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CRUZANDO EL PUENTE

PACO PAREJO, PACO PAREJO

 

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El tiempo pasa, las vivencias y los re­cuerdos quedan grabados en lo más profun­do de los sentimientos del alma, y cuando esta es generosa, sencilla y humana queda enmarcada con el aura del bien hacer que la embellece aún más, resaltándola y creando diferencias nobles para que las razones natu­rales del comportamiento dejen la huella im­perdurable en el tortuoso camino de la vida.

PACO PAREJO, PACO PAREJO

Paco Parejo, es un personaje con el cual existe la obligación moral de tenerlos entre las páginas entrañables de la amistad, ayudándonos en el empeño de rescatar las nobles causas del por qué de sentirse en Trianero; despejar la difícil incógnita del perfil de un carácter, forjado en las fraguas de las circunstancias que se dieron en el Viejo Arrabal.

Así fue y así sucedió en una tarde oto­ñal en el antiguo Centro Castilla, hoy con nombre de "Sonanta", herencia sonora del rincón entrañable que se nos fue, convertí­do por unos momentos en confesionario de dichas y desdichas lejanas, enriquecidas por el amor de las nostalgias del vivir cons­tante de la ilusión, para poder seguir cami­nando por los caminos que nos llevará a de­jar el testimonio de nuestros comporta­mientos, fuentes y veneros que apagan la sed de los conocimientos, enriqueciendo el saber de quien hemos sido y seremos ante inciertos y nuevos futuros.

Triana y Villanueva es el camino

de un trianero como el que más,

flamenco como la copa de un pino,

cabal como el primero: Humanidad.

Su gracia un Don Divino, que regala con su amistad.

De nombre se llama Paco,

su cante el de la Soleá,

su apellido Parejo es.

Su amistad un gran regalo,

arte el de su bien hacer

Francisco Parejo nace en el año lejano de 1.935, en la calle Doncella de la Judería Sevillana, Barrio de Santa Cruz, hijo de un modesto tranviario, a los tres años su fami­lia se traslada a la calle San Primitivo, cer­ca de la cochera de tranvías de la Puerta Osario, tiempos de estrecheces y carencias, hasta llegar definitivamente a la Plaza de las Moravias, de donde sale para casarse con una mocita trianera de la calle Alfare­ría, barrio que ya no abandonaría, siendo llamado por todas las gentes de Triana ca­riñosamente "Paco el diente", debido a su profesión de mecánico dentista; aprendida desde su juventud, ya que un amigo de su padre llamado Manolo Rojas, su cuñado te­nía esta profesión y necesitaba un chico pa­ra realizar los recados. Aquel día, el niño que dejó los Escolapios de la calle Mataha­cas a los nueve años, donde se establecía de la diferencia entre ricos y pobres, para co­locarse en una panadería haciendo roscos en aquellas madrugadas tristes de la pos­guerra para llevar el pan a su casa y algún dinero con objeto de ayudar a su familia; nunca pensó que esta profesión de mecáni­co dentista seria la de toda su vida junto a su compañera inseparable, unido a un ba­rrio que lo acogió con cariño y al que ama con locura.

En aquella Semana Santa del año 1.952, cuando sólo contaba la edad de die­cisiete años, su vida iba a cambiar de rum­bo, cuando conoció a la salida de la Cate­dral a una niña de catorce años de la otra orilla del río, cruzó el puente y en Triana se quedó para siempre. No había duda alguna que aquella niña Dolores, trianera de la ca­lle Alfarería le conquistó el corazón para el resto de su vida. Una vez finalizado su ser­vicio militar en Tablada como voluntario y reclamado por el Hospital Militar del Pabe­llón Vasco como protésico dental, se deci­de a contraer matrimonio, siendo el día de Noche Vieja, el 31 de Diciembre de 1.959, en la trianera Iglesia de la 0. La genialidad de este personaje de una Triana insólita se pone de manifiesto hasta en los momentos de contraer matrimonio, así es Paco Parejo, y así será, poeta en sus lienzos de humani­dad, sentimiento profundo en su habla pau­sada y cariñosa.

Al conocer a la niña trianera quedó marcado su destino con Triana. Desde aquel entonces fue un trianero más, aque­llos paseos por sus calles después de sus caricias de amor, su deambular estaba con el cante de aquella Triana lejana donde su eco florecía en los templos tabernarios del arrabal, hasta tal punto que una vez casado y tras un breve paso por la calle Callao compra un piso y un local en la calle Alfarería y debido a su iniciativa crea una tertu­lia flamenca "La Soleá de Triana" por don­de pasaron todos las grandes figuras del cante de la época, desde el genial José Te­jada Martín "Pepe Marchena" hasta Don Antonio Mairena; lugar de encuentro de jó­venes ilusionados que querían aprender la lección magistral de esta historia maravi­llosa mirándose en el espejo de los grandes maestros; Allí estuvieron entre otros "José el de la Tomasa", aquel que un día en un re­cital de piano del que fue un genio "Pepe Romero" tuvieron que descargar el pesado instrumento para celebrar los "Jueves del Zurraque" y ante tanto peso el joven "To­masa" le inquirió: ¡Porqué no te has dedi­cado a tocá la "armónica" mi arma!. Y aquel largo día cuando el "maestro de ma­estros" fue uno más entre los asistentes y quedaron los presentes extasiados mientras cortaba jamón y caña de lomo, empezando a cantar llevándose largas horas tocando el instrumento maravilloso de su garganta. Cuantas vivencias creadoras ante las inicia­tivas de Paco Parejo, que se inventaba una fiesta hasta cuando sus hijos se les curaban las boqueras.

Por la "Soleá de Triana" pasaron todos, Antonio Díaz "Fosforito", Juan Peña "El Lebrijano", Diego Clavel, siendo unos ter­tulianos más incrustados en la reunión de amigos generosos de una Triana que se nos fue.

Hasta donde llegó la capacidad de la inventiva que decidieron resucitar la Cruces de Mayo trianeras, cortaron la calle Al­farería, levantaron la Cruz, coches de caba­llos para los artistas que llegaban y hasta las buñoleras. Las gentes de Villanueva del Ariscal, Márquez el Zapatero, Salvador Muñiz y Manolito Blas, regalaron un barril de vino y ¡cómo no! jarrillos de lata, toda la calle probó el buen caldo que produce este bonito pueblo del Aljarafe; apareciendo la poesía natural y espontánea de Paco colo­cada en el barril:

 Como serán los amigos

que tenemos en Villanueva

con solera y sin ojana,

que nos mandan este vino

para que se pongan "a gusto"

sus amigos de Triana. 

Su llegada a Villanueva del Ariscal la realiza a través de un amigo suyo, Ricardo Castillo que le ofrece comprar una parcela para construir algo, y tanto que así fue; to­dos los Domingos pala, palaustre y vino del lugar a la hora de hacer la mezcla para que la cosa tuviera gracia, ollas de garbanzos o lo que fuera, hasta que empezaban a rom­per los cantes.

Gracia y salero por los cuatro costados. Cuándo celebró sus Bodas de Plata, fue en Villanueva, traje de novia y novio incluidos se dispusieron a hacer un viaje de novios ficticio, dando la coincidencia que en aque­llos momentos por la puerta pasó un Moto­carro cargado de remolacha, ni lo dudaron, la pareja al carro, encima de las remolachas y vueltas por el pueblo ¡Vaya un viaje de novios! ¡Corto pero con gracia! Que hizo reír a todo el pueblo y por supuesto a todos los artistas invitados empezando la fiesta. Nos imaginamos la que se formaría; tanto que eran las seis de la mañana y ésta seguía.

Allí sigue en su calle Alfarería, su calle, la de siempre, cuantas anécdotas guardadas en su memoria, como aquel empeño de ha­cerle un regalo a "Pepe Marchena" a lo que el maestro se negaba, contestándole que "tenía de to", pero no tenía lo que le regaló el genio y la gracia de Paco Parejo, hecha con el arte de su pro­fesión de protésico, no nos podemos imagi­nar la cara que puso el maestro muerto de risa ¡por Dios una rana con dientes y Pepe Marchena sin dientes! Le prometió que se la llevaría y la pondría en un lugar destaca­do en la galería de sus infinitos regalos.

A pesar de defender el cante y muy en particular la "Soleá de Triana" de la que es un profundo enamorado, mantiene con el saber del conocimiento que aquellos tiempos no volverán, ya que la juventud tiene a su alcance unas comodidades que no tenían antes.

“Lo primero que pienso yo: Que un muchacho que tiene un sofá, un frigorífico lleno, en la cocina un jamón colgao y un coche para irse los domingos a la playa, como le vas a decir tu:

Cuando paso por tu puerta,

Cojo pan y me lo voy comiendo

Para que no diga tu madre

Que con verte me mantengo

¡El muchacho qué va a decir! ¡Esto có­mo puede ser! ¡Esto qué quiere decir! ¡Es­tas gentes están locos! Los cantes van acompañao con la necesidad, si tu tiene hambre y te canto algo de hambre tu me entiendes, pero si lo tiene todo nunca te va entender ¡Estas gentes están locos!

Es igual que el tío que tiene gracia, si tiene hambre tiene más gracia, yo no he pa­sado hambre por que mi padre siempre ha trabajado, ¡Pero papas con lauré! Yo pasa­ba todos los días por la calle Amor de Dios, cuando iba a entregar los trabajos, y cuan­do eran la una de la tarde, llegué a meterme en un zaguán de una casa de gentes ricas que allí había, aquello olía a puchero y me metía para olerlo, yo me decía ¡Dios mío es­to cuando lo voy a probar yo! Y cuando yo pegaba dos o tres respiros decía: ¡Ay! ¡Que bien me he puesto! Yo lo que tenía en mi ca­sa eran papas y pan con aceite ¡Si mi padre era tranviario! Tenía que irse de guarda de noche a un almacén para poder tener algo más para comer en casa. Cuando pelo una naranja nunca echo la cáscara en un plato que haya sobrado comida, a eso le tengo un respeto muy grande, siempre me acuerdo de los que no tienen. Si así pensáramos todos, nunca nos creyésemos importantes. ¿Quién puede ser importante si mañana te vas a hacer un análisis y te dice el médico va usted a durar once días? ¡Y ahora qué pasa, dón­de está la importancia del ser humano!"

No existe duda alguna de la humanidad de nuestro personaje, luchador incansable en la defensa de sus creencias nobles y sencillas como es el comportamiento de su persona.

Sigue en su calle Alfarería, donde na­ció aquella mocita trianera que conoció en la Semana Santa sevillana, y que más tarde seria su esposa, rodeado de toda su gran fa­milia, de sus hijos y nietos, en una bonita clínica dental decorada con exquisito gus­to, donde se respiran los aires de Triana, entre nazarenos, costaleros, bailaores, pla­tos de cerámicas, su Cachorro y su Virgen del Rocío.

Este es Francisco Parejo, para muchos “Paco el diente”. Un personaje más de una Triana insólita.

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