que con la mirada triste y el ánimo apagado toreaba la verónica y paraba los relojes, exigiendo su arte un minuto de silencio.

Aunque murió el 14 de agosto de 1931, Madrid perdió a Curro Puya el 31 de mayo. Dos años más tarde, el 22 de junio de 1933, Rafael, su hermano, nos tría, nos asombraba con aquel toreo de raza y rango. Pero Rafael ¡Ay!, no se prodigaba. Rafael anda distraído. ¿ La causa? Quizás el cante y el baile flamenco. Tal vez el miedo a la cornada, al sufrimiento de las curas en el quirófano. Sería acertado suponer que cuando Rafael va hacia el toro se acuerda de Curro, no se le olvidan los 75 días de lucha con la muerte, de dialogar con ella para convencerla de que 28 años son pocos para un hombre aunque el hombre sea torero,

Además..., aunque los gitanillos tienen como denominador común el arte puro, creo que a Rafael le faltó un poquito de sentimiento, su miajilla de brisa poética, recordar ante el toro lo que en sueños entendiera por lo más sublime de su arte. El saberse no ser un predestinado.

Daniel Tapia, historiador taurino español y afincado en México lo juzgó así:

“Gitanillo de Triana, o Curro Puya, como también se le llamó, fue un torero más estilista que dominador. Su arte fue de tal calidad, especialmente con el    capote, que ello sólo le coloca en un puesto excepcional en la historia del toreo. Su verónica, calificada acertadamente de un minuto de silencio, era suave, templadísima  y  ejecutada con el cuerpo erguido, con la mayor naturalidad, ni muy abiertos ni muy juntos los pies, y las manos bajas. Su genialidad con la capa hace que su nombre deba tenerse como expresión de la ejecución nunca superada de una suerte básica de la lidia: la verónica.”                                                                                                                         Image Hosted by ImageShack.us

  Personalidad y  hondura  “Un minuto de silencio”

ANÉCDOTAS

Se comentó que llegado el momento de la ceremonia, establecieron un largo dialogo  entre  padrino  y  ahijado; los cronistas de la época afirmaron que al menos duró de 7 a 8 minutos. Extrañados  todos, tanto  público  como periodistas  de  la alocución de Rafael, y una vez terminada la entrega de los trastos, todo  el mundo con curiosidad fueron a preguntarle al Gallo, el “Divino Calvo”, de lo que le había comentado al neófito, para asombro de todos, Rafael  y  Francisco  discutían  por  el  precio de unos gallos de pelea que el primero quería adquirir al toricantano y nuevo matador de toros.

Esta  fue  una  de  las  tantas  genialidades  de  Rafael  Gómez “El Gallo”. la afición  a  los  gallos  de  pelea en esta época estaba muy generalizada en mundo del toro.

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Circo Gallístico en la calle del Moro de Sevilla que regentaba la Tía Lola

OTRA ANÉCDOTA

Los Puyas de Triana, herreros del barrio, eran hermanos de la Hermandad de los Gitanos, fundada en Triana en 1753, siendo hermanos la mayoría de los gitanos trianeros. Se esperaba con impaciencia la llegada del Viernes Santo(Madrugada) hasta tal punto que desde muy temprano del Jueves Santo los Puyas con solemne ritual vestíanse de penitentes a falta de antifaz que sustituían por la mascota al uso de la época paseando por Triana con gran regocijo, chanzas y bromas incluyendo  copas y partida de dominó. Una vez llegada la salida todo era seriedad y devoción al Cristo de la Salud por el cual sentían ferviente devoción. Gracia y salero de los gitanos de Triana. Actos como estos lo singularizaban.

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     Cartel de Semana Santa y Feria 1928

CONFIRMACIÓN DE LA ALTERNATIVA

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Antigua Plaza de Toros de Madrid en el Camino de Aragón

Curro Puya confirma su alternativa el día 6 de Octubre de 1927, en la antigua Plaza de Toros de Madrid en el Camino de Aragón, aún no estaba inaugurada la Plaza de las Ventas, siendo el mismo cartel del Puerto de Santa María: Rafael Gómez “El Gallo” como padrino y Juan Belmonte de testigo, con toros de Julián Fernández (Antes Vicente Martínez.

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                 Conjunto fotográfico de las actuaciones en las temporadas de 1928 y 1929

EL FATAL DESENLACE

DETALLE DE LA CORRIDA

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Con Fandanguero en la faena de capa, antes de la cogida

Aquel día de 31 de Mayo de 1.931, Madrid era un hervidero, faltaban diecisiete días  para  la  inauguración oficial de la nueva plaza de toros de las Ventas, era la   última  corrida de abono con un  cartel de leyenda: Chicuelo (que sustituía a Antonio Márquez) Marcial Lalanda y Gitanillo de Triana, seis toros de la ganadería de Graciliano Pérez Tabernero, que estuvo muy bien presentada y dio bastante juego.    

Tarde con un sol hermoso y un cielo limpio de nubes. Fue el primer toro de su lote, llamado Fandanguero, al que le hizo una faena de capa apoteósica, el público enfervorizado aplaudía  con  entusiasmo, aquel  toro  iba  a acabar con la vida del genial torero trianero

LA COGIDA

Chicuelo había quedado regular en su primero, que se vencía por el lado izquierdo, trasteándolo con pases en redondo y de pitón a pitón, matando a la res de estocada caída.

Marcial Lalanda estuvo muy valiente, y había en el segundo escuchado una ovación. El público pidió que se le concediera la oreja.

Así iba la corrida cuando salió a la plaza el tercero de la tarde, primero de Curro Puya. Francisco Vega de los Reyes, que había alternado en los quites con lucimiento  durante  los  dos  primero  toros, lo  lanceó con su peculiar estilo de gran torero.

Llegó la hora de matar, y después de brindar a la Presidencia, retrocedió algunos pasos  al escuchar una voz que desde el público que le decía algo que no pudo entender, y que le aclaró el banderillero Sargento, diciéndole:

-¡ Que tengas cuidado, que el toro aprieta mucho para dentro! –

Gitanillo se quedó mirándole y le contestó

¡¡ Apriete para donde apriete, ahora verá!!

 Se fue  hacia  el toro  con arrojo y decisión. Sin duda el animal tenia algo en la vista, porque perdía el bulto con facilidad, Gitanillo ordenó que se lo cerrasen en tablas, recibiéndolo con un superior pase por alto, al iniciar el segundo muletazo adelantó  la  pierna  y  el toro que achuchaba  mucho para los terrenos de dentro, lo enganchó por el muslo arrojándolo violentamente contra las tablas.

Fue  un  momento  de enorme emoción. El público, en  su  mayoría, recordó la muerte  de  Granero, y  la  figura  de  Marcial  Lalanda  en la plaza aumentaba la igualdad del cuadro. La exclamación de horror fue unánime en toda la plaza.

En tanto, el  toro  hacía  por  el  torero, y por dos veces corneó furiosamente al desgraciado diestro, que fue golpeado contra el estribo y los tableros.

Marcial Lalanda, valiente y decidido, se pudo llevar al toro cuando aún  iba a hacer por el ya herido, y entonces se acercaron a éste los monosabios y dependencias y pudieron trasladarlo a la enfermería, ante la impresión del público, pues gran parte de este se había dado cuenta de que la cogida era de mucha gravedad; mientras, Chicuelo concluía con el toro, al que muleteó decidido, pero mató mal.

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Curro Puya es recogido por las asistencias

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EL TORO FANDANGUERO

El toro llamado Fandanguero que cogió a Curro Puya, era negro de pelo y estaba marcado con el número 28. Llegó a la muerte muy entero, porque sólo había recibido dos puyazos en toda regla, y además se vencía mucho y empujaba hacia las tablas. Pesó en bruto 474 kilos.

EN LA ENFERMERIA

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             Traslado a la enfermería

Trasladado a la enfermería por las asistencias y Antoñito, su mozo de estoques, Curro Puya se volvió hacia él, y con voz muy apagada le dijo:

-¡ Este toro me ha desbaratao, Antonio ¡ -

 Durante el trayecto desde el ruedo a la enfermería, el público pudo apreciar en gran parte que Gitanillo iba en un estado verdaderamente lastimoso.

 El traje aparecía destrozado, y el diestro llevaba la cara tinta en sangre. Por la taleguilla, hecha jirones, salía la sangre en gran abundancia.

 Llegó Curro Puya a la enfermería en el preciso momento en que acababan los médicos de curar al banderillero Prieto, que había sufrido una cornada en la cara interna del muslo derecho, tercio medio, con rotura de los músculos cuadriceps y abductores y sección y arrancamiento de la vena femoral, de pronostico muy grave.

El banderillero Prieto era primo del desgraciado Valerito.   

 Colocado en la mesa de operaciones y después de cloroformizado, el doctor Segovia comenzó a curar las heridas de los muslos para evitar la hemorragia. Ambas lesiones eran grandes y estaban colocadas una enfrente de la otra. Curro Puya aparecía que estaba casi sin pulso y su respiración era fatigosa, estentórea.

Una vez curada las lesiones, el doctor Segovia procedió a sondar la herida de la cadera; pero era tal el estado del torero y tan profunda la herida. que el médico se creyó obligado a demorar la cura ante el peligro de que Curro Puya se quedara en ella. Tal era la gravedad del torero.

Del sondeo de esta herida nada se ha vuelto a decir en concreto. El doctor Segovia se limitó a taponarle la herida de la cadera y se le aplicaron inyecciones de aceite alcanforado y sueros para intentar de reanimar al torero.

 Terminada la corrida – en la que Chicuelo había quedado regular y Marcial obtenido uno de los resonantes éxitos de vida taurina, cortando orejas y rabos y saliendo a hombros de los capitalistas -, el doctor Segovia ordenó que Curro Puya quedase instalado en la enfermería, pues el traslado a un sanatorio en aquellas condiciones era de un gran peligro.

A las nueve y siete minutos de la noche reaccionó el herido y abriendo los ojos reconoció a cuantos le rodeaban.

Casi sin poder hablar y a los que tenía más cerca, les dijo en voz muy baja:

¡Dadme agua!

Y como notase que tardaban en  obedecerle, añadió:

- Ya sé que no puedo beber, pero refrescarme los labios.

Cuando llegó el doctor Segovia ordenó que Curro Puya fuese trasladado a un sanatorio, y entonces se le condujo al de los doctores Crespo, en donde quedo instalado la misma noche del domingo.

Los médicos facilitaron el siguiente  parte  facultativo:

 Durante  la  lidia del tercer toro ha ingresado en la  enfermería el diestro Francisco Vega de  los  Reyes, Gitanillo de Triana, con una herida  de  asta de toro  en  el  tercio medio  del muslo derecho, con rotura de los  músculos  cuadriceps   y   abductores, y   otra   en  la  región  sacro-coxígea, penetrante en la cavidad pelviana, con rotura del sacro y sección y  arrancamiento del  nervio ciático mayor. Pronóstico muy grave.” Doctor Segovia.

EN EL SANATORIO DEL DOCTOR CRESPO

Trasladado al sanatorio del Dr. Crespo, después de una consulta entre los doctores  Segovia y Sánchez Danús y ante la situación critica en la cual se encontraba se emitió otro parte facultativo:

“Como consecuencia del arrancamiento de las raíces del nervio ciático mayor (prexo sacro), ha quedado desgarrado el fondo del saco dural, presentándose  una  abundante  eliminación  del liquido cefalorraquídeo, con  peligro  de presentación de una meningoencefalitis, que ensombrecería totalmente en pronóstico”

La primera noche la pasó Curro Puya algo tranquilo, pero era debido a las inyecciones que le habían puesto.

Los médicos se mostraban bastante pesimistas, y aún hubo alguno que afirmó que, caso de curar, lo que le parecía difícil, quedaría inútil para torear, pues los destrozos causados por los pitones de Fandanguero en los músculos de las piernas y en la cadera eran atroces.

Inmediatamente fueron avisados el padre y los cuatro hermanos varones de Curro Puya, que al día siguiente llegaron en automóvil procedentes de Sevilla.

Don Francisco Arranz, su apoderado, hablando aquella misma noche con los periodistas, se lamentaba de la mala suerte que había tenido Curro Puya en sus cogidas y hasta en los accidentes de automóvil.

Con lagrimas en los ojos, añadía que era aquél un torero de verdadera desgracia y comentaba:

-Cada vez que un toro le ha echado mano ha sido para calarle y muy fuerte.

Y sin dejar de llorar afirmaba:

-Viendo esto no me explico como nos gustan los toros.

A las dos de aquella madrugada circularon por el centro de Madrid noticias afirmando que Gitanillo había muerto, noticia que circuló rápidamente por los cafés céntricos, causando la natural emoción.

Algunos periodistas acudieron al Sanatorio del doctor Crespo, donde hablaron con el mozo de estoques, que dijo:

Sigue muy mal, muy mal. El ayudante del doctor Segovia le pone constantemente inyecciones de suero. Dice que tendrá que resistir setenta y dos horas, plazo peligroso, pues puede sobrevenir la peritonitis. Él está más calmado, pero ello es fruto únicamente del enorme decaimiento en que se encuentra.

 Aquella misma noche, en un café céntrico, había una animada reunión, en la que figuraba un médico. Se hablaba, como es natural, del asunto del día, que era la gravedad de Gitanillo, y como alguno recordase lo parecido del gravísimo percance con él que había tenido en la plaza, y casi en el mismo sitio, el infeliz Granero, uno de los concurrentes, precisamente el médico, dijo:

 - Granero tuvo más suerte.

-  ¿Más suerte? – le preguntaron algunos admirados

-  Sí; más suerte, porque quedó muerto en la plaza, y este morirá después de haber sufrido mucho.

Al día siguiente, por la mañana, el doctor Segovia levantó el apósito a Gitanillo, encontrando una de las heridas con buen aspecto, lo que alegró al citado doctor, que dijo al salir del quirófano:

Esto ya me va gustando más.

Después añadió que quería celebrar una consulta con el doctor Sánchez Danús, especialista del sistema nervioso, acerca de la herida de la cadera, pues según el citado doctor Segovia, creía que el cuerno del toro había arrancado el nervio ciático de cuajo como el que arranca una raíz.

Durante el día el diestro reaccionó bastante, hasta tal punto de que el pulso empezó a adquirir poco a poco mayor fuerza.

El diestro, con gran entereza, hablaba con cuantos a él se acercaban.

Cuando vio entrar a su padre, elevando mucho la voz para que éste le oyera, pues era sordo, muy sordo, le dijo:

- No te apures, que esto no es na.

    Y luego añadió:

- Di a mamá que venga, que esto no tiene importancia.

Tanto chilló Gitanillo, que la enfermera se vio obligada a llamarle la atención.

El teléfono del Sanatorio del doctor Crespo no cesó de sonar durante todo el día. Todo el mundo llamaba desde cafés, círculos y casas particulares interesándose por el estado del herido.

El apoderado del diestro, don Francisco Arranz, atendía con solicitud a todos los que le llamaban.   

 En un articulo de Leandro Blanco aparecido en el diario ABC daba más detalle de su situación de gravedad “Yace  en  un  lecho  de la habitación núm. 21, situada  en  el primer piso, y en completo aislamiento. No adopta en el lecho la posición normal, con el fin de evitar la perdida del liquido cefalorraquídeo, está colocado en posición inclinado, con la cabeza a nivel inferior de los pies. Estos  se hallan a más de un metro de altura. En esta posición permanece el diestro sin ser visitado por persona alguna. Únicamente está a su lado su fiel mozo de estoques, el popular Antoñito Conde”

Unos días nacían las esperanzas, para morir al día siguiente. Otras veces, las agravaciones parecían tan inminentes, que ya se daba por fallecido el torero.

El día 3 de Junio el citado doctor Segovia firmó el siguiente parte, que causó gran impresión al ser conocido:

 “Como consecuencia del arrancamiento de las raíces de nervio ciático (plexo mayor), ha quedado desgarrado el fondo del saco dural, presentándose una abundante eliminación del liquido céfalorraquideo por herida operatoria, existiendo el peligro de presentación de una meningoencefalitis que ensombrecería totalmente el pronóstico.-Doctor Segovia.”

Efectivamente, el peligro anunciado se presentó, y dos días después se le declaró la meningitis, que afortunadamente pudo ser atajada.

Otra vez se le creía salvado; pero a los cuatro días, o sea el 9 de Junio, se le apreció una nueva complicación:

“El diestro Gitanillo de Triana se encuentra mejorado de la infección meníngea. Según el reconocimiento practicado el referido diestro por el doctor López Duran, se le ha encontrado un foco bronconeumónico en la base del pulmón derecho.-Doctor Segovia”

El día 16 de Junio, de madrugada al intentar Antoñito Conde, su mozo de espadas cambiarle de postura, se dio cuenta  que estaba empapado en sangre. Con la goma  de  un irrigador le practicó un torniquete en la pierna sangrante, avisando al médico  de  guardia  urgentemente  que taponó la herida. Fue requerido de urgencia  el doctor Segovia, comprobando que tenia rota la arteria  femoral, ligándola  y disponiendo de inmediato una transfusión de sangre. Se ofrecieron en el acto  don  Carlos  Morla, consejero de la Embajada de Chile, que se encontraba en  el  sanatorio, así  como  don  Francisco  Arranz, su representante en Madrid, el  picador  Barrera  y el taxista Eleuterio Remondo que es el que diestro utilizaba siempre. Se  procedió  al análisis  de  la  sangre  de  estos y se optó por la de Eleuterio, practicándole la transfusión en la noche del día 18.

En la ligadura de la femoral se le formó a Gitanillo un trombo, que el día 27 de Junio se partió originando una nueva y horrorosa hemorragia.

El doctor Segovia, al practicarle la oportuna intervención quirúrgica, encontró la arteria tan blanda, tan poco consistente que se vio obligado a cortarla y ligarla a la vena.

Desde ese momento el riego sanguíneo de la pierna se hizo insuficiente, y este miembro quedó paralizado y con poca sensibilidad. Gitanillo sufrió además una fuerte infección en la vejiga, una fístula uretral y dos dolorosas ulceras, una en la espalda y otra en la terminación de la columna vertebral, lo que le obligaba a estar en la cama boca abajo.

Sufrió también dos hemorragias, con tres días de intervalo, en la herida de la cadera, que postraron al torero en un estado de verdadera gravedad. De la cita herida le fueron extraídas tres esquirlas, lo que hizo suponer que tenia algún hueso interesado.

Todo el mundo seguía con gran interés el estado del torero.

 A hora bastante avanzada de la víspera de su muerte, Gitanillo llamó a su fiel mozo de estoques, que ni un momento se había separado de su lado, Antonio Conde – que por cierto, también había sido mozo de estoques de Juan Belmonte -, y le dijo con voz muy débil:

 - Antoñito, yo me voy. Que tenga mucha suerte, porque es usted muy bueno.

 Durante todo el día se mostró tranquilo y animoso, a pesar de que se adivinaba que su fin estaba próximo y de sentirse morir.

Pidió agua a una enfermera, y al ver que ésta preparaba un vaso para llevársela, le dijo:

- No, ahí no, en el botijo.

Y cogiendo uno pequeño que le acercó la enfermera, bebió en él, saboreando el agua que bebía.

Después de varias mejorías y recaídas, que algunas veces consiguieron  concebir esperanzas, llego el día 13 de Agosto, entrando en un estado de nerviosismo, teniéndole que aplicar calmantes constantemente, llegada las tres de la madrugada perdió el conocimiento, entrando  en  periodo agónico y las cinco y media el  habla y la vista, todo fue inútil, a pesar de que se le aplicaron varias inyecciones para reanimarlo.

Sus últimas  palabras  fueron: “Ya  no  veo”. A  las  siete y media de la mañana, ya del día 14, expiraba Gitanillo de Triana, después de setenta y cinco días de largos sufrimientos. Aquel gitanito que  un  día  en su barrio, toreó un toro desmandado de la Dehesa de “Los Gordales”, no tenia aún cumplidos los veintiocho años.

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Familiares y amigos una vez enterados de la muerte de Curro Puya se trasladaron al Sanatorio del Doctor Crespo

En el momento del óbito, se encontraban presentes en el Sanatorio del Doctor Crespo, sus padres, hermanos, mozo de estoque Antoñito Conde, su apoderado don Domingo Ruiz; su representante don Francisco Fernández Arranz y el señor Mesonero amigo intimo del torero.

A las primeras horas de la mañana del día 15 se le practicó la autopsia al cadáver de  Curro Puya, confirmándose que la herida de la cadera llegó al peritoneo.

Tan pronto como falleció el diestro, su cadáver fue trasladado a la parte baja del sanatorio, donde fue depositado en una caja, envuelto en una sábana y rodeado de hielo, para evitar en lo posible la descomposición rápida del cadáver.

El rostro del finado estaba medio cubierto por un pañuelo blanco, por los pliegues de éste se veía la barba a medio crecer.

El infeliz torero había quedado agotado, extenuado. Su cuerpo estaba convertido en un verdadero esqueleto, pues sólo se apreciaban los huesos y la piel.

Al cadáver de Curro Puya se le practicó la autopsia en el mismo sanatorio y fue embalsamado para su traslado a Sevilla.

En una habitación contigua a la que se había instalado la capilla ardiente, quedaron velando el cadáver su familia y algunos de sus más íntimos amigos.

Tan pronto como la noticia circuló por Madrid, se telegrafió a provincias y poco después comenzaron a llegar a centenares los telegramas y telefonemas de pésame. Grandísimo fue el número de coronas que ocuparon casi toda la capilla ardiente, y millares de firmas llenaban rápidamente los pliegos colocados en el sanatorio, demostrando el enorme sentimiento que la muerte del elegante y  fino  torero trianero había causado en toda la afición.

En el diario “La Lidia” a los días siguientes a su muerte apareció este articulo que transcribimos:

                    ¡POBRE  GITANILLO!

 Esta fue la expresión de todos, aun en los más alejados de la fiesta.

 ¡Pobre Gitanillo!

Vivió como un héroe, para morir como un mártir.

Su arte quedará por mucho tiempo grabado en el recuerdo de la afición; sus verónicas de un minuto de silencio le acompañarán a la tumba y seguirán calladas eternamente.  ¡Nadie las mueva!

¡Pobre Gitanillo!

El bronce clásico de su escultural figura desapareció de los ruedos; la indolente elegancia de sus lances, quedará como término de comparación entre los que torean bien a la verónica.

El capotillo de seda con el que ejecutaba aquellos prodigiosos del “minuto de silencio” acompaña y envuelve el cuerpo del famoso artista, que con llave de oro los cerró en su tumba.

¡Pobre Gitanillo”

Por su alma, por su eterno descanso,

                     ¡UN MINUTO DE SILENCIO!                  

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A LA MUERTE DE GITANILLO DE TRIANA

Curro Puya, el mocito trianero de rostro cetrino, de cuerpo mimbreño, yace bajo rojiza tierra del camposanto sevillano. El torero gitano que paseó por los ruedos la indolencia, la majestuosa indolencia de su raza, ha muerto.

Con el torero ha sido enterrado su magnifico capotillo, aquel capotillo de vivos colores que tantas veces supo engañar a las reses, que embebidas en sus vuelos, pasaban rozando los alamares del vistoso traje trianero que hoy duerme bajo la rojiza tierra del camposanto de Sevilla.

Los “calés”, los hermanos de raza de Gitanillo de Triana, lloran la muerte de Curro y entonan plegarias que suben al cielo con ecos de salvaje y desgarrada saeta, de las saetas que en Semana Santa rasgan el perfumado ambiente de Sevilla.

Los gitanos lloran a los sones de sus quejumbrosas guitarras, y hasta la tumba de Gitanillo llegan cadencias de una copla:

                                “Los gitanos...

                    No hablar mal de los gitanos,

                   que tienen sangre de reyes

                   en las palmas de las manos.”

 Descanse en paz el malogrado Francisco Vega de los Reyes.

(De Libreto anónimo publicado cuando su muerte)

EL TESTAMENTO

Gitanillo había mostrado en varias ocasiones deseos de hacer testamento.

En efecto, demostrando gran lucidez, había dicho a su apoderado:

- Domingo, tráigame un notario, que quiero hacer testamento.

Personado éste en el sanatorio, el herido dictó su última voluntad con voz serena y tranquila. Terminado el testamento, y como el notario pretendiese leerlo, le atajó Gitanillo, diciéndole:

- No hay que quitar ni poner una coma, tráigalo para firmar.

- No hay que quitar ni poner una coma, tráigalo para firmar.

- Y lo hizo con pulso firme.

En este testamento, Gitanillo ha dejado todo lo que posee, que no es ninguna gran cosa, sobre todo en comparación con lo que ha ganado – se dice que no llega a cincuenta mil duros-, a sus padres, y que ha destinado una cantidad, no grande, para costear una carrera a un sobrinito, al que profesaba gran cariño.

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Francisco  Vega  Serrano,  sobrino de Curro  Puya, al  que  hace  mención   en el testamento. Fue novillero no llegando a tomar la alternativa                                      

EL FUNERAL

A media mañana se instaló la capilla ardiente, en los bajos del sanatorio del doctor Crespo, sobre  un  gran  paño  se  colocó el féretro, Curro Puya estaba envuelto en un  sudario, en  la  cabecera  un estandarte y una cruz y la caja mortuoria custodiada  por  doce hachones encendidos. Ante la capilla ardiente desfiló ingente cantidad de  personas, la  noticia  de  la muerte de Curro Puya, conmovió a toda la afición  llegando  testimonios  de  pésame de toda España. Empezaron a llegar infinidad de  coronas, de  todos  los  compañeros, ganaderos  y  de toda la afición, entre ellas  la  de  Chicuelo, Cagancho, Ortega,  Nacional, del  Montepío de Toreros, de los  banderilleros  de  su  cuadrilla, de particulares  como  fueron la de los señores Montalban, Heredia  y  Lozano  y  don  Carlos Morla que envión una gran cruz de flores naturales.

Poco antes de la hora señalada para el entierro, parte de la familia del diestro salió para Sevilla en automóvil con el objeto de poder estar allí para recibir el cadáver.

Dándose el caso de que el padre del diestro, que era completamente sordo, hasta el extremo de no poder oír una palabra, no sabía aún realmente de lo que ha muerto su hijo, ya que al no saber leer, tampoco se lo pueden decir por escrito: sólo sabe lo que por señas había podido comprender.

A las cinco de la tarde partió la comitiva para la estación de Mediodía deteniéndose por unos momentos ante la plaza de toros, ondeando la bandera a media asta.

La conducción del cadáver de Gitanillo desde el sanatorio hasta la estación de Mediodía fue un verdadero homenaje popular, en el que sólo dejaron de tomar parte los que más obligados estaban a ello; los que seguramente más le halagaron en la vida. Fue una manifestación popular, aunque no tanto como se merecía, porque hay que recordar que Gitanillo, cuando el pueblo de Madrid lo necesitó por conducto de su Ayuntamiento para tomar parte en la corrida a beneficio de los obreros parados, costeó el viaje a Madrid de toda su cuadrilla, pagó los gastos de su bolsillo y toreó completamente gratis, para engrosar los ingresos.  

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La Plaza de Toros de las Ventas en la finalización de las obras en 1929

Aparecía en un almanaque de Blanco y Negro para 1929, el siguiente pie de foto “VISTA EXTERIOR DE LA NUEVA PLAZA DE TOROS, QUE, SEGURAMENTE, SE INAUGURARA EN LA PROXIMA TEMPORADA (FOTO PORTELA)”

Como se podrá comprobar por el cartel de la inauguración fue inaugurada el 17 de Junio de 1931, dos años más tarde estando cogido Curro Puya he ingresado en el Sanatorio del doctor Crespo.

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Cartel para la corrida inaugural de la plaza de las Ventas <>, en plena República Española ( 17 de Junio de 1931)

El cadáver, encerrado en un féretro, que costó cinco mil pesetas, fue trasladado a la estación en donde un furgón convertido en capilla ardiente fue unido a la cola del tren expreso de Andalucía.

En el interior del coche fúnebre estaba tapizado de paños negros, y en el centro se alzaba un severo túmulo sobre el que descansaba el féretro, rodeando el mismo cirios en blandones.

A dicho furgón se subieron, para acompañar al cadáver durante el trayecto para con él llegar a Sevilla, su apoderado y los miembros de su cuadrilla.

Desde una hora antes de la anunciada para la llegada del expreso de Andalucía estaba la estación de la Plaza de Armas completamente llena, toda Sevilla acudió a recibirlo, lo mismo que los alrededores en donde el gentío se había aglomerado para presenciar el arranque de la fúnebre comitiva.

Cuando entró en gujas el tren, tanto las calles adyacentes a la Estación de Córdoba estaban convertidas en un hormiguero.

Esperaban la llegada del cadáver, en nombre de la familia su hermano Rafael, el diestro Juan Belmonte y el ganadero don Antonio Flores. También estaban el representante de la empresa de la Plaza de Toros de la Real Maestranza y todos los críticos de la prensa y revisteros taurinos de Sevilla.

A las nueve y veinticinco minutos en punto entró el tren en la estación. Los momentos que siguieron al descenso del féretro del furgón fueron de una emoción indescriptible.

A pesar de los esfuerzos que realizaron los componentes de su cuadrilla y familiares del fallecido torero para abrirse paso entre el gentío, costó un gran trabajo organizar la comitiva. A medida que iba desfilando por las calles se le iban sumando gentes. Alrededor del féretro infinidad de hombros se disputaban el llevarlo durante algunos minutos.

Del furgón fueron sacadas cuarenta y cuatro coronas de flores que llegaron de Madrid, a las que le unieron las que le habían enviado muchos sevillanos. Las que no cupieron en las carrozas fueron llevadas por sus amigos más íntimos.

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                   El féretro a su llegada a la Plaza de Armas

Pasados los primeros momentos de confusión, debido al gentío, fue puesta en marcha la comitiva encabezándola el clero parroquial de Santa Ana. El cortejo tomó la calle San Pablo, Rioja, La Campana, Amor de Dios, Alameda de Hércules, tomando el centro del paseo, Antonio Susillo, Feria, Macarena, y Doctor Fedriani camino del Cementerio.

Presidieron el duelo sus hermanos y familiares, Juan Belmonte, el ganadero Antonio Flores y el crítico taurino don Antonio Reyes.

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                El féretro camino del Cementerio de San Fernando

Cuando la comitiva llegó a la Macarena sus proporciones eran verdaderamente extraordinarias, el camino del Cementerio era una masa compacta, interminable, llegando desde la Macarena hasta el Camposanto. La emoción fue conmovedora.

El féretro fue expuesto en La plaza del Cementerio de San Fernando desfilando tal cantidad de personas que parecía que no iba a terminar nunca, durando más de dos horas.

A la una de la tarde fue inhumado el cadáver, ocupando provisionalmente una sepultura de primera clase, hasta tanto se edificara el panteón, donde en la actualidad descansan sus restos.

El regreso de los asistentes duró varias horas, utilizándose toda clase de vehículos, muchos de ellos a pie. El duelo constituyó en Sevilla una manifestación tan sentida, tan desbordadora, tan sincera de pésame, como no se recordó otra igual desde el entierro del infortunado Joselito el Gallo, muerto también por un toro.

La familia del infortunado diestro expresó su agradecimiento a las muestras de cariño que habían recibido del pueblo madrileño y sevillano con el triste motivo de su muerte, siendo muchas las personas que demostraron la amistad que le profesaban y el pueblo ha puesto de manifiesto el entusiasmo que sentía por el torero.

HABLANDO CON HEREDIA EL AYUDANTE

En el libreto editado tras su muerte transcribimos literalmente una entrevista realizada a Heredia auxiliar de su mozo de espadas Antoñito Conde. 

Nadie conoce a los grandes hombres como su ayuda de cámara.

Nadie puede saber tanto del desgraciado lidiador trianero como su modesto y fiel auxiliar el ayudante de mozo de estoques Gabriel Heredia.

Con él hablamos, y el simpático Heredia, con su charla pintoresca, un poco matizada por la emoción, nos cuenta cosas intimas

-¿ Porque le decían Curro Puya?

-Que ¿porqué? Porque le venia por la sangre. Era nieto del cantaó “Curro Puya”, que cantaba las soleares que hacían yorá. Er sacó aqueya:

                               “Yo me llamo Curro Puya

                              por la tierra y por la ma.”

-¿Y como era Gitanillo?

-El hombre más bueno que ha pario madre. Er sólo, con su trabajo y con su peligro, mantenía a toa la familia: padres, hermanos, sobrinos... La última casa que compró se la dio pa vivirla a sus tres hermanos casaos: Pacorro, Pastora y Antonio. Y a sus padres le dejó toa la herencia meno una manda de tres mir duro a su sobrino Curro, pa que estudie una carrera.

-¿Cómo fue la cogida?

-Veníamos de Cacere, donde había toreao er día ante, y como no había tenio suerte en las urtimas corrida, quería sacarse la espina en Madri. Tomó la muleta a “Fandanguero” y ar salí del primer pase mandó retirá la gente y, ya solo, inició er segundo pase, y en er quedó prendio.

“Yo fui er primero en llegá, y al acercarme me dijo: “Heredia, levántame”.

“Lo llevamos a la enfermería, y durante er camino sólo se quejaba de las pierna.

“Ar llegá a la cama de operaciones, yo le corté los machos de la taleguilla, que se los tengo pedio a su padre pa que me sirvan de recuerdo.

“Depués, la pasión y muerte. Setenta y sinco días de doló, y ar lao de su cama su hermano Antonio, don Francisco Arranz, er novillero Antonio Vargas, su banderillero Nacional y yo. Y, sobre to, Antoñito Conde, er mozo de estoque, que nasió un marte, y una hermana de la cariad.

“A su lao siempre, no le tocó nadie sin que er lo viera, y sin desnudarse estuvo a su lao hasta que lo dejó en er cementerio. Llegaron a hincharselas las pierna.

“Se ha portao con er matadó como o er matadó se merecía.

-¿Tenía muchos amigos?

-Ya podía tenerlos. Bueno, simpático, modesto y muy aseao. No pasaba un día en er Sanatorio sin que la enfermera Manolita lo lavara y peinara como si fuera a salí.

“Tenía amigos; tanto, que una noche de las que yo hice guardia tuve que atendé a sesenta y tre conferencia telefónica de toda España, y esa noche fue como toa. Una má.

“Y que ma voy a decirle. En er cementerio de Sevilla nos espera. Allí está entre Varelito y Maera, provisionalmente, hasta que le hagan los padre er panteón. Ya ha pasao to, y parese mentira.

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Custodia  Romero  la  famosa bailaora y modelo del pintor Julio  Romero  de  Torres   ofreciendo flores ante la tumba provisional  de  Gitanillo  de Triana  el 2 de Noviembre de 1931,  día  de los difuntos, el mismo año  de su muerte.

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Curro Puya con la hija del empresario de Málaga don Félix Álvarez en enero de 1930

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                          Camino de la Plaza de Toros de Málaga, entrando en el coche

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Curro Puya de descanso en Málaga con su madre Carmen de los Reyes en Enero de 1930 antes de empezar la temporada                                                 

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Su padre y hermana Manuela en 1934

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                             Curro Puya paseando por la playa de Sanlucar de Barrameda 

A  los  catorce  años de su muerte, en 1945, su madre Carmen de los Reyes donó a la  Hermandad   de  los  Gitanos  de  Sevilla  el traje de luces, de seda y oro, que Curro  Puya   estrenó   el  día del trágico desenlace, para que se confeccionara una saya para Nuestra Señora de las Angustias, titular de esta Hermandad.

HERMANDAD DE LOS GITANOS  (Referencia histórica)

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 Antiguas imágenes de la Virgen y del Cristo                                                         

La fundación de la Hermandad de los Gitanos de Sevilla, se remonta al año de 1753, cuando el 9 de agosto de ese año se presentan en el Palacio Arzobispal las reglas fundacionales de la Corporación, para su revisión y aprobación que constaban de 17 capítulos y que son aprobadas tras algunas modificaciones el 7 de diciembre de este mismo año.

En esas reglas fundacionales se establece su sede en el Convento del Espíritu Santo en el barrio de Triana, en donde existía un núcleo importante de ciudadanos de raza gitana, llamados en ese tiempo “castellanos nuevos” y consta como primer Alcalde (Hermano Mayor) y fundador de la Hermandad don Sebastián Miguel de Varas.

La razón de la fundación de la Hermandad está íntimamente relacionada con el momento histórico en el que se produce. Durante el siglo XVIII la raza gitana es objeto de una persecución importante en toda Europa y en España las pragmáticas reales encaminan a los gitanos hacia el servilismo total o trabajos forzados en las galeras reales. Ante esta situación, un grupo de gitanos de la ciudad decidió fundar una Cofradía no solo como símbolo externo de su religiosidad sino también para favorecer su integración en una sociedad donde la célula primordial de tipo religioso y social en que se encuadraban los individuos de la época era la Hermandad.

Con motivo del fallecimiento de Francisco Vega de los Reyes la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Estrella de Triana decide vestir de luto a su imagen titular.

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La Estrella

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Fotografía de Curro Puya en 1928

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Fotografía del Cachorro enmarcada en poder de su sobrino Fernando Baguillo Vega en la cual aparece en la parte inferior la siguiente inscripción:

 A Francisco Vega “Gitanillo de Triana”

 La Hermandad del Patrocinio muy agradecida

Sevilla 4 – XI -  928

Este  mismo  año  de  1945, aparece un articulo dedicado a Curro Puya y firmado por Carlos de Larra  con el seudónimo de Curro Meloja prestigioso cronista taurino de la SER que transcribimos:

“Sus  gentes  le llamaba <> a   este gitano, al que mató el toro. Yo no  sé  el  porqué de tal apodo familiar, que nunca trascendió a  los  carteles. Lo  que  sé  es que  <>  fue  el torero que mejor, con más puro  arte, más  lentamente, más armónicamente  ha  plasmado la verónica  en el moderno toreo reo  de <>  y  <>, que  interpretado  por este artista, a través del espíritu melancólico e indolente de su raza, pudiera definirse como una huelga del toreo, un toreo de <>. <>, más aún que <>, representante como  él  de  la  novísima torería gitana –ritmo y languidez-  trajo al arte de torear una  armonía, un  fondo de musicalidad en tiempo de habanera y una tan adormilada lentitud que  superaba a la que impuso Juan Belmonte al derrocar, revolucionariamente, todos los modos, tiempos, compases y terrenos del toreo anterior a él. La lentitud  de  <>  en  sus  lances de capa  era superior a la de Juan, al extremo que pudiera  decirse que aquellas hasta entonces incomprensibles verónicas de <>, mejoraban al realizarlas <>, porque se adormilaban, soñadoras, al  arrullo  de  la  dejadez  desmayada  del  <>. Las verónicas de  <> tenían  un  sello  tan  artístico, tan  nuevo  en cuanto a concepción y ejecución del arte, y, sobre todo, tan exclusivo y personal, tan bello y tan emotivo, que sólo con esos lances como único bagaje artístico, Francisco Vega de los Reyes se erigió en señera figura del toreo. En lo demás Curro fue, en general, un torero fino y reposado, pero limitado en extremo; lo que se dice- y para él podría aplicarse algún aumentativo- un torero <>. Daba algunos muletazos de estética  suprema, aunque no llegara a la que desprendía de su toreo de capa; no era lidiador, sólo veía y practicaba el  <> y  sólo  le  preocupaba plasmar en todo  instante  la  belleza  del toreo. Como matador –gitano  puro- era deficiente, aunque a veces un rasgo de pundonor le arrojara a herir bien a algunos toros. Nada más fue  <>  como  torero  de conjunto; pero fue nada menos que el Sumo Artífice de la verónica. Su corta vida taurina comenzó en 1925, en que, por encerronas y festivales, se dio a conocer por tierras sevillanas, en cuya capital, y en su  barrio  de  Triana, había  nacido  el  23  de  diciembre  de  1904. Su  capotillo maravilloso le allanó rápidamente  todos los caminos, y tras debutar con gran éxito como  novillero  en  Madrid  en  Julio  de  1926, se  colocó  a  la cabeza de los de su categoría. El  28  de  agosto  de  1927, en la clásica plaza del Puerto de Santa María, Rafael <> le dio la alternativa con un toro de la viuda de Concha y Sierra. Testigo, Juan Belmonte con idéntico cartel, pero con  toros de don  Julián Fernández  (antes  Vicente  Martínez, de Colmenar), confirmó en Madrid su doctorado el 6 de  octubre  del  mismo  año.  En  1928  <>  toreó  69 corridas y ganó un gran  cartel, que  fue  en  aumento. Y en 1931 salió en Madrid, el 31 de mayo, alternando con <> y Marcial Lalanda en la lidia de seis toros de don Graciliano Pérez  Tabernero. Al  dar  un pase con la derecha al tercero de la tarde, llamado <> fue  cogido  y  sufrió tres graves cornadas. Luchó con la muerte durante  cerca  de  tres meses, y  tras  ese  calvario  de  dolores físicos y morales, el pobre  <> falleció  en  el  sanatorio  madrileño  del doctor Crespo, el 14 de  agosto  siguiente. Y  Así  quedó truncada, trágicamente, bárbaramente, la gloría torera  del  pobre <> el <>... CURRO MELOJA, 1945

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                                           Foto ilustrativa  del articulo de Curro Meloja

 

             CORRIDAS QUE TOREÓ CURRO PUYA EN   

                                               SEVILLA

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                              Curro Puya en un pase por alto en la Plaza de Toros de Sevilla

                           Temporada de 1.925

                                                    15 de Agosto

Debuta como novillero, alternando con Cagancho y Andrés Mérida, novillos de Molina.  En el primer novillo de nombre “Chalequero” herrado con el número 33, negro de pelo, tomando tres varas, da cinco verónicas superiores,  (ovación y música) en la faena de muleta ayudados por alto y uno de pecho, tres por bajos superiores (palmas y música) un pinchazo entrando como se debe y media superior (un torero estupendo y un matador colosal) Su segundo toro se llamaba Monaguillo, en tablas da tres verónicas muy valientes y varios lances sueltos sin lucimiento, varios derechazos alargando el brazo, una estocada caída y media superior (Palmas) Cortó la oreja de su primero. Intentan sacarlo a hombros y el se opone. Obtiene un gran éxito.

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                        Con su abuelo antes de su debut en Sevilla como novillero

 6 de Septiembre

Alternando  con  el Niño de la Venta y Gil Tovar, novillos de Peñalver, destaca  en dos magníficos quites con las manos bajas, que le harían famoso.

4 de Octubre

Dos toros  para  Hipólito, y cuatro novillos de la misma vacada de Félix Suárez, para Gitanillo de Triana y Gil Tovar, destaca en un magnífico quite a  su primer novillo.

11 de Octubre

Alterna con  Epifanio  Bulnes  y  Enrique  Torres, con  novillos  de  don  Juan Terrones, en  el  primer  novillo, que  es  brindado  a Juan Belmonte, al dar un natural, es cogido aparatosamente en el muslo izquierdo.

                            TEMPORADA DE 1926

 6 de Septiembre

 Alterna con José Pérez Gómez “Nili” hermano de Anita Sevilla y Mariano Rodríguez, novillos, dos  de  Flores  Tassara y cuatro Flores Iñiguez, en el quinto novillo al hacer un quite resulta con un puntazo en el escroto.

3 de Octubre

 Novillos  del  Conde  de  Santa  Coloma, alternando  con   Andrés  Mérida   y  Mariano Rodríguez, dio una de cal y otra de arena. Silencio.

                            TEMPORADA DE 1927

 24 de Abril

 Alterna con Torerito de Málaga y Maera con novillos de Carmen de Federico, estuvo muy bien en el primero.

7 de Julio

Alterna con Mariano Rodríguez y Vicente Barrera que debutaba, con novillos de Villamarta, sobresale en un quite colosal al segundo novillo.

29 de Julio

 Mano a mano con Vicente Barrera, con novillos de don Antonio Flores (antes Duque de Braganza), bronca monumental a los dos.

28 de Septiembre

Debut como matador de toros en la primera corrida de la Feria de San Miguel, con  seis  toros  de  don  Rufino Moreno Santamaría, alternando con Rafael El  Gallo y Chicuelo, en el quinto toro realizó un magnifico quite y al repetirlo recibió un pitonazo en la cara, entrando en la enfermería, estoqueando el toro Rafael El Gallo.

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                                      Curro Puya  con Chicuelo recuperándose de una cogida

 9 de Octubre

Corrida a beneficio de la Cruz Roja, toros de don José Bueno, (antes del Marqués de Albacerrada), alternando  con  Rafael  El  Gallo  y  Juan Belmonte, el  ganado  no dio el juego necesario por su mansedumbre.

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                                Toreando En Sevilla a beneficio de la Cruz Roja

                            TEMPORADA DE 1928

 19 de Abril

Toros de Antonio Peñalver, alterna con el Niño de la Palma y Marcial Lalanda, voluntarioso y entrando a matar por derecho.

12 de Octubre

Fiesta  de  la  Raza, toros  de  Antonio  Peñalver, alterna con  Cagancho  y  El  Algabeño. Triunfa  de  una manera  rotunda, demostrando  su calidad de torero, saliendo a hombros de la plaza, camino del barrio de Triana.

21 de Octubre

Corrida  de  la  Cruz Roja, toros  de  doña  Carmen de Federico, alternando con Antonio Márquez y Palmeño. Gran faena al  segundo  toro de la tarde, cortando las dos orejas y sale a hombros de la plaza.

28 de Octubre

Corrida  de  la  Asociación  de  la  Prensa. Toros  de don Rufino Moreno  Santamaría, alterna con chicuelo mano a mano. No estuvo bien. Silencio.

4 de Noviembre

Festival benéfico, ganado: dos novillos de Concha y Sierra para Juan Belmonte que los rejoneó magistralmente. Cuatro novillos de Miura, Santa Coloma, Antonio  Flores y Villamarta, torean  Pepe Belmonte, Niño de la Palma Mariano Rodríguez y Gitanillo de Triana, que estuvo bien.

En el Blanco y Negro, Almanaque para 1929, aparece una crónica firmada por Rafael Sánchez-Guerra y titulada “Pronósticos taurinos” entre sacamos la parte dedicada a Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana” y que transcribimos literalmente:

“¿Que hará Juan Belmonte? Yo creo que Juan volverá a vestirse de luces. Ni él puede estar mucho tiempo sin torear, ni los aficionados podemos resignarnos a no verle. Belmonte es un artista, y los artistas no se retiran nunca. Ningún escultor anuncia jamás cual va a ser su última estatua, ni ningún pintor su último cuadro, ni ningún literato su última novela. A veces descansan y no trabajan, pero sin pensar nunca en retirarse. Juan volverá a ocupar su cátedra. Los discípulos le aguardan y el sillón sigue vacante.

Entre esos discípulos hay uno que, el día de mañana, podría hacer, con probabilidades de éxito, oposiciones a la cátedra. Se llama Francisco Vega y se apoda Gitanillo de Triana. Es el alumno más aventajado de la escuela belmontina. Torea con mucha lentitud y mucho temple, y yo creo que en 1929 va a ser el diestro que más corridas contrate. Se colocará este año definitivamente, y, si la suerte le acompaña, alternará cerca de cien festejos taurinos.”

Desgraciadamente la suerte no le acompañó, no llegó el día de mañana y no hizo las oposiciones a la cátedra que pronosticaba el critico taurino.

                                   TEMPORADA DE 1929

19 de Marzo

Mano a mano con Chicuelo, con toros de Villamarta, no estuvieron acorde con las expectativas que despertó esta corrida.

18 de Abril

Primera de Feria, con toros de doña Carmen de Federico, alterna con  Niño de la Palma y Félix Rodríguez, estuvo muy deslucido. Silencio.

19 de Abril

Segunda de Feria, ocho toros de Villamarta, alterna con El Algabeño, Félix Rodríguez y Cagancho, teniendo otra tarde deslucida.

21 de Abril

Cuarta corrida de Feria, toros de don Antonio Peñalver, alternando con El Algabeño y Niño de la Palma, bastantes muestras de desagrado y pitos.

3 de Junio

 Toros  de  Coquilla, alternando  con  Chicuelo  y  García  Lalanda. Esta  fue la última que toreo en Sevilla, estuvo muy deslucido.

Este  mismo  día  cuando terminó esta corrida, se dirigía con su padre a Utrera, en automóvil, a visitar a su  hermano  Rafael  que  estudiaba  en los Salesianos, sufrió un accidente de trafico antes de llegar a Alcalá de Guadaira, entre Torreblanca y el antiguo polvorín, sufriendo graves lesiones de las que tardó bastante tiempo en recuperarse.

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                                 Curro Puya es trasladado en camilla  tras sufrir el accidente

EN MÉXICO

Al finalizar la temporada de 1928, Curro Puya se encontraba en el momento más importante de su carrera, embarcó para México, no consiguiendo triunfar en sus primeras corridas, ante la situación creada es atendido por la familia Morales hasta conseguir grandes triunfos, tanto en la  Plaza del Toreo  de la capital, como en los diversos estados mexicanos que le valieron para que le otorgaran la Oreja de Oro.

Ante el comportamiento de esta familia mexicana  “Curro Puya” atendiéndola en cuantas necesidades se le presentaron.

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 Pasaporte otorgado a Curro Puya para su desplazamiento a México

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El Sr. Morales con su hija que atendió a  Curro Puya en México antes de sus triunfos

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Dedicatoria del reverso de la fotografía de la familia Morales

LA DINASTIA

La semilla dejada por Francisco Vega de los Reyes, primer “Gitanillo de Triana” con su prematura muerte dejó una indeleble huella en la afición y muy en particular en el barrio de Triana.  Los “Puyas” trianeros quedaron impregnados de tristeza y aflicción. Su madre triste, llorosa, afligida por la pena, frecuentaba diariamente su tumba en el Cementerio de San Fernando, hasta tal punto, que el Ayuntamiento de Sevilla ordenó la colocación de un banco cerca de su panteón para el descanso de una madre afligida.

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Tumba de Gitanillo de Triana en el Cementerio de San Fernando

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Banco ante la tumba de Gitanillo de Triana, ordenado colocar por el Ayuntamiento

Sus hermanos y sobrinos quisieron seguir honrando su memoria y emular sus triunfos, naciendo una saga de toreros, que si bien no alcanzaron su fama, dejaron patente el estilo creado por el genial torero, siendo su hermano Rafael el que llegó a alcanzar el doctorado con el mismo seudónimo artístico y fallecido desgraciadamente en un accidente de automóvil.  Su hermano Pepe también destacó como un excelente torero falleciendo el 18 de Marzo de 1990 y retratado por el pintor Antonio Badia. Sus sobrinos también se iniciaron en la profesión: Vicente Vega Humanes “Gitanillo Chico” hijo de su hermano “Pacorro” nacido 8 de Noviembre de 1920 toma la alternativa el 10 de agosto de 1952 en la Plaza de Toros de Carabanchel de manos de Jerónimo Pimentel, con toros de Miura, falleciendo en accidente de carretera en Huelva, el 26 de Junio de 1976, estando dedicado al apoderamiento; Francisco Vega Serrano, hijo de Antonio, no tomó la alternativa terminando de mozo de estoques de Antonio Ordóñez. Con la retirada de Francisco Moreno Vega, “Curro Puya”, hijo de su hermana Pastora, gran novillero y subalterno se podría decir que se termina la dinastía, un principio y un fin, si bien un sobrino nieto Francisco Ramírez González, con el mismo seudónimo de “Curro Puya” torea algunas novilladas sin caballos, retirándose.

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“Pacorro”  padre de Gitanillo Chico con su familia.

“Pacorro” era un gran aficionado a los gallos de pelea

RAFAEL VEGA DE LOS REYES

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RAFAEL VEGA DE LOS REYES  “GITANILLO DE TRIANA¨

 Rafael Vega de los Reyes, nació en Triana el día 21 de Marzo del año de 1915, siendo el menor de los siete hermanos. Dos años más tarde de la muerte de su hermano  en 1933 torea 31 novilladas en todas las plazas de categoría, tomando la alternativa el 19 de Agosto del mismo año en la Plaza de Toros de Málaga de manos de Domingo Ortega con toros de Villamarta y testigo Victoriano de la Serna. La confirmación de la alternativa la realiza en Madrid el 24 de Mayo de 1934 de manos de Marcial Lalanda y testigo El Estudiante, con reses de Villamarta. En 1934, pierde cartel y sólo torea cinco corridas.

Una vez pasada la Guerra Civil reaparece en 1944 acompañando en los carteles a Manuel Rodríguez “Manolote”. , al que le unió una gran amistad hasta el punto de llegar a ser su compadre al apadrinar a unos de sus hijos. La muerte del genial torero cordobés, cogido en Linares, siendo compañero de cartel, influye decisivamente en su carrera, retirándose de los ruedos.

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 Rafael Vega de los Reyes y   Manuel Rodríguez “Manolete” compañeros de cartel en Linares

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Rafael Vega de los Reyes con Manolete

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Rafael Vega de los Reyes en un pase por alto

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Rafael Vega de los Reyes con su hermano Pepe

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Rafael Vega de los Reyes con Manolo Caracol

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Rafael Vega de los Reyes con Antonio Ordoñez

Rafael Vega de los Reyes estableció negocios de restauración en la capital de España.

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Carta del Restaurante y la Boite “Gitanillo´s propiedad del Rafael Vega de los Reyes en Madrid

Falleció el 24 de Mayo de 1969 en Belinchón(Cuenca) en accidente de automóvil, en compañía de su yerno, el también torero Héctor Álvarez.

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Sobrinos y familiares en la misa oficiada en la Parroquia de Santa Ana, con motivo del fallecimiento de Rafael Vega de los Reyes. Sentado y en primera fila su hermano mayor Manuel por todos llamado “Pacorro”

JOSE VEGA DE LOS REYES

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            José Vega de los Reyes en su debut de novillero con sólo 15 años de edad

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                                        José Vega de los Reyes con traje campero

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                        José Vega de los Reyes en una fotografía clásica de la época

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                                 El pintor Antonio Badia pintando a José Vega de los Reyes

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                                              Antonio Badía con José Vega de los Reyes

FRANCISCO MORENO VEGA “CURRO PUYA”

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Francisco Moreno Vega, hijo de su hermana Pastora nace el 29 de Junio de 1934, no llegando a conocer a su tío. Debuta en el año 1954 en Tarragona con caballos, llegando a torear treinta novilladas en las plazas más importantes. En Sevilla debuta el 26 de Junio de 1955, con novillos de Juan Belmonte en compañía de Jaime Bravo y José Rodríguez “El Pío”.  El uno de Octubre de 1955 sale a hombros de la Plaza de las Ventas de Madrid. El 24 de septiembre del año de 1959, toreando en Madrid por San Isidro con novillos del Conde de la Corte y en compañía de cartel con Manolo Carra y José Julio, sufre una cogida grave que le rompe la femoral. Anteriormente, en el año de 1958,  había actuado en Sevilla donde salió a hombros, cruzando el puente como es tradición de los toreros trianeros, y llevado hasta su barrio de Triana.

Como banderillero ha actuado a las ordenes  Rafael Ortega y Manolo Vázquez (1961). Con Miguel Báez “Litri” (1964). Con Curro Romero (1965-1966) con Antonio Ordóñez desde el año 1967 hasta la retirada de éste. Con Manolo Cortés (1972-73-74) y el año de 1975 con José Antonio Campuzano, retirándose definitivamente en el año de 1988.

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                                  Francisco Moreno Vega “Curro Puya”  triunfa en Sevilla

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Francisco Moreno Vega “Curro Puya" a hombros por la calle Cisne en Triana después de triunfar en la Real Maestranza en 1959

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Francisco Moreno Vega “Curro Puya”  triunfa en Madrid teniendo de compañeros de cartel a Jaime Ostos y José Rodríguez “El Pío”

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Francisco Moreno Vega “Curro Puya” toreando en la Plaza de Toros Barcelona

COINCIDENCIAS HISTORICAS

A Curro Puya lo coge el toro Fandanguero, justamente a los cuarenta y siete días de haber sido proclamada la República Española. Estando ingresado en el Sanatorio del Doctor Crespo se inaugura la Plaza de Toros de la Ventas el día 17 de Junio. Corrida organizada por el Ayuntamiento de Madrid para remediar la crisis motivada por el paro obrero.

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Perspectiva de la calle Pureza a principios del S. XX  por la que correteó Curro  Puya cuando era un niño

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Calle Castilla anegada en año de 1917

UNA RIADA TRES DÍAS DESOLADORES

6 de Marzo: Reina una f0rtisimo temporal que causa graves destrozos en edificios y arbolado; crece rápidamente el Guadalquivir y queda nuevamente cerrado el Puerto.

7 de Marzo. Continua el temporal fuertísimo.- El río Guadaira se desborda, inundando la avenida y el Prado de San Sebastián y sus alrededores, el Parque de Maria Luisa, la Plaza de América y paseos.- Se desploma parte del ábside de la Parroquia de San Marcos, causando en el templo grandes deterioros y quedando en su consecuencia cerrada al culto.

9 de Marzo: La riada alcanza la mayor intensidad, subiendo las aguas a considerable altura sobre su nivel ordinario, mayor que la del año 1912.- El barrio de Triana queda totalmente arriado, llegando en algunas calles a tener cerca de dos metros de agua; también cubren estas los Paseos de Colón, orilla del río, Prado de San Sebastián, Delicias y Parque.- Llega de Madrid comisionado por el Gobierno para estudiar los medios con que combatir los efectos de esta riada y procurar evitarlas en el porvenir, el ingeniero Sr. Gelabert, visitando los barrios inundados.- En la Alcaldía y con el mismo fin celebran reunión las autoridades, los representantes en Cortes y los ingenieros.

10 de Marzo: Mejora el tiempo y las aguas inician seguidamente su descenso, quedando por la tarde desaguada Triana, los paseos y el Parque.

Manuel Chaves Nogales: Crónica abreviada o registro de sucesos de Sevilla, Sevilla 1917.

 Cuando se produce esta riada, Curro Puya tenia la edad de sólo 14 años de edad.

El 23 de Octubre del año 1912 una conferencia del escritor catalán Eugenio Noel en el Circulo Republicano, en contra de las corridas de toros, finaliza con un abucheo general y una persecución del conferenciante por las calles del centro, hasta lograr refugiarse en la Cervecería España.

El cinco de Noviembre de éste mismo año se declararon en huelga cuatrocientas trabajadoras de los almacenes de aceituna de Triana.

El 20 de Diciembre del mismo año que debuta Curro Puya como novillero, 1924, se inaugura a línea e tranvías desde Sevilla a la Pañoleta.

El 20 de Diciembre de 1927, año de la alternativa de Curro Puya, es inaugurado el Dispensario de la Cruz Roja Infanta Luisa en la calle San Jacinto.

El 9 de Mayo de 1929, inauguran los Reyes con gran solemnidad la Exposición Iberoamericana de Sevilla.

Cuando llega el féretro de Curro Puya a Sevilla es alcalde don José González y Fernández de la Bandera que había tomado posesión el día 26 de Junio de 1931, año de la muerte de Gitanillo de Triana.

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 Pepe Pinto,  Manuel Vega “EL Carbonero”  (Cantaores) y Niño Ricardo (Tocaor) artistas famosos de la época de Gitanillo de Triana 

 EPILOGO    

Era de justicia realizar un reconocimiento público a Francisco Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”, torero trianero que llegó ser una gran figura del toreo creando un estilo muy personal que quedó grabado en los anales de la historia.

Los motivos que me han guiado a recuperar su memoria no  son otros, que al morir muy joven y en una  época de grandes convulsiones sociales, quedó, ya pasado el tiempo oscurecida su personalidad, tanto su condición humana como artística.

Ha pasado el tiempo, ya no quedan testigos presénciales que con su voz nos hayan podido comentar en vivo aquellas tardes inolvidables de su toreo, al menos no lo hemos encontrado, y si así hubiese sido, al ser estos de avanzada edad, creemos que no me hubieran aportado lo necesario. He tenido que recurrir a la investigación, a los datos tanto textuales como gráficos en medios de prensa de la época, como así a las nuevas tecnologías que ponen al alcance de cualquiera todo lo necesario que nos pueda servir para enriquecer el trabajo propuesto, y muy en particular a su familia facilitándome todo los documentos obrantes en su poder.

La base primordial de este trabajo  ha sido tomada de un libreto editado, sin firma, no apareciendo editorial y publicidad alguna, distribuido a la muerte del genial torero que se vendió al precio de cincuenta céntimos. Este me ha sido facilitado por su sobrino Francisco Moreno Vega,  con el  seudónimo artístico de “Curro Puya” hijo de su hermana Pastora, torero ya retirado y en la actualidad profesor de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla. 

La idea de llevar a cabo esta trabajo nació al caer en mis manos una lectura taurina donde aparecía su nombre con la fecha de nacimiento y muerte coincidiendo con los cien años  en que vio la luz primera en su barrio de Triana.. Desde aquel mismo momento y hora pensé que era necesario honrar su memoria.

Ya en la lejanía del tiempo es importante tener a nuestro alcance, todo lo que significo Francisco Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana” en la reciente historia de nuestra Fiesta Nacional,  quedando un testimonio enriquecido con las aportaciones gráficas y textuales que puedan servir para mayor conocimiento de todos aquellos aficionados a la fiesta de los toros, o no aficionados, ya que fue parte integrante de la historia de nuestra ciudad y del barrio que lo vio nacer y crecer: Triana.

Pensamos que todo lo expuesto ha sido el principio y el fin de una dinastía de toreros trianeros. Son otros tiempos, Triana no es la que fue, pero aún sigue guardando en su memoria todos aquellos personajes que la hicieron universal, y en este caso en el mundo del toro por la cual se significó. Francisco  Vega de los Reyes, “Gitanillo de Triana” para los trianeros Curro Puya, con su arte memorable contribuyó a engrandecer nuestra fiesta y a su barrio de Triana. 

AGRADECIMIENTOS

El haber rescatado la memoria de Francisco Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana” insigne torero trianero, se lo debemos a todos aquellos que desde el primer  instante que le fue comentada la intención no dudaron en aportar todos lo medios y conocimientos que tenían a su alcance.

Manuel Pérez Luque, Presidente de la Peña Trianera y a toda su Junta Directiva de esta insigne institución en la defensa de los valores trianeros, en la cual se celebraron dos actos dedicados a Curro Puya para honrar su memoria.

Los toreros José Maria Susoni y José Rodríguez  “El Pío” que participaron en la mesa como ponentes, en los actos celebrados.

Carlos Crivell y José Luis López, críticos taurinos del Diario El Mundo y Sevilla Televisión, que con su participación aportaron los conocimientos en el mundo del toro.

La familia, que no dudaron en aportarme todos los documentos obrantes en su poder y muy en particular a sus dos sobrinos: Francisco Moreno Vega y Fernando Paguillo Vega, hijos de su hermanas Pastora y Manuela.

Antonio Badía Lozano, insigne pintor, gran aficionado a los toros, autor de la portada de este libro.

Francisco Solís Pérez, coleccionista de imágenes antiguas de Sevilla, trianero de pro nacido en plena Cava de los Civiles, médico por la Universidad Hispalense y en la actualidad Mayorista de Pescados en el Mercado Central de “El Barranco” en Mercasevilla que  ha facilitado las imágenes de Curro Puya que acompañan a este libro.

Manuel Cerrejón Redondo, investigador trianero de flamenco que nos ha facilitado de su archivo fotografías  de Custodia Romero y Curro Puya.

A todos ellos mi más sincero agradecimiento.

EXPOSICIÓN ALFREDO BAUTISTA

EXPOSICIÓN ALFREDO BAUTISTA

En el ocaso de un caluroso Verano y en el principio de un ilusionante Otoño, en el bonito pueblo Tomares en plena cornisa de un lugar privilegiado como es el Aljarafe, existió una exposición de un pintor del cual me viene su amistad a través de su hermano, gran persona y gran amigo como es Ángel Bautista, ambos hijos de un hombre incansable por la lucha de las ideas, al cual tuve la suerte de conocer en los tiempos difíciles de carencias de libertades.

Su pintura está llena de un colorido exuberante, transmite con sus pinceles la combinación de la fuerza del color brillante de nuestra tierra del sur y si a esto le unimos los motivos de su pintura nos trasladamos a la belleza y el colorido costumbrista de Sorolla. Aunque nacido en la bonita tierra de la cal y el flamenco como es Moron de la Frontera, sus vivencias las encierra en el barrio de Triana donde se crió.

Pintor autodidacta pero no por ello lleno de sensibilidad, expresa con su pintura el sentimiento de los comportamientos de la gentes del sur, a través de la luminosidad de su pintura.

Espero que disfrutéis con su pintura

FLAMENCO BRAVO

FLAMENCO BRAVO

Sucedió hace pocos días, fue la llamada telefónica de una gran persona, gran pintor y gran amigo desde hace años, para invitarme a su exposición instalada en la Casa de la Provincia de Excma. Diputación Provincial de Sevilla.

Por supuesto que no lo dude y me presente a su inauguración un Viernes uno de Octubre a las ocho de la tarde. Gran asistencia de amigos y de todos aquellos interesados por su pintura.

El expresionismo de su obra es de un realismo fuera de lo común, Fernando retrata, siendo capaz de coger el detalle intimo de la expresión del artista flamenco, su sensibilidad en la pintura queda demostrada en el mínimo detalle.

La exposición titulada Flamenco Bravo, es coincidente con todos los actos de la celebración de la XVI Bienal de Flamenco de Sevilla, en su treinta aniversario.

Espero que les guste la exposición de este gran artista al haberla recogido en este video.

Nació en Sevilla, transcurriendo su vida entre la capital y el pueblo Las Cabezas de San Juan. Estudia en Sevilla y se inspira en el pueblo, trasladando a los lienzos, al papel y a la plancha calcográfica sus ideas en el estudio de la calle Galera.

Realiza las siguientes exposiciones individuales: 

1972     Nueva Galeria de Arte de Cádiz. Provincial.

1973     Galería de Arte Don Manuel, Sevilla.

Salones de la Caja de Ahorros de Ronda (Málaga).

Galería de Arte Los Cisnes, Jerez de la Frontera.

1974  «Monotipos de mi Tierra>, (dibujos), en la Galería

Anastasia Klein, Castellón de la Plana.

Dibujos en la Galería Don Manuel, Sevilla.

Galería El Patio, Matalascañas (Huelva).

Galería Alwasití Sevilla.

1975 Galería Crónica, Badajoz.

1976-77 Exposición en la Galena Marin, Chiclana (Cádiz).

1977    Galería de Arte Álvaro, Sevilla.

Galería Horizonte. Jerez de la Frontera.

Galería Noez, Toledo.

1978 Galería de Arte Es Planxadar, Mahón (Menorca).

1979 Bandar-Abbas, Golfo Pérsico (Irán).

í980 Galería de Arte-Biblioteca Municipal, San Fernando (Cádiz).

Hotel New Otani. Tokio (Japón) y en The Pla e Spainsh-

Festival 80 de Tokio.

1981 Óleos, dibujos y grabados, sala Gaya, Casa de España en París.

Guardabarreras. Óleos y dibujos, Galería Joan Miró, rue Quentin Bauchart. París. 

1982 Dibujos y grabados en el Centro Cultural de la Embajada en Argel (Argelia).

Obra Gráfica «Más al Sur» en Bagdad (Iraq).

Dibujos en Benni-Arnrane (Argelia).

Dibujos y pinturas, Casino Comercial y Culto a (Los Palacios y Villafranca).

1984 Motivos árabes en la Galería Al,/aro. Sevilla.

Ayuntamiento de Motril (Granada).

1985 Claustro del Palacio Provincial de la Diputación de Cádiz

Obra gráfica «Más al Sur», en el Hotel Dounia, Agadir (Marruecos).

1987 Casa de la Cultura de Lebrija.

1987-88 Realiza el Mural de la Mancomunidad del Bajo Guadalquivir en plena vía pública, con una longitud de cincuenta metros y una altura oscilante de cinco y siete metros, en Las Cabezas de San Juan.

1989 Veintidós años de pintura. «Jornadas de Otoño>,, Sanlúcar de Barrameda

1991 Oleos, dibujos y grabados, Las Cabezas Juan.

1995 XXV Aniversario de la Fundación Tertulia Cultural Flamenca El Gallo, Morón de la Frontera.

1997 Semana de Andalucía en Asturias. Hotel Begoña-Gijón.

Casa de la Cultura en Tineo, Gijón.

 VII Semana Cultural Flamenca de Paradas.

1998 Pintura Flamenca, Circuito organizado por la Diputación  de Sevilla en los pueblos de Osuna, Mairena del Alcor, Guillena; Montellano y Alcalá de Guadaira.

Casino de Marbella.

Galería Pureza, en a X Bienal de Flamenco, Triana,

1999 Retrospectiva en el Palacio de Peñaflor, Ecija. XXX Años de Pintura, Sala de Exposiciones de la Misericordia, Lebrija.

2000 Paisajes de mi pueblo, Tineo (Asturias).

XXX Años de Pintura, exposición en Los Palacios

XXX Aniversario de A.C.F. AmIgos de la guitarra Carmona.

2001 Gestos Flamencos, Museo de Arte Contemporáneo José María. Moreno Galvan. La Puebla de Cazalla.

XXXVI Edición de la Caracola Sala de la Misericordia, Lebrija.

Homenaje al Niño Medina, Salón Cultural ­Iglesia de San Miguel de Arcos de la Frontera.

29 Congreso internacional de Arte Flamenco. Galería Ramón Puyol, Algeciras.

2002 Gestos Flamencos.. Centro Andaluz de Flamenco. Colaboración de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía con el VI Festival de Jerez. Palacio Pemartin Jerez de la Frontera.

Pintura Flamenca en el patio del Ayuntamiento de El Viso del Alcor.

Óleos y dibujos flamencos en la Fundación Zoilo Ruiz –Mateos,

Rota

VI Jornadas de Estudios Flamencos, a la memora de Miguel Acal en conmemoración del XI         Aniversario de la Llave de Oro del

Cante en la Casa Palacio de Maicena del Alcor.

Oleos y dibujos en la l l Feria Mundial de Flamenco en el Palacio de Congresos y Exposiciones (FIBES) en Sevilla.

Grabados en la biblioteca de la Base Naval USA en Rota.

2004 Actos conmemorativos del XX aniversario de la muerte de Antonio Maicena, Casa de la Cultura de Mairena del Alcor.

Dibujos en la Casa de las Sirenas (Alameda de Hércules), con motivo de la XIII Bienal de Flamenco.

Pinturas flamencas en la Galería de Arte Alvaro con motivó de la XIII Bienal.

2006 Sala de exposiciones Hospital de Santiago de Úbeda (Jaén).

2008 Trazos Flamencos. Salón de Plenos del Ayuntamiento de Paradas. XVIII Semana Cultural de Actividades Flamencas.

2009 Gestos Flamencos. Centro Andaluz de Flamenco de Jerez de la Frontera.

Ha participado en Muchas exposiciones colectivas, entre las que destacan: 

VI Feria de Muestras Iberoamericana de Sevilla (1967), Homenaje a Pío Baroja en la Galeria Antonio Machado, Madrid (1973); Concurso internacional de Dibujos de la Fundación Ynglada Guillo, Barcelona (1973); II Bienal de Arte de Marbella en homenaje a Picasso (1973); IIl Premio Nacional de dibujos «Pancho Cossío», Santander (1973); II Bienal de Pinturas de la Provincia de León (1973); VI Certamen de Artes Plásticas en el Salón del Trono de Ceuta (1973); III Concurso Nacional de Pintura «Blanco y Negro», Palacio de Cristal, Madrid (1974); IlI Certamen. Internacional del Grabado de Palma de Mallorca (1977); Colectiva Inaugural en la Galería Azcue de Sevilla (1977), Colectiva de Pintores Españoles en la Casa de España en París (1979); Exposición itinerante del «Grabado Joven Sevillano>,, organizada por la Caja de Ahorros con la colaboración de la Excma. Diputación Provincial de Sevilla (1980); Pintores y Escultores. Sevillanos en homenaje al XXXI Congreso Mundial de Juventudes Musicales (1981); Primer Encuentro de Grabados Andaluces,. Málaga (1981) Primera Bienal’ de Arte Serigráfico de la Pintura Iberoamericana presentada por la Galería «Praxis», Argentina (1983)  Colabora con su obra árabe en documentales para Estatal Mexican, «Camino de la Rosa», viajando por todo Marruecos (í983), Colectiva de dibujos en homenaje a Alvaro Balbontín en Sevilla (1984); Colectiva de Pintores Memorial Alvaro, Sevilla (1988), Autor de los Carteles de las Semanas de teatro Lebrijano Juan Bernabé, Lebrija (1982-1990); Seleccionado Il y llI Premio Tepro, Sevilla (1989-1990).

Desde 1993 realiza el cartel de los distintos circuitos Flamencos organizados por la Federación de Peñas Sevillanas: Caracola de Lebrija.. Gazpacho de Morón de la Frontera. Mistela de Los Palacios. Yerbabuena y Oro Blanco de Las Cabezas, Gines, Camas, Triana, Sevilla Este, Arcos de la Frontera, etc.

Representado en los museos de Osaka (Japón), Contemporáneo (Sevilla), Museo de Bagdad (Iraq), Diputación de Sevilla, Embajada de Argel, Casa de España en París.

Tiene parte de sus obras en colecciones privadas en Ginebra, Copenhague, Alaska, Australia,. Teherán,. París, Roma, Argelia, Tokio;  NuevaYork, y países de Latinoamérica.

¿ TRIANA COMARCA CANTAORA? (Ensayo)

¿ TRIANA COMARCA CANTAORA?  (Ensayo)

Conferencia dada en el Hotel Alcázar de la Reina para el Centro Cultural Olavide en Carmona – Cursos de Verano 2006 -

                                    EL FLAMENCO DE AYER Y HOY

INTRODUCCIÓN

¡Sí! En interrogación, a modo de pregunta, fue y sigue siendo Triana una Comarca Cantaora, ¿ Es un mito? ¿Es una leyenda? Con toda sinceridad tendré que admitir que es un conjunto de apreciaciones envueltas en un halo que la han caracterizado dándole un reconocimiento no sólo en el mundo del flamenco sino también en muchos aspectos del arte.

Pero tendremos que seguir preguntándonos que circunstancias históricas han acontecidos para que el nombre de Triana haya llegado a constituirse en una referencia imprescindible a la hora de hablar de  flamenco.

Es indudable que la situación geográfica y el clima son dos elementos de gran importancia que influyen de una forma determinante a la hora de forjar un carácter y si a estos elementos les unimos las situaciones aportadas por el normal comportamiento socio-económico y político dados por la natural inter-relación entre los individuos nos da como resultado una serie de actuaciones muy concretas en  un determinado lugar, en este caso, en lugar no es otro que Triana, siendo el motivo que me ha traído aquí en esta mañana calurosa muy cerquita ya de ese día “señalaito” de la “Seña Santana”.

Antes de nada tendré que hacer una observación de gran importancia encuadrada en esta inter-relación humana, que no es otra que desmontar el tópico existente acerca del comportamiento trianero. Triana cuando hace uso de su nombre no adopta una actitud prepotente, Triana hace uso de su nombre inconscientemente al haber forjado su carácter por si sola, ya que desde sus inicios como núcleo poblacional ha sido un barrio de alubión, un barrio de acogida, un barrio extrovertido, como lo demuestran todos los antecedentes históricos de los cuales daremos algunas referencias con el fin de tratar él  por qué es la pionera en mundo del arte y muy en particular en dar a conocer una cultura musical que se había venido gestando durante en el transcurso del tiempo, siendo la portadora, dotándola con sus aportaciones personalidad y creando estilos propios que han sido transmitidos y quedados grabados en nuestra reciente historia de lo que en la actualidad conocemos con el apelativo de flamenco.

La formación de este núcleo poblacional es antiquísima, pienso que el primer asentamiento de Sevilla se da a la margen derecha del río, por una sencilla razón, ya que a pesar de las dificultades que este presentaba debido a las inundaciones que puntualmente se daban al año, las ventajas obtenidas eran cuantiosas ya que el limo dejado era de una fertilidad extrema - aunque las comparaciones se suele decir que son odiosas es un caso muy parecido a un gran río como es el Nilo – y ustedes se preguntaran que tiene que ver esto con el Flamenco, no se asusten que tiene que ver y mucho, porque la historia del Flamenco, no se puede decir que tenga sólo doscientos años, si bien el apelativo es muy moderno, su forja se ha dado durante un largo proceso histórico. Por tanto no tendré más remedio que entrar en analizar el carácter forjado de este núcleo poblacional que no es otro que el comportamiento del trianero.       

 EL  CARÁCTER DEL TRIANERO  

Para encontrar los cantes de Triana es imprescindible analizar este comportamiento, porque  Triana  desde  su configuración como núcleo poblacional fue un caso atípico en relación  con  él  del resto de la ciudad;  hasta  tal punto, que desde la otra orilla del río, el venir a Triana se consideraba una odisea, debido  a  su  mala  fama, donde  se creía que las reyertas  eran  continuas  y  los  navajazos  estaban  a la  orden  del  día. ¡ Cierto que se dieron en ocasiones! Pero de esto  a  que sus vecinos, fueran gentes del mal vivir, va   un  abismo. No dudamos que estas  manifestaciones se dieran más  que en otro lugar, pero generalizar y decir que todos sus vecinos fueran unos díscolos y bravucones es una exageración,  ¡Tal vez haya obedecido a unos intereses  muy concretos  de la  clase  dominante!  Éste sambenito lo  ha llevado  a cuestas  el barrio durante  muchos años, de aquí la consideración y el tópico aún  existente y por fortuna ya casi desaparecido de que el flamenco es de desheredados y gentes de mal vivir; ante esto tendremos que  analizar el hecho del porqué el nombre de Triana se conoce universalmente y donde el flamenco ha jugado un papel primordial, y él  por qué ha surgido este  raro  y extraño fenómeno, caso  curioso  no  por la fama  que le dio la ciudad,  sino por todo  lo contrario, por su laboriosidad de sus industrias artesanas y  por una expresión  muy  genuina en el  mundo artístico; éste dato viene a demostrar una vez más el aislamiento a que  estaba  sometida, siendo más conocida en  el exterior, que en la ciudad donde estaba enclavada.

    Con  esto  no  queremos  decir  que  no se rigiera por las ordenanzas emanadas para el establecimiento del  buen gobierno y a esta se le considerara algo distinto en la configuración global de la urbe.

   Para analizar las circunstancias que motivaron estas expresiones diferenciadas, no tendremos más remedio que entrar en la observación del porqué de un carácter; para tal fin  tendremos que remitirnos a los antecedentes  históricos, que sirvieron de base y en donde las circunstancias  socio-económicas y políticas jugaron  un  papel determinante a la hora de forjar un pensamiento y una forma de ser.

     ¿Pero  cuales  pudieron  ser  los orígenes de Triana?  Pregunta  de  difícil contestación, ya  que  incluso cuando investigamos sobre su  nombre  patronímico nos encontramos con  varias  teorías, lo suficientemente conocidas, por lo que no abundaremos en ellas. Nos concretaremos a su primer asentamiento, que  es  lo que perseguimos para poder encontrarnos con el carácter  singular del  trianero.          

       Su configuración geológica nos ha jugado una mala pasada, ya que al estar ubicada sobre un terreno de esteros  y  marismas, no han quedado los  suficientes  restos  arqueológicos  que  nos  puedan  demostrar sus primigenios asentamientos, si  bien  los estratos de limo dejados por las constantes anegadas nos pueden dar una base de datos para determinar su origen. Mientras tanto en la orilla opuesta al ser  un  pequeño altiplano, poco  elevado,  se  encontró el refugio necesario para  salvar  las  anegadas del  Guadalquivir  y creciera una ciudad, caso opuesto a la margen derecha  que  toda ella era tierra inundable. Y es aquí,  que desde un principio estuvo sometida, lo que  más  tarde  se  denominó  Triana, a  un  natural  aislamiento geográfico, donde el río fue el principal protagonista.

      Este aislamiento forzoso a la que estaba sometida, se vio amortiguado al ser una zona  de  gran riqueza agrícola y el lugar de paso de toda la zona del Aljarafe, comarca de feraces tierras que  jugaron un papel de importancia a  la hora de abastecer a la ciudad. Ya tenemos a una Triana con  un comportamiento inminentemente rural y convertida en una alquería árabe de las tantas existentes en esta orilla del  río, teniendo que ser defendida estratégicamente por lo que esta significaba,  en  cuanto  al  sustento de la  población  que  se encontraba ubicada a intramuros.

      A pesar de jugar este papel de importancia, Triana aún no se encontraba lo suficientemente poblada para que generase una idiosincrasia peculiar, al estar configurada por un caserío muy disperso no teniendo un lazo común de unión, si bien empiezan a florecer una serie de industrias auspiciadas por la abundancia de agua y el fértil limo que dejaba puntualmente el  Guadalquivir, naciendo como consecuencia el trabajo artesanal de la alfarería, así como la industria del jabón, auspiciada por los almarjos, planta  barrilera que se da  en zonas bajas y húmedas como son las marismas, que después de ser quemadas en sus cenizas aparece la sosa cáustica, que combinada con el aceite que producía el gran  cultivo del olivar, eran los elementos vitales para la elaboración de este producto para el aseo. Éste fue el principio industrial  de  Triana, pero cuando esta se consolida como núcleo poblacional es con la llegada de los castellanos, siendo  Fernando III el que establece  su  campamento  para  la   toma de Sevilla al final del foso de la Cava, en la Dehesa de Tablada, y  es cuando aparece su carácter al asentarse en este territorio la mayor parte de  las  huestes que acompañaban al Rey, donde  se  encontraban  todos  los  oficios que asistían a la tropa. Estos avatares históricos, unidos a su situación  geográfica  y  siempre  sometido  al  aislamiento natural antes comentado, dieron como  resultado unas  formas  peculiares  y  maneras  diferenciadas, siendo  determinante  para que llegaran los gitanos y  se ubicaran definitivamente  aportando  una nueva   mezcla  al mestizaje nacido en esta margen derecha del río y a extramuros de la ciudad.

      En esta aislada orilla, en un  principio se fusionaron tres culturas: Árabes, dedicado a  la  labor de la tierra, los castellanos llegados  con  Fernando III, y los gitanos que llegan más tarde, a mediados del s. XV, partiendo de la base que fueran más bien moriscos, no queriendo entrar en este tema ya que nos apartaría de lo que estamos tratando. Los judíos quedan en el interior de la  ciudad a intramuros, creando sus propias juderías y perteneciendo a  un estrato social más alto, no asentándose en Triana, si bien jugando en su economía. Ya tenemos las culturas que con el devenir del tiempo forjaron una música que más tarde se denominará flamenco.

      Él que a va  a jugar un papel determinante en la configuración definitiva del carácter del trianero fue el descubrimiento de  un  Nuevo  Mundo, floreciendo oficios que demandaba  la Carrera  de las Indias; aparecen: carpinteros de ribera, calafates, rederos, veleros, alfareros, herreros, ¡¡ojo a los alfareros y herreros que jugaron un  papel fundamental en la forja de los cantes de Triana!! Alcanzando  cotas  insospechadas  auspiciadas por éste hito histórico.

       El carácter  del  trianero es fruto del mestizaje que surgió de las culturas llegadas, como asimismo de todos  aquellos  que  llegaron incluso años más  tarde,  buscando el  amparo de  un barrio  en  el que  nadie se sentía  forastero, Triana  fue, ha  sido y es un barrio de alubión, donde  después  de  la  época  del Descubrimiento con el traslado de la Casa de la Contratación a Cádiz – este traslado significó que el flamenco saliera de Triana como explicaremos más adelante -  vino a menos quedando condenada al ostracismo y donde encontraron refugio las más humildes clases sociales, comportamiento de sus orígenes primigenios.

       El  traslado  de  la Casa de la Contratación a Cádiz fue motivado a que no podían atracar los buques de gran calado, problema  aún  en  nuestros días no resuelto, trayendo como consecuencia la merma del comercio del puerto,  al vivir toda su industria  al amparo de éste, Triana entró en declive,  si bien  siguieron  establecidos ciertos oficios, no con la fuerza y la pujanza de antaño.

        La  configuración  del  estrato  social de Triana siempre fue bajo, donde sus corrales habitados por gentes de la más humilde condición forjaron un pensamiento bien diferenciado, con esto no queremos decir que no aflorara una nueva burguesía al amparo de las reminiscencias de una anterior época de esplendor.

        Triana al estar sometida al aislamiento natural, no se contaminó de las expresiones y  comportamientos de  la  ciudad, crea su propio léxico, su propia fonética y su propia música, que no fue otra que el flamenco, aparte de que el río vuelve a  ser el protagonista, no  sólo ya  por  ser  una barrera separadora, sino por las anegadas que traía puntualmente  todos los años, estando este núcleo poblacional  supeditado  al  azote que estas ocasionaban, naciendo de todo este cúmulo de circunstancias  una filosofía  en la manera de pensar, originando tener lo mínimo, con el fin de no poner en riesgo  sus pequeños  patrimonios (enseres y ajuares) que  tenían  que ser lo indispensable a sabiendas que puntualmente a la cita, el río cobraría su renta. Esto  unido  a la configuración de su caserío, casas bajas a lo más de dos plantas y  en su mayoría corrales y patios  de  vecindad, toda  la  vida se realizaba en la calle, al aire libre, con la cual las relaciones humanas  y la solidaridad era una constante  auspiciada por las carencias existentes.

        ¿Fue  posible  que  todos  estos  avatares  configuraran un carácter, un pensamiento peculiar y como consecuencia una creación propia en la expresión musical?  Mantenemos razones fundadas para que  así  fuera. El  humano, el  individuo, en  función de todo el ambiente que lo rodea, lo hace ser diferente a otros, nacidos y  criados  en  otro pago o lugar al estar en consonancia con su hábitat. A  los hechos nos remitimos,  poniendo como  ejemplo  la  diferencia de carácter existente entre los pueblos del norte de Europa con  los del sur, a más  distancia  menos  parecido, a más proximidad más semejanza,  pero  estableciendo siempre matices  en función tres factores: el terreno, la temperatura, a los que hay que unirle el humano; estos dan como resultado el carácter de un determinado núcleo poblacional o asentamiento,  que  una  vez desaparecida la  trashumancia  en  consecuencia  queda  establecido  un  equilibrio natural  conjugado  definitivamente por estos  tres factores como son:  Geología, clima e  individuo.

           Estas  son  las  razones  fundadas  antes comentadas; Triana  debido a la feracidad de su vega, su situación  geográfica, climática  y la mezcolanza  de culturas se dieran estos  tres componentes y naciera un carácter  diferenciado al  resto  del  otro  núcleo  poblacional nacido a la otra orilla  del río. No por esto, tendremos que argumentar: que este fuera mejor que aquel, pero sí diferente por las razones expuestas.

            El  carácter  es  el  modo de ser de una  persona o pueblo, la expresión personal y originalidad musical que ha surgido en el hábitat natural de convivencia impuesto por el  medio  que lo ha desarrollado lentamente, no nace de  una  forma  o  manera  inmediata, por tanto tendremos que decir en la Triana actual aún se conservan muchos  rasgos  del  comportamiento  de  antaño, aunque  estos  van ausentándose, apareciendo otros pero siempre  conectados  y  teniendo por base los originarios. La Triana rural ha desparecido por completo, estando en actualidad  incrustada  en  el  comportamiento del individuo urbano.

DE LOS CANTES Y SUS ORÍGENES

Una vez expuestas estas argumentaciones entraremos de lleno en la expresión musical que ha distinguido a Triana en lo que más tarde se iba a denominar en un principio Cante Hondo y más tarde Flamenco.

¿Y por qué en Triana? Existen muchos razonamientos y tendremos que dar algunos. Uno de ellos, el primordial es la llegada de los gitanos a Triana, pero no obstante tendremos que decir que antes de su llegada ya se daban fiestas auspiciadas por la celebración de la Velá de Santa Ana, al haberse erigido un templo en su nombre por Alfonso X “El Sabio” siendo velada la Santa, llegando a alcanzar tal nombradía que fue punto de encuentro de gentes llegadas de los más lejanos territorios, estableciéndose la costumbre Cristiana-Castellana de sacar a la Santa alrededor del templo recientemente construido motivando un gran jolgorio y fiestas en su nombre.

Como he comentado anteriormente la llegada de los gitanos fue primordial, ya que estos poseían una cultura ecléctica, es decir que tomaban los más diversos elementos de los comportamientos de los ya asentados, con el fin de subsistir, aún no integrándose y mantener su núcleo central familiar, no olvidando que aún estaban perseguidos por las pragmáticas dadas por los Reyes Cristianos.

¿Que música se daba en Triana en aquellas fiestas para que los gitanos la acogieran dotándolas de su exotismo oriental de donde provenían? No era otra que los romances tradicionales castellanos los cuales los adaptan a su peculiar forma de comportamiento corrompiéndolos por la transmisión oral. Ya tenemos un principio. ¿Por qué en Triana empieza a aparecer este estilo musical? Por una razón muy simple por qué Triana era el centro neurálgico de la economía propiciada por el Descubrimiento de un Nuevo Mundo, y donde su puerto era el punto de un trasiego mercantil prospero y floreciente. Triana era un arrabal, un suburbio donde se ubicaron las clases más bajas al amparo del comercio y la industria establecidas fuera de la ciudad.

Ya tenemos los Corridos o Romances y van a aparecer las Toná, las cuales mantengo que provienen del Cancionero de la Colombina creado debido a este evento histórico de importancia como fue el Descubrimiento. ¡Atención al dato¡ ¿Quien crea este Cancionero? no son otros que: Juan de Triana, racionero de la antigua Catedral de Sevilla, Francisco de la Torre de Sevilla y Hurtado de Jerez. Si nos acogemos a este Cancionero aparecen las letras de las Toná ya que mucha de la música escuchada en la Corte, las capillas, las catedrales y las ceremonias cívicas era improvisada. Eran la mayor parte de las letras que se oían en las tabernas, calles, plazas y lugares de trabajo de las clases inferiores de Triana. Los gitanos ya trianeros recogen estas letras popularizándolas y creando estilos personales llegando a cantar hasta treinta y tres tipos de Tonás, como la edad de Cristo,  Silverio Franonettí llegó a cantar hasta veintinueve.

De las Toná, sus derivaciones acomodadas y adaptadas a su exotismo oriental y con las creencias ancestrales de los gitanos: La “Debla” creencia religiosa y las “Carceleras” debido a la represión a las cuales estaban sometidos. Naciendo el “Martinete” cante de fragua por excelencia una vez asentados y prácticamente integrados los gitanos y dedicados a este prospero oficio que les dio pingües beneficios estableciendo entre ellos mismos una diferenciación, naciendo unos clanes y gerarquización muy típica de su raza. De los “Martinetes” tendré que hacer una observación: Se está en la creencia que este cante se ejecutaba cuando laboraban la forja, no es así, la fragua era el lugar de reunión cuando habían acabado el trabajo. No podemos olvidar que los gremios artesanales, establecían el lugar de trabajo en el mismo sitio que el de la convivencia diaria, de aquí lo que significaron las córralas, en Triana corrales y patios de vecindad, celebrándose fiestas por cualquier motivo. El yunque y el martillo  al estar siempre disponible se usó para el acompañamiento haciendo de diapasón, dando las notas al cantaor, pienso que fue el primer instrumento de acompañamiento, como más tarde en las evoluciones de los cantes se fueron incorporando otros instrumentos caseros, hasta llegar la guitarra.

Ya tenemos los cantes primigenios y primitivos: Romances, Toná y las derivaciones de estas como Carceleras, Deblas y Martines sin lugar a dudas nacidos en Triana por todas las circunstancias antes comentadas, nos quedan la seguiriya,  la soleá, y los cantes de fiestas que en Triana no eran otros que los Tangos.

Seguiremos haciendo el recorrido histórico de las manifestaciones populares que determinaron las características de los cantes de Triana y como estos fueron salidos del barrio y exportados a otros lugares dándoles el sello propio según el lugar y comarca debido a las aportaciones personales de las vivencias de cada lugar, ya que el flamenco es una creación constante.

Entraremos en analizar las Siguiriyas, en principio denominadas Siguiriyas gitanas de la Cava. Si bien su origen puede estar determinado siguiendo el mismo comportamiento de las Tonás,  no obstante estas aparecen más tarde, una vez que los gitanos trianeros se encuentran asentados definitivamente en Triana, teniendo que hacer una observación de gran importancia, el gitano en Triana se integró conviviendo en los corrales con los no gitanos, no existiendo diferencia alguna, ni creando rechazo alguno por su condición de raza, si bien mantenían su peculiar comportamiento siendo aceptados por todos.

Sigamos con las Seguriyas, ya que este cante es el resultado del producto de esta integración. He comentado que su origen siguió el mismo camino que las Tonás, el hecho queda demostrado que algunas de sus letras provenían de estas. Posiblemente a igual que los Romances fuera recogida de la Seguidilla popular castellana y adaptada por el gitano que la dota de un sentimiento muy especial, profundizando en la pena ancestral de su represión y muerte. La Seguiriya es un “quejio” es una reinvidicación, personal e individual. La Siguiriya Gitana de la Cava, se cantó sólo en Triana, que dio seguiriyeros de gran importancia como fueron Cagancho y Frasco el Colorao. Es indudable que la Seguiriya trianera es la más primitiva. En la actualidad las que se cantan son más las jerezanas y las gaditanas.

Este cante necesitaría más tiempo para su exposición y estudio y tendríamos que dedicarle un apartado monográfico no siendo el tema que nos ocupa.

Y entramos de lleno en la Soleá, mejor dicho “El cante por Soleá”  siendo difícil y complicado determinar su origen, pero al menos daré una serie de argumentaciones con el fin de demostrar que es un cante eminentemente trianero. No quiero entrar en estar en posesión de una verdad absoluta, y menos en el flamenco, donde no tenemos ni poseemos testimonios escritos para asegurar sus orígenes, por tanto tenemos recurrir a la hipótesis histórica.

Según el Diccionario, su nombre se deriva de soledad y del latín solitas-atis, pues bien ya nos encontramos con el primer enigma, ¿por qué el nombre soleá? trataremos de buscar una explicación lógica en función desde cuando se origina este cante que fue sobre el 1840, mediados de s. XIX, siendo atribuido a la “Andonda” a parecer de Triana, no existen referencias ciertas, ya que a Triana por todo los expuesto anteriormente llegaron para buscar su cobijo gentes de todos los confines. Se tienen noticias que podrían venir de los bailes denominados Jaleos según lo bailaran los hombres y Jelianas si lo bailaban las mujeres. Estos bailes estaban acompañados de cantes. La Andonda empieza a cantar sin acompañamiento de baile, hasta tal punto que adquiere popularidad por este hecho insólito, se queda sola, no es extraño que le pidieran: ¿Andonda canta sola? canta en soledad, sin nadie. Por derivación pudo venir el nombre de Soledad en definitiva en nuestro léxico “Cante en Soledad” “Cante por Soleá”. Esto no deja de ser una hipótesis, pero haciendo uso de la lógica, podemos acercarnos al porqué de su nombre.

Triana de inmediato se distinguió por la Soleá al ser un cante que adquirió muy pronto una gran difusión y volviendo a la hipótesis histórica, nacieron grandes soleareros cada uno de ellos dándole una personalidad propia a igual que hizo la Andonda cuando lo aparta del baile, todos los creadores del cante por soleá siguieron esta línea creativa. Existe un dato a tener muy en cuenta como son los Cafés Cantantes de los cuales Silverio Franconetti fue un precursor de llevar esta música aún no conocida como flamenco al escenario. No podemos olvidar que al poco tiempo se inaugura el actual Puente de Triana no existiendo los impedimentos que tenia el Puente de Barcas, recurriendo el Gran Silverio a los cantaores de Triana para sus actuaciones en los Cafés. Otro dato a tener en cuenta es que todos los Cafés Cantantes, se establecen a la salida del Puente de Triana hasta llegar al Centro, por este motivo empiezan a salir los cantes de Triana del hermetismo de su circulo trianero.

Si la Andonda fue la precursora en los cantes por Soleá siguieron su línea creadora muchos cantaores trianeros, y tuvo tal difusión que muchos llegaron a Triana para conocerlo hasta tal punto que se tienen noticias de que en el Callejón del Estudiante, actual calle Magallanes, muy cerca de lo que fue el Zurraque existía una pensión regentada por una señora que su sobrino era aficionado al toque de la Guitarra siendo lugar de reunión y paradero de Ramoncito “El Ollero” y a donde asistió “La Serneta” interesada por estos cantes.

En Cante por Soleá fue recogido en el barrio de Triana por gitanos y no gitanos siendo los Alfareros y su precursor Ramón el Ollero, los que crean unos estilos muy personales, distinguiéndose de quien ejecutara  los cantes por Soleá de la Cava. El Cante por Solea se convirtió con el paso del tiempo en un cante grande por excelencia. A la Andonda le siguieron Ramón el Ollero, Santamaría, Lorente, Silverio, Ribalta,  La Cuende, La Gómez, Fernando el de Triana entre tantos y tantos que llegando a nuestros días, como Emilio Abadía, Domingo “el alfarero”, El Sordillo, Manuel Oliver, Joaquín y Antonio Ballesteros, Antonio El Arenero, del que escucharemos un testimonio de su voz antes de fallecer, Márquez el Zapatero, que si bien de Villanueva en cuanto al cante es de Triana y Paco Taranto nacido en pleno Zurraque que en la actualidad es un cantaor estudioso y heredero de los cantes trianeros.

Por último nos quedan los Tangos, y el porqué salen los cantes de Triana de lo cual daremos unas breves referencias.

Cuando se produce el Descubrimiento, en Sevilla, y en particular en Triana existía una gran población negroide, hasta tal punto que fundan hasta su hermandad denominada “Hermandad de los Morenos de Triana” en la antigua calle del Rosario, que en la actualidad es calle Castilla a partir de Chapina donde tenían establecido su Hospital en lo que se denominó Zurraque. Se está en la creencia que los Tangos vinieron del Nuevo Mundo por existir allí una gran población de color, pero olvidamos que los primeros hombres de color que colonizaron el Nuevo Mundo fueron los morenos de Triana, por razones que no vienen al caso. Su música ancestral se recoge en Triana adaptándola y aflamencándola, procediendo de un baile de movimientos agraciados de ágiles contorsiones, siendo El Titi, gitano de la Cava el que creó un estilo muy personal. No obstante tendremos que decir que los Tangos son unos cantes de los más antiguos ya que como hemos dicho anteriormente procediera de los Morenos y Morenas asentados en Triana. En todas las fiestas que se celebraban en los Corrales trianeros los protagonistas eran los Tangos por ser fácil de bailar al ser muy pegadizos y rítmicos.

Estos son lo cantes de Triana: Romances, Tonás, Carceleras, Deblas, Martinetes, Soleares y Tangos, lo que un principio se empezó denominar Cante Hondo. Estos cantes primitivos fueron el comienzo para determinar una cultura musical que vino forjándose lentamente hasta desembocar tal como la conocemos en la actualidad, en la cual Triana jugó un gran papel de importancia por los antecedentes comentados.

SALIDA DE LOS CANTES DE TRIANA

Triana fue la forjadora de estos cantes que  salieron del barrio por una serie de razones que quiero exponer:

-        Traslado de la Casa de la Contratación a Cádiz

-        Pragmática de Carlos III haciendo súbditos a los gitanos.

-        Toma por los franceses de Triana

-        Cafés Cantantes

 El comportamiento de los gitanos sé rigió por sus propias leyes, si bien no escritas llevadas a cabo con rigurosidad, manteniendo unos clanes la mayor parte de ellos emparentados, auspiciándose una ayuda mutua en defensa de la supervivencia debido a las Pragmáticas dictadas contra ellos, por tanto mantenían una relación extrema aún en la distancia, reminiscencia de su nomadismo, dando como resultado una comunicación continua.

Los factores expuestos son de vital importancia ya que si barajamos sus fechas nos pueden dar el resultado del por qué los cantes de Triana son transmitidos, si bien una vez que llegan a otras comarcas evolucionan dándole la personalidad característica del hábitat donde se desenvuelven.

Una vez que Carlos III promulga la Pragmática en 1783, y consolidada dos años más tarde 1785, haciendo a los gitanos súbditos como a los demás, se liberan de las persecuciones dándoles una libertad de movimientos hasta entonces no conocida, con lo cual la cultura musical que se estaba gestando iba siendo divulgada pero siempre reconociendo el lugar de origen, a la misma vez que la evolucionan por las razones antes expuestas.

El traslado de la Casa de Contratación a Cádiz en 1717, trajo como consecuencia un declive económico y comercial de Triana, pero es curioso observar como en el camino hacia Cádiz aparecen comarcas cantaoras por excelencia, veamos: Utrera a la izquierda de la ruta, Lebrija a la derecha, Jerez en el centro, hasta desembocar en los puertos que no era otro que Cádiz. Todas estas comarcas ejecutan los cantes de Triana pero lo dotan de peculiares características. En definitiva que al amparo del comercio aparecen comarcas cantaoras. ¿Y por qué Jerez y Cádiz con más influencia que las otras? Por una sencilla razón, por ser Jerez centro neurálgico de paso y Cádiz el fin de un viaje y el comienzo de otro hacia las Indias, es decir el Nuevo Mundo.

No hemos nombrado Alcalá, por una sencilla razón porque aparece más tarde y no en razón del traslado de la Casa de Contratación a Cádiz, sino por la toma de los Franceses de Triana el 10 de Febrero de 1812 que varias familias gitanas asustadas nuevamente por una persecución se establecen en Alcalá, no nos extrañe que “Joaquín el de la Paula” fuera un integrante y descendiente de esas familias. Juan Talega con su voz rotunda decía en muchas ocasiones que los cantes son de Triana, esta afirmación nos ayuda a corroborar lo expuesto.

En cuanto a los Cafés Cantantes, fue Silverio Franconetti el que jugó un papel de importancia al llevar los cantes del barrio al escenario sacándolos del barrio y del circulo familiar, coincidiendo como factor decisivo la desaparición del Puente de Barcas y la inauguración del Puente de Triana en 1852, facilitando la labor para que los cantaores trianeros se desplazaran a intramuros sin dificultad alguna. Es curioso observar como estos se van creando una vez salidos del Puente hasta llegar al centro, no queriéndolos enumerar por tener que hacer un estudio monográfico de ellos, ya que jugaron también un papel de importancia.

Existen muchas más razones pero las primordiales son las que han sido expuestas.

No quiero entrar en el detalle de pormenorizar los distintos estilos personales de los distintos cantes que se dieron en Triana, ya que seria prácticamente interminable, esperamos dejarlo para otra mejor ocasión.

Hasta aquí, en síntesis, mi visión de lo que representó Triana en el cante debido a los avatares históricos. 

Para terminar os voy a recitar un poema en el cual se contemplan la mayoría, no todos, de los cantaores trianeros y finalizaremos con el testimonio de la voz de Antonio González Garzón “Antonio el Arenero” gran solearero de barrio que lo vio nacer.

TRIANA EN EL ALTO CIELO

Muy   cerquita  del  río,  de  su  río,  en  sus orillas bañadas por una corriente serena y eterna, se escuchó el cantar del  barrio de Triana y con el lamento del dolor de un parto fecundo nació el cante:

 

Soleá del barrio mío,

la que me hace llorar

escuchando este cantar.

 

Y está la seguriya

la gracia de los tangos

y la grandeza de la toná.

 

Tangos de Triana

nacen en la Cava

perfumados de compás.

Martines y carceleras

quejio roto, desgarrados

golpes en el yunque dan.

 

Flamenquería en sus calles,

esencia en la memoria,

frescura en su talle.

 

Triana es eterna,

siempre la gloria presente,

es parto doliente

de flamenquería naciente.

Cava Alta, Cava Baja,

San Jacinto y Altozano,

Castilla, Betis y Puente

Río Grande y corriente.

 

Pólvora y alfares

en un pasado glorioso

barro puro en sus tejares.

 

Triana, madre del cante,

cuna de cantaores

de artistas con desplante.

 

El amor es permanente

como barro en el alfar

es Triana latente,

Triana, ¡Eterna será!

 

Memoria del cante ida,

los sentimientos preñados

en oscuros túneles

de un tiempo sentenciado.

 

La pena del sentimiento,

la pena del sufrimiento,

lágrimas, llantos, añoranzas

en ausencia de la falta.

De cantaores que  no están,

tantos  que en la memoria

siempre, siempre estarán.

 

De Triana el cante se ha ido

a un cielo azul impenitente

por caminos de verde olivo

aún ausente está presente.

 

Gitanos que se fueron

sin quererse ir.

Gitanos que nos dejaron

con la pena y el sentir.

 

El Fillo, la Andonda, la Bilbá,

segurillas, martinetes y tonás.

La Gómez, la Josefa

mujeres de tez morena

que cantaron por soleá.

 

¿ Dónde está Frasco el Colorao?

Maolillo el Maestro, Manuel Maera,

Curro Pabla y Juan Pelao.

En la Triana de altos cielos

con Juana la Rinca y Juan Encuero.

Cánteme señó Manuel Cagancho!

En la Cava del alto cielo

la seguiriya del Reniego

que es cabal sentir trianero.

 

¡ Cánteme señó Manuel Cagancho!

tu cante que es alma presente

en la Triana de altos cielos

en el día a día, aún ausente

de tu cante enamorarme quiero.

 

El Mogigongo, El Mojoso,

baile y cante sin fin,

sudores de fragua, afanosos

Noriega y el Tío Martín.

 

Triana con su sombra

da frescura al cante

no parte el alma, la comba,

nace la luz y parte

un sol radiante que discurre

como llama luminosa del arte

de Mazaco y Manuel Torre.

 

Sabor de Triana antigua,

ya en el tiempo lejano

en el alto cielo, el eco del cante

Segurillas y tonás-livianas.

 

¡ Triana !

Jardín de perfumes y aromas.

Cava semilla de la soleá.

En otro jardín de flores

rosas y claveles están.

El Garfia, Vigil y el Pinea

cortando tallos de la soleá apolá

Joaquín Costillares, Manolo el de los burros

El Pili, El Pintirropo y Wenceslao,

jardineros del cante que se nos fueron.

Emilio Abadía, El Sordillo,

Joaquín y Antonio Ballesteros,

perfil de rosas, barros por tejares cocido

tallos de cante de Domingo el Alfarero

resuenan los ecos en el alto cielo.

 

¡ Aún suena en el Zurraque !

ausente el Teta, Oliver y el Arenero

la Soleá de los alfareros,

germinó la semilla presente:

el cante de Márquez el Zapatero.

Y con Paco Taranto

¡ Que no se vaya el cante !

¡ Nunca !

De una Triana ya lejana

que siga estando presente

en las calles de Triana.

TEXTOS LUIS CABALLERO (III)

TEXTOS LUIS CABALLERO (III)

POR ENTRE

LA ALEGRIA DE ALGECIRAS

Y EL VIENTO DE TARIFA

Lo recuerdo con toda la alegría que yo transportaba sobre la alocada inquietud de  mis  24 años. Había  llegado a ese lugar gibraltareño que tanto aman los ingleses  andaluces del gaditano peñón, por eso quiero repetir como fue aquella llegada que yo dejé descrita en otro nostálgico intento histórico-literario.

Algeciras (lugar que yo desconocía) campo militar de las Eras y el Peñón de Gibraltar  presidiendo  su  entorno como  la  torre Eiffel en París y la Giralda de Sevilla. Con  los ojos desorbitadamente atentos sigo conociendo y enterándome de cómo son y suenan estos pedazos de España.

Llegamos a la caída del sol. Nos dicen donde debemos acampar y dormir. Bueno  pues  de momento  sobre  algo de  pasto y de estrellas el artesonado del alto techo. Nos tumbamos pensando en aquel  otro  “paraíso perdido”,  agradable sensación  aún  palpitante  que  nos la borra la interrupción sorprendente de tres enormes  cañonazos  aliados, primer  aviso  que  desde el peñón nos envían nuestros vecinos  ingleses  a modo de bélica bienvenida, y al mismo tiempo por si hubiésemos  que  la II Guerra Mundial cabalgaba a lomos del Peñón más flamenco de Europa  gracias  a  la  milenaria  Cádiz; pétrea  elevación  esta, desde donde, sin descanso  permanecía  el  aparato  defensivo  dispuesto a  acribillar  el cielo y el mar a la menor sospecha.

Un  gigantesco  reflector  peina  de luz la franja de tierra donde nos disponíamos  a dormir, mientras otros largos chorros de luz persiguen al globo que amarrado  a  la  cola de un avión sirve de blanco a una tupida artillería antiaérea que siembra la noche de disparos y rúbricas de humo. Verdaderamente fantasmagórico. Y  escucho  a  un  compañero  decir  en  la  oscuridad de la “amplia habitación” ya medio dormido: “quiyo” ¿estaremos aquí seguros? Yo que sé ¿Mira si se le escapa un cañonazo a un inglés de estos y nos mata a “tos” ahora que parece que  íbamos  saliendo de un lío? Y le dice el otro: Bueno, tu apaga la luz y cállate ya”  - Que ganas de vivir y que ángel –

 No tardó en llegar la orden de nuestra incorporación a la compañía destacada en al “Alto Aragonés”, Tarifa. La razón por la cual nos mandaron a aquellos andurriales obedecía a la instalación de unos enormes cañones mirando al mar sobre Tarifa.

El Teniente se mandó construir una chavola y yo me busqué un rincón en el palomar de aquella casita  que  luego el ejercito expropió sin contemplaciones ¡pobre gente!

Nadábamos en aguas del estrecho protegidos del oleaje por unas grandes rocas. Algeciras  era  durante aquella guerra un puro cabaret, y yo, como “contratado” permanentemente por aquellos flamencos de uniforme no lo pasaba mal.

La  Línea  y Algeciras fueron invadidas por el miedo alegre de grandes oleadas  de  soldados  internacionales  dispuestos  a  conocer España a través de sus vinos  y los  amores  de una noche que para alguno podría ser la última. De momento nos comunican un inmediato traslado. Adiós a Tarifa de Guzmán el Bueno  con  su  ensordecedor viento de Levante en los oídos, su entrada y salida del estrecho  de  todos  los  barcos del  mundo. Adiós a sus áridos montes con algún raquítico  árbol rendido al poniente en una total inclinación provocada por el famoso  viento, y  allá  enfrente, Ceuta  y Tánger como pañuelos blancos tendidos en  el  mar. Adiós  a los marineros cabaret de la calle Munición en Algeciras. Adiós  al Peñón de los cañones. Y adiós a estas oleadas de soldados que transportados  de  un  mar  a  otro  descansaban, ellos y sus barcos, fondeados al costado oeste  de  “nuestro peñón inglés”. Estas  tropas  llenaban tabernas, bares, restaurantes  y  sobre  todo aquellos  cabaret amenizados por señoritas del interior dispuestas  a  hacer  su América a los acordes de aquel viejo y delicioso, sentimental y literario acordeón de todos los puertos de ayer.

 Ahora  dejaremos  el  Gibraltar  de esta otra guerra sil olvidar que una noche de  niebla se estrelló un avión más arriba de donde dormíamos nosotros sobre el pasto. Aunque  otro avión  que  arenizó  averiado  en la extensa playa de Tarifa, aquel  submarino  que bombardearon en circulo una tarde y debieron hundir por lo  que  nos  pareció, los  que se estrellaron sobre las rocas de la isla de las palomas  y  llevaban  las entradas para ir al cine aquella tarde en Gibraltar, y aquella enfermera  que  las olas trajeron muerta. Sabe Dios desde donde, aún con los labios pintados. Dios.... que cosas.

 Ahora  dejábamos  todo  aquello  tan  malo para los que peleaban y tan entretenido, novelesco  y  nuevo  para  nosotros  asomados  a  una  aventura  gratuita escalonada de impresiones extrañas. Nadie  podía  negarnos a nosotros, los últimos y mal mirados soldados penados de pico  y  pala el aprovechamiento cultural de hicimos de nuestros viajes y estancias  por  entre campos  y  pueblos de nuestro país. Una pobre oportunidad que asumimos  algunos con  mucho entusiasmo, mucha  hambre y mucha esperanza. Sin dejar de agradecer el buen corazón de ciertos jefes y oficiales que nos trataron con cariño.

                                                      Luis Caballero Polo

TEXTOS LUIS CABALLERO (II)

TEXTOS LUIS CABALLERO  (II)

DESDE EL ESTRECHO DE GIBRALTAR

AL

GUADALQUIVIR DE LAS ESTRELLAS

      Este viento es otro viento.

      Este viento está callado,

      como escuchando a Cernuda

      y a los hermanos Machado.    

Veníamos  de  un  mar  animado de barcos con cañones y gente extraña dispuesta a Matar antes de que  les mataran a ellos la otra gente, preparada para lo mismo, que así es  la  guerra. Pero nosotros veníamos a los verdes naranjales que perfuman de blanco azahar las familiares orillas de nuestro andalucisimo, Río Grande, río salpicado de pueblos  blancos  de cal, paz y agua mansa pasando sin rumores ¡Qué disparidad de sensaciones entre estas dos situaciones geográficas, la paz blanca del perfumado azahar contra la explosiva pólvora gris de la muerte!

Como celebrar el contento que nos embargaba a todos. Así entremos una tarde, con ese sentido pacifico de bienestar y alegría, en el pueblo ribereño de Lora del Río y con el sol caído y todo como de oro. Ahora no podría explicarme a que vino aquel gesto de amabilidad que me proporcionó la desacostumbrada  sorpresa  de  despertar en la habitación de una casa normal, normalmente acostado en una cama normal.

Sobre  los  adoquines  de  la  calle, haciendo ese compás ecuestre tan flamenco y tan campero, me habían despertado los cascos de los caballos romeros. Lora del Río estaba en fiestas. Lora del Río engalana, lo decía el “Niño de la Huerta” en aquel momento, llenando su pueblo con su milonga a manera de diana “La Romería Loreña” presidida por la Virgen de Setefilla.

Salí  a  la  calle a buscar  a  mi recién casado teniente y señora que pasaba con él unos días en el lugar de nuestro nuevo destino. A mediodía me sentí mal, La joven y encantadora cordobesa esposa de mi jefe se interesó inmediatamente por mi indisposición “ Pues si tiene fiebre. Debias mandarlo a casa por unos  días”. Entonces  comprendí  que  a  ella debía haber dormido aquella noche en una cama normal y no en el suelo de una tienda de campaña allá en el campamento. Benditas sean las mujeres, les debo tanto...

Recuerdo lo mal que llegué a encontrarme aquella tarde abrazado por la fiebre. Me fui a la estación y me tendí en un banco a esperar el tren. ¡Como había cambiado todo en mi vida  aún militarizada! Ya  en  el anden descubro la insólita presencia de una de las mujeres más atractivas que en visto en mi vida. Subimos  a la vez y a la vez ocupamos una de las ventanas del pasillo buscando algo de refresco.

Aquella preciosidad me fue aliviando mientras me aclaraba el porqué de su sorprendente presencia en tan inesperado lugar y momento: Regresaba a su casa en Sevilla después de pasar las fiestas del pueblo con sus familiares. Nos mirábamos como deseándonos, como dispuestos sin más remedio a enamorarnos. Y... nos enamoramos... Fue ella la que dijo que éramos novios  cuando bajamos del tren. ¡Que cosas!

Por  encimas  de  los  obstáculos circunstanciales  que  ahora me  salto, paseé con mi novia y fuimos al cine. Después me despedí para ingresar en el hospital, un hospital fuera de la ciudad, alegre lleno de rosas su amplio jardín. Nunca más la volví a ver, ni supe de aquella novia bellísima, viajera y decidida.

Permanecí  en  el  hospital de las rosas algún tiempo, el suficiente como para que surgiera un dulce rosario de silencios románticos. Era una monja joven, estilizada y granadina, “con la cintura de agua”, que dijera Lorca. Me  cogió  como  un  poco su ayudante para alguna que otra labor simple de hospital. No  hablábamos  más  que lo necesario, pero nos mirábamos. Apenas podía decirle nada, pero... otra  vez Lorca “ Vi  en  sus  ojos Arabia y dos arbolitos locos de brisa y de risa y de  oro”. Andando  le  sonaba  el hábito a vestido de flamenca. Alta , pausada, tal vez orgullosa  y  rebelde. Quien  sabe, decían que era monja porque a su novio lo habían matado en la guerra. Me llamaba para que le ayudara a ordenar cosas allá por los rincones el hospital. “Decirle al  vasco que  lo  estoy  esperando  para que me ayude”. El vasco... (bueno que más da).

Y  yo  la  escuchaba, la  miraba, nos  mirábamos y hablábamos, pero poco. A veces la sorprendía  con  la  mirada perdida, como soñando con el “silencio de cal y mirto” donde bordaba  aquella  otra  monja gitana del  poema de  su  paisano Federico. Silencio dentro del grito de la libertad y deseo condenados.

Yo  tenia  una amiga de amarga clausura, de sacrificio escondido. Nos hacíamos falta y venía a verme a este hospital de rosas y colores.

Siguiendo  la  ya  deseada  y agradable manera de encontrarnos por entre aquel mar de rosas,  mi  otra  enjaulada  maravilla  celeste preguntó por mi. “El vasco” ¿Pero no lo sabes? Lo  metieron  ayer  en el calabozo. Parece que discutió con alguien a cuenta de una mujer que suele venir a verlo, se le fue la mano y....

Por la ventana del sótano donde en completa soledad cumplía mi arresto la sentía pasar  pegada  a  la reja. Sólo  alcanzaba  a  verle  las  zapatillas y menos de la mitad de su negro hábito movido con la gracia y el sonido de un frufrú de bata de cola. Debió ser ella la que influyera. “Tu, venga pa arriba” y me incorporó al pequeño grupo de compañeros arrestados.

Aquí se estaba bien, hay luz solar, ventilación y buen humor. Encontré por allí algunas revistas viejas y me faltó  tiempo  para hojearlas. De pronto me  invade  ese  tipo  de emoción  que desconcierta el ritmo del corazón. ¿Pero si esta es mi novia? Aquel amor surgido una calurosa tarde orilla abajo del Gudalquivir. Efectivamente, le  había  servido  de  modelo  al  hacendado  portugués José de Palha, apasionado  fotógrafo  artístico  que  preparaba  una exposición. Mi  “novia” aparecía un poco de perfil con la Giralda detrás.

  “Ilustró  con  sus  encantos  estos  verdaderos cuadros artísticos la señorita de nuestra buena sociedad (¿la otra no es buena?) Maria del”  ¿Qué habrá sido de ella?

Cumplido  al  arresto  pedí el alta, e inmediatamente me presenté al Comandante Jefe del  Batallón. No se  acordaba de  por  donde  andaba  yo. ¿Pero  no  estabas licenciado? Bueno  pues  vete  a  tu  casa, y  se  te  va mal quédate aquí el tiempo que quieras. Aquel hombre  era  bueno. Me despedí de él, de los compañeros y de mi larga condición de soldado trabajador penado.

 ¡Que cosas?

¡Mi  madre! Pobrecita mía. Le  daré  una  gran alegría. Mi madre, ¡Cuánto sufrió mi madre!

                                          Luis Caballero Polo