El pasado día, Viernes 29 de Octubre, con motivo del Circuito 8 Provincias, organizado por la Confederación de Peñas Flamencas de Andalucía, dedicado en esta ocasión al Centenario del nacimiento de Rafael Romero "El Gallina" actuó en la preciosa Peña Flamenca de Sanlucar la Mayor, una mujer muy joven, solo 15 años granaina por más señas, que el pasado año ganó en Concurso por Granainas en la Unión.
La verdad sea dicha que quedé sorprendido por su actuación , no me esperaba que con ta poca edad pudiera hacer los cantes tan bien hechos, cierto que si tenemos que buscar algo en contra de su cante, trendriamos que decir que parar el cante no es dejarlo quieto, y en este aspecto los hace muy despaciosamente, excesivamente despacio, pienso que este es un defecto que con el paso del tiempo lo irá corrigiendo en función de la experiencia que vaya adquiriendo y tomando más seguridad a la hora de ejecutar los cantes.
Voz preciosa, armoniosa y laina plena de una musicalidad flamenca que pasado el tiempo le hará triunfar.
El acompañamiento con la guitarra del joven tocaor Antonio la Luz también me sorprendió, técnica y flamencura ajustándose siempre al cante de Ana.
Una gran sorpresa la de esta cantaora a la cual le deseamos muchos éxitos en su nueva andadura flamenca.
En la Casa de la Provincia de la Excelentísima Diputación Provincial de Sevilla, ha sido expuesta la Colección La Pintura Taurina del Conde Colombí. Gran Iniciativa la de esta Institución sevillana, que viene a reforzar la trayectoria del proceso histórico de la Fiesta de los Toros, dejando claro que es una cultura de siglos en nuestros pueblos.
Esta exposición viene a reforzar la necesidad de que la Fiesta se encuadre institucionalmente en Cultura con el objeto de que algunos no consigan lograr los fines de su supresión que seria ir en contra de nuestros antecedentes históricos, menospreciando la riqueza cultural que encierra.
El Conde de Colombí y Luis Prieto (1945)
Para poseer a las Pléyades, Orión debía cazar a todas las bestias de la isla, entre ellas un mágico y poderoso Tauro. Y así, en plena pelea, aparece en el cielo tal lance que, desde hace miles de años, forma parte de la poderosa atracción que conecta a los humanos con los astros.
Una relación siempre enigmática y profunda, la del Hombre con el Universo, que se transmuta y baja a la arena en la civilización mediterránea y más concretamente en nuestro país, donde el mito del Minotauro posee raíces y pasiones en el mundo de la Tauromaquia.
Porque es el toreo y lo que lo envuelve de mágico, todo un mundo de sensaciones, de sugestiones y de grandes vuelcos del alma, que siempre ha atraído a propios y extraños.
San Fermín, un sinfín de fiestas locales y las propias corridas de toros así lo atestiguan, dejando tras de sí, en el último ejemplo, toda una industria nacional que, además, contribuye a la conservación de un ecosistema vital para la sostenibilidad ambiental, como es la dehesa.
Y en esa fuerza de lo taurino, en ese universo de sensaciones, fue donde quedó atrapado un buen día el conde consorte de Colombí, José María Gutiérrez, alcalareño de pro y afanado coleccionista.
Ahora, con la universalización de la cultura que la democracia ha traído a todos los niveles, la valiosa colección del conde de Colombí se exhibe desde 2005 en el Museo de Alcalá de Guadaira, con todo su esplendor de compendio tauromáquico.
Una serie de obras que, ahora, la Casa de la Provincia trae hasta la capital para que todos, propios y extraños, puedan admirar la extraordinaria labor de mecenazgo que ejerció José María Gutiérrez. Y ahora, en ese futuro, el de ahora mismo, las generaciones venideras se ven también atrapadas por el mito de Minotauro en sus propias vidas.
Porque todos somos Orión, todos enfrentamos en ocasiones al Minotauro, y por eso la colección Colombí ejerce una misteriosa fascinación, a través de sus figuras, a todo aquel que la contempla.
FERNANDO RODRÍGUEZ VILLALOBOS
Presidente de la Diputación de Sevilla
En 2010 el Museo de Alcalá de Guadaira celebra el quinto aniversario de su inauguración. En estos años ha ido ocupando un lugar en el panorama cultural local y provincial, en base a una propuesta que rescata las esencias artísticas e históricas de la ciudad para ponerlas al día mediante un discurso actual.
Para celebrar esta fecha no cabía pensar en nada mejor que en redoblar el trabajo, ofreciendo un ciclo de actividades del mayor interés y calidad. En esta programación ocupa un lugar preferente la recuperación de la Colección Colombí.
En 1972 llegó a Alcalá de Guadaira una importante parte del legado bibliográfico, documental y artístico de don José María Gutiérrez Ballesteros, conde de Colombí. Una parte de esta colección, dedicada a la presencia de la temática taurina en las artes, compuesta por cuadros, cerámicas, carteles, muebles decorados a mano y exlibris, está depositada en nuestro Museo donde se viene trabajando en su recuperación, catalogación y difusión. Frutos de esta labor son esta misma publicación -la primera que se dedica explícitamente a esta colección-, la exposición que se realiza en el otoño de 2010 en la Casa de la Provincia de Sevilla -primera vez que se presenta fuera de Alcalá este legado- y la que posteriormente, a lo largo de 2011, se celebrará en el propio Museo de nuestra ciudad, para así desembocar en e140 aniversario de la donación.
Considero que es toda una ocasión que los alcalareños debemos celebrar como una fiesta cultural, participando de estas propuestas y disfrutando de un conjunto de obras que, a lo largo de décadas, habían despertado la curiosidad e interés de todos, a la vez que compartir esta celebración artística con toda la provincia y con cuantos quieran conocerla.
ANTONIO GUTIERREZ LIMONES
Alcalde de Alcalá de Guadaira
Índice
Introducción
Francisco Mantecón Campos
EL Conde de Colombi o la pasión por los toros
Rafael La Casa
La pintura taurina en la Colección Colombí
(Museo de Alcalá de Guadaira)
Obras seleccionadas
Catálogo
Obras en proceso de restauración
Ex-libris para el conde de Colombí
Introducción
Francisco Mantecón Campos
Una colección de tema taurino en Alcalá de Guadaira
En 1972 llegó a Alcalá de Guadaira una importante parte del legado bibliográfico, documental y artístico de don José María Gutiérrez Ballesteros, conde de Colombí.
Personaje singular, siempre cercano al mundo de la cultura y polifacético coleccionista, aunque desde temprana edad residió y desarrolló su vida profesional en Madrid nunca perdió el vínculo con su ciudad natal, la propia Alcalá de Guadaira, donde se le requería frecuentemente, con afecto y admiración, para conferencias, presidencias honoríficas u otros actos de diversa índole.
Eran los años de transición política y aquel legado quedó durante una temporada en un cierto olvido, hasta que en la década de los 90 la Delegación Municipal de Cultura, con el impulso de su responsable doña Guillermina Navarro Peco, pone en marcha el proceso de catalogación y restauración de las piezas. En 2005 se inaugura el Museo de la Ciudad, donde actualmente se encuentra la colección, y se da un impulso definitivo a su recuperación, estudio y divulgación.
Apuntes biográficos sobre don José María Gutiérrez Ballesteros conde de Colombí
Un 28 de marzo de 1893, nace en Alcalá de Guadaira don José María Gutiérrez Ballesteros. Menor de tres hermanos y perteneciente a una familia medianamente acomodada, cursa sus estudios de Derecho en la Universidad de Sevilla con muy buenos resultados, empezando en la misma ciudad su andadura como abogado. Su profesión le hace coincidir con Esperanza Contreras y Zea Bermúdez, joven viuda con la que contrae matrimonio por el que pasa a convertirse en conde consorte de Colombí.
El matrimonio instala su residencia en Madrid. Allí, José María Gutiérrez Ballesteros continúa su ejercicio en el mundo de la abogacía hasta los setenta años de edad alcanzando una muy brillante trayectoria profesional.
Un lugar muy importante en su vida lo ocuparon sus múltiples inquietudes culturales, que conforman en él una personalidad de «coleccionista» entendido a la manera decimonónica. Fue gran apasionado y conocedor de temas taurinos, bibliófilo, escritor y poeta, destacado conferenciante... Su afán coleccionista y su pasión por el arte, la literatura y el mundo del toro, le llevan a ocupar puestos como Miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas letras, presidente de la Asociación de Exlibristas Ibéricos y presidente de la Unión de Bibliófilos Taurinos.
De su matrimonio nace en 1940su único hijo, José María Gutiérrez y Contreras, quien tras la pronta muerte de su madre, la condesa de Colombí, ostentó el título, quedando José María Gutiérrez Ballesteros como conde viudo.
Aún siendo Madrid su lugar de residencia durante la mayor parte de su vida, jamás perdió el vínculo con su localidad natal, participando como dinamizador y protagonista en múltiples iniciativas culturales. A su vez la ciudad de Alcalá de Guadaira, agradecida, le nombra hijo predilecto en 1954.
En 1972, procedente de Madrid, llega a Alcalá parte de la colección que el conde de Colombí donó generosamente a su ciudad natal. Su legado queda almacenado en dependencias municipales, expuesto al público durante algún periodo, hasta que en 1990comenzaron las labores de ordenación, clasificación y catalogación de la donación. Otra parte de su colección fue entregada a la localidad alicantina de Alfaz del Pi, donde se inauguró un museo con esta parte del legado que, al parecer, a los pocos años cerró sus puertas.
La colección que se encuentra en el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira destaca por una muy importante sección de prensa y libros, una importantísima serie de Ex Libris compuesta por más de cinco mil ejemplares y un apartado de pintura, cerámica y otros objetos artísticos que tienen en común la particularidad de su temática taurina.
El conde de Colombí muere en 1989en Madrid.
Actualmente, el legado de D. José María Gutiérrez Ballesteros, conde de Colombí, se encuentra catalogado en su totalidad y en fase avanzada su proceso de restauración.
Ex-libris para Jesús Cardeñosa
Ex-libris de F. Teijeiro para Antoni Martinez
La pintura taurina en la colección Colombí
Como ha quedado dicho, junto con la sobresaliente sección de Ex Libris y la muy notable de libros y prensa periódica, destaca el apartado de artes plásticas de la colección, formado por pinturas, cartelería, cerámica, fotografía, esculturas de pequeño formato y mobiliario decorado a mano.
Con excepción de algunas piezas más singulares, el mayor valor de la colección no se encuentra en la calidad artística individual de las mismas, sino en el hecho de que todas ellas tienen en común estar dedicadas a la temática taurina, lo que le confiere un valor singular como colección y un importante atractivo etnográfico, pues se convierte en un compendio privilegiado para abordar el conocimiento de la fiesta del toro.
Abundan los carteles u otros impresos de «corridas» destacadas, los retratos de toreros o personajes característicos, las escenas campestres y «goyescas», que aportan una imagen de las indumentarias utilizadas en la fiesta, o las composiciones descriptivas de las principales «suertes» taurinas. Son especialmente llamativos unos pequeños formatos, generalmente en lienzo o cartón, que denominaríamos «retratos» de toros, pues en ellos se representan ejemplares concretos que destacaron por lo extraordinario de sus cualidades desde el punto de vista de la lidia, estando acompañados en muchos casos de una «ficha» adherida al dorso del cuadro donde se mencionan el nombre, peso y otros datos del animal, la plaza en que fue lidiado, el nombre del matador, y alguna descripción del comportamiento que mereció tal distinción.
Como es normal en una colección cuya única directriz previa ha sido la temática, se da una notable variedad de estilos y conceptos artísticos. La cronología de las obras va de los siglos XVIII al XX. Siempre dentro de un lenguaje figurativo, algunas se resuelven en un estilo romántico propio del siglo XIX y adecuado para temas como las escenas goyescas, o impresionista, como se da en algunas piezas que muestran suertes o momentos de la lidia, o del más claro realismo utilizado en los principales retratos. Destacaríamos por su singularidad unas piezas cerámicas en azulejos, fechados en el siglo XVIII, en las que la ingenuidad de las escenas junto con la soltura y economía de la pincelada dan el resultado de unos modos casi expresionistas; así como los exlibris, seleccionados de entre los varios miles que conforman la colección, por ser estos los de temática taurina.
Aunque ya ha sido dicho que no es el artístico el principal valor de la colección en su conjunto, sí merecen ser señaladas algunas piezas, que más adelante comentaremos de modo pormenorizado.
Cayovi - Bailaora en la venta (1870)
La colección en Alcalá de Guadaíra
El conjunto de la donación Colombí al Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra en lo referido a artes plásticas está formado por unas 200 piezas, entre pintura, escultura de pequeño formato, cerámica y mobiliario decorado a mano.
Tras el inventario realizado en sus primeros años de estancia en Alcálá, parte de la colección quedó expuesta de forma permanente en los salones del Hotel Oromana, mientras que el resto quedaba almacenado en dependencias municipales.
A finales de los años 80 del siglo XX la Delegación Municipal de Cultura se plantea la restauración de algunas de las pinturas, y en el año 1991 esta intención se refuerza mediante la firma de un convenio con la Cátedra de Restauración de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. Con ello, por parte de los alumnos de los últimos cursos y dirigidos por los profesores don Francisco y don Joaquín Arquillo Torres, se completa el inventario añadiéndole una ficha fotográfica a cada obra y se interviene sobre varios cuadros más.
A partir de 1999, con la creación de la Delegación de Patrimonio Histórico por parte del Ayuntamiento alcalareño, el proceso de restauración, aunque pausado por la propia naturaleza de los trabajos y la disponibilidad presupuestaria, se acelera en la medida de lo posible. Licenciados alcalareños en Bellas Artes, con la especialidad de restauración y conservación de obras de arte, como Paloma Monedero Trujillo, Alejandro Redondo Torres y Claudio Hoyo han dejado la huella de su buen hacer profesional aportando cada uno un paso más en la recuperación del total de obras de la colección.
Estos trabajos de restauración, además de permitirnos gozar de cuadros de mejor factura de lo que en un principio pudiera parecer, o de descubrirnos datos de autoría y fechas de realización que habían quedado ocultos por la suciedad y ennegrecimiento de los barnices, ha dejado a la luz algunas curiosidades en forma de «repintes». En algunos casos suponemos que podría ser el propio conde quien, en su afán de acrecentar la colección, encargaría la transformación de un «retratado» de cualquier profesión o personalidad en improvisado personaje taurino. Así, ha podido verse en algunos retratos cómo el protagonista ha perdido la «montera» después de una limpieza, o alguno al que se le apreciaba un alzacuellos sacerdotal debajo del traje de luces. Tal vez en otros casos algún artista modesto, necesitado de vender, se anticipaba al encargo y presentaba ya al conde las propias creaciones «revestidas» para la ocasión de toreros, banderilleros o picadores.
La exposición
Han sido varias las ocasiones en que esta colección se ha expuesto de manera parcial, pero siempre en Alcalá de Guadaira, ya fuera en la Biblioteca Pública Municipal, en la Casa de la Cultura o en el propio Museo de la Ciudad.
Es esta la primera oportunidad en que la colección, notablemente ampliada en cuanto al número de piezas que se han recuperado para su exposición, se muestra en Sevilla, en un espacio tan significativo, por la calidad del mismo y por su carácter simbólico, como es la Casa de la Provincia. Con tal motivo se edita esta publicación, la primera también de estas características que se dedica a la pintura taurina del conde de Colombí. Sin lugar a dudas que esto supone un paso adelante, y muy valioso, en lo referente al conocimiento, valorización, divulgación y disfrute de la colección, cuando se aproxima el cuarenta aniversario de su llegada a Alcalá.
Autor desconocido - Escena costumbrista (1890)
Banderillas en el campo (s.XVIII) - azulejo pintado a mano
El conde de Colombí o la pasión por los toros
Rafael La Casa
José María Gutiérrez Ballesteros nació en Alcalá de Guadaíra en las postrimerías del siglo XIX, el 28 de marzo de 1893, en el seno de una familia de propietarios agrícolas. Fue el menor de tres hermanos y estaba emparentado con el escritor José María Gutiérrez de Alba, del que acaso heredara la entusiasta inclinación hacia la literatura y,el arte que tan profundamente caracterizó la vida del conde de Colombí.
En aquellos tiempos, la que en la actualidad es una populosa ciudad del anillo metropolitano de la capital provincial no era sino un municipio de poco más de ocho mil habitantes, muchos de los cuales vivían diseminados en el campo, que estaba integrado en el partido judicial de Utrera, la localidad más importante de la comarca. Por lo demás, la población activa se dedicaba esencialmente entonces a la agricultura, con una preeminencia casi absoluta del cereal y del olivar, y a la industria panadera, a la que posteriormente se añadiría la del aderezo de aceituna. En lo político, habían quedado definitivamente superados los exaltados ánimos revolucionarios, primero, y el destacado protagonismo de las diversas tendencias del republicanismo en la vida local, después, para dar paso a un prolongado dominio conservador, acorde con el aparentemente plácido régimen de la restauración instalado en el país por obra de Cánovas del Castillo.
La mediana posición económica familiar permitió que José María Gutiérrez Ballesteros cursara estudios superiores, lo que hizo con notable aprovechamiento hasta alcanzar la Licenciatura en Derecho en la Universidad de Sevilla, para posteriormente iniciarse en el ejercicio de la abogacía en la propia capital hispalense. Tales circunstancias tuvieron una influencia decisiva en su vida, pues las ocupaciones profesionales le llevaron a conocer a Esperanza Contreras y de Zea Bermúdez, que llegaría a ser en 1930 la cuarta condesa de Colombí, con la que finalmente contrajo matrimonio el 26 de marzo de 1926. Dicha unión tuvo un único descendiente: un varón llamado como su padre.
Así pues, merced a su matrimonio el joven letrado alcalareño ingresó en el exclusivo círculo de la aristocracia y pasó a ser generalmente conocido poco más tarde como conde de Colombí, aunque en realidad era sólo el consorte de la poseedora del titulo. Incluso tras el fallecimiento de su esposa siguió haciendo uso de la mencionada dignidad nobiliaria, que heredó su hijo en 1949, como conde viudo de Colombí. De cualquier modo y por encima de las precisiones realizadas, José María Gutiérrez Ballesteros fue, desde poco después de su matrimonio hasta su propia muerte, el conde de Colombí para todos quienes le conocieron y trataron, especialmente para sus paisanos, que le dispensaron una constante admiración y respeto.
El matrimonio trajo consigo asimismo un cambio de aires para el conde de Colombí, que estableció su residencia en Madrid, donde desarrolló una brillante ejecutoria profesional como abogado hasta los setenta años de edad. Tras los convulsos tiempos de la II República y la Guerra Civil, la posición del conde se asentó definitivamente en la capital del reino. Allí tuvo oportunidad de cultivar con denuedo sus múltiples aficiones, entre las que descollaron sobremanera la literatura, el arte, el coleccionismo y el toreo. Destacó además como orador y conferenciante, con una asidua presencia en múltiples y diversos foros. Esta rica y polifacética personalidad le llevó a ser, por ejemplo, miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y presidente de la Asociación de Exlibristas Ibéricos y de la Unión de Bibliófilos Taurinos, así como a recibir numerosos reconocimientos.
Hombre de intensa vida social y acusada vertiente pública, tan pronto le vemos como primer Hermano Mayor de la madrileña Hermandad del Gran Poder y de la Esperanza Macarena, de la que fue igualmente fundador en 1940, como nos lo encontramos ejerciendo como presidente de la Federación Nacional de Asociaciones Taurinas. Empero, esta frenética actividad no le desligó de sus orígenes; antes al contrario, el conde de Colombí mantuvo de continuo una estrecha vinculación con su localidad natal, hasta el punto de ser nombrado su Hijo Predilecto en 1954, como agradecimiento a su siempre generosa cooperación en las iniciativas culturales habidas en Alcalá de Guadaíra, a las que distinguió con su solícito apoyo.
El conde de Colombí falleció en Madrid en 1989. Unos años antes, como muestra del singular afecto que dispensó siempre al pueblo donde vio la luz, donó en 1972 al Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra una importante parte de la valiosa colección bibliográfica, documental y artística que logró atesorar a lo largo de su dilatada vida.
Reunión en la Peña Taurina Los de José y Juan, con el conde Colombí en el centro
El aficionado y la fiesta nacional
Como se ha dicho, entre las aficiones del conde de Colombí ocupaba un lugar principal, seguramente desde primera hora, la fiesta nacional.
De la Alcalá de Guadaira de su infancia se nos cuenta que lucía una plaza de toros que, según una estadística mandada formar, era la cuarta por su capacidad de las siete que existían en la provincia de Sevilla. Y de la arraigada tradición taurina de la localidad en aquel entonces son elocuente muestra la fundación en 1903de una escuela taurina en la Posada del Pelao y, de modo particular, la celebración de numerosos espectáculos taurinos de muy diversa condición, a saber: corridas de toros y novilladas, festejos para aficionados, becerradas -que llegaron a contar en alguna ocasión con la participación de niños toreros- e incluso el llamado toro del aguardiente. En ese ambiente, en el que la fiesta brava se encontraba indisolublemente ligada a los grandes acontecimientos del pueblo, por lo común de carácter religioso, creció el que habría de llegar a ser conde de Colombí. Al igual que muchos de sus paisanos debió sentir una profunda admiración por los diestros locales de la época, como el siempre arrojado Antonio Moreno, Moreno de Alcalá, y el eficaz estoqueador Francisco Martín Gómez, Vázquez.
Asimismo, de unos años más tarde se nos dice que los habitantes de Alcalá de Guadaira seguían manteniendo su predilección por la fiesta nacional. No faltaron tampoco entonces los festejos, ni nuevas escuelas en las que adoctrinar a los legos en los arcanos de la tauromaquia: en 1917 se inauguró la Escuela Taurina de la Venta de Espinar y en 1925 se fundó la Escuela Taurina Cercadilla de Santa Lucía. También el pueblo siguió siendo cantera de toreros, como José García, Alcalareño, y Epifanio Bulnes, aunque ninguno de ellos llegara a estar a la altura de los éxitos de sus inmediatos predecesores locales en el ejercicio del arte de Cúchares.
Más allá de los confines alcalareños hay que reseñar que en aquel mismo tiempo se estaba gestando una auténtica revolución en el toreo, de la que fue testigo privilegiado, ya en plena juventud, el conde de Colombí. En efecto, la irrupción, prácticamente simultánea, en el planeta de los toros de José Gómez Ortega, Gallito -o simplemente Joselito el Gallo-, y de Juan Belmonte, el Pasmo de Triana, produjo una profunda conmoción. El primero, encarnación máxima del toreo poderoso y dominador, con un entendimiento de la lidia como sometimiento del astado; el segundo, portador de una nueva concepción del toreo, presidida por la quietud y el temple; el uno, fiel continuador hasta la sublimación de la tauromaquia tradicional, como sucesor indiscutido de Rafael Guerra, Guerrita; el otro, atrevido innovador que puso en valor la plasticidad y la estética en el toreo, hasta entonces preteridas casi por completo.
Cartel taurino -Plaza de Toros de Constantina (1910)
José Gómez Ortega, «Gallito» (1912)
Joselito y Belmonte, o Belmonte y Joselito, que tanto monta, sostuvieron una enconada, mas siempre respetuosa, competencia en el ruedo, que en ningún momento estuvo reñida con la recíproca admiración y estima que sintieron el uno por el otro. Ambos diestros estuvieron de continuo arropados por legiones de acérrimos incondicionales, encendidos por la pasión que estos colosos del toreo despertaban, en ocasiones hasta un fanatismo extremo. Tal era la expectación que Joselito y Belmonte originaban por doquier que sus actuaciones acostumbraban a adquirir categoría de magno acontecimiento allí donde tenían lugar. Nunca hasta entonces la fiesta había llegado a tal nivel de popularidad, ni nunca después se ha vuelto a alcanzar dicha cima.
Empero, esta rivalidad acabó de manera trágica el 16 de mayo de 1920 en la toledana plaza de Talavera de la Reina, donde el toro Bailador corneó mortalmente a Joselito el Gallo. A partir de entonces, aunque Belmonte siguió en activo derrochando su magisterio, ya nada volvió a ser lo mismo, pues había desaparecido el rival con quien mantuvo un permanente forcejeo por el cetro del toreo. Imposible decir quien era el mejor. Sólo puede sostenerse un hecho incontestable: el vacío provocado por el fallecimiento de Joselito causó no sólo un inconsolable pesar, sino también una honda perplejidad en la afición («~Qué es torear? Yo no lo sé. Creí que lo sabía Joselito y vi cómo lo mató un toro», llegó a aseverar su amigo y afamado crítico Gregorio Corrochano), y apagó en gran medida la pasión que tan necesaria resulta para la vitalidad de la fiesta, pues dejó a Belmonte sin oponente digno de tal condición.
No es extraño que aquella época, llamada con toda justicia la Edad del Oro del Toreo, quedara grabada a fuego en la memoria de los aficionados que tuvieron la dicha de vivirla de primera mano como el paradigma por antonomasia de la tauromaquia, como el canon de la perfección en la lidia, en fin, como el cabal compendio del toreo. Aparecerían posteriormente nuevas suertes, se sucederían unas tras otras las figuras de indiscutible mérito (Marcial Lalanda, Domingo Ortega, Manolete, Pepe Luis Vázquez, Antonio Bienvenida, Luis Miguel Domínguín, Antonio Ordóñez...), continuaría evolucionando el propio toreo (incorporación del peto al caballo de picar; concepción del toreo de muleta como suma de pases ligados en tandas, que se convierte en la parte fundamental de la lidia; enaltecimiento de la quietud del torero, hasta el punto de terminar erigiéndose en figura cuasi inmóvil alrededor de la cual gira el toro...), pero los viejos aficionados seguían guardando estricta fidelidad a Belmonte y a Gallito: en efecto, los unos continuaban afirmando con orgullo que eran de Juan; los otros, con no menos arrogancia, proclamaban que eran de José. Así, sin más, porque sobraban por completo el apellido y el apodo y porque ya nada volvería a ser lo mismo en el mundo del toro.
El tiempo siguió su inexorable curso, mas para muchos, entre los que se contaba el conde de Colombí, la memoria se encontraba definitivamente anclada en el pasado esplendoroso de la Edad de Oro del Toreo. En el Madrid de principios de los cincuenta del siglo pasado, un selecto y escogido grupo de aficionados, ante la crisis que a su entender padecía la fiesta, reflejada sobre todo en la extensión de la corruptela del afeitado por aquel entonces, consideró oportuno tomar postura a favor de la plenitud del espectáculo taurino. Para ello, entendieron que lo mejor era reivindicar la pureza que ellos conocieron en sus años juveniles, en los que tuvieron la suerte de presenciar la competencia entre Joselito y Belmonte, en la que coincidieron ciencia, arte y toro. Así se explica en la propia historia de la peña taurina Los de José y Juan, creada en la capital del reino en 1951, cuyos socios debía cumplir inexorablemente el requisito de haber visto torear a Gallito y a Belmonte. No podía ser de otro modo, pues el objetivo primordial de la Peña era -y continúa siendo- el de rendir homenaje perpetuo a la memoria de aquellos dos diestros, por reputarlos, con toda propiedad, las máximas figuras de la historia del toreo.
Pronto se produjo un aluvión de solicitudes de ingreso, entre las que se contó la del mismo conde de Colombí, que fue nombrado vicepresidente de la peña en 1954, cargo en el que cesó en 1972 por causa del traslado de su residencia a Sevilla. También por aquellas fechas alcanzó la presidencia de la Federación Nacional de Asociaciones Taurinas. Así pues, el conde de Colombí fue durante largo tiempo una de las almas de aquella egregia reunión de viejos aficionados, que desde 1958 ha venido celebrando unos interesantísimos ciclos de conferencias, sucedidos anualmente de manera ininterrumpida, en los que prestigiosos oradores han disertado sobre las diversas vertientes de la fiesta (entre ellos, José María de Cossío, Gregorio Corrochano, Domingo Ortega, Antonio Díaz-Cañabate, Gerardo Diego, José Bergamín, Luis María Anson, Daniel Vázquez Díaz y el propio conde de Colombí). Los de José y Juan se convirtió pronto en santo y seña del taurinismo nacional, por más que despectivamente se tachara a la peña de bastión irreducible de que cualquier tiempo pasado fue mejor. En efecto, la originaria tertulia taurina, que no por ello dejó de reunirse periódicamente, alcanzó al poco tiempo de su constitución como peña el liderato de la afición nacional.
Todavía hoy día continúa su brillante andadura Los de José y Juan, aunque para lograr su supervivencia hubiera de adoptar en 1969 el acuerdo -traumático para algunos de los viejos peñistas- de suprimir el requisito de haber visto torear a Gallito y a Belmonte para el ingreso como socio. La perspectiva histórica revela el acierto de la decisión, pues de otra manera el inexorable transcurso del tiempo habría terminado por acabar con este valioso referente para la afición.
No es aventurado afirmar que el conde de Colombí fue un enamorado de la fiesta, un aficionado constante que no cesó durante su larga vida en la tarea de profundizar en el conocimiento de la tauromaquia, en suma, un apasionado amante del toreo. Por ende, no extraña que esa entusiasta afición llegara a contar, entre sus muchas vertientes, la del coleccionismo. Gracias a ello puede disfrutarse en Alcalá de Guadaíra de un magnífico elenco de pinturas, cerámicas, carteles y otros objetos de diversa condición relacionados con el toreo. En ellos el visitante debe ver y apreciar ante todo, por encima de la calidad artística de las obras, el esforzado y paciente fruto de la pasión por la fiesta de un aficionado ejemplar.
Ex-libris para Franco de Fonzo
Ex-libris para Jesús Cardeñosa
Ignacio Sánchez Mejías - Fotografía de Marin
El intelectual y el toreo
En verdad la afición a los toros del conde de Colombí no puede desligarse de su época. Es un hecho incontestable que de dicho tiempo puede decirse con absoluta propiedad, con Ortega y Gasset, que por cierto era también aficionado, que «opínese lo que se quiera sobre aquel espectáculo, es un hecho de evidencia arrolladora que durante generaciones y generaciones fue, tal vez, esa fiesta la cosa que ha hecho más felices a mayor número de españoles». En efecto, la fiesta era en aquel entonces el espectáculo de masas por antonomasia de una sociedad eminentemente agraria, que asociaba indisolublemente los toros con los acontecimientos festivos más relevantes del calendario. No debe sorprender, por consiguiente, su profundo arraigo en el pueblo, como es elocuente muestra la secular tradición taurina de Alcalá de Guadaira puesta de relieve con anterioridad, ni considerarse exagerada la observación, del mismo Ortega y Gasset, de que no puede entenderse sin los toros la historia de España desde 1650, por más que hoy día, desde hace varias décadas, el fútbol haya reemplazado a los toros en las preferencias lúdicas de los españoles.
A la vista de lo anterior no puede asombrar la inclinación hacia la fiesta nacional del conde de Colombí, sin perjuicio de ser digna de encomio la excelencia de su afición, pues nació, creció y maduró en un ambiente que la tenía -pudiera decirse- inoculada, como parte consustancial de la propia identidad popular. Quizá por ello llegara a afirmar categóricamente Pérez de Ayala que los toros no podían morir, porque entonces moriría España. En la misma línea, el propio lema de la peña Los de José y Juan reza todavía así: «Que no se pierda el toro, que toreros los habrá mientras exista un español».
En cambio, merece subrayarse de manera particular el espíritu curioso con que el conde de Colombí se acercó a la fiesta nacional, ansioso siempre de penetrar al máximo en la totalidad de sus ricas y variadas facetas. En efecto, el conde de Colombí, hombre al cabo de vasta cultura y fina sensibilidad artística, supo trascender del ruedo, sin desconocer nunca la importancia de lo que allí sucede, a otras muchas vertientes de la fiesta. Si en alguna ocasión dictó una conferencia con el expresivo título de «¿Hoy se torea mejor que nunca? ¿Y de la lidia qué?», que evoca su condición de viejo aficionado eternamente añorante de la Edad de Oro del Toreo, también fue capaz de disertar en otro momento sobre «La fiesta de los toros y el número cabalístico», que se antoja un arduo y complejo ejercicio literario. Igualmente hay que destacar de manera especial el hecho de que en 1954 fundara la Unión de Bibliófilos Taurinos, de la que fue verdadera alma mater, con la finalidad de rescatar ediciones agotadas de libros raros y antiguos sobre la fiesta, que por su interés merecían ser reimpresas, así como publicar trabajos de investigación realizados por expertos documentalistas sobre la génesis de la tauromaquia y su verdadera historia. En el amplio listado de títulos editados por esta asociación se encuentran algunos con notas introductorias realizadas por el conde de Colombí, quien además colaboró con asiduidad en la Gacetilla publicada por la propia Unión de Bibliófilos Taurinos, con interesantes trabajos preñados de erudición (por ejemplo, El Cardenal Cisneros y los toros o Notas de mi archivo: ¿Alanceó toros el Cid Campeador?). En fin, no puede obviarse que el conde de Colombí desarrolló también una ingente labor de recopilación de obras artísticas relacionadas con la tauromaquia.
La Edad del Oro del Toreo, así como el período inmediatamente posterior hasta la Guerra Civil (incluido, por tanto, el conocido como la Edad de Plata del Toreo, de 1920 a 1930, como lo bautizó Corrochano), significaron los momentos de mayor aproximación de la intelectualidad española a la fiesta de los toros. De la estrecha vinculación entre la elite de las letras, el pensamiento y el arte, de un lado, y el mundo del toro, de otro, dan fe de manera particular infinidad de sucedidos. Valga como botón de muestra la frase que repetidamente dedicaba, como rendido admirador, Vallé-Inclán a Belmonte: «No te falta más que morir en la plaza, Juan», a lo que el Pasmo de Triana respondía respetuosamente: «Se hará lo que se pueda, don Ramón».
Por encima de la nota anecdótica, cabe constatar que la nómina de literatos, artistas y pensadores de aquel tiempo que cantaron, escribieron, glosaron, discurrieron, pintaron, esculpieron o reflejaron de cualquier otro modo en sus obras la fiesta nacional es realmente abrumadora: García Lorca, Gerardo Diego, Alberti, Bergamín, Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Américo Castro, Picasso, Zuloaga y tantos otros. No hay duda, por ejemplo, de que una de elegías más bellas de la lengua castellana es precisamente el Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, de García Lorca. Los toros como expresión artística y al propio tiempo como parte consustancial del ser español: he ahí la dualidad que reflejaron estos hombres en sus obras, hasta el punto de llegar a sostener, en feliz expresión de García Lorca, que el toreo es probablemente la riqueza poética y vital mayor de España.
También el conde de Colombí fue, en su medida, un hombre de letras que se acercó a la fiesta para indagar más allá de lo acontecido en la plaza durante la lidia. En efecto, si se despoja de toda pretensión altisonante al término intelectual y se identifica sencillamente con la persona que usa la potencia de la inteligencia para adentrarse decididamente en el mundo del arte, en sus diversas manifestaciones, y del pensamiento, no puede sino convenirse que el conde de Colombí lo fue cabalmente. En particular, empleó todo el bagaje adquirido en su afanosa búsqueda de saberes en la comprensión y el entendimiento del fenómeno de la tauromaquia como expresión artística y vital. En suma, el conde de Colombí mantuvo con el toreo una relación que no se limitó a la pasión del simple aficionado, sin desconocer que lo fue asimismo en grado superlativo. Al cabo, la fascinación por la fiesta nacional sentida a lo largo del tiempo por hombres y mujeres de honda formación humanística, que forman verdadera legión, no puede causar sorpresa si se tiene en cuenta que, para quien quizá sea el más granado de ellos, Federico García Lorca, los toros son la fiesta más culta que hay en el mundo.
Manolo y Pepe Mejías - "Bienvenida" (1925)
Autor desconocido - Mazzantini. Brindis en la plaza, 1887 - Oleo sobre tabla. 30 x 25 cm
La obra representa el momento de lanzar la montera tras el brindis, previo a comenzar la faena de muleta. El torero se encuentra cerca de las tablas y mira hacia los medios. Tanto el colorido como la factura del cuadro son de gran sobriedad, lo que aporta serenidad a la composición, en la que el matador es el protagonista absoluto, con notable atención al retrato.
Las facciones del personaje y la cronología de la obra nos hacen pensar en que pudiera tratarse de Luis Mazzantini, hijo de padre italiano y madre vasca, que nació en 1856. Tomó la alternativa en Sevilla el 13 de abril de 1884, con Frascuelo como padrino, lidiando al toro Costurero, de la ganadería de Adalid, y la confirmó en Madrid e129 de mayo del mismo año en presencia de Lagartijo. Fue considerado un torero «poco garboso» con el capote y la muleta, pero gran estoqueador y sobre todo sobrio y autoritario director de lidia; pero lo más llamativo de Mazzantini fue su personalidad: culto y de gran formación intelectual, con preocupaciones políticas que le llevaron a ser concejal del Ayuntamiento de Madrid después de su carrera taurina, hizo a la tauromaquia aportaciones tan importantes como el sorteo de las reses antes de la lidia, cuyo orden hasta entonces imponían los empresarios o los propios ganaderos.
Autor desconocido - Alguacilillo, 1891 - Óleo sobre tela. 49 x 34 cm
El alguacilillo es uno de los personajes más pintorescos de cuantos participan en el desarrollo de la corrida de toros. Una pareja de ellos montada a caballo encabeza el «paseíllo» que da entrada a la plaza a los protagonistas de la lidia, representando lo que en siglos anteriores se denominaría «despeje de la plaza» y que tenía todo su sentido por desarrollarse el evento en un espacio público. Son representantes de la autoridad, personalizada durante la corrida en el presidente, en cuyo nombre entregan las llaves al encargado de abrir los toriles, transmiten las indicaciones necesarias a los participantes o entregan los trofeos a los matadores cuando se han hecho merecedores de ello. La vestimenta es propia de la época de Felipe IV.
Tal personaje es el protagonista absoluto de esta composición, resuelta en elegantes tonos plata, que junto a los notables contrastes confieren al cuadro una atractiva y serena luminosidad. No diremos que se trate de un retrato, pues la atención mayor del autor parece puesta en describir de manera preciosista la indumentaria, más que las propias facciones del individuo, que sin embargo sí que denotan claramente el carácter psicológico del momento. El alguacilillo está junto a la barrera en actitud de espera tras haber cumplido parte de sus funciones en el inicio del festejo, pero se trata de una espera tensa, con la preocupación reflejada en la atenta mirada hacia el lugar donde se está desarrollando la lidia, presto a intervenir en el instante en que fuese preciso.
José Denis Belgrano Tienes que salir a la plaza, 1890 - Óleo sobre tabla. 32 x 51.5 cm
José Denis Belgrano (Málaga, 1844-1917) se entregó desde temprana edad a su vocación artística. Ya en 1862 marcha a estudiar a Roma, gracias a la ayuda de don Carlos Larios, marqués de Guadiaro. Fue profesor de la Escuela de Bellas Artes de Málaga, ciudad en cuyo museo se encuentra un buen número de sus obras. De estilo impresionista, sus cuadros presentan influencias de Fortuny, autor al que no conoció pero que siempre le interesó.
En estos parámetros estilísticos se desarrolla el cuadro que nos ocupa. Un picador ha sido probablemente derribado de su montura; en un patio anejo a la plaza, recostado en un banco y a la sombra de una parra, le atiende una mujer que le ofrece algo de beber. Un alguacilillo le exhorta de forma expresiva a que vuelva a su tarea, mientras que en segundo plano un monosabio sujeta al caballo, que parece mantener la calma mejor que su jinete.
Todo ello está narrado con una pincelada suelta, que por momentos sólo esboza las formas, con predominio de las tonalidades doradas sobre las que destaca con fuerza la negra indumentaria del alguacil.
Autor desconocido - Retrato de Francisco Montes « Paquiro», 1839 - Óleo sobre tela. 64 x 50 cm
La colección cuenta con un importante apartado de retratos de notable interés. Si entre ellos destacamos algunos como éste es, además de por su propia calidad, porque presenta una característica que se da con alguna frecuencia en este legado, la factura de la obra debida a dos manos distintas y por razones que no siempre son coincidentes. En este caso, resulta evidente que la cabeza del personaje está tratada con una pincelada suave y fundida, en una gama cromática breve y matizada, de manera que lo material no resta atención a los rasgos. Mientras que la indumentaria está resuelta de manera radicalmente distinta, con pincelada larga y empastada, escasa valoración cromática e intención de que en algunos sitios sea el propio relieve de la pintura depositada el que dibuje los adornos del traje. Aunque la intención del autor, desconocido en este caso, hubiese sido emplear este recurso para centrar toda la atención en el rostro, entendemos que la diferencia de estilos es excesiva y sin transición alguna como para tratarse de una misma mano.
Aunque no aparece en el cuadro ningún título o mención a la identidad del personaje, el parecido nos induce a pensar que pudiera tratarse de un retrato de Francisco Montes «Paquiro», torero nacido en Chiclana de la Frontera (Cádiz) en 1804, discípulo favorito de Pedro Romero, fallecido en abril de 1851 por unas fiebres consecuencia de una cornada. Fue uno de los grandes lidiadores de la historia del toreo, dominador de todas las suertes y situaciones dentro y fuera de la plaza, que a decir de los entendidos podía ser «por momentos autoritario y sobrio como los rondeños o barroco y luminoso como los sevillanos».
Esta personalidad puede quedar perfectamente reflejada en la pintura, en la que la luminosidad del rostro centra toda nuestra atención para encontrarnos con la mirada, firme y decidida, fija en la nuestra, del retratado, cuya sobriedad queda remarcada por el fuerte contraste con la oscuridad del fondo.
García Ramos (atribuido) Mujer torera, 1880-1890 - óleo sobre lienzo. 52 x 37 cm
Estamos ante una de las pinturas más interesantes de la colección, tanto por su evidente calidad como por su posible autoría, puesto que al ser restaurada apareció de manera bastante legible la firma de García Ramos.Tanto la belleza en el colorido como la excelente resolución de algunas partes nos inclinan a pensar en que la obra está realizada por un artista de primera fila, como pudiera ser el propio pintor sevillano, si bien cierta ligereza en la manera de solucionar otras zonas nos hace dudar o pensar en una etapa inicial, en absoluto de madurez, del propio autor. No obstante la aclaración de esta atribución debe ser resuelta por especialistas en esta figura, mientras nosotros nos limitaremos a tratar el cuadro como parte, en todo caso destacada, de este legado de Colombí.
Se trata de una obra costumbrista, lenguaje en el que lucieron de manera extraordinaria autores sevillanos como el propio José García Ramos o Jiménez Aranda. Se representa a una mujer ataviada de torera, con chaquetilla corta, amplia faja a la cintura de color rojo al igual que el corbatín, sombrero al estilo bandolero y capote recogido sobre el brazo. Coincide que la figura femenina es con frecuencia protagonista de las composiciones de García Ramos, ya sea en escenas de fiestas de cante y baile, en ambientes taurinos o en asuntos más cotidianos.
La retratada bien pudiera ser la torera Marta Martina, conocida como «La Martita», cuya alternativa como espada se produce en 1845, vestida a la manera francesa, según la describe Cossío. El escritor Antonio García Ramos, hermano del pintor, recoge en su libro «20 temas taurinos» palabras elogiosas que le dedicara Curro Cúchares al decirle «Martina, si lo que te sobra de valentía lo tuvieras de conocimiento de las reses serías tanto como yo».
Salvador Viniegra - Mujer torera, 1885 - Óleo sobre lienzo. 51 x 33 cm
Salvador Viniegra y Lasso de la Vega nació en Cádiz e123 de noviembre de 1862. Inició estudios en Derecho, pero pronto se dedicó a su verdadera vocación, ingresando en la Escuela de Bellas Artes de Cádiz. En 1890 marchó a Roma con una beca para completar sus estudios. Algunas de sus obras fueron muy reproducidas, por lo que se convirtió en un artista muy popular y conocido en diversos países europeos.
Pero no sólo su trayectoria creativa es destacable, también su diversidad de facetas como persona especialmente culta y de gran formación en las artes en general. Fue director y conservador del Museo del Prado durante casi una década y en la última etapa de su vida realizó una importante labor como mecenas, especialmente de músicos, siendo él mismo un gran violonchelista, en la que colaboró con autores como Manuel de Falla. Murió en Madrid en 1915, dejando cuadros en colecciones como la del propio Museo del Prado, el Bellas Artes de Málaga o el de su Cádiz natal.
Centrándonos en su pintura debemos decir que utilizó con éxito diversas técnicas además del óleo, como la acuarela o el grabado. Destacó especialmente por sus obras de temática histórica y sus retratos; ambos caminos conducen a una manera de hacer muy descriptiva y preciosista, con gusto por el detalle, con un cuidado dibujo y una gran riqueza cromática. Todo ello se plasma de modo evidente en este cuadro, que representa a una mujer ataviada con indumentaria taurina y con un capote descansando sobre el brazo.
Martinez de León - Alegoria taurina, c. 1918 - Pluma y tinta china sobre papel - Triptico de 58 x 99 cm en total
Extraordinario dibujante, periodista gráfico y cronista de toda una época, Andrés Martínez de León nació en Coria del Río (Sevilla) e15 de abril de 1895. Realizó estudios en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, en la que desde muy temprana edad destacó por su capacidad para un dibujo nervioso y ágil, de gran expresividad, caracterizado por la economía de trazos. Comenzó su andadura en el mundo de la prensa escrita colaborando con El Noticiero Sevillano, invitado por su primer descubridor, don Juan Carretero Luca de Tena, entonces director de este diario. En pocos años trabajaba también para los periódicos madrileños El sol y La voz, así como para las revistas La esfera y Blanco y Negro.
Hacia 1920 creó el que fue su personaje más emblemático, « Oselito»,fina y genial encarnación del carácter y el pensamiento andaluz, a través de cuya mirada y sentencias realizó una aguda y divertida crónica de la España de la época. En la década de los treinta del siglo pasado se constituyó en dibujante fundamental del mundo del toro, publicando varios libros sobre este tema. Falleció en 1978.
Autor desconocido Retrato de torero, c. 1840 - Óleo sobre lienzo. 62 x 47 cm
El retratado es un personaje, en principio sin identificar, vestido de torero. Si bien es éste uno de los casos de «repintes» que con alguna frecuencia se dan en la colección, de tal manera que, al realizar la limpieza del cuadro, se apreciaba claramente que parte del pelo y las patillas eran producto de una pintura posterior, así como el cuello de la camisa, la corbata y la parte superior del traje de luces dejaban a la vista lo que parecía un alzacuello y un traje eclesiástico, por lo que podemos suponer que inicialmente se trataba del retrato de un sacerdote «reconvertido» a torero.
En cualquier caso, el análisis plástico de la obra nos indica un gran interés del autor por situarnos ante la psicología del retratado. El fondo oscuro envuelve el traje, mientras que la luz, que entra desde la izquierda del cuadro, ilumina de forma destacada el rostro, de piel muy blanca y rasgos finos. La mirada, severa y serena, se enfrentó un día a la del pintor y lo hace hoy a la del espectador, quien a través de ella podrá tratar de averiguar la vida que subyace tras esa expresión.
Autor desconocido Cantando en la venta, 1850 - Óleo sobre lienzo. 82 x 61’5 cm
Obra de marcado carácter costumbrista, algo ingenua en la resolución pero primorosa en el cuido de detalles y en la elegancia del colorido.
La composición está probablemente basada en una litografía de Manuel Cabral Bejarano, de la colección «Costumbres andaluzas». Se representa una escena en el interior de una taberna en la que el único personaje femenino parece estar cantando, acompañada a la guitarra por un personaje vestido de picador, mientras otro ataviado de torero escucha embelesado y un tabernero, que está sirviendo unas copas de vino, parece haberse detenido para atender al cante; a excepción de este último, todos están sentados en torno a una mesa. La estancia está en penumbra; la única luz entra por un gran ventanal que da a un patio o plaza porticada.
El quite, 1880 - Óleo sobre lienzo. 24 x 35 cm
Con un lenguaje claramente impresionista, el autor ha logrado captar un momento de dramatismo y gran revuelo en el transcurso de la lidia. El picador y su caballo, en plena suerte de varas, han sido derribados por el toro y al instante tres toreros ya se encuentran intentando el «quite», moviendo en círculo los capotes e incluso tirando del rabo del astado, para evitar que pueda cornear y hacer más daño a las víctimas. No se detiene la pincelada en ningún detalle ni en perfilar ningún rasgo; todo el interés del artista se centra en el conjunto, en el ambiente de la plaza y en transmitirnos el dinamismo, la urgencia y la respiración contenida que el momento significa.
Francisco Navas Linares En peligro, 1880 - Óleo sobre cartón. 33 x 50 cm
La escena representa el momento en que el picador, en el suelo, se encuentra cara a cara con el toro tras haber sido derribado de su montura por la fuerza del astado. La pronta intervención de los subalternos que salen al quite parece a punto de atajar el momento de peligro.
El autor ha situado al grupo de personajes en la zona de sombra de la plaza, destacándolos en suave contraluz sobre la parte de sol; uno de los toreros, situado justo en el centro, es el único que recibe la luz directa y su traje refulge, por lo que se convierte en eje de una composición horizontal, de notable simetría, en la que el movimiento del toro al embestir y del caballo que huye parece reforzar la línea curva que separa la zona iluminada de la sombra. El colorido, basado en una sobria paleta de tierras y carmines, es de gran elegancia.
Autor desconocido - Retrato del torero Rafael Pérez de Guzmán «el Bueno», 1830-1835 - Óleo sobre lienzo. 73 x 55 cm
Cierto es que este cuadro posiblemente no destaca por sus virtudes artísticas, pero sí es de interés por los sabrosos apuntes biográficos del personaje retratado. Rafael Pérez de Guzmán, apodado «el Bueno», vivió en el primer tercio del siglo XIX. En la obra aparece representado de perfil, con el rostro sereno y cierta melancolía en la mirada. La escasa materia pictórica con que el cuadro está realizado deja entrever el soporte en algunas zonas. El colorido está casi ausente, resolviéndose entre marrones y negros, lo que no deja de dar un cierto halo de misterio al resultado.
El personaje nació en Córdoba en 1802 en el seno de una familia burguesa, los condes de Villamanrique del Tajo. Inició la carrera militar, con destino en el Regimiento de Caballería de sede en Sevilla. Desde temprana edad se sintió inclinado por todo lo relacionado con el mundo del folclore en general y del toro en particular; participaba en tientas y decidió ingresar en la Escuela Taurina que dirigía Pedro Romero, abandonando definitivamente el ejército. El 29 de mayo de 1831, encontrándose en la plaza de Aranjuez, «Paquiro» solicitó permiso para cederle a Rafael la muerte de uno de sus toros, llamado «Gascón», cosa que realizó de una celebrada estocada en la suerte de «recibir». Pocos días después hizo lo mismo con otro astado, «Serrano» se llamaba este; en el momento de armar la espada se le cayó la muleta, no queriendo agacharse a cogerla sacó un pequeño pañuelo que llevaba y ayudándose de él entró a matar. Tomó la alternativa en Madrid en ese mismo año de 1831.
El 23 de abril de 1838 se dirigía a la capital para una corrida en la que compartía cartel con «Paquiro» y «Rigores». A la altura de Guadalajara fue asaltado por un grupo de bandoleros y de resultas de la refriega que se originó perdió la vida. Sus compañeros de aquella tarde entregaron a la viuda los mil reales que le hubieran correspondido por su parte de la lidia. Sus restos yacen en el Monasterio de San Isidoro del Campo, de la localidad sevillana de Santiponce.
Autor desconocido - Pelando la pava, 1850 - Óleo sobre tabla. 23 x 18 cm
Esta obra pertenece a una sección dentro de la Colección Colombí que podríamos denominar «escenas goyescas o de fiesta». Tienen en común estos cuadros su carácter claramente costumbrista, junto a cierta ligereza en la realización pero una gracia notable en las composiciones, en las escenas que describe, en la luminosidad de los colores o en la atención a los detalles.
En este caso se trata de una escena que llamaríamos «de galanteo». Un mozo ataviado con traje corto campero está rondando a una joven que le escucha sentada en silla sevillana, con un jardín como fondo, tocada con un mantón y adornándose el pelo con flores. El caballo del pretendiente es el único testigo de la conversación.
Toro con banderillas, 1923 - Óleo sobre cartón. 26 x 41 cm
Toro con estocada, 1923 - Óleo sobre cartón. 26 x 41,2 cm
Toro con estocada II, 1923 - Óleo sobre cartón entelado. 26,3 x 40,8 cm
Julián Alcaraz
Este pintor nació en Murcia en julio de 1876 y vivió hasta 1952. Se especializó absolutamente en la temática taurina, en coherencia con su gran afición por las corridas de toros. Con diecisiete años pintó su primer cartel dedicado a esta fiesta, con el que se anunció la temporada de Sevilla de 1893. Posteriormente realizó otros para las ferias de San Sebastián, Pamplona, Bilbao y Murcia.
Su pintura alcanzó un gran dominio técnico y dibujístico, admirado por otros artistas coetáneos como el escultor Benlliure, a quien resultaba especialmente llamativo que Alcaraz acostumbraba a modelar en arcilla la figura del toro para mejor estudiarlo antes de pintarlo.
Este conjunto de cuadros, de los que la colección incluye algunos más, presenta al toro como único protagonista, en el campo o en distintos momentos de la lidia. El estudio anatómico del animal es en todos los casos excelente, con observación de las características que pueden diferenciar a un ejemplar de otro e incluso a una ganadería de las demás.
Para Julián Alcaraz el toro es el dominador absoluto del ruedo, difícil de doblegar aún cuando ya ha sido estoqueado. Refleja su poderío, fuerza y bravura mediante el dinamismo de la pincelada, el encuadre o la utilización del color.
Autor desconocido - Reses cruzando el río, 1850 - Óleo sobre lienzo. 58 x 103 cm
J.J.M - Reses a las puertas del Castillo, 1853 - Óleo sobre lienzo. 76 x 100 cm
Si en algo ha destacado Alcalá de Guadaíra en el mundo de la pintura ha sido en la representación plástica de los paisajes. Por ello no podemos dejar de traer a esta selección alguna muestra de un grupo de obras de la colección que denominaríamos «Paisajes con toros».
Hemos elegido para ello estas dos hermosas panorámicas de carácter bucólico, evocadoras de una imagen romántica, más ideal que real, de la vida cotidiana. Entre luces anaranjadas, indicadoras de las primeras o postreras horas de sol, un grupo de personajes lleva a cabo su labor con el ganado, en una sensación de absoluta paz y armonía, en el marco de entornos bellísimos. La presencia de esos personajes nos ofrece la escala espacial, al tiempo que nos transmite la idea de paisajes vivos, en los que casi podemos oír los sonidos emitidos por los animales, el chapoteo en el agua o las voces de los pastores.
Ambas pinturas están resueltas en un lenguaje naturalista, con una escala cromática sobria y que ayuda a crear la sensación de armonía que el conjunto nos ofrece.
Retrato con traje de luces, 1890 - Óleo sobre lienzo. 61,2 x 50 cm
Probablemente estemos ante uno de los mejores retratos que ofrece la colección; no en vano está realizado por un notable especialista en esta materia, el italiano Edgar Saporetti. Nació en 1865 y falleció en 1909. Realizó estudios en Roma, trasladándose posteriormente a Florencia donde obtuvo cátedra en la Academia de Bellas Artes. Cultivó principalmente el género del retrato, en el que alcanzó gran prestigio, de lo que dan fe las numerosas obras suyas que se conservan en museos italianos así como en colecciones privadas.
No hemos podido identificar al torero retratado en este caso, siendo significativos sus rasgos juveniles, que podríamos considerar cercanos a los de la etnia gitana o tal vez hispanoamericana. Tanto la pincelada, suelta y matérica, cuanto el dibujo, están manejados con gran maestría y dominio. El personaje está situado de «tres cuartos», aunque gira la cabeza y la mirada hacia el espectador. La elección del color de fondo hace que predomine la entonación dorada en todo el cuadro, sólo rota por el negro de la montera, de la corbata y de los ojos del torero, que conforman el eje central de la composición. Si bien el retrato está trabajado de manera naturalista, la indumentaria tiene cierta concepción impresionista. La suavidad de los rasgos y la profundidad de la mirada tiñen la obra de un sereno misterio.
Catálogo
La difusión de este catálogo la he llevado a cabo en aras de la defensa de la Fiesta de los Toros, al mismo tiempo quiero expresar mi mas sincera felicitación y agradecimiento al Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra del cual el máximo representante es su Alcalde Antonio Gutierrez Limones y la actual Diputada de Cultura de la Excelentisima Diputación de Sevilla doña Guillermina Navarro Peco, que cuando tuvo la reponsabilidad de la Delegación de Cultura en el citado Municipio consiguio rescatar todo el Patrimonio y riqueza que contiene la Colección del Conde Colombí.
Esta Exposición ha sido un acto importante por lo que significa nuestra Cultura Taurina, y mas aún en los momentos en que se encuentra nuestra Fiesta de los Toros.
Este libro de Francisco Vega de Los Reyes "Curro Puya" para los trianeros fue presentado en el Salón de Carteles de la Real Maestranza de Caballería con gran asistencia de público y Medios de Comunicación.
Al mismo le acompañé un DVD inédito con imágenes del torero en la Real Maestranza en el año de 1929
IMÁGENES
Las imágenes corresponden a los rollos de películas familiares de los conocidos como Pathé Baby de 9.5 mm. Películas que dejaron de fabricarse hacia 1950 por lo que cualquier rollo de este tipo posee un mínimo de 55 años. Las imágenes taurinas proceden de esta colección (rollo nº 11)
INDICE
PROLOGO
SILENCIO
INTRODUCCIÓN
TRIANA Y SEVILLA
INICIO DE SU CARRERA
LA ALTERNATIVA
CONFIRMACIÓN DE LA ALTERNATIVA
ANÉCDOTAS
EL FATAL DESENLACE
DETALLE DE LA CORRIDA
LA COGIDA
MOMENTOS DE LA COGIDA
EL TORO FANDANGUERO
EN LA ENFERMERÍA
EN EL SANATORIO DEL DOCTOR CRESPO
POBRE GITANILLO
A LA MUERTE DE GITANILLO
EL TESTAMENTO
EL FUNERAL
HABLANDO CON HEREDIA, EL AYUDANTE
CUSTODIA ROMERO
HERMANDAD DE LOS GITANOS
LA ESTRELLA DE LUTO
EL CACHORRO
CURRO MELOJA
EN MÉXICO
CORRIDAS TOREADAS EN SEVILLA
LA DINASTÍA
RAFAEL VEGA DE LOS REYES.
JOSÉ VEGA DE LOS REYES
FRANCISCO MORENO VEGA
COINCIDENCIAS HISTÓRICAS
EPILOGO
AGRADECIMIENTOS
La Fiesta de la Tauromaquia y nuestra ciudad han caminado cogidas de la mano a lo largo de nuestra historia, siendo Sevilla el germen y origen de un toreo diferenciado, hasta el punto de crear una escuela dotada de una estética especial, caracterizando al toreo sevillano.
Rescatar todo lo concerniente a la vida de nuestra ciudad, que en definitiva es rescatar nuestra memoria histórica, es un hecho de vital importancia para dar a conocer parte de nuestra historia, en este caso, la de un torero trianero, que alcanzó la fama, elevando el nombre de la ciudad que lo vio nacer, universalizándola.
El Gobierno de Sevilla trabaja en apoyo de la investigación y divulgación de todo el legado histórico que nuestra ciudad posee, en todas sus facetas. Por eso nos satisface poder contribuir a destacar el papel fundamental que ha jugado Sevilla en la historia de la tauromaquia, en este caso con la enorme figura de Francisco Vega de los Reyes, “Gitanillo de Triana”, para los trianeros siempre llamado “Curro Puya”.
Para finalizar quiero dar la enhorabuena al autor y amigo José Manuel López Mohiño por el esfuerzo realizado, cuyo excelente resultado recoge de forma ordenada y amena una pequeña parte importante de la historia de Sevilla en los años veinte, y que sirve para que ampliemos nuestros conocimientos del ser y estar sevillanos.
Un cordial saludo a todos y a todas.
Alfredo Sánchez Monteseirín
Alcalde de Sevilla.
PRÓLOGO
El toreo trianero, al igual que en el cante, se ha distinguido siempre por tener un sello único y especial; de aquellos corrales y patios, de aquella Triana del barro de los alfares y cantes junto a la fragua, entre el Puerto Camaronero y la dehesa de Tablada, salieron toreros que han escrito su nombre con letras de oro en el libro de la tauromaquia.
Ya en el siglo XIX, el diestro Antonio Montes, sacristán de la Iglesia de Santa Ana, fijó los primeros cánones de la tauromaquia característica de esta orilla. Este torero trianero, que según cuentan toreaba con una quietud asombrosa para aquella época, influiría de manera decisiva sobre Juan Belmonte “El Pasmo de Triana” que dijo en cierta ocasión que para torear bien no hacían falta los pies porque "se torea con el alma", introduciría tres componentes que cambiarían la concepción estética del torero: Adelanta la pierna, hunde el mentón y saca el pecho. A partir de entonces, el toreo artista siempre irá acompañado de estas características; por tanto, lo revolucionario de su toreo acabaría convirtiéndose en clásico.
Francisco Vega de los Reyes, Curro Puya, popularizaría también el apodo de Gitanillo de Triana después de que en un tentadero dejara fascinado al rejoneador Antonio Cañero e inspira a Juan Belmonte a que dijera aquella frase sentenciosa: "He visto torear a un gitanillo de Triana..."
Pero tanto Curro Puya como Cagancho, fueron más que dos continuadores de la Escuela Belmontina. Con ellos nacerá ese toreo puro, que pellizca el corazón, que hace llorar y parte camisas... Los dos serán la fuente donde después beberían, entre otros, dos genios, dos intérpretes inigualables del toreo: Curro Romero y Rafael de Paula.
Si Cagancho estiliza el toreo heredado de Belmonte, Curro Puya ahonda en él, llegando a torear con el capote con mayor lentitud y con las manos aún más bajas. Ahí radica la enorme importancia de Curro Puya, ya que marca un antes y un después en el toreo a la verónica.
Su verónica era lenta, suave y de una indescriptible belleza. Mecía el capote en lances inacabables, como si se estuviera mirando en el reflejo de un Guadalquivir encantado. Toreaba con una desmayada cadencia, con el capote lánguido, embrujado por duendes caprichosos.
La foto que se conserva toreando al toro "Como Tú" de la ganadería de San Mateo, es un auténtico monumento al toreo de capa. Sólo los escogidos por el ángel de la gracia han podido torear con la profundidad y la hondura de Curro Puya.
El autor de este libro, José Manuel López Mohíño es un hombre de una admirable sencillez y profunda humanidad. Además de articulista y conferenciante, es un apasionado y estudioso del flamenco y gran amante de la orilla que le vio nacer y crecer; es un hombre que se entrega desmedidamente a los demás, y ésta actitud se ve reflejada en estas páginas. Al igual que ya hiciera en su anterior libro, titulado Toda laverdad sobre Anita Sevilla, el autor rescata a un nuevo personaje para que su vida y sus fotografías no se queden en las páginas sepias del olvido. De esta manera, va haciendo un recorrido por la vida de este torero trianero: desde los inicios de su carrera y la alternativa -de manos de otro genio, Rafael El Gallo- hasta la trágica tarde en Madrid y el multitudinario entierro.
El libro termina con unas curiosas coincidencias históricas y con los toreros que entroncan con esta rama pura y juncal, con todos los que forman parte de la dinastía que empezara este sumo pontífice del toreo a la verónica.
Se trata, pues, de un libro muy documentado y enriquecido con numerosas fotografías y crónicas de la época. Hay que resaltar la magnífica portada del pintor Antonio Badía y el DVD que se incluye, con momentos de una memorable actuación en Sevilla. Todavía, antiguos aficionados, recuerdan el toreo eterno de algunas de sus inolvidables tardes en las que fue traído, cruzando el Puente de Triana y la Plaza del Altozano, hasta su misma casa, junto al corral de Villatroya. Se cumple en centenario de un excepcional torero, Curro I de Triana, el que toreaba como otros soñaban torear, príncipe y alfarero del toreo majestuoso en tardes de gloria en el Arenal...
Los lances de tu capote
han dormido a la Giralda
y han hecho llorar al río
por seguiriyas gitanas.
Curro Puya, Gitanillo,
con su traje de oro y grana
hoy se anuncia en los carteles
de la Real Maestranza.
Ya se inició el paseíllo
y hay un silencio en la Plaza...
Los chiqueros se han abierto,
el toro al albero salta,
y Curro -cristal y bronce-
con sus muñecas quebradas,
va dando ritmo y cadencia
a verónicas templadas,
igual que se templa el hierro
con el compás de la fragua.
Revuelan las golondrinas,
las seis el reloj marcaba...
¡pero el reloj se ha parado
y las manillas no avanzan!
Tu primo, Joaquín "Cagancho",
con un pellizco en el alma,
se emociona en la barrera
mientras Manuel Torre canta...
Y tú, Vega de los Reyes,
Gitanillo de Triana,
Curro Puya, ángel torero,
con el bronce de tus palmas
le das caricias al viento
con el duende de tu raza,
el toro va hipnotizado
en los vuelos de tu capa.
Por los corrales y patios
ya repican las campanas
con ecos de cante gran
¡Que está de fiesta Santa Ana!
Del Puente hasta Villatroya,
y en las calles de la Cava,
van bailando los gitanos
con sus camisas rasgadas...
¿Qué tienes tú, Curro Puya,
que hasta el corazón se para,
y haces detener al tiempo,
y pones de pie a la Plaza?
¿Qué tienes? Dime ¿Qué tienes?
Dime el secreto que guardas,
que has hecho llorar al río
por seguiriyas gitanas
y soñando con tus lances
se ha dormido la Giralda...
Rafael Peralta Revuelta
SILENCIO
Que triste tarde aquella
que te cogió Fandanguero
está de luto Triana
se quedó sin el requiebro
de la gracia del toreo.
Triana lloró de pena
la Cava quedó callada
Triana en silencio
llorando la muerte
de un gitano torero.
Doblan, tañen las campanas
Sant´Ana toca a duelo
la Plazuela está callada
por la muerte de un torero.
Te fuiste al alto cielo
por culpa, por la culpita
de un torito negro
negrito como la pena
que triste tarde aquella
que te cogió Fandanguero
La Estrella enlutada
llorando está de pena
al no hacer el paseíllo
un torero de la Cava
de nombre Gitanillo.
¡Si! Gitanillo de Triana
que un día le pusieron
ya no esta con nosotros
está toreándole a Dios
en los altísimos cielos.
José Manuel López Mohiño
INTRODUCCIÓN
El día 23 de Septiembre del año de 2003, se cumplieron cien años del nacimientode “Curro Puya”, si bien algunos cronistas de la época dan como fecha de su nacimiento el 23 de Diciembre del año 1904, no obstante damos como valida la que aparece en el epitafio de su panteón. “Curro Puya” fue el apodo con el que se conoció a Francisco Vega de los Reyes, en su barrio de Triana para después romper artísticamente con el seudónimo de “Gitanillo deTriana”. Pienso que es de justicia un reconocimiento público, por muchas razones,una de ellas,la más importante, al menos para mí, que no quede en el olvido un torero trianero que fue el precursor de una dinastía, y algo fundamental, que al morir muy joven no quede perdida su memoria en los caminos del tiempo todo el arte que atesoraba, y lo que representó en nuestra reciente historia del toreo.
Su personal estilo de torear fue algo inimitable, gran personalidad y enjundia la de su toreo. Torero carismático, hondo y profundo, cautivó a la afición durante su corta carrera artística. Castigado por los toros, no fue un torero de suerte, se ensimismaba con el toreo; estaba más en su genial creación que en la lidia, es aquí donde estriba la diferencia, sin lugar a dudas fue un torero de arte, no un lidiador, esto ocasionó que en la desgraciada tarde madrileña del 31 de Mayo de 1931, el toro de nombre Fandanguero, de la ganadería de don Graciliano Pérez –Tabernero acabara con su vida en plena juventud.
Para honrar su memoria, trataré de narrar todo lo que ha caído en mis manos acerca de su persona, al mismo tiempo que podremos contemplar, gracia a los medios técnicos de nuestros días, unas imágenes rescatadas de los años veinte, con las cuales comprobaremos su toreo y el ambiente que reinaba en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla en aquella época.
Detalles históricos ya en el recuerdo, pero de una gran importancia por lo que significó este gitanito de Triana en el mundo del toreo; momentos fatales y espeluznantes de los momentos de la cogida y el sufrimiento padecido posteriormente a ella. Su funeral significó una noticia de gran relevancia que conmovió a toda la sociedad de su tiempo, en una época de grandes convulsiones sociales por los que pasó nuestro país con el advenimiento de la segunda República.
Anécdotas que caracterizaron siempre al mundo del toro y muy en especial a un torero genial como fue Rafael el Gallo en los instantes de su alternativa.
Detalle de la critica de las corridas que toreo en su Sevilla natal demostrando la importancia que jugó su persona en el mundo del toro de aquellos tiempos, poniendo de manifiesto que llegó a ser una gran figura del toreo.
Tengo que agradecer a todos aquellos que han acogido esta idea con gran ilusión, en especial a toda su familia, y en particular a su sobrino Francisco Moreno Vega “Curro Puya” en la actualidad profesor de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla y a la Peña Trianera rincón emblemático de una Triana legendaria ya ida, cumplirá esta institución sus setenta y cinco años el próximo año dos mil siete, representada por su presidente Manuel Pérez Luque, siendo el paradero de lostoreros trianeros, donde se han llevado a cabo dos jornadas participando la critica taurina, escritores y un poeta joven de la más honda estirpe torera como es Rafael Peralta Revuelta autor del prologo de este libro.
El autor
Detalle de la tumba de Curro Puya donde aparece su fecha de
nacimiento Sevilla, 23 de septiembre de 1903
TRIANA Y SEVILLA
Entrando en Triana
Triana, el barrio que vio nacer a Curro Puya y Sevilla a principios de un siglo que se iba a caracterizar en su discurrir por los grandes cambios experimentados, era una ciudad en la decadencia de pasados esplendores, contando en 1900 con un padrón municipal de 148.000 habitantes que experimentó un crecimiento notable a medida que iban avanzando sus primeras décadas llegando a alcanzar los 200.000. Calles y plazas solitarias donde los niños jugaban sin temor alguno a un transito rodado inexistente, se jugaba al toro, se trataba a imitar a sus grandes figuras todas oriundas de un estrato social generalizado como era la pobreza reinante. Opulencia y miseria sin la existencia de una clase social media que pudiera amortiguar el contraste existente dando lugar a un enfrentamiento social inevitable. Decía nuestro prestigioso Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales y Medalla de Oro de Sevilla, don Antonio Domínguez Ortiz que –Sevilla era una Casa de Tócame Roque en la que, como decía un castizo, “no comemos pero no reímos la mar” y era verdad: reinaba el buen humor-. Tabernas y barberías eran lugar de reuniones, como así las puertas de los corrales y casas de vecindad donde se formaban animadas tertulias que ocultaban dolores hondos, penurias y quejas, reivindicaciones necesarias para salir de una miseria galopante.
La Sevilla provinciana y Triana el viejo arrabal, donde en especial el habita eran los corrales y casas de vecindad, luchaba denodadamente para encontrar soluciones que le dieran una respuesta al hambre, determinó un comportamiento especifico ya que Triana desde su configuración como núcleo poblacional fue un caso atípico en relación con el comportamiento del resto de la ciudad; hasta tal punto, que desde la otra orilla del río el venir a Triana se consideraba una odisea, debido a su mala fama, donde se creía que las reyertas eran continuas y los navajazos estaban a la orden del día.
¡Cierto que se dieron en ocasiones! pero de esto a que sus gentes, fueran gentes del mal vivir, va un abismo. No dudamos que estas manifestaciones se dieran más que en otro lugar, pero generalizar y decir que todos lo vecinos fueran unos díscolos y bravucones es una exageración, ¡Tal vez haya obedecido a unos intereses muy concretos de la clase dominante de la época! Éste sambenito lo ha llevado a cuestas el barrio durante muchos años.
Para analizar las circunstancias que motivaron estas expresiones diferenciadas, no tendremos más remedio que entrar en la observación del porqué de un carácter y muy en particular en mundo artístico y en especial en el toreo, donde Curro Puya aportó un estilo muy personal estableciendo unas formas y modos distintos, siendo el resultado de los comportamientos ancestrales de los trianeros.
Aunque sea brevemente, para tal fin tendremos que remitirnos a los antecedentes históricos, que sirvieron de base y en donde las circunstancias socioeconómicas y políticas jugaron un papel determinante a la hora de forjar un pensamiento y una forma de ser.
Triana estuvo sometida a un natural aislamiento geográfico, donde el río fue el principal protagonista. Este aislamiento forzoso se vio amortiguado al ser una zona de gran riqueza agrícola y el lugar de paso de toda la zona del Aljarafe, comarca de feraces tierras que jugaron un papel de importancia a la hora de abastecer a la ciudad.
La llegada de los gitanos ubicándose definitivamente en el barrio, aportaron una nueva mezcla al mestizaje nacido en esta margen derecha del río y a extramuros de la ciudad, dotando a Triana de un orientalismo del que Curro Puya fue un heredero al ser descendiente de aquellos clanes, dotando a su toreo de una sensualidad proporcionando el deleite de los sentidos, creando la estética y la belleza por él trasmitida naciendo en consecuencia un toreo distinto y diferente: el toreo de los gitanos trianeros.
El carácter del trianero es fruto del mestizaje que surgió de las culturas llegadas, un barrio en el que nadie se sentía forastero, Triana fue, ha sido y es un barrio de alubión siendo Francisco Vega de los Reyes un fiel exponente, en este caso en el toreo, del resultado de todos estos avatares históricos que se dieron en el barrio que lo vio nacer.
La configuración del estrato social de Triana siempre fue bajo, donde sus corrales habitados por gentes de la más humilde condición forjaron un pensamiento bien diferenciado.
Triana al estar sometida al aislamiento natural, no se contaminó de las expresiones y comportamientos de la ciudad, crea su propio léxico y su propia fonética, aparte de que el río vuelve a ser el protagonista, no sólo ya por ser una barrera separadora, sino por las anegadas que traía puntualmente todos los años, estando este núcleo poblacional supeditado al azote que estas ocasionaban, naciendo de todo este cúmulo de circunstancias una filosofía en la manera de pensar, esto unido a la configuración de su caserío: casas bajas a lo más de dos plantas y en su mayoría corrales y patios de vecindad, toda la vida se realizaba en la calle, al aire libre, con la cual las relaciones humanas y la solidaridad era una constante auspiciada por las carencias existentes, de aquí que Curro Puya fuera un torero solidario con las gentes de su barrio a las cuales a muchas de ellas ayudó a parte de su familia.
INICIO DE SU CARRERA
Curro Puya, nació en la trianera calle de la Verbena, en la actualidad Rodrigo de Triana, el día 23 de Septiembre de 1.903, teniendo sus padres: Manuel Vega Romero y Carmen de los Reyes García, una herrería en la Cava de los Gitanos, en el número 120, que es como se conocía a esta parte la calle Pagés del Corro, dedicándose a la fabricación de unos ganchos llamados grapas gitanas o puyas, utilizadas en los postes de las alambradas que protegían los cerrados de los toros, de aquí el origen del apodo de “Curro Puya”.
La vida de “Curro Puya” aquel gitanito de Triana, el tercero de siete hermanos, ( Manuel “Pacorro”, Pastora, Curro, Antonio, José, Manuela y Rafael) iba cambiar con sólo la edad de quince años, cuando en compañía de unos mozalbetes de la Cava, entre los cuales se encontraba el que más tarde sería un gran matador de toros, no era otro este que Cagancho, se fueron a la dehesa de “Los Gordales” a las afueras de Triana, a torear un novillo que se había desmandado la noche anterior, toreándolo de capa, dejando asombrado a los que le acompañaban. Desde este mismo momento nació un mito, todo el barrio quedó impregnado de su esencia, el rumor de que había nacido un torero, corrió por sus calles y plazas. En el invierno de 1923-1924 asistió a un tentadero de la ganadería de don Narciso Darnaude toreando una vaca brava con tanto lucimiento, que todos los presentes auguraron un gran porvenir como matador de toros. Días después visitó el tentadero de los señores Moreno Santa María, en la Marmoleja, toreando colosalmente, hasta tal punto que el matador de toros Angelillo de Triana y el banderillero el “Sargento” hablaron con Domingo Ruiz, que quedó en avisarle para ver torear al torerillo. Así ocurrió, efectivamente, el 22 de abril de 1924 el señor Ruiz llevó a Curro Puya a la ganadería de don Antonio Flores, en Aznalcollar y ante Belmonte, Cañero, Angelillo de Triana, Sargento, Guerrilla y Mérida y los aficionados señores Matos y Gillis, volvió a repetir su toreo asombroso. Juan Belmonte quedó impresionado: ¡ Cómo torea ese gitanillo de Triana! desde ese mismo momento quedó bautizado con el nombre artístico de “Gitanillo de Triana".
La Cava de los Gitanos donde sus padres tenían la herrería
Francisco Vega de los Reyes,”Curro Puya” torea su primera novillada el 18 de Mayo de 1924, en la plaza de toros de San Fernando, al mismo tiempo que recibe el bautizo de sangre al ser cogido por un toro de la ganadería de Félix Gómez. A Curro Puya le persiguió el infortunio toda su vida, no fue un torero de suerte, no lo respetaron los toros, en el se cebó la desgracia, desde el primer momento de su debut como novillero hasta pagar con su muerte el 14 de Agosto de 1931, debido a la cogida sufrida en la antigua Plaza de Toros de Madrid aquel fatídico día, triste y desgraciado del 31 de Mayo.
Se presentó en Sevilla como novillero el día de la Virgen de los Reyes – 15 de Agosto de 1925 - con novillos de Molina alternando con Cagancho y Andrés Mérida. Su presentación en Madrid la realizó 30 de Julio de 1926, logrando un triunfo apoteósico.
Puente de Triana en 1925 por el que llevaron a hombros a Curro Puya el día de su presentación en la plaza de toros de la Real Maestranza, costumbre tradicional de los toreros de Triana cuando triunfan
Su toreo estaba lleno de enjundia y duende, toreo despacioso y acompasado, muy especial con la capa, con las manos bajas, hasta el propio Gregorio Corrochano, crítico taurino de su época le llegó a peguntar: “Gitanillo, ¿Se te para el corazón cuando toreas? dejando escrito en un articulo del diario ABC, en el que afirmaba que “toreaba tan lentamente, de modo tan pausado que, a veces, parecía que detenía el tiempo”.
Curro Puya, fue un torero de sentimiento hondo y profundo, a la misma vez que una persona afectuosa, buena y sencilla que ayudó a muchas gentes de su barrio de Triana, siendo un gran admirador de Juan Belmonte, del que se confesaba ferviente admirador.
“Gitanillo de Triana”, para las gentes de su barrio Curro Puya, fue un torero de embeleso, de arte, tal vez es aquí donde radicaría, a parte de su mala suerte, tantas cogidas, no lidiaba, se ensimismaba, se metía dentro de sí, creando una catarsis de belleza, de estética y de conjunción plástica imposible de imitar, pensamos que se olvidaba del peligro que encierran los toros, porque estaba más en la creatividad y en la esencia grande su toreo.
Francisco Vega de los Reyes con traje campero
Viendo torear a Curro,
Preguntaba una gitana:
¿Dónde está el toro, mi niño?
Y Puya vuelve la cara
Mira muy serio a la moza
Y responde con desgana:
A mis pies lo tiene hermana.
Un editor acaba de lanzar al mercado un álbum de postales bajo el titulo de “Siluetas populares”, que consta de veinte retratos-caricaturas de las veinte figuras más salientes de la torería moderna y contemporánea. De entre ellas sacamos la número 17, que es la correspondiente a Francisco Vega de los Reyes, Gitanillo de Triana.
(Dibujo Gutiérrez-Navas)
Reproducción del retrato-caricatura que le dedicaron en su época de matador de toros
En el Mundo Gráfico de fecha 11 de Mayo de 1927, antes de tomar la alternativa aparece la siguiente crónica que transcribimos:
No como una esperanza prometedora, sino como una magnifica realidad, ha surgido en Madrid una primera figura del toreo. Nos referimos a Gitanillo de Triana, que obtuvo en la novillada del 2 de Mayo un éxito enorme, rotundo, definitivo, en la plaza de Toros de Madrid.
La afición lo ha consagrado ya como á uno de su más admirado artista, y Gitanillo de Triana será un nombre que desde ahora figurará en todos los carteles de atracción.
Los lances de capa suaves, majestuosos y torerisimos de Gitanillo de Triana, repetidos en uno y otro toro, tuvieron la virtud de hacer estallar las más cálidas ovaciones del público, entregado ante el prodigio de un arte excepcional.
Para buscar un punto de comparación al toreo de capa y muleta de Gitanillo de Triana, habría que llegar a Juan Belmonte, el famoso lidiador que no en vano apadrinó a este novillero desde que le vio actuar en un tentadero.
Sin precipitaciones, sin pretender ser excepcional y explorar torpemente la expectación de un día, que él no necesita de estos trucos, Gitanillo de Triana seguirá actuando de novillero hasta que una tarde, memorable para la afición, vaya a la alternativa, hecho y cuajado, y reciba la suprema investidura de manos de Belmonte, que si fue el primero en señalar sus aptitudes en el tentadero sevillano, debe ser, por derecho propio, el que consagre matador á este nuevo diestro trianero y deje en sus manos morenas la inapreciable herencia de un arte que ha de tener en Gitanillo de Triana el más firme y notable continuador.
Crónica del Mundo Gráfico del 11 de Mayo 1927
Juan Belmonte García
“El Pasmo de Triana” fue su mentor del que Curro Puya fue un ferviente admirador.
He aquí un lance de capa en el que el torero, recto, suave, sin retorcimientos, deja pasar el toro a un milímetro de la faja
Y otro lance igualmente perfecto, y en el que el torero aparece con la majestad de un artista hecho y consumado
El pase natural de Gitanillo de Triana, que rubricaría sin dudaJuan Belmonte, el supremo artífice de la escuela rondeña.
Y este otro pase de pecho, en el que el toro pasa entero bajo los pliegues de la roja muleta, mientras los pies del torero están sentados, inmóviles en la arena
LA ALTERNATIVA
Rafael “Gallo” dando la alternativa á “Gitanillo de Triana” en la plaza del Puerto de Santa Maria
Y llegó el día esperado por toda la afición, este no fue otro que el 28 de Agosto de 1927, en la Plaza de Toros del Puerto de Santa Maria, con toros de la ganadería de Concha y Sierra. Padrino: Rafael Gómez El Gallo, testigo: Juan Belmonte.
La corrida fue extraordinaria, a su toro de la alternativa, llamado de nombre Vigilante, berrendo en negro y brindado al ganadero don Antonio Flores le cortó las dos orejas. Juan Belmonte estuvo colosal cortando cuatro orejas y dos rabos. El Gallo cortó las dos orejas y el rabo del cuarto.
Plaza de Toros del Puerto de Santa María
Crónica de la corrida de la alternativa 7 Septiembre de 1917
Gitanillo de Triana es el torero de la sinceridad. Nadie como él llegó a ostentar la borla de doctor en tauromaquia más pausadamente, más a conciencia. Diríamos que por propia legitimidad. En estos tiempos de oportunismo, de exaltación taurina al uso, el caso de Gitanillo es un caso de honradez profesional. Así lo delata su historial taurino. Sin ventaja, sin fácil escala, sin ayuda fervorosa é incondicional, sin la colaboración de una leyenda de fácil arraigo en lo que hemos dado en llamarle “afición”, el torero sevillano ha ido consolidando su prestigio cara al toro, y teniendo sólido por baluarte su arte sólido, su arte sobrio, su arte taurinamente trascendente.
En su memorable corrida del Puerto de Santa Maria, donde Curro Puya se vio investido de matador de toros por Rafael el Gallo, presentó sus credenciales, sus cartas reales, ante Juan Belmonte. Fue el momento, feliz e inolvidable para el bravo lidiador, un verdadero balance de sus prestigios artísticos. Y ante miles y miles de espectadores meridionales que tan propicios son á dejarse dominar por su cálida fantasía – fue donde el capote del torero sevillano, el mago capote de Gitanillo de Triana, heredero universal del coloso, consiguió el pasmo, la maravilla de emocionar, de caldear, de hacer realidad lo que durante mucho tiempo no fue más que el guía y la ilusión del torero. Torear, mandando y templando, como manda y templa Juan Belmonte.
Muletero artístico y eficaz, estoqueador de rancio abolengo –véase su estadística torera- Gitanillo de Triana, sinceramente, ha cuidado de depurar su estilo maravilloso con el capote, dando a éste su expresión de lo bello, la tradición más literal, la que llega a todos los corazones y reúne todas las opiniones, confundiéndolas en un monumental plácet, en un gigantesco aplauso, que es la base y es la fama, enamorada de los bravos lidiadores.
Por su valor sereno, por su maestría, por su dominio en todos los aspectos técnicos del toreo, por su estilización en ese su famoso toreo de capa, Gitanillo de Triana ha llegado á la línea avanzada de las primeras figuras del toreo. Vulgar es la frase que corre entre sus partidarios: <Gitanillo todo cuanto por ella se pida. >> Andaluzada taurina á un lado, demos plaza a éste nuevo matador de toros, que como decimos al iniciar estos renglones, á sus múltiples méritos, une el mayor de todos, el más legítimo, el más perdurable. Que es el torero de la sinceridad.
Comienzo de la faena al toro de su alternativa
Una verónica de “Gitanillo de Triana” en quese pone de manifiesto su valor y su arte
Un pase por alto, ayudado, de “Gitanillo de Triana” en el toro de su alternativa (Fotos. Serrano y Baldomero)
Arte, majestad, temple y mando imprime a su toreo excelso el gran lidiador de Triana que en sus grandes tardes de Triunfo se remonta como ave fénix por las cumbres de arte sólo asequible a los genios de la tauromaquia.
La famosa y suave verónica de Curro Puya, con la que engrandeció su toreo
En el libro " Los toros de barro " editado en 1985 por Preysón, de V.Mª Sánchez Miranda aparece un capitulo titulado “Los tres duendes” que por su importancia y cita de Francisco Vega de los Reyes transcribimos:
LOS TRES DUENDES
Al hablar de toros siempre hay un sitio para Rafael. Si no se habla de pintura, Rafael es el Gallo, que no obstante ser el hermano mayor de José es el hermano que da los disgustos, aunque lo corriente sea lo contrario.
El público, que no sabe muchas cosas, nunca supo que sus iras y denuestos dirigidos a Rafael los recibía José que era a quien le afectaban. A Rafael Gómez, el divino calvo, no le afectan esas nimiedades. Él está por encima de triunfos y fracasos y casi estoy por decir que del bien y del mal, pues al estar siempre por las nubes las cosas de aquí abajo no le afectan.
Rafael Gómez, Gallito primero, El Gallo después, fue el primer duende torero; no es que poseyera duende, es que él era duende, después aparecería el segundo duende, o sea, Joaquín Rodríguez (Cagancho), que sólo podría haber sido torero; ni bailaor siquiera y finalmente Francisco Vega de los Reyes, Curro Puya, el tercer duende que con la mirada triste y el ánimo apagado toreaba la verónica y paraba los relojes, exigiendo su arte un minuto de silencio.
Aunque murió el 14 de agosto de 1931, Madrid perdió a Curro Puya el 31 de mayo. Dos años más tarde, el 22 de junio de 1933, Rafael, su hermano, nos tría, nos asombraba con aquel toreo de raza y rango. Pero Rafael ¡Ay!, no se prodigaba. Rafael anda distraído. ¿ La causa? Quizás el cante y el baile flamenco. Tal vez el miedo a la cornada, al sufrimiento de las curas en el quirófano. Sería acertado suponer que cuando Rafael va hacia el toro se acuerda de Curro, no se le olvidan los 75 días de lucha con la muerte, de dialogar con ella para convencerla de que 28 años son pocos para un hombre aunque el hombre sea torero,
Además..., aunque los gitanillos tienen como denominador común el arte puro, creo que a Rafael le faltó un poquito de sentimiento, su miajilla de brisa poética, recordar ante el toro lo que en sueños entendiera por lo más sublime de su arte. El saberse no ser un predestinado.
Daniel Tapia, historiador taurino español y afincado en México lo juzgó así:
“Gitanillo de Triana, o Curro Puya, como también se le llamó, fue un torero más estilista que dominador. Su arte fue de tal calidad, especialmente con el capote, que ello sólo le coloca en un puesto excepcional en la historia del toreo. Su verónica, calificada acertadamente de un minuto de silencio, era suave, templadísima y ejecutada con el cuerpo erguido, con la mayor naturalidad, ni muy abiertos ni muy juntos los pies, y las manos bajas. Su genialidad con la capa hace que su nombre deba tenerse como expresión de la ejecución nunca superada de una suerte básica de la lidia: la verónica.”
Personalidad y hondura “Un minuto de silencio”
ANÉCDOTAS
Se comentó que llegado el momento de la ceremonia, establecieron un largo dialogo entre padrino y ahijado; los cronistas de la época afirmaron que al menos duró de 7 a 8 minutos. Extrañados todos, tanto público como periodistas de la alocución de Rafael, y una vez terminada la entrega de los trastos, todo el mundo con curiosidad fueron a preguntarle al Gallo, el “Divino Calvo”, de lo que le había comentado al neófito, para asombro de todos, Rafael y Francisco discutían por el precio de unos gallos de pelea que el primero quería adquirir al toricantano y nuevo matador de toros.
Esta fue una de las tantas genialidades de Rafael Gómez “El Gallo”. la afición a los gallos de pelea en esta época estaba muy generalizada en mundo del toro.
Circo Gallístico en la calle del Moro de Sevilla que regentaba la Tía Lola
OTRA ANÉCDOTA
Los Puyas de Triana, herreros del barrio, eran hermanos de la Hermandad de los Gitanos, fundada en Triana en 1753, siendo hermanos la mayoría de los gitanos trianeros. Se esperaba con impaciencia la llegada del Viernes Santo(Madrugada) hasta tal punto que desde muy temprano del Jueves Santo los Puyas con solemne ritual vestíanse de penitentes a falta de antifaz que sustituían por la mascota al uso de la época paseando por Triana con gran regocijo, chanzas y bromas incluyendo copas y partida de dominó. Una vez llegada la salida todo era seriedad y devoción al Cristo de la Salud por el cual sentían ferviente devoción. Gracia y salero de los gitanos de Triana. Actos como estos lo singularizaban.
Cartel de Semana Santa y Feria 1928
CONFIRMACIÓN DE LA ALTERNATIVA
Antigua Plaza de Toros de Madrid en el Camino de Aragón
Curro Puya confirma su alternativa el día 6 de Octubre de 1927, en la antigua Plaza de Toros de Madrid en el Camino de Aragón, aún no estaba inaugurada la Plaza de las Ventas, siendo el mismo cartel del Puerto de Santa María: Rafael Gómez “El Gallo” como padrino y Juan Belmonte de testigo, con toros de Julián Fernández (Antes Vicente Martínez.
Conjunto fotográfico de las actuaciones en las temporadas de 1928 y 1929
EL FATAL DESENLACE
DETALLE DE LA CORRIDA
Con Fandanguero en la faena de capa, antes de la cogida
Aquel día de 31 de Mayo de 1.931, Madrid era un hervidero, faltaban diecisiete días para la inauguración oficial de la nueva plaza de toros de las Ventas, era la última corrida de abono con un cartel de leyenda: Chicuelo (que sustituía a Antonio Márquez) Marcial Lalanda y Gitanillo de Triana, seis toros de la ganadería de Graciliano Pérez Tabernero, que estuvo muy bien presentada y dio bastante juego.
Tarde con un sol hermoso y un cielo limpio de nubes. Fue el primer toro de su lote, llamado Fandanguero, al que le hizo una faena de capa apoteósica, el público enfervorizado aplaudía con entusiasmo, aquel toro iba a acabar con la vida del genial torero trianero
LA COGIDA
Chicuelo había quedado regular en su primero, que se vencía por el lado izquierdo, trasteándolo con pases en redondo y de pitón a pitón, matando a la res de estocada caída.
Marcial Lalanda estuvo muy valiente, y había en el segundo escuchado una ovación. El público pidió que se le concediera la oreja.
Así iba la corrida cuando salió a la plaza el tercero de la tarde, primero de Curro Puya. Francisco Vega de los Reyes, que había alternado en los quites con lucimiento durante los dos primero toros, lo lanceó con su peculiar estilo de gran torero.
Llegó la hora de matar, y después de brindar a la Presidencia, retrocedió algunos pasos al escuchar una voz que desde el público que le decía algo que no pudo entender, y que le aclaró el banderillero Sargento, diciéndole:
-¡ Que tengas cuidado, que el toro aprieta mucho para dentro! –
Gitanillo se quedó mirándole y le contestó
¡¡ Apriete para donde apriete, ahora verá!!
Se fue hacia el toro con arrojo y decisión. Sin duda el animal tenia algo en la vista, porque perdía el bulto con facilidad, Gitanillo ordenó que se lo cerrasen en tablas, recibiéndolo con un superior pase por alto, al iniciar el segundo muletazo adelantó la pierna y el toro que achuchaba mucho para los terrenos de dentro, lo enganchó por el muslo arrojándolo violentamente contra las tablas.
Fue un momento de enorme emoción. El público, en su mayoría, recordó la muerte de Granero, y la figura de Marcial Lalanda en la plaza aumentaba la igualdad del cuadro. La exclamación de horror fue unánime en toda la plaza.
En tanto, el toro hacía por el torero, y por dos veces corneó furiosamente al desgraciado diestro, que fue golpeado contra el estribo y los tableros.
Marcial Lalanda, valiente y decidido, se pudo llevar al toro cuando aún iba a hacer por el ya herido, y entonces se acercaron a éste los monosabios y dependencias y pudieron trasladarlo a la enfermería, ante la impresión del público, pues gran parte de este se había dado cuenta de que la cogida era de mucha gravedad; mientras, Chicuelo concluía con el toro, al que muleteó decidido, pero mató mal.
Curro Puya es recogido por las asistencias
EL TORO FANDANGUERO
El toro llamado Fandanguero que cogió a Curro Puya, era negro de pelo y estaba marcado con el número 28. Llegó a la muerte muy entero, porque sólo había recibido dos puyazos en toda regla, y además se vencía mucho y empujaba hacia las tablas. Pesó en bruto 474 kilos.
EN LA ENFERMERIA
Traslado a la enfermería
Trasladado a la enfermería por las asistencias y Antoñito, su mozo de estoques, Curro Puya se volvió hacia él, y con voz muy apagada le dijo:
-¡ Este toro me ha desbaratao, Antonio ¡ -
Durante el trayecto desde el ruedo a la enfermería, el público pudo apreciar en gran parte que Gitanillo iba en un estado verdaderamente lastimoso.
El traje aparecía destrozado, y el diestro llevaba la cara tinta en sangre. Por la taleguilla, hecha jirones, salía la sangre en gran abundancia.
Llegó Curro Puya a la enfermería en el preciso momento en que acababan los médicos de curar al banderillero Prieto, que había sufrido una cornada en la cara interna del muslo derecho, tercio medio, con rotura de los músculos cuadriceps y abductores y sección y arrancamiento de la vena femoral, de pronostico muy grave.
El banderillero Prieto era primo del desgraciado Valerito.
Colocado en la mesa de operaciones y después de cloroformizado, el doctor Segovia comenzó a curar las heridas de los muslos para evitar la hemorragia. Ambas lesiones eran grandes y estaban colocadas una enfrente de la otra. Curro Puya aparecía que estaba casi sin pulso y su respiración era fatigosa, estentórea.
Una vez curada las lesiones, el doctor Segovia procedió a sondar la herida de la cadera; pero era tal el estado del torero y tan profunda la herida. que el médico se creyó obligado a demorar la cura ante el peligro de que Curro Puya se quedara en ella. Tal era la gravedad del torero.
Del sondeo de esta herida nada se ha vuelto a decir en concreto. El doctor Segovia se limitó a taponarle la herida de la cadera y se le aplicaron inyecciones de aceite alcanforado y sueros para intentar de reanimar al torero.
Terminada la corrida – en la que Chicuelo había quedado regular y Marcial obtenido uno de los resonantes éxitos de vida taurina, cortando orejas y rabos y saliendo a hombros de los capitalistas -, el doctor Segovia ordenó que Curro Puya quedase instalado en la enfermería, pues el traslado a un sanatorio en aquellas condiciones era de un gran peligro.
A las nueve y siete minutos de la noche reaccionó el herido y abriendo los ojos reconoció a cuantos le rodeaban.
Casi sin poder hablar y a los que tenía más cerca, les dijo en voz muy baja:
¡Dadme agua!
Y como notase que tardaban en obedecerle, añadió:
- Ya sé que no puedo beber, pero refrescarme los labios.
Cuando llegó el doctor Segovia ordenó que Curro Puya fuese trasladado a un sanatorio, y entonces se le condujo al de los doctores Crespo, en donde quedo instalado la misma noche del domingo.
Los médicos facilitaron el siguiente parte facultativo:
“Durante la lidia del tercer toro ha ingresado en la enfermería el diestro Francisco Vega de los Reyes, Gitanillo de Triana, con una herida de asta de toro en el tercio medio del muslo derecho, con rotura de los músculos cuadriceps y abductores, y otra en la región sacro-coxígea, penetrante en la cavidad pelviana, con rotura del sacro y sección y arrancamiento del nervio ciático mayor. Pronóstico muy grave.” Doctor Segovia.
EN EL SANATORIO DEL DOCTOR CRESPO
Trasladado al sanatorio del Dr. Crespo, después de una consulta entre los doctores Segovia y Sánchez Danús y ante la situación critica en la cual se encontraba se emitió otro parte facultativo:
“Como consecuencia del arrancamiento de las raíces del nervio ciático mayor (prexo sacro), ha quedado desgarrado el fondo del saco dural, presentándose una abundante eliminación del liquido cefalorraquídeo, con peligro de presentación de una meningoencefalitis, que ensombrecería totalmente en pronóstico”
La primera noche la pasó Curro Puya algo tranquilo, pero era debido a las inyecciones que le habían puesto.
Los médicos se mostraban bastante pesimistas, y aún hubo alguno que afirmó que, caso de curar, lo que le parecía difícil, quedaría inútil para torear, pues los destrozos causados por los pitones de Fandanguero en los músculos de las piernas y en la cadera eran atroces.
Inmediatamente fueron avisados el padre y los cuatro hermanos varones de Curro Puya, que al día siguiente llegaron en automóvil procedentes de Sevilla.
Don Francisco Arranz, su apoderado, hablando aquella misma noche con los periodistas, se lamentaba de la mala suerte que había tenido Curro Puya en sus cogidas y hasta en los accidentes de automóvil.
Con lagrimas en los ojos, añadía que era aquél un torero de verdadera desgracia y comentaba:
-Cada vez que un toro le ha echado mano ha sido para calarle y muy fuerte.
Y sin dejar de llorar afirmaba:
-Viendo esto no me explico como nos gustan los toros.
A las dos de aquella madrugada circularon por el centro de Madrid noticias afirmando que Gitanillo había muerto, noticia que circuló rápidamente por los cafés céntricos, causando la natural emoción.
Algunos periodistas acudieron al Sanatorio del doctor Crespo, donde hablaron con el mozo de estoques, que dijo:
Sigue muy mal, muy mal. El ayudante del doctor Segovia le pone constantemente inyecciones de suero. Dice que tendrá que resistir setenta y dos horas, plazo peligroso, pues puede sobrevenir la peritonitis. Él está más calmado, pero ello es fruto únicamente del enorme decaimiento en que se encuentra.
Aquella misma noche, en un café céntrico, había una animada reunión, en la que figuraba un médico. Se hablaba, como es natural, del asunto del día, que era la gravedad de Gitanillo, y como alguno recordase lo parecido del gravísimo percance con él que había tenido en la plaza, y casi en el mismo sitio, el infeliz Granero, uno de los concurrentes, precisamente el médico, dijo:
- Granero tuvo más suerte.
- ¿Más suerte? – le preguntaron algunos admirados
- Sí; más suerte, porque quedó muerto en la plaza, y este morirá después de haber sufrido mucho.
Al día siguiente, por la mañana, el doctor Segovia levantó el apósito a Gitanillo, encontrando una de las heridas con buen aspecto, lo que alegró al citado doctor, que dijo al salir del quirófano:
- Esto ya me va gustando más.
Después añadió que quería celebrar una consulta con el doctor Sánchez Danús, especialista del sistema nervioso, acerca de la herida de la cadera, pues según el citado doctor Segovia, creía que el cuerno del toro había arrancado el nervio ciático de cuajo como el que arranca una raíz.
Durante el día el diestro reaccionó bastante, hasta tal punto de que el pulso empezó a adquirir poco a poco mayor fuerza.
El diestro, con gran entereza, hablaba con cuantos a él se acercaban.
Cuando vio entrar a su padre, elevando mucho la voz para que éste le oyera, pues era sordo, muy sordo, le dijo:
- No te apures, que esto no es na.
Y luego añadió:
- Di a mamá que venga, que esto no tiene importancia.
Tanto chilló Gitanillo, que la enfermera se vio obligada a llamarle la atención.
El teléfono del Sanatorio del doctor Crespo no cesó de sonar durante todo el día. Todo el mundo llamaba desde cafés, círculos y casas particulares interesándose por el estado del herido.
El apoderado del diestro, don Francisco Arranz, atendía con solicitud a todos los que le llamaban.
En un articulo de Leandro Blanco aparecido en el diario ABC daba más detalle de su situación de gravedad “Yace en un lecho de la habitación núm. 21, situada en el primer piso, y en completo aislamiento. No adopta en el lecho la posición normal, con el fin de evitar la perdida del liquido cefalorraquídeo, está colocado en posición inclinado, con la cabeza a nivel inferior de los pies. Estos se hallan a más de un metro de altura. En esta posición permanece el diestro sin ser visitado por persona alguna. Únicamente está a su lado su fiel mozo de estoques, el popular Antoñito Conde”
Unos días nacían las esperanzas, para morir al día siguiente. Otras veces, las agravaciones parecían tan inminentes, que ya se daba por fallecido el torero.
El día 3 de Junio el citado doctor Segovia firmó el siguiente parte, que causó gran impresión al ser conocido:
“Como consecuencia del arrancamiento de las raíces de nervio ciático (plexo mayor), ha quedado desgarrado el fondo del saco dural, presentándose una abundante eliminación del liquido céfalorraquideo por herida operatoria, existiendo el peligro de presentación de una meningoencefalitis que ensombrecería totalmente el pronóstico.-Doctor Segovia.”
Efectivamente, el peligro anunciado se presentó, y dos días después se le declaró la meningitis, que afortunadamente pudo ser atajada.
Otra vez se le creía salvado; pero a los cuatro días, o sea el 9 de Junio, se le apreció una nueva complicación:
“El diestro Gitanillo de Triana se encuentra mejorado de la infección meníngea. Según el reconocimiento practicado el referido diestro por el doctor López Duran, se le ha encontrado un foco bronconeumónico en la base del pulmón derecho.-Doctor Segovia”
El día 16 de Junio, de madrugada al intentar Antoñito Conde, su mozo de espadas cambiarle de postura, se dio cuenta que estaba empapado en sangre. Con la goma de un irrigador le practicó un torniquete en la pierna sangrante, avisando al médico de guardia urgentemente que taponó la herida. Fue requerido de urgencia el doctor Segovia, comprobando que tenia rota la arteria femoral, ligándola y disponiendo de inmediato una transfusión de sangre. Se ofrecieron en el acto don Carlos Morla, consejero de la Embajada de Chile, que se encontraba en el sanatorio, así como don Francisco Arranz, su representante en Madrid, el picador Barrera y el taxista Eleuterio Remondo que es el que diestro utilizaba siempre. Se procedió al análisis de la sangre de estos y se optó por la de Eleuterio, practicándole la transfusión en la noche del día 18.
En la ligadura de la femoral se le formó a Gitanillo un trombo, que el día 27 de Junio se partió originando una nueva y horrorosa hemorragia.
El doctor Segovia, al practicarle la oportuna intervención quirúrgica, encontró la arteria tan blanda, tan poco consistente que se vio obligado a cortarla y ligarla a la vena.
Desde ese momento el riego sanguíneo de la pierna se hizo insuficiente, y este miembro quedó paralizado y con poca sensibilidad. Gitanillo sufrió además una fuerte infección en la vejiga, una fístula uretral y dos dolorosas ulceras, una en la espalda y otra en la terminación de la columna vertebral, lo que le obligaba a estar en la cama boca abajo.
Sufrió también dos hemorragias, con tres días de intervalo, en la herida de la cadera, que postraron al torero en un estado de verdadera gravedad. De la cita herida le fueron extraídas tres esquirlas, lo que hizo suponer que tenia algún hueso interesado.
Todo el mundo seguía con gran interés el estado del torero.
A hora bastante avanzada de la víspera de su muerte, Gitanillo llamó a su fiel mozo de estoques, que ni un momento se había separado de su lado, Antonio Conde – que por cierto, también había sido mozo de estoques de Juan Belmonte -, y le dijo con voz muy débil:
- Antoñito, yo me voy. Que tenga mucha suerte, porque es usted muy bueno.
Durante todo el día se mostró tranquilo y animoso, a pesar de que se adivinaba que su fin estaba próximo y de sentirse morir.
Pidió agua a una enfermera, y al ver que ésta preparaba un vaso para llevársela, le dijo:
- No, ahí no, en el botijo.
Y cogiendo uno pequeño que le acercó la enfermera, bebió en él, saboreando el agua que bebía.
Después de varias mejorías y recaídas, que algunas veces consiguieron concebir esperanzas, llego el día 13 de Agosto, entrando en un estado de nerviosismo, teniéndole que aplicar calmantes constantemente, llegada las tres de la madrugada perdió el conocimiento, entrando en periodo agónico y las cinco y media el habla y la vista, todo fue inútil, a pesar de que se le aplicaron varias inyecciones para reanimarlo.
Sus últimas palabras fueron: “Ya no veo”. A las siete y media de la mañana, ya del día 14, expiraba Gitanillo de Triana, después de setenta y cinco días de largos sufrimientos. Aquel gitanito que un día en su barrio, toreó un toro desmandado de la Dehesa de “Los Gordales”, no tenia aún cumplidos los veintiocho años.
Familiares y amigos una vez enterados de la muerte de Curro Puyase trasladaron al Sanatorio del Doctor Crespo
En el momento del óbito, se encontraban presentes en el Sanatorio del Doctor Crespo, sus padres, hermanos, mozo de estoque Antoñito Conde, su apoderado don Domingo Ruiz; su representante don Francisco Fernández Arranz y el señor Mesonero amigo intimo del torero.
A las primeras horas de la mañana del día 15 se le practicó la autopsia al cadáver de Curro Puya, confirmándose que la herida de la cadera llegó al peritoneo.
Tan pronto como falleció el diestro, su cadáver fue trasladado a la parte baja del sanatorio, donde fue depositado en una caja, envuelto en una sábana y rodeado de hielo, para evitar en lo posible la descomposición rápida del cadáver.
El rostro del finado estaba medio cubierto por un pañuelo blanco, por los pliegues de éste se veía la barba a medio crecer.
El infeliz torero había quedado agotado, extenuado. Su cuerpo estaba convertido en un verdadero esqueleto, pues sólo se apreciaban los huesos y la piel.
Al cadáver de Curro Puya se le practicó la autopsia en el mismo sanatorio y fue embalsamado para su traslado a Sevilla.
En una habitación contigua a la que se había instalado la capilla ardiente, quedaron velando el cadáver su familia y algunos de sus más íntimos amigos.
Tan pronto como la noticia circuló por Madrid, se telegrafió a provincias y poco después comenzaron a llegar a centenares los telegramas y telefonemas de pésame. Grandísimo fue el número de coronas que ocuparon casi toda la capilla ardiente, y millares de firmas llenaban rápidamente los pliegos colocados en el sanatorio, demostrando el enorme sentimiento que la muerte del elegante y fino torero trianero había causado en toda la afición.
En el diario “La Lidia” a los días siguientes a su muerte apareció este articulo que transcribimos:
¡POBRE GITANILLO!
Esta fue la expresión de todos, aun en los más alejados de la fiesta.
¡Pobre Gitanillo!
Vivió como un héroe, para morir como un mártir.
Su arte quedará por mucho tiempo grabado en el recuerdo de la afición; sus verónicas de un minuto de silencio le acompañarán a la tumba y seguirán calladas eternamente. ¡Nadie las mueva!
¡Pobre Gitanillo!
El bronce clásico de su escultural figura desapareció de los ruedos; la indolente elegancia de sus lances, quedará como término de comparación entre los que torean bien a la verónica.
El capotillo de seda con el que ejecutaba aquellos prodigiosos del “minuto de silencio” acompaña y envuelve el cuerpo del famoso artista, que con llave de oro los cerró en su tumba.
¡Pobre Gitanillo”
Por su alma, por su eterno descanso,
¡UN MINUTO DE SILENCIO!
A LA MUERTE DE GITANILLO DE TRIANA
Curro Puya, el mocito trianero de rostro cetrino, de cuerpo mimbreño, yace bajo rojiza tierra del camposanto sevillano. El torero gitano que paseó por los ruedos la indolencia, la majestuosa indolencia de su raza, ha muerto.
Con el torero ha sido enterrado su magnifico capotillo, aquel capotillo de vivos colores que tantas veces supo engañar a las reses, que embebidas en sus vuelos, pasaban rozando los alamares del vistoso traje trianero que hoy duerme bajo la rojiza tierra del camposanto de Sevilla.
Los “calés”, los hermanos de raza de Gitanillo de Triana, lloran la muerte de Curro y entonan plegarias que suben al cielo con ecos de salvaje y desgarrada saeta, de las saetas que en Semana Santa rasgan el perfumado ambiente de Sevilla.
Los gitanos lloran a los sones de sus quejumbrosas guitarras, y hasta la tumba de Gitanillo llegan cadencias de una copla:
“Los gitanos...
No hablar mal de los gitanos,
que tienen sangre de reyes
en las palmas de las manos.”
Descanse en paz el malogrado Francisco Vega de los Reyes.
(De Libreto anónimo publicado cuando su muerte)
EL TESTAMENTO
Gitanillo había mostrado en varias ocasiones deseos de hacer testamento.
En efecto, demostrando gran lucidez, había dicho a su apoderado:
- Domingo, tráigame un notario, que quiero hacer testamento.
Personado éste en el sanatorio, el herido dictó su última voluntad con voz serena y tranquila. Terminado el testamento, y como el notario pretendiese leerlo, le atajó Gitanillo, diciéndole:
- No hay que quitar ni poner una coma, tráigalo para firmar.
- No hay que quitar ni poner una coma, tráigalo para firmar.
- Y lo hizo con pulso firme.
En este testamento, Gitanillo ha dejado todo lo que posee, que no es ninguna gran cosa, sobre todo en comparación con lo que ha ganado – se dice que no llega a cincuenta mil duros-, a sus padres, y que ha destinado una cantidad, no grande, para costear una carrera a un sobrinito, al que profesaba gran cariño.
Francisco Vega Serrano, sobrino de Curro Puya, al que hace mención en el testamento. Fue novillero no llegando a tomar la alternativa
EL FUNERAL
A media mañana se instaló la capilla ardiente, en los bajos del sanatorio del doctor Crespo, sobre un gran paño se colocó el féretro, Curro Puya estaba envuelto en un sudario, en la cabecera un estandarte y una cruz y la caja mortuoria custodiada por doce hachones encendidos. Ante la capilla ardiente desfiló ingente cantidad de personas, la noticia de la muerte de Curro Puya, conmovió a toda la afición llegando testimonios de pésame de toda España. Empezaron a llegar infinidad de coronas, de todos los compañeros, ganaderos y de toda la afición, entre ellas la de Chicuelo, Cagancho, Ortega, Nacional, del Montepío de Toreros, de los banderilleros de su cuadrilla, de particulares como fueron la de los señores Montalban, Heredia y Lozano y don Carlos Morla que envión una gran cruz de flores naturales.
Poco antes de la hora señalada para el entierro, parte de la familia del diestro salió para Sevilla en automóvil con el objeto de poder estar allí para recibir el cadáver.
Dándose el caso de que el padre del diestro, que era completamente sordo, hasta el extremo de no poder oír una palabra, no sabía aún realmente de lo que ha muerto su hijo, ya que al no saber leer, tampoco se lo pueden decir por escrito: sólo sabe lo que por señas había podido comprender.
A las cinco de la tarde partió la comitiva para la estación de Mediodía deteniéndose por unos momentos ante la plaza de toros, ondeando la bandera a media asta.
La conducción del cadáver de Gitanillo desde el sanatorio hasta la estación de Mediodía fue un verdadero homenaje popular, en el que sólo dejaron de tomar parte los que más obligados estaban a ello; los que seguramente más le halagaron en la vida. Fue una manifestación popular, aunque no tanto como se merecía, porque hay que recordar que Gitanillo, cuando el pueblo de Madrid lo necesitó por conducto de su Ayuntamiento para tomar parte en la corrida a beneficio de los obreros parados, costeó el viaje a Madrid de toda su cuadrilla, pagó los gastos de su bolsillo y toreó completamente gratis, para engrosar los ingresos.
La Plaza de Toros de las Ventas en la finalización de las obras en 1929
Aparecía en un almanaque de Blanco y Negro para 1929, el siguiente pie de foto “VISTA EXTERIOR DE LA NUEVA PLAZA DE TOROS, QUE, SEGURAMENTE, SE INAUGURARA EN LA PROXIMA TEMPORADA (FOTO PORTELA)”
Como se podrá comprobar por el cartel de la inauguración fue inaugurada el 17 de Junio de 1931, dos años más tarde estando cogido Curro Puya he ingresado en el Sanatorio del doctor Crespo.
Cartel para la corrida inaugural de la plaza de las Ventas <>, en plena República Española ( 17 de Junio de 1931)
El cadáver, encerrado en un féretro, que costó cinco mil pesetas, fue trasladado a la estación en donde un furgón convertido en capilla ardiente fue unido a la cola del tren expreso de Andalucía.
En el interior del coche fúnebre estaba tapizado de paños negros, y en el centro se alzaba un severo túmulo sobre el que descansaba el féretro, rodeando el mismo cirios en blandones.
A dicho furgón se subieron, para acompañar al cadáver durante el trayecto para con él llegar a Sevilla, su apoderado y los miembros de su cuadrilla.
Desde una hora antes de la anunciada para la llegada del expreso de Andalucía estaba la estación de la Plaza de Armas completamente llena, toda Sevilla acudió a recibirlo, lo mismo que los alrededores en donde el gentío se había aglomerado para presenciar el arranque de la fúnebre comitiva.
Cuando entró en gujas el tren, tanto las calles adyacentes a la Estación de Córdoba estaban convertidas en un hormiguero.
Esperaban la llegada del cadáver, en nombre de la familia su hermano Rafael, el diestro Juan Belmonte y el ganadero don Antonio Flores. También estaban el representante de la empresa de la Plaza de Toros de la Real Maestranza y todos los críticos de la prensa y revisteros taurinos de Sevilla.
A las nueve y veinticinco minutos en punto entró el tren en la estación. Los momentos que siguieron al descenso del féretro del furgón fueron de una emoción indescriptible.
A pesar de los esfuerzos que realizaron los componentes de su cuadrilla y familiares del fallecido torero para abrirse paso entre el gentío, costó un gran trabajo organizar la comitiva. A medida que iba desfilando por las calles se le iban sumando gentes. Alrededor del féretro infinidad de hombros se disputaban el llevarlo durante algunos minutos.
Del furgón fueron sacadas cuarenta y cuatro coronas de flores que llegaron de Madrid, a las que le unieron las que le habían enviado muchos sevillanos. Las que no cupieron en las carrozas fueron llevadas por sus amigos más íntimos.
El féretro a su llegada a la Plaza de Armas
Pasados los primeros momentos de confusión, debido al gentío, fue puesta en marcha la comitiva encabezándola el clero parroquial de Santa Ana. El cortejo tomó la calle San Pablo, Rioja, La Campana, Amor de Dios, Alameda de Hércules, tomando el centro del paseo, Antonio Susillo, Feria, Macarena, y Doctor Fedriani camino del Cementerio.
Presidieron el duelo sus hermanos y familiares, Juan Belmonte, el ganadero Antonio Flores y el crítico taurino don Antonio Reyes.
El féretro camino del Cementerio de San Fernando
Cuando la comitiva llegó a la Macarena sus proporciones eran verdaderamente extraordinarias, el camino del Cementerio era una masa compacta, interminable, llegando desde la Macarena hasta el Camposanto. La emoción fue conmovedora.
El féretro fue expuesto en La plaza del Cementerio de San Fernando desfilando tal cantidad de personas que parecía que no iba a terminar nunca, durando más de dos horas.
A la una de la tarde fue inhumado el cadáver, ocupando provisionalmente una sepultura de primera clase, hasta tanto se edificara el panteón, donde en la actualidad descansan sus restos.
El regreso de los asistentes duró varias horas, utilizándose toda clase de vehículos, muchos de ellos a pie. El duelo constituyó en Sevilla una manifestación tan sentida, tan desbordadora, tan sincera de pésame, como no se recordó otra igual desde el entierro del infortunado Joselito el Gallo, muerto también por un toro.
La familia del infortunado diestro expresó su agradecimiento a las muestras de cariño que habían recibido del pueblo madrileño y sevillano con el triste motivo de su muerte, siendo muchas las personas que demostraron la amistad que le profesaban y el pueblo ha puesto de manifiesto el entusiasmo que sentía por el torero.
HABLANDO CON HEREDIA EL AYUDANTE
En el libreto editado tras su muerte transcribimos literalmente una entrevista realizada a Heredia auxiliar de su mozo de espadas Antoñito Conde.
“Nadie conoce a los grandes hombres como su ayuda de cámara.
Nadie puede saber tanto del desgraciado lidiador trianero como su modesto y fiel auxiliar el ayudante de mozo de estoques Gabriel Heredia.
Con él hablamos, y el simpático Heredia, con su charla pintoresca, un poco matizada por la emoción, nos cuenta cosas intimas
-¿ Porque le decían Curro Puya?
-Que ¿porqué? Porque le venia por la sangre. Era nieto del cantaó “Curro Puya”, que cantaba las soleares que hacían yorá. Er sacó aqueya:
“Yo me llamo Curro Puya
por la tierra y por la ma.”
-¿Y como era Gitanillo?
-El hombre más bueno que ha pario madre. Er sólo, con su trabajo y con su peligro, mantenía a toa la familia: padres, hermanos, sobrinos... La última casa que compró se la dio pa vivirla a sus tres hermanos casaos: Pacorro, Pastora y Antonio. Y a sus padres le dejó toa la herencia meno una manda de tres mir duro a su sobrino Curro, pa que estudie una carrera.
-¿Cómo fue la cogida?
-Veníamos de Cacere, donde había toreao er día ante, y como no había tenio suerte en las urtimas corrida, quería sacarse la espina en Madri. Tomó la muleta a “Fandanguero” y ar salí del primer pase mandó retirá la gente y, ya solo, inició er segundo pase, y en er quedó prendio.
“Yo fui er primero en llegá, y al acercarme me dijo: “Heredia, levántame”.
“Lo llevamos a la enfermería, y durante er camino sólo se quejaba de las pierna.
“Ar llegá a la cama de operaciones, yo le corté los machos de la taleguilla, que se los tengo pedio a su padre pa que me sirvan de recuerdo.
“Depués, la pasión y muerte. Setenta y sinco días de doló, y ar lao de su cama su hermano Antonio, don Francisco Arranz, er novillero Antonio Vargas, su banderillero Nacional y yo. Y, sobre to, Antoñito Conde, er mozo de estoque, que nasió un marte, y una hermana de la cariad.
“A su lao siempre, no le tocó nadie sin que er lo viera, y sin desnudarse estuvo a su lao hasta que lo dejó en er cementerio. Llegaron a hincharselas las pierna.
“Se ha portao con er matadó como o er matadó se merecía.
-¿Tenía muchos amigos?
-Ya podía tenerlos. Bueno, simpático, modesto y muy aseao. No pasaba un día en er Sanatorio sin que la enfermera Manolita lo lavara y peinara como si fuera a salí.
“Tenía amigos; tanto, que una noche de las que yo hice guardia tuve que atendé a sesenta y tre conferencia telefónica de toda España, y esa noche fue como toa. Una má.
“Y que ma voy a decirle. En er cementerio de Sevilla nos espera. Allí está entre Varelito y Maera, provisionalmente, hasta que le hagan los padre er panteón. Ya ha pasao to, y parese mentira.
Custodia Romero la famosa bailaora y modelo del pintor Julio Romero de Torres ofreciendo flores ante la tumba provisional de Gitanillo de Triana el 2 de Noviembre de 1931, día de los difuntos, el mismo año de su muerte.
Curro Puya con la hija del empresario de Málaga don Félix Álvarez en enero de 1930
Camino de la Plaza de Toros de Málaga, entrando en el coche
Curro Puya de descanso en Málaga con su madre Carmen de los Reyes en Enero de 1930 antes de empezar la temporada
Su padre y hermana Manuela en 1934
Curro Puya paseando por la playa de Sanlucar de Barrameda
A los catorce años de su muerte, en 1945, su madre Carmen de los Reyes donó a la Hermandad de los Gitanos de Sevilla el traje de luces, de seda y oro, que Curro Puya estrenó el día del trágico desenlace, para que se confeccionara una saya para Nuestra Señora de las Angustias, titular de esta Hermandad.
HERMANDAD DE LOS GITANOS (Referencia histórica)
Antiguas imágenes de la Virgen y del Cristo
La fundación de la Hermandad de los Gitanos de Sevilla, se remonta al año de 1753, cuando el 9 de agosto de ese año se presentan en el Palacio Arzobispal las reglas fundacionales de la Corporación, para su revisión y aprobación que constaban de 17 capítulos y que son aprobadas tras algunas modificaciones el 7 de diciembre de este mismo año.
En esas reglas fundacionales se establece su sede en el Convento del Espíritu Santo en el barrio de Triana, en donde existía un núcleo importante de ciudadanos deraza gitana, llamados en ese tiempo “castellanos nuevos” y consta como primer Alcalde (Hermano Mayor) y fundador de la Hermandad don Sebastián Miguel de Varas.
La razón de la fundación de la Hermandad está íntimamente relacionada con el momento histórico en el que se produce. Durante el siglo XVIII la raza gitana es objeto de una persecución importante en toda Europa y en España las pragmáticas reales encaminan a los gitanos hacia el servilismo total o trabajos forzados en las galeras reales. Ante esta situación, un grupo de gitanos de la ciudad decidió fundar una Cofradía no solo como símbolo externo de su religiosidad sino también para favorecer su integración en una sociedad donde la célula primordial de tipo religioso y social en que se encuadraban los individuos de la época era la Hermandad.
Con motivo del fallecimiento de Francisco Vega de los Reyes la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Estrella de Triana decide vestir de luto a su imagen titular.
La Estrella
Fotografía de Curro Puya en 1928
Fotografía del Cachorro enmarcada en poder de su sobrino Fernando Baguillo Vega en la cual aparece en la parte inferior la siguiente inscripción:
A Francisco Vega “Gitanillo de Triana”
La Hermandad del Patrocinio muy agradecida
Sevilla 4 – XI - 928
Este mismo año de 1945, aparece un articulo dedicado a Curro Puya y firmado por Carlos de Larra con el seudónimo de Curro Meloja prestigioso cronista taurino de la SER que transcribimos:
“Sus gentes le llamaba <> a este gitano, al que mató el toro. Yo no sé el porqué de tal apodo familiar, que nunca trascendió a los carteles. Lo que sé es que <> fue el torero que mejor, con más puro arte, más lentamente, más armónicamente ha plasmado la verónica en el moderno toreo reo de <> y <>, que interpretado por este artista, a través del espíritu melancólico e indolente de su raza, pudiera definirse como una huelga del toreo, un toreo de <>. <>, más aún que <>, representante como él de la novísima torería gitana –ritmo y languidez- trajo al arte de torear una armonía, un fondo de musicalidad en tiempo de habanera y una tan adormilada lentitud que superaba a la que impuso Juan Belmonte al derrocar, revolucionariamente, todos los modos, tiempos, compases y terrenos del toreo anterior a él. La lentitud de <> en sus lances de capa era superior a la de Juan, al extremo que pudiera decirse que aquellas hasta entonces incomprensibles verónicas de <>, mejoraban al realizarlas <>, porque se adormilaban, soñadoras, al arrullo de la dejadez desmayada del <>. Las verónicas de <> tenían un sello tan artístico, tan nuevo en cuanto a concepción y ejecución del arte, y, sobre todo, tan exclusivo y personal, tan bello y tan emotivo, que sólo con esos lances como único bagaje artístico, Francisco Vega de los Reyes se erigió en señera figura del toreo. En lo demás Curro fue, en general, un torero fino y reposado, pero limitado en extremo; lo que se dice- y para él podría aplicarse algún aumentativo- un torero <>. Daba algunos muletazos de estética suprema, aunque no llegara a la que desprendía de su toreo de capa; no era lidiador, sólo veía y practicaba el <> y sólo le preocupaba plasmar en todo instante la belleza del toreo. Como matador –gitano puro- era deficiente, aunque a veces un rasgo de pundonor le arrojara a herir bien a algunos toros. Nada más fue <> como torero de conjunto; pero fue nada menos que el Sumo Artífice de la verónica. Su corta vida taurina comenzó en 1925, en que, por encerronas y festivales, se dio a conocer por tierras sevillanas, en cuya capital, y en su barrio de Triana, había nacido el 23 de diciembre de 1904. Su capotillo maravilloso le allanó rápidamente todos los caminos, y tras debutar con gran éxito como novillero en Madrid en Julio de 1926, se colocó a la cabeza de los de su categoría. El 28 de agosto de 1927, en la clásica plaza del Puerto de Santa María, Rafael <> le dio la alternativa con un toro de la viuda de Concha y Sierra. Testigo, Juan Belmonte con idéntico cartel, pero con toros de don Julián Fernández (antes Vicente Martínez, de Colmenar), confirmó en Madrid su doctorado el 6 de octubre del mismo año. En 1928 <> toreó 69 corridas y ganó un gran cartel, que fue en aumento. Y en 1931 salió en Madrid, el 31 de mayo, alternando con <> y Marcial Lalanda en la lidia de seis toros de don Graciliano Pérez Tabernero. Al dar un pase con la derecha al tercero de la tarde, llamado <> fue cogido y sufrió tres graves cornadas. Luchó con la muerte durante cerca de tres meses, y tras ese calvario de dolores físicos y morales, el pobre <> falleció en el sanatorio madrileño del doctor Crespo, el 14 de agosto siguiente. Y Así quedó truncada, trágicamente, bárbaramente, la gloría torera del pobre <> el <>... CURROMELOJA, 1945”
Foto ilustrativa del articulo de Curro Meloja
CORRIDAS QUE TOREÓ CURRO PUYA EN
SEVILLA
Curro Puya en un pase por alto en la Plaza de Toros de Sevilla
Temporada de 1.925
15 de Agosto
Debuta como novillero, alternando con Cagancho y Andrés Mérida, novillos de Molina. En el primer novillo de nombre “Chalequero” herrado con el número 33, negro de pelo, tomando tres varas, da cinco verónicas superiores, (ovación y música) en la faena de muleta ayudados por alto y uno de pecho, tres por bajos superiores (palmas y música) un pinchazo entrando como se debe y media superior (un torero estupendo y un matador colosal) Su segundo toro se llamaba Monaguillo, en tablas da tres verónicas muy valientes y varios lances sueltos sin lucimiento, varios derechazos alargando el brazo, una estocada caída y media superior (Palmas) Cortó la oreja de su primero. Intentan sacarlo a hombros y el se opone. Obtiene un gran éxito.
Con su abuelo antes de su debut en Sevilla como novillero
6 de Septiembre
Alternando con el Niño de la Venta y Gil Tovar, novillos de Peñalver, destaca en dos magníficos quites con las manos bajas, que le harían famoso.
4 de Octubre
Dos toros para Hipólito, y cuatro novillos de la misma vacada de Félix Suárez, para Gitanillo de Triana y Gil Tovar, destaca en un magnífico quite a su primer novillo.
11 de Octubre
Alterna con Epifanio Bulnes y Enrique Torres, con novillos de don Juan Terrones, en el primer novillo, que es brindado a Juan Belmonte, al dar un natural, es cogido aparatosamente en el muslo izquierdo.
TEMPORADA DE 1926
6 de Septiembre
Alterna con José Pérez Gómez “Nili” hermano de Anita Sevilla y Mariano Rodríguez, novillos, dos de Flores Tassara y cuatro Flores Iñiguez, en el quinto novillo al hacer un quite resulta con un puntazo en el escroto.
3 de Octubre
Novillos del Conde de Santa Coloma, alternando con Andrés Mérida y Mariano Rodríguez, dio una de cal y otra de arena. Silencio.
TEMPORADA DE 1927
24 de Abril
Alterna con Torerito de Málaga y Maera con novillos de Carmen de Federico, estuvo muy bien en el primero.
7 de Julio
Alterna con Mariano Rodríguez y Vicente Barrera que debutaba, con novillos de Villamarta, sobresale en un quite colosal al segundo novillo.
29 de Julio
Mano a mano con Vicente Barrera, con novillos de don Antonio Flores (antes Duque de Braganza), bronca monumental a los dos.
28 de Septiembre
Debut como matador de toros en la primera corrida de la Feria de San Miguel, con seis toros de don Rufino Moreno Santamaría, alternando con Rafael El Gallo y Chicuelo, en el quinto toro realizó un magnifico quite y al repetirlo recibió un pitonazo en la cara, entrando en la enfermería, estoqueando el toro Rafael El Gallo.
Curro Puya con Chicuelo recuperándose de una cogida
9 de Octubre
Corrida a beneficio de la Cruz Roja, toros de don José Bueno, (antes del Marqués de Albacerrada), alternando con Rafael El Gallo y Juan Belmonte, el ganado no dio el juego necesario por su mansedumbre.
Toreando En Sevilla a beneficio de la Cruz Roja
TEMPORADA DE 1928
19 de Abril
Toros de Antonio Peñalver, alterna con el Niño de la Palma y Marcial Lalanda, voluntarioso y entrando a matar por derecho.
12 de Octubre
Fiesta de la Raza, toros de Antonio Peñalver, alterna con Cagancho y El Algabeño. Triunfa de una manera rotunda, demostrando su calidad de torero, saliendo a hombros de la plaza, camino del barrio de Triana.
21 de Octubre
Corrida de la Cruz Roja, toros de doña Carmen de Federico, alternando con Antonio Márquez y Palmeño. Gran faena al segundo toro de la tarde, cortando las dos orejas y sale a hombros de la plaza.
28 de Octubre
Corrida de la Asociación de la Prensa. Toros de don Rufino Moreno Santamaría, alterna con chicuelo mano a mano. No estuvo bien. Silencio.
4 de Noviembre
Festival benéfico, ganado: dos novillos de Concha y Sierra para Juan Belmonte que los rejoneó magistralmente. Cuatro novillos de Miura, Santa Coloma, Antonio Flores y Villamarta, torean Pepe Belmonte, Niño de la Palma Mariano Rodríguez y Gitanillo de Triana, que estuvo bien.
En el Blanco y Negro, Almanaque para 1929, aparece una crónica firmada por Rafael Sánchez-Guerra y titulada “Pronósticos taurinos” entre sacamos la parte dedicada a Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana” y que transcribimos literalmente:
“¿Que hará Juan Belmonte? Yo creo que Juan volverá a vestirse de luces. Ni él puede estar mucho tiempo sin torear, ni los aficionados podemos resignarnos a no verle. Belmonte es un artista, y los artistas no se retiran nunca. Ningún escultor anuncia jamás cual va a ser su última estatua, ni ningún pintor su último cuadro, ni ningún literato su última novela. A veces descansan y no trabajan, pero sin pensar nunca en retirarse. Juan volverá a ocupar su cátedra. Los discípulos le aguardan y el sillón sigue vacante.
Entre esos discípulos hay uno que, el día de mañana, podría hacer, con probabilidades de éxito, oposiciones a la cátedra. Se llama Francisco Vega y se apoda Gitanillo de Triana. Es el alumno más aventajado de la escuela belmontina. Torea con mucha lentitud y mucho temple, y yo creo que en 1929 va a ser el diestro que más corridas contrate. Se colocará este año definitivamente, y, si la suerte le acompaña, alternará cerca de cien festejos taurinos.”
Desgraciadamente la suerte no le acompañó, no llegó el día de mañana y no hizo las oposiciones a la cátedra que pronosticaba el critico taurino.
TEMPORADA DE 1929
19 de Marzo
Mano a mano con Chicuelo, con toros de Villamarta, no estuvieron acorde con las expectativas que despertó esta corrida.
18 de Abril
Primera de Feria, con toros de doña Carmen de Federico, alterna con Niño de la Palma y Félix Rodríguez, estuvo muy deslucido. Silencio.
19 de Abril
Segunda de Feria, ocho toros de Villamarta, alterna con El Algabeño, Félix Rodríguez y Cagancho, teniendo otra tarde deslucida.
21 de Abril
Cuarta corrida de Feria, toros de don Antonio Peñalver, alternando con El Algabeño y Niño de la Palma, bastantes muestras de desagrado y pitos.
3 de Junio
Toros de Coquilla, alternando con Chicuelo y García Lalanda. Esta fue la última que toreo en Sevilla, estuvo muy deslucido.
Este mismo día cuando terminó esta corrida, se dirigía con su padre a Utrera, en automóvil, a visitar a su hermano Rafael que estudiaba en los Salesianos, sufrió un accidente de trafico antes de llegar a Alcalá de Guadaira, entre Torreblanca y el antiguo polvorín, sufriendo graves lesiones de las que tardó bastante tiempo en recuperarse.
Curro Puya es trasladado en camilla tras sufrir el accidente
EN MÉXICO
Al finalizar la temporada de 1928, Curro Puya se encontraba en el momento más importante de su carrera, embarcó para México, no consiguiendo triunfar en sus primeras corridas, ante la situación creada es atendido por la familia Morales hasta conseguir grandes triunfos, tanto en la Plaza del Toreo de la capital, como en los diversos estados mexicanos que le valieron para que le otorgaran la Oreja de Oro.
Ante el comportamiento de esta familia mexicana “Curro Puya” atendiéndola en cuantas necesidades se le presentaron.
Pasaporte otorgado a Curro Puya para su desplazamiento a México
El Sr. Morales con su hija que atendió a Curro Puya en México antes de sus triunfos
Dedicatoria del reverso de la fotografía de la familia Morales
LA DINASTIA
La semilla dejada por Francisco Vega de los Reyes, primer “Gitanillo de Triana” con su prematura muerte dejó una indeleble huella en la afición y muy en particular en el barrio de Triana. Los “Puyas” trianeros quedaron impregnados de tristeza y aflicción. Su madre triste, llorosa, afligida por la pena, frecuentaba diariamente su tumba en el Cementerio de San Fernando, hasta tal punto, que el Ayuntamiento de Sevilla ordenó la colocación de un banco cerca de su panteón para el descanso de una madre afligida.
Tumba de Gitanillo de Triana en el Cementerio de San Fernando
Banco ante la tumba de Gitanillo de Triana, ordenado colocar por el Ayuntamiento
Sus hermanos y sobrinos quisieron seguir honrando su memoria y emular sus triunfos, naciendo una saga de toreros, que si bien no alcanzaron su fama, dejaron patente el estilo creado por el genial torero, siendo su hermano Rafael el que llegó a alcanzar el doctorado con el mismo seudónimo artístico y fallecido desgraciadamente en un accidente de automóvil. Su hermano Pepe también destacó como un excelente torero falleciendo el 18 de Marzo de 1990 y retratado por el pintor Antonio Badia. Sus sobrinos también se iniciaron en la profesión: Vicente Vega Humanes “Gitanillo Chico” hijo de su hermano “Pacorro” nacido 8 de Noviembre de 1920 toma la alternativa el 10 de agosto de 1952 en la Plaza de Toros de Carabanchel de manos de Jerónimo Pimentel, con toros de Miura, falleciendo en accidente de carretera en Huelva, el 26 de Junio de 1976, estando dedicado al apoderamiento; Francisco Vega Serrano, hijo de Antonio, no tomó la alternativa terminando de mozo de estoques de Antonio Ordóñez. Con la retirada de Francisco Moreno Vega, “Curro Puya”, hijo de su hermana Pastora, gran novillero y subalterno se podría decir que se termina la dinastía, un principio y un fin, si bien un sobrino nieto Francisco Ramírez González, con el mismo seudónimo de “Curro Puya” torea algunas novilladas sin caballos, retirándose.
“Pacorro” padre de Gitanillo Chico con su familia.
“Pacorro” era un gran aficionado a los gallos de pelea
RAFAEL VEGA DE LOS REYES
RAFAEL VEGA DE LOS REYES “GITANILLO DE TRIANA¨
Rafael Vega de los Reyes, nació en Triana el día 21 de Marzo del año de 1915, siendo el menor de los siete hermanos. Dos años más tarde de la muerte de su hermano en 1933 torea 31 novilladas en todas las plazas de categoría, tomando la alternativa el 19 de Agosto del mismo año en la Plaza de Toros de Málaga de manos de Domingo Ortega con toros de Villamarta y testigo Victoriano de la Serna. La confirmación de la alternativa la realiza en Madrid el 24 de Mayo de 1934 de manos de Marcial Lalanda y testigo El Estudiante, con reses de Villamarta. En 1934, pierde cartel y sólo torea cinco corridas.
Una vez pasada la Guerra Civil reaparece en 1944 acompañando en los carteles a Manuel Rodríguez “Manolote”. , al que le unió una gran amistad hasta el punto de llegar a ser su compadre al apadrinar a unos de sus hijos. La muerte del genial torero cordobés, cogido en Linares, siendo compañero de cartel, influye decisivamente en su carrera, retirándose de los ruedos.
Rafael Vega de los Reyes y Manuel Rodríguez “Manolete” compañeros de cartel en Linares
Rafael Vega de los Reyes con Manolete
Rafael Vega de los Reyes en un pase por alto
Rafael Vega de los Reyes con su hermano Pepe
Rafael Vega de los Reyes con Manolo Caracol
Rafael Vega de los Reyes con Antonio Ordoñez
Rafael Vega de los Reyes estableció negocios de restauración en la capital de España.
Carta del Restaurante y la Boite “Gitanillo´s propiedad del Rafael Vega de los Reyes en Madrid
Falleció el 24 de Mayo de 1969 en Belinchón(Cuenca) en accidente de automóvil, en compañía de su yerno, el también torero Héctor Álvarez.
Sobrinos y familiares en la misa oficiada en la Parroquia de Santa Ana, con motivo del fallecimiento de Rafael Vega de los Reyes. Sentado y en primera fila su hermano mayor Manuel por todos llamado “Pacorro”
JOSE VEGA DE LOS REYES
José Vega de los Reyes en su debut de novillero con sólo 15 años de edad
José Vega de los Reyes con traje campero
José Vega de los Reyes en una fotografía clásica de la época
El pintor Antonio Badia pintando a José Vega de los Reyes
Antonio Badía con José Vega de los Reyes
FRANCISCO MORENO VEGA “CURRO PUYA”
Francisco Moreno Vega, hijo de su hermana Pastora nace el 29 de Junio de 1934, no llegando a conocer a su tío. Debuta en el año 1954 en Tarragona con caballos, llegando a torear treinta novilladas en las plazas más importantes. En Sevilla debuta el 26 de Junio de 1955, con novillos de Juan Belmonte en compañía de Jaime Bravo y José Rodríguez “El Pío”. El uno de Octubre de 1955 sale a hombros de la Plaza de las Ventas de Madrid. El 24 de septiembre del año de 1959, toreando en Madrid por San Isidro con novillos del Conde de la Corte y en compañía de cartel con Manolo Carra y José Julio, sufre una cogida grave que le rompe la femoral. Anteriormente, en el año de 1958, había actuado en Sevilla donde salió a hombros, cruzando el puente como es tradición de los toreros trianeros, y llevado hasta su barrio de Triana.
Como banderillero ha actuado a las ordenes Rafael Ortega y Manolo Vázquez (1961). Con Miguel Báez “Litri” (1964). Con Curro Romero (1965-1966) con Antonio Ordóñez desde el año 1967 hasta la retirada de éste. Con Manolo Cortés (1972-73-74) y el año de 1975 con José Antonio Campuzano, retirándose definitivamente en el año de 1988.
Francisco Moreno Vega “Curro Puya” triunfa en Sevilla
Francisco Moreno Vega “Curro Puya" a hombros por la calle Cisne en Triana después de triunfar en la Real Maestranza en 1959
Francisco Moreno Vega “Curro Puya” triunfa en Madrid teniendo de compañeros de cartel a Jaime Ostos y José Rodríguez “El Pío”
Francisco Moreno Vega “Curro Puya” toreando en la Plaza de Toros Barcelona
COINCIDENCIAS HISTORICAS
A Curro Puya lo coge el toro Fandanguero, justamente a los cuarenta y siete días de haber sido proclamada la República Española. Estando ingresado en el Sanatorio del Doctor Crespo se inaugura la Plaza de Toros de la Ventas el día 17 de Junio. Corrida organizada por el Ayuntamiento de Madrid para remediar la crisis motivada por el paro obrero.
Perspectiva de la calle Pureza a principios del S. XX por la que correteó Curro Puya cuando era un niño
Calle Castilla anegada en año de 1917
UNA RIADA TRES DÍAS DESOLADORES
6 de Marzo: Reina una f0rtisimo temporal que causa graves destrozos en edificios y arbolado; crece rápidamente el Guadalquivir y queda nuevamente cerrado el Puerto.
7 de Marzo. Continua el temporal fuertísimo.- El río Guadaira se desborda, inundando la avenida y el Prado de San Sebastián y sus alrededores, el Parque de Maria Luisa, la Plaza de América y paseos.- Se desploma parte del ábside de la Parroquia de San Marcos, causando en el templo grandes deterioros y quedando en su consecuencia cerrada al culto.
9 de Marzo: La riada alcanza la mayor intensidad, subiendo las aguas a considerable altura sobre su nivel ordinario, mayor que la del año 1912.- El barrio de Triana queda totalmente arriado, llegando en algunas calles a tener cerca de dos metros de agua; también cubren estas los Paseos de Colón, orilla del río, Prado de San Sebastián, Delicias y Parque.- Llega de Madrid comisionado por el Gobierno para estudiar los medios con que combatir los efectos de esta riada y procurar evitarlas en el porvenir, el ingeniero Sr. Gelabert, visitando los barrios inundados.- En la Alcaldía y con el mismo fin celebran reunión las autoridades, los representantes en Cortes y los ingenieros.
10 de Marzo: Mejora el tiempo y las aguas inician seguidamente su descenso, quedando por la tarde desaguada Triana, los paseos y el Parque.
Manuel Chaves Nogales: Crónica abreviada o registro de sucesos de Sevilla, Sevilla 1917.
Cuando se produce esta riada, Curro Puya tenia la edad de sólo 14 años de edad.
El 23 de Octubre del año 1912 una conferencia del escritor catalán Eugenio Noel en el Circulo Republicano, en contra de las corridas de toros, finaliza con un abucheo general y una persecución del conferenciante por las calles del centro, hasta lograr refugiarse en la Cervecería España.
El cinco de Noviembre de éste mismo año se declararon en huelga cuatrocientas trabajadoras de los almacenes de aceituna de Triana.
El 20 de Diciembre del mismo año que debuta Curro Puya como novillero, 1924, se inaugura a línea e tranvías desde Sevilla a la Pañoleta.
El 20 de Diciembre de 1927, año de la alternativa de Curro Puya, es inaugurado el Dispensario de la Cruz Roja Infanta Luisa en la calle San Jacinto.
El 9 de Mayo de 1929, inauguran los Reyes con gran solemnidad la Exposición Iberoamericana de Sevilla.
Cuando llega el féretro de Curro Puya a Sevilla es alcalde don José González y Fernández de la Bandera que había tomado posesión el día 26 de Junio de 1931, año de la muerte de Gitanillo de Triana.
Pepe Pinto, Manuel Vega “EL Carbonero” (Cantaores) y Niño Ricardo (Tocaor) artistas famosos de la época de Gitanillo de Triana
EPILOGO
Era de justicia realizar un reconocimiento público a Francisco Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”, torero trianero que llegó ser una gran figura del toreo creando un estilo muy personal que quedó grabado en los anales de la historia.
Los motivos que me han guiado a recuperar su memoria no son otros, que al morir muy joven y en una época de grandes convulsiones sociales, quedó, ya pasado el tiempo oscurecida su personalidad, tanto su condición humana como artística.
Ha pasado el tiempo, ya no quedan testigos presénciales que con su voz nos hayan podido comentar en vivo aquellas tardes inolvidables de su toreo, al menos no lo hemos encontrado, y si así hubiese sido, al ser estos de avanzada edad, creemos que no me hubieran aportado lo necesario. He tenido que recurrir a la investigación, a los datos tanto textuales como gráficos en medios de prensa de la época, como así a las nuevas tecnologías que ponen al alcance de cualquiera todo lo necesario que nos pueda servir para enriquecer el trabajo propuesto, y muy en particular a su familia facilitándome todo los documentos obrantes en su poder.
La base primordial de este trabajo ha sido tomada de un libreto editado, sin firma, no apareciendo editorial y publicidad alguna, distribuido a la muerte del genial torero que se vendió al precio de cincuenta céntimos. Este me ha sido facilitado por su sobrino Francisco Moreno Vega, con el seudónimo artístico de “Curro Puya” hijo de su hermana Pastora, torero ya retirado y en la actualidad profesor de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla.
La idea de llevar a cabo esta trabajo nació al caer en mis manos una lectura taurina donde aparecía su nombre con la fecha de nacimiento y muerte coincidiendo con los cien años en que vio la luz primera en su barrio de Triana.. Desde aquel mismo momento y hora pensé que era necesario honrar su memoria.
Ya en la lejanía del tiempo es importante tener a nuestro alcance, todo lo que significo Francisco Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana” en la reciente historia de nuestra Fiesta Nacional, quedando un testimonio enriquecido con las aportaciones gráficas y textuales que puedan servir para mayor conocimiento de todos aquellos aficionados a la fiesta de los toros, o no aficionados, ya que fue parte integrante de la historia de nuestra ciudad y del barrio que lo vio nacer y crecer: Triana.
Pensamos que todo lo expuesto ha sido el principio y el fin de una dinastía de toreros trianeros. Son otros tiempos, Triana no es la que fue, pero aún sigue guardando en su memoria todos aquellos personajes que la hicieron universal, y en este caso en el mundo del toro por la cual se significó. Francisco Vega de los Reyes, “Gitanillo de Triana” para los trianeros Curro Puya, con su arte memorable contribuyó a engrandecer nuestra fiesta y a su barrio de Triana.
AGRADECIMIENTOS
El haber rescatado la memoria de Francisco Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana” insigne torero trianero, se lo debemos a todos aquellos que desde el primer instante que le fue comentada la intención no dudaron en aportar todos lo medios y conocimientos que tenían a su alcance.
Manuel Pérez Luque, Presidente de la Peña Trianera y a toda su Junta Directiva de esta insigne institución en la defensa de los valores trianeros, en la cual se celebraron dos actos dedicados a Curro Puya para honrar su memoria.
Los toreros José Maria Susoni y José Rodríguez “El Pío” que participaron en la mesa como ponentes, en los actos celebrados.
Carlos Crivell y José Luis López, críticos taurinos del Diario El Mundo y Sevilla Televisión, que con su participación aportaron los conocimientos en el mundo del toro.
La familia, que no dudaron en aportarme todos los documentos obrantes en su poder y muy en particular a sus dos sobrinos: Francisco Moreno Vega y Fernando Paguillo Vega, hijos de su hermanas Pastora y Manuela.
Antonio Badía Lozano, insigne pintor, gran aficionado a los toros, autor de la portada de este libro.
Francisco Solís Pérez, coleccionista de imágenes antiguas de Sevilla, trianero de pro nacido en plena Cava de los Civiles, médico por la Universidad Hispalense y en la actualidad Mayorista de Pescados en el Mercado Central de “El Barranco” en Mercasevilla que ha facilitado las imágenes de Curro Puya que acompañan a este libro.
Manuel Cerrejón Redondo, investigador trianero de flamenco que nos ha facilitado de su archivo fotografías de Custodia Romero y Curro Puya.
En el ocaso de un caluroso Verano y en el principio de un ilusionante Otoño, en el bonito pueblo Tomares en plena cornisa de un lugar privilegiado como es el Aljarafe, existió una exposición de un pintor del cual me viene su amistad a través de su hermano, gran persona y gran amigo como es Ángel Bautista, ambos hijos de un hombre incansable por la lucha de las ideas, al cual tuve la suerte de conocer en los tiempos difíciles de carencias de libertades.
Su pintura está llena de un colorido exuberante, transmite con sus pinceles la combinación de la fuerza del color brillante de nuestra tierra del sur y si a esto le unimos los motivos de su pintura nos trasladamos a la belleza y el colorido costumbrista de Sorolla. Aunque nacido en la bonita tierra de la cal y el flamenco como es Moron de la Frontera, sus vivencias las encierra en el barrio de Triana donde se crió.
Pintor autodidacta pero no por ello lleno de sensibilidad, expresa con su pintura el sentimiento de los comportamientos de la gentes del sur, a través de la luminosidad de su pintura.
Sucedió hace pocos días, fue la llamada telefónica de una gran persona, gran pintor y gran amigo desde hace años, para invitarme a su exposición instalada en la Casa de la Provincia de Excma. Diputación Provincial de Sevilla.
Por supuesto que no lo dude y me presente a su inauguración un Viernes uno de Octubre a las ocho de la tarde. Gran asistencia de amigos y de todos aquellos interesados por su pintura.
El expresionismo de su obra es de un realismo fuera de lo común, Fernando retrata, siendo capaz de coger el detalle intimo de la expresión del artista flamenco, su sensibilidad en la pintura queda demostrada en el mínimo detalle.
La exposición titulada Flamenco Bravo, es coincidente con todos los actos de la celebración de la XVI Bienal de Flamenco de Sevilla, en su treinta aniversario.
Espero que les guste la exposición de este gran artista al haberla recogido en este video.
Nació en Sevilla, transcurriendo su vida entre la capital y el pueblo Las Cabezas de San Juan. Estudia en Sevilla y se inspira en el pueblo, trasladando a los lienzos, al papel y a la plancha calcográfica sus ideas en el estudio de la calle Galera.
Realiza las siguientes exposiciones individuales:
1972 Nueva Galeria de Arte de Cádiz. Provincial.
1973 Galería de Arte Don Manuel, Sevilla.
Salones de la Caja de Ahorros de Ronda (Málaga).
Galería de Arte Los Cisnes, Jerez de la Frontera.
1974 «Monotipos de mi Tierra>, (dibujos), en la Galería
Anastasia Klein, Castellón de la Plana.
Dibujos en la Galería Don Manuel, Sevilla.
Galería El Patio, Matalascañas (Huelva).
Galería Alwasití Sevilla.
1975 Galería Crónica, Badajoz.
1976-77 Exposición en la Galena Marin, Chiclana (Cádiz).
1977 Galería de Arte Álvaro, Sevilla.
Galería Horizonte. Jerez de la Frontera.
Galería Noez, Toledo.
1978 Galería de Arte Es Planxadar, Mahón (Menorca).
1979 Bandar-Abbas, Golfo Pérsico (Irán).
í980 Galería de Arte-Biblioteca Municipal, San Fernando (Cádiz).
Hotel New Otani. Tokio (Japón) y en The Pla e Spainsh-
Festival 80 de Tokio.
1981 Óleos, dibujos y grabados, sala Gaya, Casa de España en París.
Guardabarreras. Óleos y dibujos, Galería Joan Miró, rue Quentin Bauchart. París.
1982 Dibujos y grabados en el Centro Cultural de la Embajada en Argel (Argelia).
Obra Gráfica «Más al Sur» en Bagdad (Iraq).
Dibujos en Benni-Arnrane (Argelia).
Dibujos y pinturas, Casino Comercial y Culto a (Los Palacios y Villafranca).
1984 Motivos árabes en la Galería Al,/aro. Sevilla.
Ayuntamiento de Motril (Granada).
1985 Claustro del Palacio Provincial de la Diputación de Cádiz
Obra gráfica «Más al Sur», en el Hotel Dounia, Agadir (Marruecos).
1987 Casa de la Cultura de Lebrija.
1987-88 Realiza el Mural de la Mancomunidad del Bajo Guadalquivir en plena vía pública, con una longitud de cincuenta metros y una altura oscilante de cinco y siete metros, en Las Cabezas de San Juan.
1989 Veintidós años de pintura. «Jornadas de Otoño>,, Sanlúcar de Barrameda
1991 Oleos, dibujos y grabados, Las Cabezas Juan.
1995 XXV Aniversario de la Fundación Tertulia Cultural Flamenca El Gallo, Morón de la Frontera.
1997 Semana de Andalucía en Asturias. Hotel Begoña-Gijón.
Casa de la Cultura en Tineo, Gijón.
VII Semana Cultural Flamenca de Paradas.
1998 Pintura Flamenca, Circuito organizado por la Diputación de Sevilla en los pueblos de Osuna, Mairena del Alcor, Guillena; Montellano y Alcalá de Guadaira.
Casino de Marbella.
Galería Pureza, en a X Bienal de Flamenco, Triana,
1999 Retrospectiva en el Palacio de Peñaflor, Ecija. XXX Años de Pintura, Sala de Exposiciones de la Misericordia, Lebrija.
2000 Paisajes de mi pueblo, Tineo (Asturias).
XXX Años de Pintura, exposición en Los Palacios
XXX Aniversario de A.C.F. AmIgos de la guitarra Carmona.
2001 Gestos Flamencos, Museo de Arte Contemporáneo José María. Moreno Galvan. La Puebla de Cazalla.
XXXVI Edición de la Caracola Sala de la Misericordia, Lebrija.
Homenaje al Niño Medina, Salón Cultural Iglesia de San Miguel de Arcos de la Frontera.
29 Congreso internacional de Arte Flamenco. Galería Ramón Puyol, Algeciras.
2002 Gestos Flamencos.. Centro Andaluz de Flamenco. Colaboración de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía con el VI Festival de Jerez. Palacio Pemartin Jerez de la Frontera.
Pintura Flamenca en el patio del Ayuntamiento de El Viso del Alcor.
Óleos y dibujos flamencos en la Fundación Zoilo Ruiz –Mateos,
Rota
VI Jornadas de Estudios Flamencos, a la memora de Miguel Acal en conmemoración del XI Aniversario de la Llave de Oro del
Cante en la Casa Palacio de Maicena del Alcor.
Oleos y dibujos en la l l Feria Mundial de Flamenco en el Palacio de Congresos y Exposiciones (FIBES) en Sevilla.
Grabados en la biblioteca de la Base Naval USA en Rota.
2004 Actos conmemorativos del XX aniversario de la muerte de Antonio Maicena, Casa de la Cultura de Mairena del Alcor.
Dibujos en la Casa de las Sirenas (Alameda de Hércules), con motivo de la XIII Bienal de Flamenco.
Pinturas flamencas en la Galería de Arte Alvaro con motivó de la XIII Bienal.
2006 Sala de exposiciones Hospital de Santiago de Úbeda (Jaén).
2008 Trazos Flamencos. Salón de Plenos del Ayuntamiento de Paradas. XVIII Semana Cultural de Actividades Flamencas.
2009 Gestos Flamencos. Centro Andaluz de Flamenco de Jerez de la Frontera.
Ha participado en Muchas exposiciones colectivas, entre las que destacan:
VI Feria de Muestras Iberoamericana de Sevilla (1967), Homenaje a Pío Baroja en la Galeria Antonio Machado, Madrid (1973); Concurso internacional de Dibujos de la Fundación Ynglada Guillo, Barcelona (1973); II Bienal de Arte de Marbella en homenaje a Picasso (1973); IIl Premio Nacional de dibujos «Pancho Cossío», Santander (1973); II Bienal de Pinturas de la Provincia de León (1973); VI Certamen de Artes Plásticas en el Salón del Trono de Ceuta (1973); III Concurso Nacional de Pintura «Blanco y Negro», Palacio de Cristal, Madrid (1974); IlI Certamen. Internacional del Grabado de Palma de Mallorca (1977); Colectiva Inaugural en la Galería Azcue de Sevilla (1977), Colectiva de Pintores Españoles en la Casa de España en París (1979); Exposición itinerante del «Grabado Joven Sevillano>,, organizada por la Caja de Ahorros con la colaboración de la Excma. Diputación Provincial de Sevilla (1980); Pintores y Escultores. Sevillanos en homenaje al XXXI Congreso Mundial de Juventudes Musicales (1981); Primer Encuentro de Grabados Andaluces,. Málaga (1981) Primera Bienal’ de Arte Serigráfico de la Pintura Iberoamericana presentada por la Galería «Praxis», Argentina (1983) Colabora con su obra árabe en documentales para Estatal Mexican, «Camino de la Rosa», viajando por todo Marruecos (í983), Colectiva de dibujos en homenaje a Alvaro Balbontín en Sevilla (1984); Colectiva de Pintores Memorial Alvaro, Sevilla (1988), Autor de los Carteles de las Semanas de teatro Lebrijano Juan Bernabé, Lebrija (1982-1990); Seleccionado Il y llI Premio Tepro, Sevilla (1989-1990).
Desde 1993 realiza el cartel de los distintos circuitos Flamencos organizados por la Federación de Peñas Sevillanas: Caracola de Lebrija.. Gazpacho de Morón de la Frontera. Mistela de Los Palacios. Yerbabuena y Oro Blanco de Las Cabezas, Gines, Camas, Triana, Sevilla Este, Arcos de la Frontera, etc.
Representado en los museos de Osaka (Japón), Contemporáneo (Sevilla), Museo de Bagdad (Iraq), Diputación de Sevilla, Embajada de Argel, Casa de España en París.
Tiene parte de sus obras en colecciones privadas en Ginebra, Copenhague, Alaska, Australia,. Teherán,. París, Roma, Argelia, Tokio; NuevaYork, y países de Latinoamérica.
Conferencia dada en el Hotel Alcázar de la Reina para el Centro Cultural Olavide en Carmona – Cursos de Verano 2006 -
EL FLAMENCO DE AYER Y HOY
INTRODUCCIÓN
¡Sí! En interrogación, a modo de pregunta, fue y sigue siendo Triana una Comarca Cantaora, ¿ Es un mito? ¿Es una leyenda? Con toda sinceridad tendré que admitir que es un conjunto de apreciaciones envueltas en un halo que la han caracterizado dándole un reconocimiento no sólo en el mundo del flamenco sino también en muchos aspectos del arte.
Pero tendremos que seguir preguntándonos que circunstancias históricas han acontecidos para que el nombre de Triana haya llegado a constituirse en una referencia imprescindible a la hora de hablar de flamenco.
Es indudable que la situación geográfica y el clima son dos elementos de gran importancia que influyen de una forma determinante a la hora de forjar un carácter y si a estos elementos les unimos las situaciones aportadas por el normal comportamiento socio-económico y político dados por la natural inter-relación entre los individuos nos da como resultado una serie de actuaciones muy concretas en un determinado lugar, en este caso, en lugar no es otro que Triana, siendo el motivo que me ha traído aquí en esta mañana calurosa muy cerquita ya de ese día “señalaito” de la “Seña Santana”.
Antes de nada tendré que hacer una observación de gran importancia encuadrada en esta inter-relación humana, que no es otra que desmontar el tópico existente acerca del comportamiento trianero. Triana cuando hace uso de su nombre no adopta una actitud prepotente, Triana hace uso de su nombre inconscientemente al haber forjado su carácter por si sola, ya que desde sus inicios como núcleo poblacional ha sido un barrio de alubión, un barrio de acogida, un barrio extrovertido, como lo demuestran todos los antecedentes históricos de los cuales daremos algunas referencias con el fin de tratar él por qué es la pionera en mundo del arte y muy en particular en dar a conocer una cultura musical que se había venido gestando durante en el transcurso del tiempo, siendo la portadora, dotándola con sus aportaciones personalidad y creando estilos propios que han sido transmitidos y quedados grabados en nuestra reciente historia de lo que en la actualidad conocemos con el apelativo de flamenco.
La formación de este núcleo poblacional es antiquísima, pienso que el primer asentamiento de Sevilla se da a la margen derecha del río, por una sencilla razón, ya que a pesar de las dificultades que este presentaba debido a las inundaciones que puntualmente se daban al año, las ventajas obtenidas eran cuantiosas ya que el limo dejado era de una fertilidad extrema - aunque las comparaciones se suele decir que son odiosas es un caso muy parecido a un gran río como es el Nilo – y ustedes se preguntaran que tiene que ver esto con el Flamenco, no se asusten que tiene que ver y mucho, porque la historia del Flamenco, no se puede decir que tenga sólo doscientos años, si bien el apelativo es muy moderno, su forja se ha dado durante un largo proceso histórico. Por tanto no tendré más remedio que entrar en analizar el carácter forjado de este núcleo poblacional que no es otro que el comportamiento del trianero.
EL CARÁCTER DEL TRIANERO
Para encontrar los cantes de Triana es imprescindible analizar este comportamiento, porque Triana desde su configuración como núcleo poblacional fue un caso atípico en relación con él del resto de la ciudad; hasta tal punto, que desde la otra orilla del río, el venir a Triana se consideraba una odisea, debido a su mala fama, donde se creía que las reyertas eran continuas y los navajazos estaban a la orden del día. ¡ Cierto que se dieron en ocasiones! Pero de esto a que sus vecinos, fueran gentes del mal vivir, va un abismo. No dudamos que estas manifestaciones se dieran más que en otro lugar, pero generalizar y decir que todos sus vecinos fueran unos díscolos y bravucones es una exageración, ¡Tal vez haya obedecido a unos intereses muy concretos de la clase dominante! Éste sambenito lo ha llevado a cuestas el barrio durante muchos años, de aquí la consideración y el tópico aún existente y por fortuna ya casi desaparecido de que el flamenco es de desheredados y gentes de mal vivir; ante esto tendremos que analizar el hecho del porqué el nombre de Triana se conoce universalmente y donde el flamenco ha jugado un papel primordial, y él por qué ha surgido este raro y extraño fenómeno, caso curioso no por la fama que le dio la ciudad, sino por todo lo contrario, por su laboriosidad de sus industrias artesanas y por una expresión muy genuina en el mundo artístico; éste dato viene a demostrar una vez más el aislamiento a que estaba sometida, siendo más conocida en el exterior, que en la ciudad donde estaba enclavada.
Con esto no queremos decir que no se rigiera por las ordenanzas emanadas para el establecimiento del buen gobierno y a esta se le considerara algo distinto en la configuración global de la urbe.
Para analizar las circunstancias que motivaron estas expresiones diferenciadas, no tendremos más remedio que entrar en la observación del porqué de un carácter; para tal fin tendremos que remitirnos a los antecedentes históricos, que sirvieron de base y en donde las circunstancias socio-económicas y políticas jugaron un papel determinante a la hora de forjar un pensamiento y una forma de ser.
¿Pero cuales pudieron ser los orígenes de Triana? Pregunta de difícil contestación, ya que incluso cuando investigamos sobre su nombre patronímico nos encontramos con varias teorías, lo suficientemente conocidas, por lo que no abundaremos en ellas. Nos concretaremos a su primer asentamiento, que es lo que perseguimos para poder encontrarnos con el carácter singular del trianero.
Su configuración geológica nos ha jugado una mala pasada, ya que al estar ubicada sobre un terreno de esteros y marismas, no han quedado los suficientes restos arqueológicos que nos puedan demostrar sus primigenios asentamientos, si bien los estratos de limo dejados por las constantes anegadas nos pueden dar una base de datos para determinar su origen. Mientras tanto en la orilla opuesta al ser un pequeño altiplano, poco elevado, se encontró el refugio necesario para salvar las anegadas del Guadalquivir y creciera una ciudad, caso opuesto a la margen derecha que toda ella era tierra inundable. Y es aquí, que desde un principio estuvo sometida, lo que más tarde se denominó Triana, a un natural aislamiento geográfico, donde el río fue el principal protagonista.
Este aislamiento forzoso a la que estaba sometida, se vio amortiguado al ser una zona de gran riqueza agrícola y el lugar de paso de toda la zona del Aljarafe, comarca de feraces tierras que jugaron un papel de importancia a la hora de abastecer a la ciudad. Ya tenemos a una Triana con un comportamiento inminentemente rural y convertida en una alquería árabe de las tantas existentes en esta orilla del río, teniendo que ser defendida estratégicamente por lo que esta significaba, en cuanto al sustento de la población que se encontraba ubicada a intramuros.
A pesar de jugar este papel de importancia, Triana aún no se encontraba lo suficientemente poblada para que generase una idiosincrasia peculiar, al estar configurada por un caserío muy disperso no teniendo un lazo común de unión, si bien empiezan a florecer una serie de industrias auspiciadas por la abundancia de agua y el fértil limo que dejaba puntualmente el Guadalquivir, naciendo como consecuencia el trabajo artesanal de la alfarería, así como la industria del jabón, auspiciada por los almarjos, planta barrilera que se da en zonas bajas y húmedas como son las marismas, que después de ser quemadas en sus cenizas aparece la sosa cáustica, que combinada con el aceite que producía el gran cultivo del olivar, eran los elementos vitales para la elaboración de este producto para el aseo. Éste fue el principio industrial de Triana, pero cuando esta se consolida como núcleo poblacional es con la llegada de los castellanos, siendo Fernando III el que establece su campamento para la toma de Sevilla al final del foso de la Cava, en la Dehesa de Tablada, y es cuando aparece su carácter al asentarse en este territorio la mayor parte de las huestes que acompañaban al Rey, donde se encontraban todos los oficios que asistían a la tropa. Estos avatares históricos, unidos a su situación geográfica y siempre sometido al aislamiento natural antes comentado, dieron como resultado unas formas peculiares y maneras diferenciadas, siendo determinante para que llegaran los gitanos y se ubicaran definitivamente aportando una nueva mezcla al mestizaje nacido en esta margen derecha del río y a extramuros de la ciudad.
En esta aislada orilla, en un principio se fusionaron tres culturas: Árabes, dedicado a la labor de la tierra, los castellanos llegados con Fernando III, y los gitanos que llegan más tarde, a mediados del s. XV, partiendo de la base que fueran más bien moriscos, no queriendo entrar en este tema ya que nos apartaría de lo que estamos tratando. Los judíos quedan en el interior de la ciudad a intramuros, creando sus propias juderías y perteneciendo a un estrato social más alto, no asentándose en Triana, si bien jugando en su economía. Ya tenemos las culturas que con el devenir del tiempo forjaron una música que más tarde se denominará flamenco.
Él que a va a jugar un papel determinante en la configuración definitiva del carácter del trianero fue el descubrimiento de un Nuevo Mundo, floreciendo oficios que demandaba la Carrera de las Indias; aparecen: carpinteros de ribera, calafates, rederos, veleros, alfareros, herreros, ¡¡ojo a los alfareros y herreros que jugaron un papel fundamental en la forja de los cantes de Triana!! Alcanzando cotas insospechadas auspiciadas por éste hito histórico.
El carácter del trianero es fruto del mestizaje que surgió de las culturas llegadas, como asimismo de todos aquellos que llegaron incluso años más tarde, buscando el amparo de un barrio en el que nadie se sentía forastero, Triana fue, ha sido y es un barrio de alubión, donde después de la época del Descubrimiento con el traslado de la Casa de la Contratación a Cádiz – este traslado significó que el flamenco saliera de Triana como explicaremos más adelante - vino a menos quedando condenada al ostracismo y donde encontraron refugio las más humildes clases sociales, comportamiento de sus orígenes primigenios.
El traslado de la Casa de la Contratación a Cádiz fue motivado a que no podían atracar los buques de gran calado, problema aún en nuestros días no resuelto, trayendo como consecuencia la merma del comercio del puerto, al vivir toda su industria al amparo de éste, Triana entró en declive, si bien siguieron establecidos ciertos oficios, no con la fuerza y la pujanza de antaño.
La configuración del estrato social de Triana siempre fue bajo, donde sus corrales habitados por gentes de la más humilde condición forjaron un pensamiento bien diferenciado, con esto no queremos decir que no aflorara una nueva burguesía al amparo de las reminiscencias de una anterior época de esplendor.
Triana al estar sometida al aislamiento natural, no se contaminó de las expresiones y comportamientos de la ciudad, crea su propio léxico, su propia fonética y su propia música, que no fue otra que el flamenco, aparte de que el río vuelve a ser el protagonista, no sólo ya por ser una barrera separadora, sino por las anegadas que traía puntualmente todos los años, estando este núcleo poblacional supeditado al azote que estas ocasionaban, naciendo de todo este cúmulo de circunstancias una filosofía en la manera de pensar, originando tener lo mínimo, con el fin de no poner en riesgo sus pequeños patrimonios (enseres y ajuares) que tenían que ser lo indispensable a sabiendas que puntualmente a la cita, el río cobraría su renta. Esto unido a la configuración de su caserío, casas bajas a lo más de dos plantas y en su mayoría corrales y patios de vecindad, toda la vida se realizaba en la calle, al aire libre, con la cual las relaciones humanas y la solidaridad era una constante auspiciada por las carencias existentes.
¿Fue posible que todos estos avatares configuraran un carácter, un pensamiento peculiar y como consecuencia una creación propia en la expresión musical? Mantenemos razones fundadas para que así fuera. El humano, el individuo, en función de todo el ambiente que lo rodea, lo hace ser diferente a otros, nacidos y criados en otro pago o lugar al estar en consonancia con su hábitat. A los hechos nos remitimos, poniendo como ejemplo la diferencia de carácter existente entre los pueblos del norte de Europa con los del sur, a más distancia menos parecido, a más proximidad más semejanza, pero estableciendo siempre matices en función tres factores: el terreno, la temperatura, a los que hay que unirle el humano; estos dan como resultado el carácter de un determinado núcleo poblacional o asentamiento, que una vez desaparecida la trashumancia en consecuencia queda establecido un equilibrio natural conjugado definitivamente por estos tres factores como son: Geología, clima e individuo.
Estas son las razones fundadas antes comentadas; Triana debido a la feracidad de su vega, su situación geográfica, climática y la mezcolanza de culturas se dieran estos tres componentes y naciera un carácter diferenciado al resto del otro núcleo poblacional nacido a la otra orilla del río. No por esto, tendremos que argumentar: que este fuera mejor que aquel, pero sí diferente por las razones expuestas.
El carácter es el modo de ser de una persona o pueblo, la expresión personal y originalidad musical que ha surgido en el hábitat natural de convivencia impuesto por el medio que lo ha desarrollado lentamente, no nace de una forma o manera inmediata, por tanto tendremos que decir en la Triana actual aún se conservan muchos rasgos del comportamiento de antaño, aunque estos van ausentándose, apareciendo otros pero siempre conectados y teniendo por base los originarios. La Triana rural ha desparecido por completo, estando en actualidad incrustada en el comportamiento del individuo urbano.
DE LOS CANTES Y SUS ORÍGENES
Una vez expuestas estas argumentaciones entraremos de lleno en la expresión musical que ha distinguido a Triana en lo que más tarde se iba a denominar en un principio Cante Hondo y más tarde Flamenco.
¿Y por qué en Triana? Existen muchos razonamientos y tendremos que dar algunos. Uno de ellos, el primordial es la llegada de los gitanos a Triana, pero no obstante tendremos que decir que antes de su llegada ya se daban fiestas auspiciadas por la celebración de la Velá de Santa Ana, al haberse erigido un templo en su nombre por Alfonso X “El Sabio” siendo velada la Santa, llegando a alcanzar tal nombradía que fue punto de encuentro de gentes llegadas de los más lejanos territorios, estableciéndose la costumbre Cristiana-Castellana de sacar a la Santa alrededor del templo recientemente construido motivando un gran jolgorio y fiestas en su nombre.
Como he comentado anteriormente la llegada de los gitanos fue primordial, ya que estos poseían una cultura ecléctica, es decir que tomaban los más diversos elementos de los comportamientos de los ya asentados, con el fin de subsistir, aún no integrándose y mantener su núcleo central familiar, no olvidando que aún estaban perseguidos por las pragmáticas dadas por los Reyes Cristianos.
¿Que música se daba en Triana en aquellas fiestas para que los gitanos la acogieran dotándolas de su exotismo oriental de donde provenían? No era otra que los romances tradicionales castellanos los cuales los adaptan a su peculiar forma de comportamiento corrompiéndolos por la transmisión oral. Ya tenemos un principio. ¿Por qué en Triana empieza a aparecer este estilo musical? Por una razón muy simple por qué Triana era el centro neurálgico de la economía propiciada por el Descubrimiento de un Nuevo Mundo, y donde su puerto era el punto de un trasiego mercantil prospero y floreciente. Triana era un arrabal, un suburbio donde se ubicaron las clases más bajas al amparo del comercio y la industria establecidas fuera de la ciudad.
Ya tenemos los Corridos o Romances y van a aparecer las Toná, las cuales mantengo que provienen del Cancionero de la Colombina creado debido a este evento histórico de importancia como fue el Descubrimiento. ¡Atención al dato¡ ¿Quien crea este Cancionero? no son otros que: Juan de Triana, racionero de la antigua Catedral de Sevilla, Francisco de la Torre de Sevilla y Hurtado de Jerez. Si nos acogemos a este Cancionero aparecen las letras de las Toná ya que mucha de la música escuchada en la Corte, las capillas, las catedrales y las ceremonias cívicas era improvisada. Eran la mayor parte de las letras que se oían en las tabernas, calles, plazas y lugares de trabajo de las clases inferiores de Triana. Los gitanos ya trianeros recogen estas letras popularizándolas y creando estilos personales llegando a cantar hasta treinta y tres tipos de Tonás, como la edad de Cristo, Silverio Franonettí llegó a cantar hasta veintinueve.
De las Toná, sus derivaciones acomodadas y adaptadas a su exotismo oriental y con las creencias ancestrales de los gitanos: La “Debla” creencia religiosa y las “Carceleras” debido a la represión a las cuales estaban sometidos. Naciendo el “Martinete” cante de fragua por excelencia una vez asentados y prácticamente integrados los gitanos y dedicados a este prospero oficio que les dio pingües beneficios estableciendo entre ellos mismos una diferenciación, naciendo unos clanes y gerarquización muy típica de su raza. De los “Martinetes” tendré que hacer una observación: Se está en la creencia que este cante se ejecutaba cuando laboraban la forja, no es así, la fragua era el lugar de reunión cuando habían acabado el trabajo. No podemos olvidar que los gremios artesanales, establecían el lugar de trabajo en el mismo sitio que el de la convivencia diaria, de aquí lo que significaron las córralas, en Triana corrales y patios de vecindad, celebrándose fiestas por cualquier motivo. El yunque y el martillo al estar siempre disponible se usó para el acompañamiento haciendo de diapasón, dando las notas al cantaor, pienso que fue el primer instrumento de acompañamiento, como más tarde en las evoluciones de los cantes se fueron incorporando otros instrumentos caseros, hasta llegar la guitarra.
Ya tenemos los cantes primigenios y primitivos: Romances, Toná y las derivaciones de estas como Carceleras, Deblas y Martines sin lugar a dudas nacidos en Triana por todas las circunstancias antes comentadas, nos quedan la seguiriya, la soleá, y los cantes de fiestas que en Triana no eran otros que los Tangos.
Seguiremos haciendo el recorrido histórico de las manifestaciones populares que determinaron las características de los cantes de Triana y como estos fueron salidos del barrio y exportados a otros lugares dándoles el sello propio según el lugar y comarca debido a las aportaciones personales de las vivencias de cada lugar, ya que el flamenco es una creación constante.
Entraremos en analizar las Siguiriyas, en principio denominadas Siguiriyas gitanas de la Cava. Si bien su origen puede estar determinado siguiendo el mismo comportamiento de las Tonás, no obstante estas aparecen más tarde, una vez que los gitanos trianeros se encuentran asentados definitivamente en Triana, teniendo que hacer una observación de gran importancia, el gitano en Triana se integró conviviendo en los corrales con los no gitanos, no existiendo diferencia alguna, ni creando rechazo alguno por su condición de raza, si bien mantenían su peculiar comportamiento siendo aceptados por todos.
Sigamos con las Seguriyas, ya que este cante es el resultado del producto de esta integración. He comentado que su origen siguió el mismo camino que las Tonás, el hecho queda demostrado que algunas de sus letras provenían de estas. Posiblemente a igual que los Romances fuera recogida de la Seguidilla popular castellana y adaptada por el gitano que la dota de un sentimiento muy especial, profundizando en la pena ancestral de su represión y muerte. La Seguiriya es un “quejio” es una reinvidicación, personal e individual. La Siguiriya Gitana de la Cava, se cantó sólo en Triana, que dio seguiriyeros de gran importancia como fueron Cagancho y Frasco el Colorao. Es indudable que la Seguiriya trianera es la más primitiva. En la actualidad las que se cantan son más las jerezanas y las gaditanas.
Este cante necesitaría más tiempo para su exposición y estudio y tendríamos que dedicarle un apartado monográfico no siendo el tema que nos ocupa.
Y entramos de lleno en la Soleá, mejor dicho “El cante por Soleá” siendo difícil y complicado determinar su origen, pero al menos daré una serie de argumentaciones con el fin de demostrar que es un cante eminentemente trianero. No quiero entrar en estar en posesión de una verdad absoluta, y menos en el flamenco, donde no tenemos ni poseemos testimonios escritos para asegurar sus orígenes, por tanto tenemos recurrir a la hipótesis histórica.
Según el Diccionario, su nombre se deriva de soledad y del latín solitas-atis, pues bien ya nos encontramos con el primer enigma, ¿por qué el nombre soleá? trataremos de buscar una explicación lógica en función desde cuando se origina este cante que fue sobre el 1840, mediados de s. XIX, siendo atribuido a la “Andonda” a parecer de Triana, no existen referencias ciertas, ya que a Triana por todo los expuesto anteriormente llegaron para buscar su cobijo gentes de todos los confines. Se tienen noticias que podrían venir de los bailes denominados Jaleos según lo bailaran los hombres y Jelianas si lo bailaban las mujeres. Estos bailes estaban acompañados de cantes. La Andonda empieza a cantar sin acompañamiento de baile, hasta tal punto que adquiere popularidad por este hecho insólito, se queda sola, no es extraño que le pidieran: ¿Andonda canta sola? canta en soledad, sin nadie. Por derivación pudo venir el nombre de Soledad en definitiva en nuestro léxico “Cante en Soledad” “Cante por Soleá”. Esto no deja de ser una hipótesis, pero haciendo uso de la lógica, podemos acercarnos al porqué de su nombre.
Triana de inmediato se distinguió por la Soleá al ser un cante que adquirió muy pronto una gran difusión y volviendo a la hipótesis histórica, nacieron grandes soleareros cada uno de ellos dándole una personalidad propia a igual que hizo la Andonda cuando lo aparta del baile, todos los creadores del cante por soleá siguieron esta línea creativa. Existe un dato a tener muy en cuenta como son los Cafés Cantantes de los cuales Silverio Franconetti fue un precursor de llevar esta música aún no conocida como flamenco al escenario. No podemos olvidar que al poco tiempo se inaugura el actual Puente de Triana no existiendo los impedimentos que tenia el Puente de Barcas, recurriendo el Gran Silverio a los cantaores de Triana para sus actuaciones en los Cafés. Otro dato a tener en cuenta es que todos los Cafés Cantantes, se establecen a la salida del Puente de Triana hasta llegar al Centro, por este motivo empiezan a salir los cantes de Triana del hermetismo de su circulo trianero.
Si la Andonda fue la precursora en los cantes por Soleá siguieron su línea creadora muchos cantaores trianeros, y tuvo tal difusión que muchos llegaron a Triana para conocerlo hasta tal punto que se tienen noticias de que en el Callejón del Estudiante, actual calle Magallanes, muy cerca de lo que fue el Zurraque existía una pensión regentada por una señora que su sobrino era aficionado al toque de la Guitarra siendo lugar de reunión y paradero de Ramoncito “El Ollero” y a donde asistió “La Serneta” interesada por estos cantes.
En Cante por Soleá fue recogido en el barrio de Triana por gitanos y no gitanos siendo los Alfareros y su precursor Ramón el Ollero, los que crean unos estilos muy personales, distinguiéndose de quien ejecutara los cantes por Soleá de la Cava. El Cante por Solea se convirtió con el paso del tiempo en un cante grande por excelencia. A la Andonda le siguieron Ramón el Ollero, Santamaría, Lorente, Silverio, Ribalta, La Cuende, La Gómez, Fernando el de Triana entre tantos y tantos que llegando a nuestros días, como Emilio Abadía, Domingo “el alfarero”, El Sordillo, Manuel Oliver, Joaquín y Antonio Ballesteros, Antonio El Arenero, del que escucharemos un testimonio de su voz antes de fallecer, Márquez el Zapatero, que si bien de Villanueva en cuanto al cante es de Triana y Paco Taranto nacido en pleno Zurraque que en la actualidad es un cantaor estudioso y heredero de los cantes trianeros.
Por último nos quedan los Tangos, y el porqué salen los cantes de Triana de lo cual daremos unas breves referencias.
Cuando se produce el Descubrimiento, en Sevilla, y en particular en Triana existía una gran población negroide, hasta tal punto que fundan hasta su hermandad denominada “Hermandad de los Morenos de Triana” en la antigua calle del Rosario, que en la actualidad es calle Castilla a partir de Chapina donde tenían establecido su Hospital en lo que se denominó Zurraque. Se está en la creencia que los Tangos vinieron del Nuevo Mundo por existir allí una gran población de color, pero olvidamos que los primeros hombres de color que colonizaron el Nuevo Mundo fueron los morenos de Triana, por razones que no vienen al caso. Su música ancestral se recoge en Triana adaptándola y aflamencándola, procediendo de un baile de movimientos agraciados de ágiles contorsiones, siendo El Titi, gitano de la Cava el que creó un estilo muy personal. No obstante tendremos que decir que los Tangos son unos cantes de los más antiguos ya que como hemos dicho anteriormente procediera de los Morenos y Morenas asentados en Triana. En todas las fiestas que se celebraban en los Corrales trianeros los protagonistas eran los Tangos por ser fácil de bailar al ser muy pegadizos y rítmicos.
Estos son lo cantes de Triana: Romances, Tonás, Carceleras, Deblas, Martinetes, Soleares y Tangos, lo que un principio se empezó denominar Cante Hondo. Estos cantes primitivos fueron el comienzo para determinar una cultura musical que vino forjándose lentamente hasta desembocar tal como la conocemos en la actualidad, en la cual Triana jugó un gran papel de importancia por los antecedentes comentados.
SALIDA DE LOS CANTES DE TRIANA
Triana fue la forjadora de estos cantes que salieron del barrio por una serie de razones que quiero exponer:
- Traslado de la Casa de la Contratación a Cádiz
- Pragmática de Carlos III haciendo súbditos a los gitanos.
- Toma por los franceses de Triana
- Cafés Cantantes
El comportamiento de los gitanos sé rigió por sus propias leyes, si bien no escritas llevadas a cabo con rigurosidad, manteniendo unos clanes la mayor parte de ellos emparentados, auspiciándose una ayuda mutua en defensa de la supervivencia debido a las Pragmáticas dictadas contra ellos, por tanto mantenían una relación extrema aún en la distancia, reminiscencia de su nomadismo, dando como resultado una comunicación continua.
Los factores expuestos son de vital importancia ya que si barajamos sus fechas nos pueden dar el resultado del por qué los cantes de Triana son transmitidos, si bien una vez que llegan a otras comarcas evolucionan dándole la personalidad característica del hábitat donde se desenvuelven.
Una vez que Carlos III promulga la Pragmática en 1783, y consolidada dos años más tarde 1785, haciendo a los gitanos súbditos como a los demás, se liberan de las persecuciones dándoles una libertad de movimientos hasta entonces no conocida, con lo cual la cultura musical que se estaba gestando iba siendo divulgada pero siempre reconociendo el lugar de origen, a la misma vez que la evolucionan por las razones antes expuestas.
El traslado de la Casa de Contratación a Cádiz en 1717, trajo como consecuencia un declive económico y comercial de Triana, pero es curioso observar como en el camino hacia Cádiz aparecen comarcas cantaoras por excelencia, veamos: Utrera a la izquierda de la ruta, Lebrija a la derecha, Jerez en el centro, hasta desembocar en los puertos que no era otro que Cádiz. Todas estas comarcas ejecutan los cantes de Triana pero lo dotan de peculiares características. En definitiva que al amparo del comercio aparecen comarcas cantaoras. ¿Y por qué Jerez y Cádiz con más influencia que las otras? Por una sencilla razón, por ser Jerez centro neurálgico de paso y Cádiz el fin de un viaje y el comienzo de otro hacia las Indias, es decir el Nuevo Mundo.
No hemos nombrado Alcalá, por una sencilla razón porque aparece más tarde y no en razón del traslado de la Casa de Contratación a Cádiz, sino por la toma de los Franceses de Triana el 10 de Febrero de 1812 que varias familias gitanas asustadas nuevamente por una persecución se establecen en Alcalá, no nos extrañe que “Joaquín el de la Paula” fuera un integrante y descendiente de esas familias. Juan Talega con su voz rotunda decía en muchas ocasiones que los cantes son de Triana, esta afirmación nos ayuda a corroborar lo expuesto.
En cuanto a los Cafés Cantantes, fue Silverio Franconetti el que jugó un papel de importancia al llevar los cantes del barrio al escenario sacándolos del barrio y del circulo familiar, coincidiendo como factor decisivo la desaparición del Puente de Barcas y la inauguración del Puente de Triana en 1852, facilitando la labor para que los cantaores trianeros se desplazaran a intramuros sin dificultad alguna. Es curioso observar como estos se van creando una vez salidos del Puente hasta llegar al centro, no queriéndolos enumerar por tener que hacer un estudio monográfico de ellos, ya que jugaron también un papel de importancia.
Existen muchas más razones pero las primordiales son las que han sido expuestas.
No quiero entrar en el detalle de pormenorizar los distintos estilos personales de los distintos cantes que se dieron en Triana, ya que seria prácticamente interminable, esperamos dejarlo para otra mejor ocasión.
Hasta aquí, en síntesis, mi visión de lo que representó Triana en el cante debido a los avatares históricos.
Para terminar os voy a recitar un poema en el cual se contemplan la mayoría, no todos, de los cantaores trianeros y finalizaremos con el testimonio de la voz de Antonio González Garzón “Antonio el Arenero” gran solearero de barrio que lo vio nacer.
TRIANA EN EL ALTO CIELO
Muy cerquita del río, de su río, en sus orillas bañadas por una corriente serena y eterna, se escuchó el cantar del barrio de Triana y con el lamento del dolor de un parto fecundo nació el cante:
Lo recuerdo con toda la alegría que yo transportaba sobre la alocada inquietud de mis 24 años. Había llegado a ese lugar gibraltareño que tanto aman los ingleses andaluces del gaditano peñón, por eso quiero repetir como fue aquella llegada que yo dejé descrita en otro nostálgico intento histórico-literario.
Algeciras (lugar que yo desconocía) campo militar de las Eras y el Peñón deGibraltar presidiendo su entorno como la torre Eiffel en París y la Giralda de Sevilla. Con los ojos desorbitadamente atentos sigo conociendo y enterándome de cómo son y suenan estos pedazos de España.
Llegamos a la caída del sol. Nos dicen donde debemos acampar y dormir. Bueno pues de momento sobre algo de pasto y de estrellas el artesonado del alto techo. Nos tumbamos pensando en aquel otro “paraíso perdido”, agradable sensación aún palpitante que nos la borra la interrupción sorprendente de tres enormes cañonazos aliados, primer aviso que desde el peñón nos envían nuestros vecinos ingleses a modo de bélica bienvenida, y al mismo tiempo por si hubiésemos que la II Guerra Mundial cabalgaba a lomos del Peñón más flamenco de Europa gracias a la milenaria Cádiz; pétrea elevación esta, desde donde, sin descanso permanecía el aparato defensivo dispuesto a acribillar el cielo y el mar a la menor sospecha.
Un gigantesco reflector peina de luz la franja de tierra donde nos disponíamos a dormir, mientras otros largos chorros de luz persiguen al globo que amarrado a la cola de un avión sirve de blanco a una tupida artillería antiaérea que siembra la noche de disparos y rúbricas de humo. Verdaderamente fantasmagórico. Y escucho a un compañero decir en la oscuridad de la “amplia habitación” ya medio dormido: “quiyo” ¿estaremos aquí seguros? Yo que sé ¿Mira si se le escapa un cañonazo a un inglés de estos y nos mata a “tos” ahora que parece que íbamos saliendo de un lío? Y le dice el otro: Bueno, tu apaga la luz y cállate ya” - Que ganas de vivir y que ángel –
No tardó en llegar la orden de nuestra incorporación a la compañía destacada en al “Alto Aragonés”, Tarifa. La razón por la cual nos mandaron a aquellos andurriales obedecía a la instalación de unos enormes cañones mirando al mar sobre Tarifa.
El Teniente se mandó construir una chavola y yo me busqué un rincón en el palomar de aquella casita que luego el ejercito expropió sin contemplaciones ¡pobre gente!
Nadábamos en aguas del estrecho protegidos del oleaje por unas grandes rocas. Algeciras era durante aquella guerra un puro cabaret, y yo, como “contratado” permanentemente por aquellos flamencos de uniforme no lo pasaba mal.
La Línea y Algeciras fueron invadidas por el miedo alegre de grandes oleadas de soldados internacionales dispuestos a conocer España a través de sus vinos y los amores de una noche que para alguno podría ser la última. De momento nos comunican un inmediato traslado. Adiós a Tarifa de Guzmán el Bueno con su ensordecedor viento de Levante en los oídos, su entrada y salida del estrecho de todos los barcos del mundo. Adiós a sus áridos montes con algún raquítico árbol rendido al poniente en una total inclinación provocada por el famoso viento, y allá enfrente, Ceuta y Tánger como pañuelos blancos tendidos en el mar. Adiós a los marineros cabaret de la calle Munición en Algeciras. Adiós al Peñón de los cañones. Y adiós a estas oleadas de soldados que transportados de un mar a otro descansaban, ellos y sus barcos, fondeados al costado oeste de “nuestro peñón inglés”. Estas tropas llenaban tabernas, bares, restaurantes y sobre todo aquellos cabaret amenizados por señoritas del interior dispuestas a hacer su América a los acordes de aquel viejo y delicioso, sentimental y literario acordeón de todos los puertos de ayer.
Ahora dejaremos el Gibraltar de esta otra guerra sil olvidar que una noche de niebla se estrelló un avión más arriba de donde dormíamos nosotros sobre el pasto. Aunque otro avión que arenizó averiado en la extensa playa de Tarifa, aquel submarino que bombardearon en circulo una tarde y debieron hundir por lo que nos pareció, los que se estrellaron sobre las rocas de la isla de las palomas y llevaban las entradas para ir al cine aquella tarde en Gibraltar, y aquella enfermera que las olas trajeron muerta. Sabe Dios desde donde, aún con los labios pintados. Dios.... que cosas.
Ahora dejábamos todo aquello tan malo para los que peleaban y tan entretenido, novelesco y nuevo para nosotros asomados a una aventura gratuita escalonada de impresiones extrañas. Nadie podía negarnos a nosotros, los últimos y mal mirados soldados penados de pico y pala el aprovechamiento cultural de hicimos de nuestros viajes y estancias por entre campos y pueblos de nuestro país. Una pobre oportunidad que asumimos algunos con mucho entusiasmo, mucha hambre y mucha esperanza. Sin dejar de agradecer el buen corazón de ciertos jefes y oficiales que nos trataron con cariño.
Veníamos de un mar animado de barcos con cañones y gente extraña dispuesta a Matar antes de que les mataran a ellos la otra gente, preparada para lo mismo, que así es la guerra. Pero nosotros veníamos a los verdes naranjales que perfuman de blanco azahar las familiares orillas de nuestro andalucisimo, Río Grande, río salpicado de pueblos blancos de cal, paz y agua mansa pasando sin rumores ¡Qué disparidad de sensaciones entre estas dos situaciones geográficas, la paz blanca del perfumado azahar contra la explosiva pólvora gris de la muerte!
Como celebrar el contento que nos embargaba a todos. Así entremos una tarde, con ese sentido pacifico de bienestar y alegría, en el pueblo ribereño de Lora del Río y con el sol caído y todo como de oro. Ahora no podría explicarme a que vino aquel gesto de amabilidad que me proporcionó la desacostumbrada sorpresa de despertar en la habitación de una casa normal, normalmente acostado en una cama normal.
Sobre los adoquines de la calle, haciendo ese compás ecuestre tan flamenco y tan campero, me habían despertado los cascos de los caballos romeros. Lora del Río estaba en fiestas. Lora del Río engalana, lo decía el “Niño de la Huerta” en aquel momento, llenando su pueblo con su milonga a manera de diana “La Romería Loreña” presidida por la Virgen de Setefilla.
Salí a la calle a buscar a mi recién casado teniente y señora que pasaba con él unos días en el lugar de nuestro nuevo destino. A mediodía me sentí mal, La joven y encantadora cordobesa esposa de mi jefe se interesó inmediatamente por mi indisposición “ Pues si tiene fiebre. Debias mandarlo a casa por unos días”. Entonces comprendí que a ella debía haber dormido aquella noche en una cama normal y no en el suelo de una tienda de campaña allá en el campamento. Benditas sean las mujeres, les debo tanto...
Recuerdo lo mal que llegué a encontrarme aquella tarde abrazado por la fiebre. Me fui a la estación y me tendí en un banco a esperar el tren. ¡Como había cambiado todo en mi vida aún militarizada! Ya en el anden descubro la insólita presencia de una de las mujeres más atractivas que en visto en mi vida. Subimos a la vez y a la vez ocupamos una de las ventanas del pasillo buscando algo de refresco.
Aquella preciosidad me fue aliviando mientras me aclaraba el porqué de su sorprendente presencia en tan inesperado lugar y momento: Regresaba a su casa en Sevilla después de pasar las fiestas del pueblo con sus familiares. Nos mirábamos como deseándonos, como dispuestos sin más remedio a enamorarnos. Y... nos enamoramos... Fue ella la que dijo que éramos novios cuando bajamos del tren. ¡Que cosas!
Por encimas de los obstáculos circunstanciales que ahora me salto, paseé con mi novia y fuimos al cine. Después me despedí para ingresar en el hospital, un hospital fuera de la ciudad, alegre lleno de rosas su amplio jardín. Nunca más la volví a ver, ni supe de aquella novia bellísima, viajera y decidida.
Permanecí en el hospital de las rosas algún tiempo, el suficiente como para que surgiera un dulce rosario de silencios románticos. Era una monja joven, estilizada y granadina, “con la cintura de agua”, que dijera Lorca. Me cogió como un poco su ayudante para alguna que otra labor simple de hospital. No hablábamos más que lo necesario, pero nos mirábamos. Apenas podía decirle nada, pero... otra vez Lorca “ Vi en sus ojos Arabia y dos arbolitos locos de brisa y de risa y de oro”. Andando le sonaba el hábito a vestido de flamenca. Alta , pausada, tal vez orgullosa y rebelde. Quien sabe, decían que era monja porque a su novio lo habían matado en la guerra. Me llamaba para que le ayudara a ordenar cosas allá por los rincones el hospital. “Decirle al vasco que lo estoy esperando para que me ayude”. El vasco... (bueno que más da).
Y yo la escuchaba, la miraba, nos mirábamos y hablábamos, pero poco. A veces la sorprendía con la mirada perdida, como soñando con el “silencio de cal y mirto” donde bordaba aquella otra monja gitana del poema de su paisano Federico. Silencio dentro del grito de la libertad y deseo condenados.
Yo tenia una amiga de amarga clausura, de sacrificio escondido. Nos hacíamos falta y venía a verme a este hospital de rosas y colores.
Siguiendo la ya deseada y agradable manera de encontrarnos por entre aquel mar de rosas, mi otra enjaulada maravilla celeste preguntó por mi. “El vasco” ¿Pero no lo sabes? Lo metieron ayer en el calabozo. Parece que discutió con alguien a cuenta de una mujer que suele venir a verlo, se le fue la mano y....
Por la ventana del sótano donde en completa soledad cumplía mi arresto la sentía pasar pegada a la reja. Sólo alcanzaba a verle las zapatillas y menos de la mitad de su negro hábito movido con la gracia y el sonido de un frufrú de bata de cola. Debió ser ella la que influyera. “Tu, venga pa arriba” y me incorporó al pequeño grupo de compañeros arrestados.
Aquí se estaba bien, hay luz solar, ventilación y buen humor. Encontré por allí algunas revistas viejas y me faltó tiempo para hojearlas. De pronto me invade ese tipo de emoción que desconcierta el ritmo del corazón. ¿Pero si esta es mi novia? Aquel amor surgido una calurosa tarde orilla abajo del Gudalquivir. Efectivamente, le había servido de modelo al hacendado portugués José de Palha, apasionado fotógrafo artístico que preparaba una exposición. Mi “novia” aparecía un poco de perfil con la Giralda detrás.
“Ilustró con sus encantos estos verdaderos cuadros artísticos la señorita de nuestra buena sociedad (¿la otra no es buena?) Maria del” ¿Qué habrá sido de ella?
Cumplido al arresto pedí el alta, e inmediatamente me presenté al Comandante Jefe del Batallón. No se acordaba de por donde andaba yo. ¿Pero no estabas licenciado? Bueno pues vete a tu casa, y se te va mal quédate aquí el tiempo que quieras. Aquel hombre era bueno. Me despedí de él, de los compañeros y de mi larga condición de soldado trabajador penado.
¡Que cosas?
¡Mi madre! Pobrecita mía. Le daré una gran alegría. Mi madre, ¡Cuánto sufrió mi madre!